TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 14 de diciembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 15 DE DICIEMBRE DEL 2019, 3º DE ADVIENTO - "GAUDETE" - (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

« ¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR…? »

Mt. 11, 2-11

     En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!
     Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».
     Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Otras Lecturas: Isaías 35, 1-6ª.10; Salmo 145; Santiago 5, 7-10

LECTIO:
     Este tercer domingo de Adviento, se le llama domingo gaudete (alegraos), porque la alegría forma parte de este tiempo de espera... ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? –le preguntarán a Jesús los discípulos del Bautista –, y Jesús responderá: decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. La alegría profetizada por Isaías tomaba rostro y nombre: Jesús.
     A nosotros, cristianos que recorremos este Adviento con el deseo de no repetir cansinamente el de años anteriores, se nos dirige también una invitación a la alegría.
     Cada uno tendrá que reconocer cuáles son sus desiertos, sus yermos, sus páramos y estepas; cada uno tendrá que poner nombre a la ceguera, la sordera, la cojera o la mudez de las que nos habla este domingo la Palabra de Dios. Pero es ciertamente en toda esa situación donde hemos de esperar a quien viene para rescatarnos de la muerte, de la tristeza, del fatalismo.
     Y somos llamados a testimoniar ante el mundo esa alegría que nos ha acontecido, que se ha hecho también para nosotros el Rostro, la Carne y la Historia de Jesucristo. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     Hoy celebramos el tercer domingo de Adviento, caracterizado por la invitación de san Pablo: «Estad siempre alegres en el Señor: os lo repito, estad alegres». No es una alegría superficial o puramente emotiva a la que nos exhorta el apóstol, y ni siquiera una mundana o la alegría del consumismo… se trata de una alegría más auténtica, de la cual estamos llamados a redescubrir su sabor. Es una alegría que toca lo íntimo de nuestro ser, mientras que esperamos a Jesús, que ya ha venido a traer la salvación al mundo, el Mesías prometido, nacido en Belén de la Virgen María. (Papa Francisco)
     El desierto florece, la consolación y la alegría inundan  los corazones. Estos signos anunciados por Isaías como reveladores de la salvación ya presente, se realizan en Jesús. Él mismo lo afirma respondiendo a los mensajeros enviados por Juan Bautista. ¿Qué dice Jesús a estos mensajeros?  «Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan».
     La Navidad está cerca, los signos de su aproximarse son evidentes en nuestras calles y en nuestras casas... Estos signos externos nos invitan a acoger al Señor que siempre viene y llama a nuestra puerta, llama a nuestro corazón, para estar cerca de nosotros. Nos invitan a reconocer sus pasos entre los de los hermanos que pasan a nuestro lado, especialmente los más débiles y necesitados. (Papa Francisco)
     Hoy estamos invitados a alegrarnos por la llegada inminente de nuestro Redentor; y estamos llamados a compartir esta alegría con los demás, dando conforto y esperanza a los pobres, a los enfermos, a las personas solas e infelices. Que la Virgen María, la «sierva del Señor», nos ayude a escuchar la voz de Dios en la oración y a servirle con compasión en los hermanos, para llegar preparados a la cita con la Navidad, preparando nuestro corazón para acoger a Jesús. (Papa Francisco)

ORATIO:
     Reaviva en nosotros la memoria de los beneficios recibidos, para que aún hoy podamos apostar por tu evangelio y para que, aunque no reconozcamos tus caminos, continuemos como el Bautista siéndote fieles.
“Alegraos siempre en el Señor;
os lo repito, alegraos.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca”.

CONTEMPLATIO:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo»
    En el camino del adviento, hoy se nos presenta la figura de Juan el Bautista. Fue por delante del Señor preparando sus caminos. Ya desde el nacimiento se llenó de alegría en la presencia de Jesús, uno y otro desde el seno de sus madres respectivas: Isabel y María. Y en la vida pública, Jesús comienza sus primeros pasos de la mano del Bautista junto al Jordán. Juan lo presentó en público con aquellas preciosas palabras: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, indicando de esta manera la misión del que viene a cargar con nuestros pecados y a redimirnos por su sacrificio redentor. O cuando llegan a confundirlo con el Mesías, Juan repite: Yo no soy el Mesías, soy el amigo del esposo que se alegra de que el esposo esté presente. Jesús dice de él: no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista.
     La figura de Juan Bautista ocupa un lugar fundamental en los comienzos de la vida pública de Jesús, y por eso es un personaje central en el tiempo de adviento. No sólo nos señala con el dedo quién es Jesús y nos lo presenta, sino que nos indica con su vida cuáles son las actitudes para salir al encuentro del Señor que viene. [En primer lugar, la humildad y la pobreza… La otra actitud de Juan el Bautista es la penitencia. Se preparó para la llegada del Señor, viviendo austeramente en el desierto...] (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)




