TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 3 de enero de 2026

ENERO CORAZÓN CAUTIVO

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

Hermosura del Corazón de Jesús ¡Cautiva mi corazón!

   Cuando pensamos en la Eucaristía y en el Corazón de Jesús nos damos cuenta de que hay una doble cautividad. Por un lado, Jesús se ha hecho cautivo, se ha dejado encerrar en las especies del pan, y en la caja del sagrario. Está allí de alguna manera “prisionero de amor”, no tiene libertad de ir donde quiera, sino que se deja traer y llevar igual que en el tiempo de su pasión. Su cautividad está, sin embargo, motivada por el Amor. Se queda bajo la especia del pan para estar más cerca de nosotros, se reserva en el sagrario para hacernos compañía.

   Por otro lado, para sus adoradores, los que buscan ratos largos de hincarse ante la majestad de Dios escondida en el Sacramento, les ocurre con el tiempo que quedan ellos mismos cautivos, o cautivados por el Amor de Jesús Eucaristía. Descubren como un poderoso imán del que ya es muy difícil separarse y sienten la atracción siempre que pasan cerca de un sagrario. Están como cautivados por tanta humildad, por tanta paciencia, por tanta bondad. A veces decimos que tal o cual persona nos ha cautivado. Con más razón que nadie se lo podemos aplicar a Jesús.

   Así lo hace la Iglesia, en su oración de acción de gracias, después de la Comunión de la Misa del Sagrado Corazón dice: “Señor, que el sacramento de la caridad encienda en nosotros el fuego del amor santo por el que, cautivados siempre por tu Hijo, aprendamos a reconocerle en los hermanos. Él, que vive y reina por los siglos de los siglos”.

   Es la misma actitud que quería infundir Luis de Trelles en la ANE: “Adoradores en la noche, testigos en el día. Dejarse cautivar por el Dios cautivo, para poder prender con su fuego el mundo. Acercarse al trono de la gracia para alcanzar misericordia y auxilio”. Con qué sorpresa Trelles repasa los contrastes divinos que ve sintetizados en la Eucaristía: “La justicia y la paz; la misericordia y el juicio, el amor y la ira, la providencia y el respeto o mejor la reverencia a la humana libertad, la omnipotencia y la humildad que se reúnen en el Hombre Dios, la mansedumbre y la justicia innata del Verbo Divino imagen sustancial y espejo sin mancilla de la divinidad; la suprema soberanía que es inamisible en Dios y la obediencia admirable que ostenta su divino Hijo durante su vida en carne: son fases diversas de un misma rayo de luz purísima que irradia del Eterno Padre y brilla sin sombra a través de la encarnación en Jesús, Dios y hombre verdadero, persona divina por quien se han hecho todas las cosas y criatura modelo en cuanto hombre de la diestra del Altísimo”.

   Se puede decir que don Luis queda totalmente cautivado por el misterio que contempla en sus noches de adoración, hasta el punto de no encontrar palabras. Por eso exclama: ”Jesús, manifestación del Padre igual a él y aun idéntico en esencia, bajó en persona y vino a acercarnos este bellísimo prototipo, para expresarnos de algún modo y a cautivar el humano corazón por ministerio de un amor que no hay palabras para expresar, sin que pudiese por eso menoscabarse ninguno de los atributos de la divina esencia. ¡Arcano impenetrable de luz y de amor que es mejor adorar que explicar, por qué es incomprensible, y que sólo pude la criatura admitir para tributarle profunda adoración y dedicarle un amor sin límites cuanto cabe en el corazón del hombre en cuyo fundo hay algo de insondable e infinito! Yo te adoro Señor en estos altísimos misterios que nos revelan una tan perfecta bondad y que nos ofrecen tanta merced”.

 Trelles entiende que Dios ha venido al mundo para hacernos prisioneros de su amor, y ve cómo quizá la mayor estrategia que ha encontrado para ello es precisamente la de dejarse aprisionar él mismo en un alimento tan sencillo como el pan, para poder darnos vida y unirse a nosotros en un abrazo espiritual misterioso. Nos apunta una bella analogía que quizá hoy nos puede servir para hacer nuestra meditación ante el Santísimo: ”El Hijo de Dios puede decirse que se despojó de su justicia para humanarse y para atraer al hombre por los vínculos de su caridad. Parece como que el rey de la gloria, al disfrazarse y sobre vestirse de la carne del hombre, como el hijo de un monarca poderoso que viniese a traer dones a un pobre siervo, se obligó por un afecto incomprensible a ocultar o velar los rayos de su justicia para aparecer con la gracia que convenía a sus fines de amor”. (Trelles LS, 3, 1872)

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Alguna vez te has sentido cautivado por algo?

¿Cómo seguiría la historia que nos ha sugerido Trelles?

¿Qué cosas son las que más te llaman la atención del misterio eucarístico?


martes, 23 de diciembre de 2025

EL «BELÉN» COMO PREPARACIÓN A LA NAVIDAD


  … En muchas familias, siguiendo una hermosa y consolidada tradición, inmediatamente después de la fiesta de la Inmaculada se comienza a montar el belén, para revivir juntamente con María los días llenos de conmoción que precedieron al nacimiento de Jesús. Construir el belén en casa puede ser un modo sencillo, pero eficaz, de presentar la fe para transmitirla a los hijos.

