TIEMPO LITÚRGICO
martes, 7 de marzo de 2023
sábado, 4 de marzo de 2023
¿Qué tal el ayuno y la abstinencia
de los malos pensamientos?
Al hablar de Cuaresma muchos se acuerdan del ayuno
y la abstinencia. Creen que, por
reducir un poco los alimentos del Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, y
porque los viernes en lugar de comer carne toman pescado, ya son penitentes.
La verdad es que hacer eso no cuesta gran cosa;
pero, ¿qué tal el ayunó y la abstinencia de los malos pensamientos, el ayuno
de las malas palabras y las malas acciones? Eso ya es otra cosa, que cuesta inmensamente más. Y se trata de
seguir esta rigurosa dieta más que la de los alimentos.
Ayunar
de los malos pensamientos. Cuantas
malas ideas circulan con semáforo verde por la vía pública de nuestro cerebro, como son: las etiquetas que les ponemos a los demás, la pornografía,
las intenciones malévolas, esos resentimientos largamente alimentados, etc.
Ayunar
de las palabras malas.
Un buen porcentaje de nuestra mercancía verbal es
de muy mala calidad. Las murmuraciones, las críticas son un manjar envenenado con el que se alimentan
muchas personas. El que no critica a su prójimo es una maravilla del universo;
y estas maravillas se dan muy poco. Lo normal es criticar, murmurar, comerse al
prójimo. Se critica todo y a todos con desvergüenza.
En una
ocasión encontré a una persona que me pidió sinceramente un consejo: ¿que podía
hacer para erradicar su hábito de murmurar?. Le aconseje que rezara un avemaría
cada vez que se le escapara una crítica. Tomó el consejo muy en serió, y el resultado
fue que el primer día tuvo que rezar casi tres rosarios completos. Luego, poco
a poco, fueron disminuyendo las avemarías, hasta que no tuvo que rezar ninguna,
porque había vencido el habito de murmurar. El consejo es válido, y el que
desee dejar de ser un murmurador, puede intentarlo.
Podemos
intentar también el ayunó de palabras sonoras, chistes de doble sentido, etc. Hay mucho de que ayunar, por ejempló, de las malas acciones. Ayuna de
verdad el que deja de cometer maldades. Ayunar de las bebidas alcohólicas; ayunar del robo, las injusticias, fraudes, peleas, adulterios, infidelidades; ayunar de
películas pornográficas, de envidias, malos deseos contra los demás y tantas cosas
más.
Si
durante este ayunó y abstinencia del mal, se toma una dieta abundante de
caridad con el prójimo, de sacramentos, de renovación espiritual, de buenas obras,
entonces tendrá sentido la Cuaresma. De
lo contrario, será una comedia aquello de correr a la Iglesia a que me pongan
ceniza o asistir a los Oficios. Algunos están
seguros de que ya se les borraron sus maldades, porque les impusieron la
ceniza; como si fuera así de fácil. Más bien, el ir a recibir ceniza significa comprometerse
a hacer ayunó y abstinencia de alguna de aquellas cosas malas que se dan en mi
vida. ¿En qué va a consistir mi ayuno y abstinencia durante esta Cuaresma?
del Padre Mariano de Blas
viernes, 3 de marzo de 2023
DEL BLOG DEL OBISPO
MENSAJE AL INICIO DE LA CUARESMA.
Tiempo de liberar el
corazón.
Con el Miércoles de Ceniza ha
comenzado la Cuaresma, este
tiempo tan valioso e importante para la Iglesia que nos conduce a la
celebración de la Pascua. La Iglesia mira al encuentro definitivo
con su Esposo en la Pascua eterna. Haciendo oración y viviendo la caridad
intensifica su camino de purificación espiritual para obtener aquí con más
abundancia la vida nueva en Cristo, esa vida que ya se nos transmitió en el Bautismo cuando, “al participar de la muerte y resurrección de Cristo”,
comenzó para nosotros la aventura gozosa y entusiasmante de ser discípulos de
Jesús.