■…   Y ahora permitidme que termine esta meditación sobre el Adviento con las palabras que sugiere el Profeta Isaías: "Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios ... Él os salvará" (Is 35, 3-4). Que nunca falte en vuestra vida esta esperanza que su venida deposita en el corazón de cada hombre y en la que lo confirma saludablemente.  (San Juan Pablo II, pp)

(Mt 24, 42)

DICIEMBRE 2019

«Velad porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»
(Mt 24, 42).
    
     En este pasaje del Evangelio de Mateo, Jesús prepara a sus discípulos para su regreso definitivo e inesperado, que los sorprenderá.
     También en aquella época había muchas dificultades, guerras y sufrimientos de todo tipo. Para el pueblo de Israel la esperanza descansaba en la intervención del Señor, que pondría fin a las lágrimas. Así pues, la espera no era motivo de espanto, sino más bien de consuelo, como tiempo de la salvación.
     Aquí Jesús nos indica un gran secreto: vivir bien el momento presente, porque Él mismo volverá cuando estemos trabajando, ocupados en las cosas normales de la vida diaria, en las que muchas veces nos olvidamos de Dios porque estamos demasiado absorbidos por la preocupación del mañana.

«Velad porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»

     Velar: es una invitación a mantener los ojos abiertos, a reconocer los signos de la presencia de Dios en la historia, en la cotidianidad, y ayudar a otros que viven en la oscuridad a encontrar el camino de la vida.
     La incertidumbre sobre el día preciso en que llegará Jesús pone al cristiano en actitud de continua espera; lo alienta a vivir el momento presente con intensidad, amando hoy, no mañana; perdonando ahora, no después; transformando la realidad en este momento, no cuando encuentre tiempo en una agenda llena de compromisos.
     Meditando sobre esta Palabra, Chiara Lubich escribía: «¿Te has dado cuenta de que en general no vives la vida, sino que tiras de ella a la espera de un "después" en el que debería llegar "algo bueno"? La cuestión es que llegará un "después bueno'; pero no será como te lo esperas. Un instinto divino te lleva a esperar a alguien o algo que pueda satisfacerte. Y te imaginas que será un día de fiesta, o el tiempo libre, o un encuentro especial, y cuando estos terminan no quedas satisfecho, al menos no plenamente. Y reanudas el trantrán de una existencia vivida sin convicción, siempre a la espera. Lo cierto es que entre los elementos que componen tu vida hay uno del que no puedes escapar: el encuentro cara a cara con el Señor que se acerca. Esto es "lo bueno" a lo que tiendes inconscientemente, porque estás hecho para la felicidad. Y la plena felicidad solo Él te la puede dar»[1].

«Velad porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»

     Ciertamente el Señor Jesús vendrá al final de la vida de cada uno, pero ya podemos reconocerlo, realmente presente, cuando celebramos y compartimos la Eucaristía, cuando escuchamos y vivimos su Palabra, cuando acogemos a cada hermano y hermana, cuando su voz nos habla en la conciencia.
     También hoy la vida nos presenta muchos desafíos, y nos preguntamos: «¿Cuándo terminará todo este sufrimiento?».
     No podemos esperar pasivamente una intervención del Señor: hay que aprovechar cada momento para apresurar el Reino de Dios y su designio de fraternidad. Cada pequeño gesto de amor y de cortesía, cada sonrisa que damos transforma nuestra existencia en una continua y fecunda espera.
     Paco es capellán en un hospital en España; hay muchos pacientes ancianos, y algunos sufren graves enfermedades degenerativas. Cuenta: «Al llamar a la puerta de un paciente anciano que suele gritar contra la fe, tengo un momento de duda, pero quiero testimoniarle el amor de Dios. Entro con la mejor sonrisa que tengo. Le hablo suavemente, le explico la belleza de los sacramentos. Le pregunto si quiere recibirlos, y me responde: ¡Claro! Se confiesa y recibe la Eucaristía y la unción de los enfermos. Me quedo con él un poco más. Cuando me voy, está sereno, y su hija, allí presente, está asombrada».
Leticia Magri





