TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

domingo, 11 de noviembre de 2012

Decálogo de la Carta Apostólica de Juan Pablo II “Dies Domini” sobre la Eucaristía y el domingo (1)


I.- El domingo se celebra la victoria del Cristo
         El  DÍA DEL SEÑOR -como ha sido llamado el domingo desde los tiempos apostólicos- ha tenido siempre, en la historia de la Iglesia, una consideración privilegiada por su estrecha relación con el núcleo mismo del misterio cristiano.
     En efecto, el domingo recuerda, en la sucesión semanal del tiempo, el día de la resurrección de Cristo. Es la Pascua de la semana, en la que se celebra la victoria de Cristo sobre el pecado y la muerte, la realización en él de la primera creación y el inicio de la “nueva creación”. Es el día de la evocación adoradora y agradecida del primer día del mundo y a la vez la prefiguración, en la esperanza activa, del “último día”, cuando Cristo vendrá en su gloria y “hará un nuevo mundo”…

II.- No convertir el domingo en “fin de semana”
     Se ha consolidado ampliamente la práctica de “fin de semana”, entendido como tiempo semanal de reposo, vivido a veces lejos de la vivencia habitual, y caracterizado a menudo por la participación en actividades culturales, políticas y deportivas, cuyo desarrollo coincide en general precisamente con los días festivos.
     A los discípulos de Cristo se pide que no confundan la celebración del domingo, que debe ser una verdadera santificación del día del Señor, con el “fin de semana”, entendido fundamentalmente como tiempo de mero descanso y diversión.

III.- El domingo Día de fe y de la esperanza
     El domingo es por excelencia el día de la fe. En la asamblea dominical, los creyentes se sienten interpelados como el apóstol Tomás: “Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y nos seas incrédulo sino creyente”. Sí, el domingo es el día de la fe. Lo subraya el hecho de que la liturgia eucarística dominical, así como la de las solemnidades litúrgicas, prevé la profesión de fe, el “Credo”.
     Si el domingo es el día de la fe, no es menos el día de la esperanza cristiana. En efecto, la participación en la “cena del Señor” es anticipación del banquete escatológico por las “bodas del Cordero”. Al celebrar el memorial de Cristo, que resucitó y ascendió al cielo, la comunidad cristiana está a la espera de la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo”.

IV.- La Misa dominical
     La Misa es la viva actualización del sacrificio de la Cruz. Bajo las especies de pan y vino, sobre las que se ha invocado la efusión del Espíritu Santo, que actúa con una eficacia del todo singular en las palabras de la consagración, Cristo se ofrece al Padre con el mismo gesto de inmolación con que se ofreció en la cruz. “En este divino sacrificio, que se realiza en la Misa, este mismo Cristo, que se ofreció a sí mismo una vez y de manera cruenta sobre el altar de la cruz, es contenido e inmolado de manera incruenta”.
     La Iglesia recomienda a los fieles comulgar cuando participan en la Eucaristía, con la condición de que estén en las debidas disposiciones y, si fueran conscientes de pecados graves, que hayan recibido el perdón de Dios mediante el Sacramento de la reconciliación.

V.- Obligación de ir a Misa y La Misa por Radio y Televisión
     El Código actual dice que “el domingo y las demás fiestas de precepto los fieles tienen obligación de participar en la Misa”. Esta ley se ha entendido normalmente como una obligación grave.
     Los pastores recordarán a los fieles que, al ausentarse de su residencia habitual en domingo, deben preocuparse por participar en la Misa donde se encuentren.
     En muchos países, la televisión y la radio ofrecen la posibilidad de unirse a una celebración eucarística. Obviamente, este tipo de transmisiones no permite de por sí satisfacer el precepto dominical, pero para quienes se ven impedidos de participar en la Eucaristía y están por tanto excusados de cumplir el precepto, la transmisión televisiva o radiofónica es una preciosa ayuda.


No hay comentarios:

Publicar un comentario