En estas semanas tratamos de hacernos semejantes a Cristo. Este es el objeto de la transformación que tiene lugar al participar en la muerte y resurrección del Señor: que yo pueda conocerle a Él, el poder
de su resurrección y la comunión en sus padecimientos hasta hacerme semejante a
él en su muerte, tratando de llegar a la resurrección de entre los muertos (cf. Flp 3, 10-11).
El recorrido cuaresmal culmina en el Triduo
Pascual. Al renovar las promesas bautismales la
noche de Pascua
reafirmamos que Cristo es el Señor de nuestra vida, la vida que Dios nos
comunicó cuando renacimos “del agua y del
Espíritu Santo”. Entonces renovaremos el compromiso de corresponder a la acción de
la gracia para ser discípulos. Sumergirnos desde ahora en la muerte y en la resurrección de
Cristo nos impulsa cada día a liberar nuestro corazón del peso de las cosas
materiales y de ese vínculo egoísta con la “tierra”
que nos empobrece y nos impide estar disponibles y abiertos a Dios y al prójimo. El gran mandamiento
del amor al
prójimo nos exige, además, tomar conciencia de que tenemos una responsabilidad
con las criaturas, porque también son hijos de Dios. Si somos hermanos en
humanidad y, en muchos casos, también en la fe, hemos de ver en el otro a un
verdadero hermano a quien el Señor ama infinitamente. De esta mirada de
fraternidad brotarán naturalmente de nuestro corazón la solidaridad, la
justicia, la misericordia y la compasión que tanto necesita la sociedad. La caridad nos hace también responsables
del bien espiritual de nuestros hermanos a través del anuncio de Cristo
Salvador y la corrección fraterna, para acompañar
a cada uno, como Dios hace con nosotros.
El mundo exige hoy a los cristianos un
testimonio renovado de amor y fidelidad al Señor. La cuaresma nos ofrece el itinerario
que necesitamos para reconocer nuestra debilidad y caminar con decisión hacia
Él, y acoger la gracia renovadora del sacramento de la Penitencia revisando
la propia vida. La
clave es, por tanto, el encuentro personal con el Señor. En Él, que es Amor (cf. 1 Jn, 4, 7-10), encuentra sentido la oración, el ayuno
y la limosna; y la Cruz nos habla, como una Palabra suya que manifiesta el
poder de Dios (cf. 1
Co, 1, 18), donde se levanta
al hombre de sus caídas y adquiere la salvación, donde encontramos el amor en
su forma más radical (Encíclica Deus
caritas est, 12). Dado que en la vida de fe quien no avanza, retrocede, hemos de
vencer la tentación de la tibieza, o de sofocar el Espíritu, de negarse a «comerciar con los talentos» que se nos
han dado para nuestro bien y el de los demás (cf. Mt 25,25ss).
Esta Cuaresma nos
ofrece cada día ese momento favorable de gracia que nos invita a entregarnos a
Jesús, a tener confianza en
Él, a permanecer en Él, a compartir su estilo de vida, a aprender de Él el amor
verdadero, a seguirle en el cumplimiento diario de la voluntad del Padre, la
única gran ley de vida cristiana. Contemplemos, pues, el misterio de la
cruz que nos hace semejantes a Él en su muerte (cf. Flp 3, 10) para vivir una conversión profunda y
dejarnos transformar por la acción del Espíritu Santo. Renovemos nuestro camino
de fe, tanto personal como comunitario, esperando gozar la alegría pascual.
+ Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta
miércoles, 22 de febrero de 2023
¿Qué significa el Miércoles de Ceniza?