[1] C. Lubich, Palabra de vida, dic. 1978, en Ed., Parale di Vita (ed. F. Ciardi), Cittá Nuova, Roma 2017, p. 123. Próxima publicación en castellano.


lunes, 9 de diciembre de 2019

EL DECÁLOGO DE: (2ª PARTE)

LA CORONA DE ADVIENTO: MEMORIA, SÍMBOLO, PROFECÍA


6.-  Los adornos: Son unas manzanas rojas y un listón rojo. Las manzanas representan los frutos del jardín del Edén con Adán y Eva. Hablan, pues, del pecado de la expulsión del paraíso y el anhelo permanente del hombre de regresar a él. Por eso el listón rojo significa el amor de Dios que nos envuelve y nuestra respuesta también de amor a ese amor de Dios.

7.- Las cuatro velas: Representan los cuatro domingos que jalonan este tiempo de vigilante espera. Nos hacen pensar en la oscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Y así con cada vela que encendemos, la humanidad se iluminó y sigue iluminando con la llegada de Jesucristo a nuestro mundo.

8.- El encendido de las velas: Como expresión de alegre expectación, cada semana, se realiza el rito de encender las velas correspondientes: el primer domingo de Adviento, una, el segundo, dos, el tercero, tres, el cuarto y último, las cuatro. El progresivo encendido de estos cirios nos hace tomar conciencia del paso del tiempo en el que esperamos la última y definitiva venida del Señor. Este itinerario, acompañado de alguna oración o canto, nos marcará los pasos que nos acercan hasta la fiesta de Navidad, y nos ayudará a tener más presente el tiempo en que nos encontramos.

9.- El rito del encendido de las velas: El rito encendido de la corona se puede realizar en todas las misas dominicales de la parroquia, incluyendo la vespertina del sábado. En las comunidades religiosas, en cambio, será mejor hacerlo en la celebración que inaugure cada semana: las primeras Vísperas.
     La Corona que se ha instalado en la iglesia parroquial, se puede bendecir al comienzo de la Misa. La bendición se hará después del saludo inicial, en lugar del acto penitencial.

10.- La metáfora, el significado global de la Corona de Adviento: Este sencillo lucernario es a la vez memoria, símbolo y profecía.

* Es memoria de las diversas etapas de la historia de la salvación antes de Cristo.
** Es símbolo de la luz profética que iba iluminando la noche de la espera, hasta el amanecer del Sol de justicia.

*** Es profecía de Cristo, luz del mundo que volverá para iluminar definitivamente al mundo y a quien esperamos con las lámparas encendidas.

viernes, 6 de diciembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 8 DE DICIEMBRE DEL 2019, 2º DE ADVIENTO - SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE LA VIRGEN (Comentario de + Juan José Asenjo Pelegrina - Arzobispo de Sevilla)

« HÁGASE EN MÍ SEGÚN TU PALABRA »

Lc 1. 26-38


     En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María.
     El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
     Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».
     María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Y el ángel se retiró.

