TIEMPO LITÚRGICO
jueves, 8 de enero de 2026
sábado, 3 de enero de 2026
ENERO :
CORAZÓN CAUTIVO
Alabado sea el Santísimo Sacramento del
Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS
Hermosura del Corazón de Jesús ¡Cautiva mi corazón!
Cuando pensamos en la Eucaristía y en el
Corazón de Jesús nos damos cuenta de que hay una doble cautividad.
Por un lado, Jesús se ha hecho cautivo, se
ha dejado encerrar en las especies del pan, y en la caja del sagrario.
Está allí de alguna manera “prisionero de amor”, no
tiene libertad de ir donde quiera, sino que se deja traer y llevar igual que en
el tiempo de su pasión. Su cautividad está, sin embargo, motivada por el Amor.
Se queda bajo la especia del pan para estar más cerca de nosotros, se reserva en
el sagrario para hacernos compañía.
Por otro lado, para sus
adoradores, los que buscan ratos largos de hincarse ante
la majestad de Dios escondida en el Sacramento, les
ocurre con el tiempo que quedan ellos mismos cautivos, o cautivados por el Amor
de Jesús Eucaristía. Descubren como un poderoso imán del que ya
es muy difícil separarse y sienten la atracción siempre que pasan cerca de un
sagrario. Están como cautivados por tanta humildad, por tanta paciencia, por
tanta bondad. A veces decimos que tal o cual persona nos ha cautivado. Con más
razón que nadie se lo podemos aplicar a Jesús.
Así lo hace la
Iglesia, en su oración de acción de gracias,
después de la Comunión de la Misa del Sagrado Corazón dice: “Señor, que el
sacramento de la caridad encienda en nosotros el fuego del amor santo por el
que, cautivados
siempre por tu Hijo, aprendamos a reconocerle en los hermanos. Él,
que vive y reina por los siglos de los siglos”.
Es la misma actitud que
quería infundir Luis de Trelles en la ANE: “Adoradores
en la noche, testigos en el día. Dejarse cautivar por el Dios
cautivo, para poder prender con su fuego el mundo.
Acercarse al trono de la gracia para alcanzar misericordia y auxilio”. Con qué
sorpresa Trelles
repasa los contrastes divinos que ve sintetizados en
la Eucaristía: “La justicia y la paz; la misericordia y el
juicio, el amor y la ira, la providencia y el respeto o mejor la reverencia a
la humana libertad, la omnipotencia y la humildad que se reúnen en el Hombre
Dios, la mansedumbre y la justicia innata del Verbo Divino imagen sustancial y
espejo sin mancilla de la divinidad; la suprema soberanía que es inamisible en
Dios y la obediencia admirable que ostenta su divino Hijo durante su vida en
carne: son fases diversas de un misma rayo de luz purísima que irradia del
Eterno Padre y brilla sin sombra a través de la encarnación en Jesús, Dios y
hombre verdadero, persona divina por quien se han hecho todas las cosas y criatura
modelo en cuanto hombre de la diestra del Altísimo”.
Se puede decir que don Luis queda totalmente cautivado por el
misterio que contempla en sus noches de adoración,
hasta el punto de no encontrar palabras. Por eso exclama: ”Jesús, manifestación
del Padre igual a él y aun idéntico en esencia, bajó en persona y vino a
acercarnos este bellísimo prototipo, para expresarnos de algún modo y a
cautivar el humano corazón por ministerio de un amor que no hay palabras para
expresar, sin que pudiese por eso menoscabarse ninguno de los atributos de la
divina esencia. ¡Arcano impenetrable de luz y de amor que es
mejor adorar que explicar, por qué es incomprensible, y
que sólo pude la criatura admitir para tributarle profunda adoración y
dedicarle un amor sin límites cuanto cabe en el corazón del hombre en cuyo
fundo hay algo de insondable e infinito! Yo te adoro Señor en estos
altísimos misterios que nos revelan una tan
perfecta bondad y que nos ofrecen tanta merced”.
Trelles entiende
que Dios ha venido al mundo para hacernos prisioneros de su amor, y
ve cómo quizá la mayor estrategia que ha encontrado para ello es precisamente
la de dejarse aprisionar él mismo en un alimento tan sencillo como el pan, para
poder darnos vida y unirse a nosotros en un abrazo espiritual misterioso. Nos
apunta una bella analogía que quizá hoy nos puede servir para hacer nuestra
meditación ante el Santísimo: ”El Hijo de Dios puede decirse que se despojó de
su justicia para humanarse y para atraer al hombre por los vínculos de su
caridad. Parece como que el rey de la gloria, al disfrazarse y sobre vestirse
de la carne del hombre, como el hijo de un monarca poderoso que viniese a traer
dones a un pobre siervo, se obligó por un afecto incomprensible
a ocultar o velar los rayos de su justicia para aparecer con la gracia que
convenía a sus fines de amor”. (Trelles
LS, 3, 1872)
Preguntas para el diálogo y la meditación.
■ ¿Alguna vez te has sentido cautivado por
algo?
■ ¿Cómo seguiría la historia que nos ha
sugerido Trelles?
■ ¿Qué cosas son las que más te llaman la atención del misterio eucarístico?

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