En 2010, durante la audiencia general del Miércoles de Ceniza, el Papa Benedicto XVI dijo: -Que los cuarenta días de preparación de la Pascua son tiempo favorable y de gracia lo podemos entender precisamente en la llamada que el austero rito de la imposición de la ceniza nos dirige y que se expresa, en la liturgia, con dos fórmulas: “Convertíos y creed en el Evangelio”, “Acuérdate de que polvo eres y en polvo te convertirás”-
Más adelante, en la misma audiencia,
sostuvo: -Con la imposición de la ceniza renovamos nuestro
compromiso de seguir a Jesús, de dejarnos transformar por su misterio
pascual, para vencer el mal y hacer el bien, para hacer que muera nuestro
“hombre viejo” vinculado al pecado y hacer que nazca el “hombre nuevo”
transformado por la gracia de Dios.
Sobre la celebración que hace la Iglesia
de este día, el Papa Benedicto XVI expresó: La liturgia del Miércoles de Ceniza
señala la dimensión fundamental de Cuaresma como la
conversión del corazón a Dios. Ese es el mensaje que evoca la tradición del
rito de las cenizas…
Es un rito con doble significado: el primero tiene que ver con el cambio interior, la conversión y la penitencia, (“Conviértete y cree en el Evangelio”) mientras que el segundo evoca la precariedad de la condición humana, (“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”) como se comprende fácilmente a partir de las dos fórmulas alternativas que acompañan el gesto de colocar las cenizas.
¿Qué dice la Biblia a cerca del Miércoles de Ceniza?
El Miércoles de Ceniza no aparece mencionado en la Biblia. Sin embargo, el uso religioso de las cenizas como un signo tiene fundamento en las Escrituras. Las cenizas se usaban en el judaísmo como signo de duelo (Ester 4,3) y arrepentimiento (Jonás 3,6, Job 42,6). Es un signo natural de la transitoriedad de la vida humana y del regreso desde el pecado hacia
¿De dónde se obtienen las cenizas del Miércoles de Ceniza?
Las cenizas se obtienen de los ramos de olivo o las palmas bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior y que normalmente los fieles acercan a las parroquias para ese propósito.
¿Cuánto tiempo se supone que uno debe dejarse las cenizas en la frente?
La decisión es personal pero sin duda ofrecen una oportunidad de dar testimonio público de la fe si se las deja en la frente en público; sin embargo, la intención de este gesto no debe tener un origen en la vanidad.
¿Solo los católicos pueden recibir las cenizas?
La práctica de recibir las cenizas en la
frente el Miércoles de Ceniza de parte del sacerdote o ministro que, mientras
las coloca, dice “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” o algo
similar, no es exclusiva de los católicos. Algunas iglesias no católicas (por
ejemplo, anglicana, episcopal) lo celebran. Sin embargo, la práctica no es
familiar para la Iglesia Oriental Católica Ortodoxa, que generalmente comienzan
la Cuaresma con otras prácticas que recuerdan la necesidad del arrepentimiento
y el perdón.
Como no es un sacramento, la
imposición de las cenizas el Miércoles de Ceniza está
abierto a quien quiera recibirlas, independientemente de su fe. Debe
hacerse respetando la práctica y la intención católicas, por supuesto. Es común
ver personas que no son católicas que se acercan a participar de este rito.
sábado, 18 de febrero de 2023
(Gn 16, 13)
FEBRERO 2023
«Tú eres el
Dios que me ve». (Gn 16, 13).
El versículo de la Palabra de vida de este
mes está tomado del libro del Génesis. Son unas palabras pronunciadas por Agar,
la esclava de Sara entregada como mujer a Abrahán porque aquella no podía tener
hijos y asegurar así una descendencia. Cuando Agar descubre que está encinta se
siente superior a su señora. El maltrato recibido por parte de Sara la obliga
más tarde a huir al desierto. Y allí precisamente tiene lugar un encuentro
único entre Dios y la mujer, la cual recibe una promesa de descendencia semejante
a la que Dios le había hecho a Abrahán. El hijo que nacerá se llamará Ismael, que
significa «Dios ha escuchado», pues ha acogido la angustia de Agar y le ha dado
una estirpe.