Otras Lecturas: Génesis 3,9-15.20; Salmo 97; Romanos 15, 4-9

LECTIO:
     Seguimos caminando en este camino que nos lleva hasta la Navidad del Señor… En este caminar hoy la liturgia nos sorprende con una fiesta de la Virgen particularmente querida en nuestra tradición cristiana de España: la Inmaculada Concepción. Esta solemnidad nos es presentada como una dulce invitación a fijar nuestra mirada en María, la llena de gracia y limpia de pecado ya en su misma concepción.  Si el camino del Adviento nos prepara para recibir la Luz sin ocaso que representa y es el Hijo de Dios, María es la aurora que anuncia el nacimiento de esa Luz: Ella es el modelo acabado donde poder mirarnos y donde encontrar las actitudes propias de cómo esperar y acoger al Señor prometido.
     Que María haya sido preservada del pecado original y originante, significa que el eterno proyecto de Dios, un proyecto de bondad y de belleza… no fue del todo truncado ni fatalmente contradicho con la aparición del Tentador y sus mañas ante el cual sucumbirá Eva.
     … La Inmaculada representa esa certeza ejemplar, esa gracia sucedida, de que en medio de los borrones de tantos días Dios nos muestra en María una página blanca y limpia en la que poder leer una historia sin mancha… La Sin-pecado e In-maculada nos acompaña en nuestras debilidades para levantarnos, y con la gracia de su Hijo poder volver a empezar…  (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     El pasaje crucial, que narra hoy el Evangelio, es cuando Dios viene a habitar entre nosotros, se hace hombre como nosotros. Y esto fue posible por medio de un gran sí… el de María en el momento de la Anunciación. Por este sí Jesús ha comenzado su camino por los senderos de la humanidad… Se hizo en todo igual a nosotros menos en una cosa, excepto en el pecado. Por eso eligió a María, la única criatura sin pecado, inmaculada. En el Evangelio, con una sola palabra, ella es denominada “llena de gracia”, es decir, colmada de gracia.  (Papa Francisco)
     María responde a la propuesta de Dios diciendo: “He aquí la sierva del Señor”… El suyo es un sí pleno, total, para toda la vida, sin condiciones. Y…el sí de María ha abierto el camino a Dios entre nosotros. Es el sí más importante de la historia, el sí humilde que derroca el no soberbio de los orígenes, el sí fiel que sana la desobediencia, el sí disponible que desbarata el egoísmo del pecado. (Papa Francisco)
     También para cada uno de nosotros hay una historia de salvación hecha de un sí y de un no a Dios.  A veces, sin embargo,  somos expertos en los síes a medias: se nos da muy bien  fingir que no entendemos lo que Dios quiere y la conciencia nos sugiere.
     En este camino de Adviento, Dios desea visitarnos y espera nuestro sí. Pensemos: Yo, hoy, ¿qué sí debo decir a Dios? (Papa Francisco)

ORATIO:
     Oh Virgen purísima, que nos has engendrado en el Hijo unigénito de Dios, hijos tuyos de adopción, enséñanos el camino de la caridad sincera, del humilde servicio y del celo infatigable, para que lleguemos a la presencia del Altísimo «santos e irreprochables por el amor».

Necesitamos de tu corazón inmaculado,
para amar en modo gratuito
sin segundos fines, sino buscando el bien del otro,

(Papa Francisco)

CONTEMPLATIO:
«Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo»
     En el contexto del adviento, brilla la fiesta de María Santísima, primera redimida, fruto y primicia de la redención de Cristo. Esperamos un Salvador, nuestro Señor Jesucristo. El viene a librarnos del pecado y a darnos la libertad de los hijos de Dios. Romperá nuestras cadenas, las cadenas del pecado, que nos atan a nuestros vicios y egoísmos. Y viviremos con él la libertad de la gracia, la libertad del amor, que nos hace hijos de Dios y hermanos de todos los hombres.
     En María todo esto se ha cumplido. Por eso, ella va delante de nosotros como madre buena e inspira nuestro caminar. Mirándola a ella, entendemos la vida cristiana y a dónde nos quiere llevar el Señor. María ha sido colmada de gracia en el momento mismo de su concepción, y por eso, librada de todo pecado, incluso del pecado original. Es la Inmaculada Concepción, la Purísima, la Llena de gracia. "Toda hermosa eres María y en ti no hay mancha de pecado original"…
     Por eso, el adviento es tiempo de esperanza, porque el que viene a salvarnos, Jesucristo, ya está en medio de nosotros, se oculta en el seno de María virgen, que nos lo dará en la nochebuena, nos trae la alegría del perdón de Dios y de su misericordia. Pongámonos en actitud de conversión, con deseo de purificar tantas malas hierbas de nuestro corazón, y brotará en nosotros una vida nueva, que llenará nuestro corazón de alegría. El adviento es tiempo de esperanza y de alegría, porque nuestros problemas tienen solución en Dios, en Jesucristo. Y María es prueba de ello. (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)