     El belén nos ayuda a contemplar el misterio del amor de Dios, que se reveló en la pobreza y en la sencillez de la cueva de Belén. San Francisco de Asís quedó tan prendado del misterio de la Encarnación, que quiso reproducirlo en Greccio con un belén viviente; de este modo inició una larga tradición popular que aún hoy conserva su valor para la evangelización.

   En efecto, el belén puede ayudarnos a comprender el secreto de la verdadera Navidad, porque habla de la humildad y de la bondad misericordiosa de Cristo, el cual «siendo rico, se hizo pobre» (2 Co 8,9) por nosotros. Su pobreza enriquece a quien la abraza y la Navidad trae alegría y paz a los que, como los pastores de Belén, acogen las palabras del ángel: «Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre» (Lc 2,12). Esta sigue siendo la señal, también para nosotros, hombres y mujeres del siglo XXI. No hay otra Navidad…

 

 De una carta pastoral de Benedicto XVI, Pp.

viernes, 19 de diciembre de 2025

 ANTÍFONAS DE ADVIENTO O ANTÍFONAS MAYORES

(continuación)

4.-¡Oh Llave de David! y Cetro de la casa de Israel; que abres y nadie puede cerrar; cierras y nadie puede abrir: ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

  O Clavis David, et sceptrum domus Israel; qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: veni, et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris, et umbra mortis.

Isaías había profetizado:

·    «Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá.» Is. 22:22

·    «Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.»  Is. 9:6

5.-¡Oh Sol! que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.

  Oh Oriens, splendor lucis aeternae et sol iustitiae: veni et illumina sedentem in tenebris et umbra mortis. 

Isaías había profetizado:

·     «El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos.»  Is. 9:1-2

6.-¡Oh Rey de las naciones! y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo: ven y salva al hombre, que formaste del barro de la tierra.

 O Rex Gentium, et desideratus earum, lapisque angularis, qui facis utraque unum: veni, et salva hominem, quem de limo formasti.

Isaías había profetizado:

·   «Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de Paz".» Is. 9:5

·     «Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.»  Is. 2:4

7.-¡Oh Dios!, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos: ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.

  O Emmanuel, Rex et legifer noster,  exspectatio Gentium, et Salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine, Deus noster.

Isaías había profetizado:

·   «Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.»  Is. 7:14

  Unamos a la oración un recogimiento mayor, una vigilancia más continua; descendamos con más frecuencia al fondo de nuestra alma, a fin de purificarla y embellecerla pensando que debe ser la cuna del Niño divino. Sin embargo, la grande preparación  es renunciar al pecado, al pecado mortal especialmente, pues ¿qué puede haber de común entre el Hijo de María y un corazón manchado de iniquidades?

  Escuchemos a san Carlos exhortando a su pueblo a santificar el Adviento, y apropiémonos de las palabras del gran Arzobispo: “Durante el Adviento debemos prepararnos para recibir al Hijo de Dios que abandona el seno de su Padre para hacerse hombre, y platicar nosotros; es preciso destinar un poco del tiempo que consagramos a nuestras ocupaciones a meditar en silencio sobre las preguntas siguientes: ¿Quién es el que viene? ¿De dónde viene? ¿Cómo viene? ¿Cuáles son los hombres para los que viene? ¿Cuáles son los motivos y cuál debe ser el fruto de su venida? Cifremos en él nuestras aspiraciones todas a imitación de los justos y Profetas del Antiguo Testamento que por tanto tiempo le esperaron, y para abrirle el camino de nuestro corazón purifiquémonos por medio de la confesión, el ayuno y de la comunión.

miércoles, 17 de diciembre de 2025

 ANTÍFONAS DE ADVIENTO O ANTÍFONAS MAYORES

     Las antífonas de Adviento o de la O (así llamadas porque todas empiezan en latín con la exclamación «O», en castellano «Oh».) son siete, y la Iglesia las canta antes y después del Magníficat con el Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.

     Fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, y se puede decir que son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia, y a la vez, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del Antiguo Testamento como de la Iglesia del Nuevo. Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del Antiguo Testamento, pero entendido con la plenitud del Nuevo. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más.

  Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven».

   Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «erocras», que significa «seré mañana, vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.

1.-¡Oh, Sabiduría!, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ven y muéstranos el camino de la salvación.

     O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodiisti, attingens a fine usque ad finem, fortiter suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae.

Isaías había profetizado:

·   «Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh.» Is. 11:2-3

·         «[...] trazar un plan maravilloso, llevar a un gran acierto.» Is. 28-29

2.-¡Oh Poderoso Señor!, jefe de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza encendida, y le diste tu Ley sobre el monte Sinaí! ¡Ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.

     O Adonai et dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti, et ei in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extento.

Isaías había profetizado:

·    «Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.» Is. 11:4-5

·    «Porque Yahveh es nuestro juez, Yahveh nuestro legislador, Yahveh nuestro rey: él nos salvará. Is. 33:22

 3.-¡Oh Renuevo del tronco de Jesé!, que te alzas como un signo para los pueblos; ante quien los reyes enmudecen, y cuyo auxilio imploran las naciones: ven a librarnos, no tardes más.

     O Radix Jesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem Gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, jam noli tardare.

Isaías había profetizado:

·  «Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.» Is. 11:1

·   «Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa.» Is. 11:10

   Jesé era el padre del rey David, y Miqueas había profetizado que el Mesías provendría de la casa y del linaje de David y que nacería en la ciudad de David, Belén. Miq. 5:1 

 (…)