«Tú eres el
Dios que me ve»
La reacción de Agar refleja una idea común
en el mundo antiguo: que los seres humanos no pueden mantener un encuentro muy
de cerca con la divinidad. Agar se queda sorprendida y agradecida de haber
sobrevivido a él. Experimenta el amor de Dios precisamente en el
desierto, el lugar privilegiado donde se puede experimentar un encuentro
personal con Él; siente su presencia y se siente amada por un Dios
que la ha «visto» en su situación dolorosa, un Dios que se preocupa por sus
criaturas y las envuelve con su amor. «No es un Dios ausente, lejano,
indiferente a la suerte de la humanidad, como tampoco a la suerte de cada uno
de nosotros. Así lo experimentamos muchas veces. [...] Él está aquí conmigo, lo
sabe todo de mí y comparte cada pensamiento, alegría o deseo mío, lleva conmigo
cada preocupación y cada prueba de mi vida»[1].
«Tú eres el
Dios que me ve»
Esta palabra de vida
reaviva una certeza y nos conforta: nunca estamos solos en nuestro camino; Dios
está ahí y nos ama. A veces, como Agar, nos sentimos «extranjeros» en
esta tierra, o buscamos modos de huir de situaciones duras y dolorosas. Pero
hemos de estar seguros de la presencia de Dios y de nuestra relación con Él,
que nos hace libres, nos sosiega y nos permite empezar siempre de nuevo.
Esta ha sido la experiencia de P., que
vivió sola durante la pandemia. Cuenta: «Desde el inicio de la clausura de toda
actividad en nuestro país, estoy sola en casa. No tengo físicamente cerca a
nadie con quien poder compartir esta experiencia, y procuro ocupar el día como
puedo. Con el pasar de los días me siento cada vez más desanimada. Por la noche
me cuesta mucho quedarme dormida. Me parece que no podré salir nunca de esta
pesadilla. Pero siento fuertemente que debo encomendarme completamente a Dios y
creer en su amor. No tengo dudas de su presencia, que me acompaña y me
reconforta en estos meses de soledad. Me llegan pequeñas señales de los
hermanos que me hacen comprender que no estoy sola. Como una vez en que estaba
festejando el cumpleaños de una amiga on line y en ese momento me llegó un
trozo de tarta de parte de mi vecina»,
«Tú eres el
Dios que me ve»
Así, protegidos por la
presencia de Dios, también nosotros podemos ser mensajeros de su amor: estamos llamados a ver
las necesidades de los demás, a socorrer a nuestros hermanos en sus desiertos,
a compartir sus alegrías y sus dolores. El esfuerzo consiste en mantener los
ojos abiertos a la humanidad en la que estamos inmersos también nosotros.
Podemos
pararnos y mostrar nuestra cercanía con quienes están buscando un sentido y una
respuesta a los muchos «por qué» de la vida: familiares, amigos, conocidos,
vecinos, compañeros de trabajo, personas con problemas económicos y quizá
marginadas socialmente.
Podemos recordar y compartir esos momentos
preciosos en los que hemos conocido el amor de Dios y hemos redescubierto el
sentido de nuestra vida. Podemos afrontar juntos las dificultades y descubrir
en los desiertos por los que pasamos la presencia de Dios en nuestra historia,
que nos ayuda a proseguir el camino con confianza.
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
FEBRERO : ADORACIÓN Y REPARACIÓN
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS
“¡Ahí está Jesús!
¡No dejadlo abandonado!”
Siempre es bueno recordar
que venimos a la adoración porque Dios previamente nos ha llamado… Primero, Él, “el
Dios vivo y verdadero, llama incansablemente a cada persona al encuentro
misterioso de la oración”. Segundo, nosotros respondemos “esta
iniciativa de amor del Dios fiel es siempre lo primero en la oración, la
actitud del hombre es siempre una respuesta.” ¡Qué privilegiados somos de ser
llamados a este encuentro con Dios!
Y para encontrarse con Dios
hay muchas maneras, lo sabemos: su presencia está en la Sagrada
Escritura, por su palabra, donde dos o tres se reúnen
en su nombre por su promesa; en
nuestros corazones, por la gracia; en
los sacerdotes como en sus ministros... Sí,
todo eso es cierto, pero, "sobre todo, (está
presente) bajo las especies eucarísticas".