■…   Es inmensa la gracia concedida a esta Virgen santa. Por eso Gabriel, le dirige primeramente este saludo: «Alégrate, llena de gracia», resplandeciente como el cielo. «Alégrate, llena de gracia», Virgen adornada con toda clase de virtudes… «Alégrate, llena de gracia», tú sacias a los sedientos con la dulzura de la fuente eterna. Alégrate, santa Madre inmaculada; tú has engendrado a Cristo que te precede. Alégrate, púrpura real; tú has revestido al rey de cielo y tierra. Alégrate, libro sellado; tú has dado al mundo poder leer al Verbo, el Hijo del Padre. (San Epifanio de Salamina)


jueves, 5 de diciembre de 2019

CONVOCATORIA MENSUAL


EL DECÁLOGO DE: (1ª PARTE)

LA CORONA DE ADVIENTO: MEMORIA, SÍMBOLO, PROFECÍA


1.-  Noción: Se trata de una corona de ramas verdes, en la que se fijan cuatro velas vistosas, generalmente violáceas. Suele colocarse sobre una mesita, o sobre un tronco de árbol, o colgada del techo con una cinta elegante. En principio, no se pone encima del altar, sino junto al ambón o en otro lugar adecuado como, por ejemplo, junto a una imagen o icono de la Virgen Madre, siempre Santa María del Adviento. La corona de Navidad es así el primer anuncio de la Navidad.

2.-  Orígenes e inculturación: Es una costumbre originaria de los países germánicos y extendida a América del Norte, ya convertida en un símbolo del Adviento en los hogares  cristianos y de las parroquias y comunidades.
     Durante el frío y la oscuridad del final del otoño los pueblos germánicos precristianos recolectaban coronas de ramas verdes y encendían fuegos como señal de esperanza en la venida del sol naciente y de la primavera.
     Ejemplo, pues, de cristianización de la cultura donde lo viejo toma ahora un nuevo y pleno sentido, la Corona de Adviento encuentra un espléndido referente en Jesucristo, la luz del mundo, el vencedor de la oscuridad y de las tinieblas.

3.- Los contenidos de la Corona de Adviento: Una corona circular, ramas o follaje verde, cuatro velas y algún adorno sobre ellas como manzanas rojas y el listón rojo.

4.-  La Corona circular: El círculo hace presente la figura perfecta que no tiene principio ni fin, evocando la unidad y eternidad del Señor Jesucristo que es el mismo ayer, hoy y siempre (cfr. Heb 13, 8). Es señal del amor de Dios que es eterno, sin principio ni fin. Es asimismo interpelación para que también nuestro amor a Dios y amor al prójimo tampoco finalice nunca.


5.- El follaje verde perenne: Las ramas verdes pueden ser de ramas de pino, abeto, hiedra…. Representan a Cristo eternamente vivo y presente entre nosotros.

sábado, 30 de noviembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 1 DE DICIEMBRE DEL 2019, 1º DE ADVIENTO

«ESTAD EN VELA, PORQUE NO SABÉIS QUÉ DÍA VENDRÁ VUESTRO SEÑOR»


Mt 24, 37-44


     En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Lo que pasó en tiempos de Noé, pasará cuando venga el Hijo del hombre. Antes del diluvio la gente comía y bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca; y, cuando menos lo esperaban, llegó el diluvio y se los llevó a todos; lo mismo sucederá cuando venga el Hijo del hombre: dos hombres estarán en el campo, a uno se lo llevarán y a otro lo dejarán; dos mujeres estarán moliendo, a una se la llevarán y a otra la dejarán. Por tanto estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora de la noche viene el ladrón estaría en vela y no dejaría abrir un boquete en su casa. Por eso estad también vosotros preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».

