«ESTE ES MI HIJO AMADO…»
Mateo 3:13-17
En aquel tiempo vino Jesús desde
Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizase. Pero Juan
intentaba disuadirlo diciéndole: «Soy yo el que necesito
que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?». Jesús
le contestó: «Déjalo ahora. Conviene que así cumplamos toda justicia». Entonces
Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrieron los
cielos y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre
él. Y vino una voz de los cielos que decía: «Este es mi Hijo amado, en quien me
complazco».
Otras
Lecturas: Isaías 42, 1-4.6-7; Salmo 28; Hechos 10, 34-38
LECTIO:
Con el bautismo de Jesús concluye esa fase
del Señor en la que se asemejó completamente a nosotros. Jesús no es un enviado de Dios que
acorrala, un mensajero que se ensaña con los indignos de la luz y de la gracia
del Padre, sino alguien que viene a restablecer el latir de los corazones
acabados. Y para ello, se pondrá el último de la fila como uno
de tantos, fingiendo amorosamente una necesidad que no tenía,
abrazando extremosamente un pecado que no le pertenecía. Era el abrazo a una
humanidad concreta, buscadora de una felicidad que no conseguía encontrar, la
humanidad frágil y pecadora por la que Él vino, a la que amó hasta el extremo,
por la que dará su propia vida.
Este Jesús manifestado
así humildemente, es reconocido en el escenario del Jordán por Juan el
Bautista. Era un escenario doliente de tantos dramas, junto a unas aguas
bañadas por lágrimas de arrepentimiento y deseo de perdón. Allí estaba Él, el
justo, el santo, Dios mismo en Él manifestado.
Jesús…quiere ahora seguir su itinerario y
su misión desde la única razón de
toda su existencia: hacer la voluntad de Dios, vivir desde Otro, sin fraude ni
traición. No lo que le apetece, lo que señalan los sondeos al uso, o lo que
dictan las conveniencias políticas… sino lo que quiere Dios, lo que el Otro, el
Padre, ha diseñado como designio de amor y de salvación.
MEDITATIO:
La página
del Evangelio de hoy subraya que, cuando Jesús recibió el bautismo de Juan en
el río Jordán, «se abrieron los cielos». …Si el cielo permanece cerrado, nuestro
horizonte en esta vida terrena es sombrío, sin esperanza. En cambio, celebrando
la Navidad, la fe una vez más nos ha dado la certeza de que el cielo se rasgó
con la venida de Jesús. Y en el día del bautismo de Cristo contemplamos aún el
cielo abierto. (Papa
Francisco)
Desde que
el Verbo se hizo carne es posible ver el cielo abierto. Fue posible para los
pastores de Belén, para los Magos de Oriente, para el Bautista, para los
Apóstoles de Jesús, para… Y es posible también para cada uno de nosotros, si nos
dejamos invadir por el amor de Dios, que nos es donado por primera vez en el Bautismo.
¡Dejémonos invadir por el amor de Dios! ¡Éste es el gran tiempo de la misericordia! (Papa Francisco)
«Éste es mi Hijo amado, en quien me complazco».
Jesús
recibió la aprobación del Padre celestial, que lo envió precisamente para que
aceptara compartir nuestra condición, nuestra pobreza. Compartir es el
auténtico modo de amar. Jesús no se disocia de nosotros, nos considera hermanos
y comparte con nosotros. Así, nos hace hijos, juntamente con Él, de Dios Padre.
¡Éste es el gran tiempo de la misericordia! (Papa Francisco)
¿No os parece que en nuestro tiempo se necesita un suplemento de
fraternidad y de amor? ¿No os parece que todos necesitamos un suplemento de
caridad? No esa caridad que se conforma con la ayuda improvisada que no nos
involucra, no nos pone en juego, sino la caridad que comparte, que se hace
cargo del malestar y del sufrimiento del hermano.¡Qué buen sabor adquiere la
vida cuando dejamos que la inunde el amor de Dios! (Papa Francisco)
ORATIO:
En este día
que contemplamos el bautismo de Jesús y revivimos y agradecemos el nuestro,
renunciamos al camino que lleva al egoísmo y prometemos seguir el camino que
conduce al amor a todas las personas cercanas o lejanas a nosotros.
Renuncio al
odio y a la violencia, que sólo conducen a la guerra y a la muerte.
Renuncio al
egoísmo y al afán de riquezas, que sólo crea barreras entre ricos y pobres.
Renuncio al
poder y dominio sobre otros, que sólo conducen a que haya poderosos y esclavos.
Prometo
luchar con todas mis fuerzas, para que triunfen el amor y la paz.