Entonces, ¡doblemente privilegiados de ser
llamados a este encuentro de oración y a este encuentro con la Eucaristía!
Recordemos que el modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es
singular. Eleva la Eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de
ella “como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos
los sacramentos”.
Estas varias maneras de presencia llenan
el espíritu de estupor y llevan a contemplar el misterio de la Iglesia. Pero es
muy distinto el modo, verdaderamente sublime, con el cual Cristo está presente
a su Iglesia en el sacramento de la Eucaristía, que por ello es, entre los
demás sacramentos, el más dulce por la devoción, el más bello por la
inteligencia, el más santo por el contenido; ya que contiene al mismo Cristo (San Pablo VI Mysterium fidei).
Y, sin embargo, ¡cuántos no escuchan
esta llamada! ¡cuánto desprecio e indiferencia ante esta sublime presencia! Por
eso, estamos llamados a la Adoración sí, pero a la adoración reparadora. Que
repare tanto amor ofendido, tan poca respuesta a un Amor tan grande. Esta
vigilia mensual, que sea de adoración y de reparación.
Tenemos ejemplos de adoración
reparadora en la Sagrada Escritura. Cuando María Magdalena se
adelanta y llora ante Jesús sus pecados, y limpia con sus lágrimas
los pies de Jesús; cuando, más tarde, María en Betania, de nuevo, se pone a sus
pies y rompe un frasco de perfume en honor de Cristo.
También nosotros en
esta velada nos vamos a colar en la sala donde está Jesús; somos conscientes de
nuestros pecados, y de cuántas veces no hemos respondido a su llamada o no
hemos hecho aprecio de su presencia… pero venimos, como María a
reparar. Primero, nuestros propios pecados. Se trata de que,
esta noche, hagamos como María: “colocándose detrás de él, se puso a llorar a
sus pies y comenzó a bañarlos con sus lágrimas; los secaba con sus cabellos,
los cubría de besos y los ungía con perfume.”
Queremos acompañar hoy a Jesús con
especial cariño porque somos conscientes de que nos ha
perdonado mucho. También nosotros somos unos pecadores. ¡Él
ha pasado por alto muchas de nuestras indiferencias! Nos ha perdonado una deuda
no simplemente de unos “eurillos”, le debíamos millones, ¡pero todo nos lo ha
perdonado! ¿Cuál de los dos amará más?» «Pienso que aquel a quien perdonó más».
Y no sólo eso, esta noche no se trata
simplemente de ponernos a los pies de Jesús (adorar) agradeciendo su amor que
nos ha perdonado (reparar), sino también de poner amor donde
otros han puesto desamor. De poner detalles de cariño donde otros
se han olvidado totalmente. A Jesús esas faltas de Simón también le afectan y
le duelen. Pero, por suerte, tiene a María que sabe bien cómo consolar a Jesús:
“Entré en tu casa y tú no derramaste
agua sobre mis pies; en cambio, ella los bañó con sus lágrimas y los secó con
sus cabellos. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entré, no cesó de
besar mis pies. Tú no ungiste mi cabeza; ella derramó perfume sobre mis pies.”
Imitemos a María, no a
Simón. Adoremos y reparemos. Con la misma amorosa
audacia… “Cuando veo a la Magdalena adelantarse, en presencia de los numerosos
invitados, y regar con sus lágrimas los pies de su Maestro adorado, a quien
toca por primera vez, siento que su corazón ha comprendido los abismos de amor
y de misericordia del corazón de Jesús, y que por más pecadora que sea, ese
corazón de amor está dispuesto, no sólo a perdonarla, sino incluso a prodigarle
los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres más altas de
la contemplación” (Carta
de santa Teresita).
También los Santos nos
animan a la adoración y la reparación…, como san Manuel González.