Otras Lecturas: Isaías 2,1-5; Salmo 121; Romanos 13, 11-14a

LECTIO:
     Las palabras que envuelven la Palabra de Dios de este primer domingo de adviento son la espera y la vigilancia. Una espera que nos asoma al acontecimiento que –lo sepamos o no- aguardamos que suceda, y una vigilancia que nos despierta para no estar dormidos cuando le veamos pasar.
... “Vigilad”, dice Jesús en el evangelio de este domingo, porque el que ha venido hace veinte siglos y ha prometido volver al final de los tiempos, llega incesantemente al corazón y a la vida de quien no se cierra. Vigilad, es decir, entrad en la sala de espera del adviento, poned vuestras preguntas al sol, porque va a venir Aquel que únicamente las ha tomado en serio y Aquel que únicamente las puede responder: Jesucristo, redentor del hombre.
     Vigilad, estad despiertos, la espera que os embarga no es una quimera pasada y cansada sino la verdadera razón que cada mañana pone en pie nuestra vida para reconocer a Aquel que cada instante no deja de pasar. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     La página del Evangelio nos presenta uno de los temas más sugestivos del tiempo de Adviento: la visita del Señor a la humanidad. La primera visita se produjo con la Encarnación, el nacimiento de Jesús en la gruta de Belén; la segunda sucede en el presente: el Señor nos visita continuamente cada día, camina a nuestro lado y es una presencia de consolación; y para concluir estará la tercera y última visita, que profesamos cada vez que recitamos el Credo: «De nuevo vendrá en la gloria para juzgar a vivos y a muertos». El Señor hoy nos habla de esta última visita suya, la que sucederá al final de los tiempos y nos dice dónde llegará nuestro camino. (Papa Francisco)
   En este tiempo de Adviento estamos llamados a ensanchar los horizontes de nuestro corazón, a dejarnos sorprender por la vida que se presenta cada día con sus novedades. Para hacer esto es necesario aprender a no depender de nuestras seguridades, de nuestros esquemas consolidados, porque el Señor viene a la hora que no nos imaginamos. Viene para presentarnos una dimensión más hermosa y más grande. (Papa Francisco)
     Que Nuestra Señora, Virgen del Adviento, nos ayude a no considerarnos propietarios de nuestra vida, a no oponer resistencia cuando el Señor viene para cambiarla, sino a estar preparados para dejarnos visitar por Él, huésped esperado y grato, aunque desarme nuestros planes. (Papa Francisco)

ORATIO:
     Padre, destierra de nosotros la pereza, la desgana y la desidia de ver "siempre lo mismo" y enséñanos a ponernos de nuevo en camino. Vence nuestra ignorancia que piensa conocerte ya lo suficiente. Vence nuestra tibieza que nos lleva a pensar que te amamos bastante. Vence nuestras rutinas que nos hacen creer que ya no podemos descubrir nada nuevo en tu compañía.
Ven, Señor Jesús, en este nuevo Adviento
y acoge mis limitaciones y temores
para que renazca a una vida nueva.

CONTEMPLATIO:
«Por eso estad también vosotros preparados»
     El tiempo de adviento nos hace presente esta realidad, que celebramos continuamente en la Eucaristía. La Eucaristía es Dios con nosotros en la carne de Cristo y al mismo tiempo es la plenitud de la creación y de la historia en esa carne resucitada, transfigurada, transformada. Vivir el adviento es vivir a la espera del Señor, que viene a transformarlo todo.
     La Palabra de Dios en este tiempo santo de adviento es una invitación continua a la vigilancia gozosa y esperanzada. El pecado nos adormece, nos anquilosa, nos atonta y nos hace ver la realidad extorsionada. El Señor, por el contrario, nos invita a despertar, a ponernos en camino, a espabilarnos, a ver las cosas como son, como las ve Dios…
     Si esto es así, debemos purificar nuestro corazón de tantas adherencias que nos retardan. Tenemos necesidad de resetear nuestra propia historia, de poner a punto nuestro corazón y nuestra vida. Nuestro destino es el cielo, que ya empezamos a vivir en la tierra, porque el cielo es estar con Cristo. Y con esta perspectiva hemos de ir muriendo a tantas realidades de la vida, que no son definitivas y en las que nos entretenemos indebidamente o nos apartan de Dios. El adviento quiere desaletargarnos, quiere estimularnos en el camino del bien. Hemos de vivirlo con mucha esperanza. (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)