Prometo
trabajar por un mundo mejor, donde las cosas que Dios ha creado sean
compartidas por todos.
Creo que
todos los seguidores de Jesús formamos la Iglesia, Pueblo y familia de los
Hijos de Dios.
Creo que
entre todos podemos cambiar este mundo de odios y venganzas, para sembrarlo de
amor y paz.
Creo en la
amistad, que es posible compartir todas las cosas que Dios ha creado para que
seamos felices.
Señor y Padre
nuestro, te damos gracias por el bautismo de Jesús, que nos ha manifestado la
plenitud del Espíritu sobre él. Haz que tu
Iglesia sea en el mundo signo de tu presencia, y forme una verdadera familia de
hermanos, unidos en la fe y la caridad evangélicas, con una vida dedicada a tu
servicio y al de los más pobres y necesitados.
CONTEMPLATIO:
Después de
ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado
plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha
para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios
amigo y salvador del ser humano.
El Espíritu
hace vivir a Jesús desde el aliento vital de Dios, lleno de su amor y su fuerza
creadora, entregado a liberar, transformar y potenciar la vida. Por eso, los primeros
seguidores de Jesús lo recordaban como un Profeta que, “ungido por Dios con el Espíritu Santo…,
pasó la vida haciendo el bien”.
El Papa nos recuerda que la Iglesia
necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”. …que la gente de hoy
escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no
otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original
del Evangelio”.
■… Ahora,
sin embargo, hay otra acción de Cristo y otro misterio: Cristo es iluminado,
Cristo es bautizado. Meditemos un poco sobre las distintas formas de bautismo.
Bautiza Juan con el propósito de suscitar la penitencia; bautiza también Jesús
y Él, sí, bautiza en el Espíritu. Éste es el bautismo perfecto. Conozco también
otro bautismo, el del testimonio de sangre, que fue impartido también a Cristo
mismo y es un bautismo mucho más venerable que los otros, (...) Al
hombre ha sido dada toda palabra y para él se ha instituido todo misterio, a
fin de que vosotros lleguéis a ser como lámparas en el mundo, potencia
vivificadora para los demás hombres (Gregorio Nacianceno).
Este pasaje del Evangelio de Mateo 3.12-17 es de tal calado de humildad, por parte de Jesús, que siempre ha provocado el asombro amoroso de todas las generaciones cristianas. Jesús se pone a la cola de los pecadores. Pasa por uno de tantos un pecador más. No llama la atención. Cuando por la noche Juan Bautista, en la oscuridad del desierto, en la ribera del Jordán hiciese un balance diría: Hoy, todo normal, se ha bautizado mi primo Jesús. ¿Será Él el Mesías o tenemos que seguir esperando? Sería su pregunta, pues todo normal. Solo el asombro enamorado abarca las maravillas del Amor humilde de Jesús. En clima de oración, indispensable para ser humildes, pues la oración nos lleva a vivir la realidad de la vida con la profunda verdad de que el Señor nos ama en nuestra pequeñez. En ese clima de oración y humildad el Espíritu Santo, en forma de paloma, corrobora que Jesús es el Hijo Amado del Padre, el Predilecto en quien Dios se complace. Dios solo se posa y reposa en los humildes, en frase del papa Francisco, y nunca en los autoreferenciales, en los fariseos soberbios.
ResponderEliminarLas aguas del Jordán se convierten en fuente de vida. El Bautismo de Jesús nos hace descubrir que cada vez que se bautiza una persona se abre el cielo y se escucha la voz del Señor que dice: “Este (te llama por tu nombre) es mi hijo amado” Experimentarse amado es volver cada día al gozo de ser hijo, de ser hermano, de saber que otro mundo es posible. Bautismo y humildad es la combinación perfecta.
El Bautismo de Jesús es un misterio contemplado y comentado en la Iglesia. Siempre lleno de admiración, de sorpresa, de gozo, de saber de la profunda humildad del Verbo Encarnado. Es un misterio para ser contemplado como luminoso como se hace en el Rosario.
Allí, en el Jordán, Jesús comienza su vida pública y unirá para siempre desierto y misión, humildad y oración, entrega y ternura, Amor derramado y capacidad de desaparecer. Haciéndose uno con los pecadores, el que no había cometido pecado alguno, pues era el Hijo Amado del Padre, la misma gracia increada. Se va a identificar con todos los que sufren, en su interior, las dificultades, las limitaciones, la debilidad del pecado. Desde esta realidad, Jesús nos lanza a la alegría inmensa de quien confía, como María, en el Dios de lo imposible.
+Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres