CERCADOS
POR EL AMOR
Jn. 14.
15- 21 En
aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si me amáis, guardaréis mis
mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Defensor, que esté siempre
con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque
no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con
vosotros y está en vosotros.
No os dejaré
huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero
vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo
estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros.
El que acepta mis
mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre,
y yo también lo amaré y me manifestaré a él».
Otras
Lecturas: Hechos 8,5-8.14-17; Salmo 65; 1Pedro 3,15-18.
LECTIO:
Esta lectura de
Juan nos conduce al corazón mismo de la cena de Pascua, a las instrucciones
últimas de Jesús para sus discípulos y amigos más íntimos. Jesús quiere dejar
claro algunos puntos importantes de su relación con los discípulos y de lo que
sucederá cuando él se marche y el Padre les envíe al Espíritu Santo. ¿qué van a
hacer ahora sin Jesús?
El
mundo no va a poder “ver” ni “conocer” la verdad que se esconde en
Jesús. Para muchos, Jesús habrá pasado por este mundo como si nada hubiera
ocurrido: no dejará rastro alguno en sus vidas. Sólo quienes los aman podrán
experimentar que Jesús está vivo y hace vivir.
Jesús
es la única persona que merece ser amada de manera absoluta. El que ama a Jesús
vive sus palabras, “guarda sus
mandamientos”, se va “llenando” de Jesús.
No es
fácil expresar esta experiencia. El evangelista la llama “Espíritu de la verdad”. Jesús se va convirtiendo en la fuerza y la
luz que nos hace “vivir en la verdad”.
Cualquiera que sea el momento en que nos encontremos en la vida, acoger a Jesús
nos lleva hacia la verdad.
Este “Espíritu de la verdad” según la promesa
de Jesús, “vive con nosotros y está en
nosotros”. Lo escuchamos en nuestro interior, resplandece y actúa en la
vida de quien sigue los pasos de Jesús de manera humilde, confiada y fiel. Si lo acogemos en
nuestra vida, no nos sentiremos huérfanos y desamparados.
La conversión que más necesitamos los
cristianos hoy es pasar de una adhesión rutinaria y poco real a Jesús, a
experimentar el vivir enraizados en su “Espíritu
de la verdad”.
MEDITATIO:
■ “…yo estoy en mi padre, y vosotros
en mi y yo en vosotros”. Esta afirmación nos
da una nueva perspectiva en nuestra relación con el Señor y condiciona nuestra
espiritualidad, ¿en tu trato diario con el Señor buscas que sea Él tu referente
para imitarlo e identificarte con Él?
■ Jesús nos dice que
no nos dejaría huérfanos, sino que nos enviaría al Espíritu de la Verdad, a
Aquel que nos introduciría en la verdad plena y total, ¿qué lugar das al
Espíritu en tu vida espiritual y pastoral? ¿Qué haces para que sea Él el que
guíe y conduzca todo lo que haces? ¿Te sientes su instrumento? ¿Le pides que te
ayude a vivir lo que crees?
■ Solo la vida guiada
por el Espíritu agrada a Dios. En este momento de tu vida cuestiónate, ¿de que
manera vives ser discípulo de Jesús, con el Espíritu de Dios o con el espíritu
del mundo?
ORATIO:
Responde a Jesús que hoy te dice: …Si me
amas,
Harás vida mis enseñanzas y asumirás mi
estilo de vida. Vivirás para amar y servir, dando la vida por los demás. Harás
del mandamiento del amor, tu estilo de vida. Buscarás siempre el bien de los
demás.
Anunciarás el Evangelio con tu vida. Mostrará
tu fe con tu vida y tus actitudes.
Me encontrarás vivo y presente en la
fracción del pan. Harás de mi Palabra, tu alimento y tu fortaleza.
El Espíritu te introducirá a la Verdad
total. Vivirás por y para mí…
CONTEMPLATIO:
Contempla como Jesús pronuncia con
insistencia “vosotros”, referido a
sus discípulos, a los de entonces, pero también a los de hoy, y en concreto a
ti. Relee el pasaje sustituyendo “tú”
en lugar de “vosotros” para que las
palabras de Jesús se te impriman en la mente y en el corazón.
Déjate alcanzar por Jesús que se dirige a
ti, que te llama por tu nombre y te dice: … Si tú me amas, el Padre te enviará
al Paráclito; tú lo conoces; él mora junto a ti y estará contigo. No te dejaré
huérfano, volveré a ti; tú me verás; tú vivirás; tú sabrás que yo estoy en el
Padre y tú en mí y yo en ti.
Tantas veces nos encontramos con una comprensión de la moral, de la forma de entender un comportamiento ante tantas cosas de la vida, como quien sigue el dictado de una normativa dada. Podría parecer que esto es también la ética cristiana: secundar nuestras reglas morales. De esto trata el evangelio de este domingo a propósito de los mandamientos. También nos mete en la cena última de Jesús con sus discí¬pulos, en la que Él hará la gran síntesis de su revelación: el Padre amado, el Espíritu prome¬tido, el amor hasta la entrega total como su manifestación suprema. Jesús propone un ex¬traño modo de comprobar el amor verdadero hacia su Persona: guardar sus mandamientos, es decir, todo lo que su Palabra y su Persona han ido desvelando de tantas formas. No se trata de un “código de circu¬lación” ética o religiosa, sino un modo nuevo e integral de vivir la existencia ante Dios, ante los demás, ante uno mismo.
ResponderEliminarNo nace de la curiosidad por lo que Él hizo y dijo. Muchos vieron y escucharon al Maestro en su an¬dadura humana, y tantos de ellos no entendieron nada. Era necesario que este nuevo modo de vivir la existen¬cia, naciera de lo Alto, del Espíritu, como explicará el mismo Jesús en otra noche de confi¬dencias al inquieto Nicodemo. Por eso el Señor, tras haber dicho a los más suyos que amarle y guardar sus mandamientos es la fidelidad cristiana, les prometerá el envío de ese Espíritu. No hacemos una selección de sus enseñanzas en un cristianismo “a la carta”, en un cómodo “sírvase vd. mismo” dentro del bazar religioso. Para entender a Jesús hay que amarle, pero sólo ama quien no censura nin¬guno de los factores que componen la vida y la palabra de la persona amada.
Difícilmente se pueden contar como propias las cosas que no hemos experimen¬tado ni saboreado. Quien hace así, no sólo no contagia nada, sino que siembra el abu¬rrimiento. No contar un historia ajena y prestada, sino relatar lo que ha su¬puesto el paso de Dios por todos nuestros entresijos. Y esto es anunciar a Cristo. Y llenar de alegría el terruño que a diario pisan nuestros pies.
El cristiano que anuncia a Jesús, más de demostrar a su Señor lo que senci-llamente hace es mostrarle. Porque la razón de nuestra esperanza no es un dis-curso teórico de fría apologética, sino un anuncio sencillo y fuerte de lo que nos ha su¬cedido: la oscuridad, la indiferencia, la violencia, el pecado y la muerte, han sido des¬plazadas y arrancadas en noso¬tros por el paso liberador de la Pascua de Jesús en nuestra vida. Y esa liberación que nos ha sucedido a nosotros deseamos que suceda también absolutamente a todos. Los mandamientos cristianos son vivir la vida de Jesucristo por la fuerza del Espíritu de la Verdad. Predicamos a Cristo siendo testigos de la luz, de la misericordia, de la paz, de la gracia y de la vida que ha acontecido y acontece en nosotros tras el encuen¬tro con Él. Él es nuestra regla y nuestra ley.
+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm
Arzobispo de Oviedo