Gran apóstol de los sagrarios abandonados… después de aquella experiencia que
él tuvo en aquel pueblecito andaluz, su primera parroquia, y ver el sagrario
tan olvidado, sucio y descuidado. Aquello le marcó para siempre. ¡Cómo podemos
tratar así a Jesús!... “fuime derecho
al sagrario. Ahí mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, que me
miraba, que me decía mucho y me pedía más, una mirada en la que se reflejaba
todo lo triste del Evangelio: lo triste de no tener posada, de la traición, de
la negación, del abandono de todos”
Con
qué fuerza nos dice hoy estas palabras:
“ve al Santísimo, te espera desde hace miles de años, solo a ti. Quiere verte
a ti. Da igual el enfado, el poco tiempo que tengas. Da igual
que te sientas alejado de él, que no entiendas, que te cueste. Entra,
mírale y observa. Tú le necesitas y Él te necesita. ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí
está!”
Preguntas para el diálogo y la meditación.
■ ¿Soy sensible a las
distintas presencias de Cristo, además de la Eucarística?
■ ¿Reparo con pequeños gestos
de amor el desamor de los hombres?
■
¿Tengo
“adoptado” un sagrario, donde visitar a Jesús?
¡NO LO DEJEN ABANDONADO!
lunes, 6 de febrero de 2023
sábado, 4 de febrero de 2023
El adorador nocturno no
solamente debe ser activo en la 0ración, sino también en el sacrificio.
El reglamento nos pide que asistamos una
noche de cada mes a la Vigilia ordinaria y que velemos en esa noche durante la
hora que se nos designe. Indudablemente que para cumplir ese deber es necesario
hacer muchos pequeños sacrificios. Dejar las comodidades,
pocas o muchas, de nuestro hogar; abandonar a la familia que queda intranquila
por nuestra ausencia; pasar la noche en un sitio poco adecuado, a veces
verdaderamente incómodo, como sucede en algunas Secciones; permanecer en vela
durante algún tiempo, cuando el cansancio natural nos agobia; sufrir las
inclemencias del tiempo y a veces largas y peligrosas caminatas, como tienen
que soportarlo hermanos alejados de los centros poblados ... , todo esto
es sacrificio y a veces bastante duro.
¿Cuál es la actividad qua el
adorador puede desarrollar en ese aspecto?
En primer lugar, cumplir
fielmente con esos deberes, sea cual fuere el trabajo y
dificultades que se nos presenten. Ser
pues, estrictamente puntuales en nuestra
asistencia, aunque nos sintamos ligeramente indispuestos, aunque la familia se
acongoje un poco, aunque la lluvia o el frio traten de impedirnos el asistir.
Además, aceptar de buen agrado la hora de vela que
se nos fije, el sitio para descanso que se nos señale, el cambio de turno que
nos ordenen y, en general, cualquier cosa que quizá pueda
contrariar nuestro gusto.
No olvidemos, además, que en el sacrificio
hay tres grados: 1º, el aceptarlo sin repugnancia; 2º , que es más alto, el
desearlo con amor; y 3º, más alto todavía, el buscarlo con gozo y alegría.
Cuando tú, hermano adorador nocturno,
asistas a tus vigilias con verdadero anhelo y procures que te sean dadas las
horas de vela más pesadas, el rinconcito más humilde para descansar y todo lo
que sea más duro y difícil, entonces serás verdaderamente activo en
el sacrificio.
viernes, 20 de enero de 2023
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos
La Iglesia celebra
la Semana de Oración por la Unidad
de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2023 este
año con el lema, «Haz el bien; busca la justicia» (cf. Is 1,17).
El Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los
cristianos y la Comisión fe y constitución del Consejo Ecuménico de
Iglesias elaboran conjuntamente unos materiales para ayudar a la reflexión
y para preparar las celebraciones del Octavario.
A estos materiales conjuntos se suman los
que aporta la Subcomisión Episcopal para las relaciones interconfesionales y
diálogo interreligioso: el mensaje que firman los obispos de esta Subcomisión;
un guion para las celebraciones eucarísticas de la Semana; o una reflexión para
usar en la adoración eucarística.