■…   Ya ves que el Verbo de Dios provoca al ocioso y despierta al dormido. Pues quien viene y llama a la puerta, señal de que quiere entrar. Si no siempre entra, si no siempre permanece, eso ya depende de nosotros. Que tu puerta esté abierta de par en par para el que viene: ábrele tu alma, ensancha el regazo de tu inteligencia, para que pueda ver la riqueza de simplicidad, los tesoros de paz, la suavidad de la gracia. Dilata tu corazón, sal al encuentro del sol de la luz eterna, que alumbra a todo hombre. En realidad la luz verdadera luce para todos: pero si uno cierra sus ventanas, él mismo se privará de la luz eterna. (S. Ambrosio de Milán)


martes, 26 de noviembre de 2019

(Rm 12, 15)


NOVIEMBRE 2019

«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran» (Rm 12, 15)

     Después de haber ilustrado a los cristianos de Roma sobre los grandes regalos que Dios ha hecho a la humanidad en Jesús y al donar el Espíritu, el apóstol Pablo indica cómo responder a la gracia recibida, sobre todo en las relaciones entre ellos y con todos.
     Pablo invita a pasar del amor por quienes comparten la misma fe, al amor evangélico, dirigido a todos los seres humanos, pues para los creyentes el amor no tiene fronteras ni se puede limitar a unos pocos.
     Un detalle interesante: en el primer lugar encontramos la alegría compartida con los hermanos. En efecto, según el gran padre de la Iglesia Juan Crisóstomo, la envidia hace mucho más difícil compartir la alegría de los demás que sus penas.
     Vivir así podría parecer una montaña demasiado impracticable de escalar, imposible de coronar. Sin embargo, es posible porque los creyentes están sostenidos por el amor de Cristo, del que nada ni nadie podrá nunca separarlos (cf. Rm 8, 35).
«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran»
     Comentando esta frase de Pablo, Chiara Lubich escribió: «Para amar cristianamente hace falta "hacerse uno" con cada hermano [...]; entrar lo más profundamente posible en el ánimo del otro; comprender de verdad sus problemas, sus necesidades; compartir sus sufrimientos y alegrías; inclinarse sobre el hermano; hacerse en cierto modo él, hacerse el otro. Esto es el cristianismo; Jesús se ha hecho hombre, se ha hecho hombre para hacernos a nosotros Dios; de ese modo el prójimo se siente comprendido, aliviado»[1] 1.
     Es una invitación a ponerse «en el pellejo del otro» como expresión concreta de una caridad verdadera. Quizá el amor de una madre sea el mejor ejemplo para ilustrar la práctica de esta Palabra: la madre sabe compartir la alegría con el hijo que goza y el llanto con el que sufre, sin juicios ni prejuicios.
«Alegraos con los que se alegran; llorad con los que lloran»
     Para vivir el amor con esta dimensión, sin cerrarnos en nuestras preocupaciones, en nuestros intereses o en nuestro mundo, hay un secreto: reforzar la unión con Dios, la relación con Aquel que es la fuente misma del Amor. Se dice que la copa de un árbol suele estar en proporción al diámetro de sus raíces. Así nos sucederá también a nosotros: si día a día hacemos crecer en profundidad nuestra relación con Dios, también en nosotros crecerá el deseo de compartir la alegría y llevar los pesos de quienes están a nuestro lado; nuestro corazón se abrirá y se hará cada vez más capaz de contener todo lo que vive en el momento presente el hermano que tenemos al lado. A su vez, el amor al hermano nos hará entrar aún más en la intimidad con Dios.
     Viviendo así veremos un cambio en los lugares donde estamos, comenzando por las relaciones familiares, en la escuela, en el trabajo y en comunidad, y experimentaremos con gratitud que, más pronto o más tarde, el amor sincero y gratuito vuelve y se hace reciproco.
     Esta es la fuerte experiencia de dos familias, una cristiana y una musulmana, que han compartido dificultades y momentos de esperanza. Cuando Ben cae gravemente enfermo, Tatiana y Paolo están en el hospital con su mujer, Basma, y sus dos hijos hasta el final. Aun en medio del dolor por haber perdido a su marido, Basma reza con sus amigos cristianos por otra persona gravemente enferma, con su esterilla dirigida a La Meca. Dice: «La alegría más grande es sentirse parte de un solo cuerpo donde cada uno tiene en el corazón el bien del otro».




[1] 1 C. LUBICH, El amor recíproco: núcleo fundamental de la espiritualidad de la unidad, congreso de los ortodoxos, Castel Gandolfo 30-3-1989, p. 4.