¿Qué dicen los obispos?
Los obispos de la Subcomisión recuerdan en su mensaje para esta Semana
que el mandato de Jesús de que “seamos uno para que el mundo crea” (cf. Jn 17, 21) nos vuelve a convocar a rezar por la
unidad de los cristianos. No podemos conformarnos con la situación de división,
pues esta debilita la fuerza del mensaje de vida que proclamamos y resta
credibilidad de nuestra palabra.
El lema de este año, tomado del
profeta Isaías: «Haz el bien; busca la justicia» (cf. Is 1,17) lo ha escogido el Consejo de
Iglesias de Minnesota (EEUU)… También destacan que «el texto de Isaías nos hace comprender
que la vivencia de la fe debe ir siempre
acompañada por una praxis coherente con aquello que se profesa. El culto a Dios
resulta vacío si no va
acompañado por la compasión y la misericordia. Con duras palabras, el profeta denuncia
ese culto externo y puramente formal: no quiero ofrendas ni fiestas ‒dice el Señor‒ mientras tengáis las manos manchadas de sangre; «aprended a hacer el bien; buscad la
justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda»».
La Semana de Oración une la dimensión
espiritual y social
En consonancia con el texto de
Isaías, orar por la unidad de los cristianos debe ir acompañado de un
compromiso común para afrontar los desafíos de la injusticia y escuchar los
gritos de los que sufren por cualquier causa. El trabajo común que se
viene realizando entre las Iglesias es un signo de esperanza para la humanidad.
(Is 1, 17)
«Aprended a hacer el bien, buscad la justicia» (Is 1, 17).
La palabra de vida del mes de enero está
tomada del primer capítulo del profeta Isaías. Esta frase ha sido
elegida para la «Semana de oración por la unidad de los cristianos», que se celebra en todo
el hemisferio norte del 18 al 25 de enero. Los textos han sido preparados por
un grupo de cristianos de Minnesota, en Estados Unidos[1]. La
justicia es un tema candente. Las desigualdades, la violencia y los prejuicios
crecen en una sociedad a la que le cuesta dar testimonio de una cultura de
paz y de unidad.
Y los tiempos de Isaías no
eran muy diferentes de los nuestros. Las guerras, las rebeliones, la búsqueda
de la riqueza y el poder, la idolatría y la marginación de los pobres habían
hecho descarriarse al pueblo de Israel. Con palabras muy duras, el profeta
llama a su gente a convertirse, indicando el camino para volver al espíritu originario
de la alianza de Dios con Abrahán.
«Aprended a
hacer el bien, buscad la justicia»
¿Qué significa aprender a
hacer el bien? Hemos de ponernos en disposición
de aprender, lo cual requiere un esfuerzo por nuestra parte. En nuestro camino
diario, siempre tenemos algo que comprender, que mejorar; podemos volver a
empezar si nos hemos equivocado.
¿Qué significa buscar la
justicia? Esta es como un tesoro que hay que buscar y desear: es la meta de
nuestro modo de actuar. Practicar la justicia nos enseña a hacer el bien. Es saber captar la voluntad
de Dios, que es nuestro bien. Isaías ofrece ejemplos concretos. Las personas que Dios
prefiere mayormente, porque son las más indefensas, son los oprimidos, los
huérfanos y las viudas. Dios invita a su pueblo a cuidar de los demás de modo
concreto, sobre todo de quienes no están en condiciones de hacer valer sus
derechos. Las prácticas religiosas, los ritos, los sacrificios y las oraciones
no le son gratos si no se corresponden con la búsqueda y la práctica del bien y
la justicia.
«Aprended a
hacer el bien, buscad la justicia»
Esta Palabra de vida nos empuja a ayudar a
los demás a tener una mirada atenta y a socorrer al necesitado con hechos. Nuestro camino de conversión
requiere abrir el corazón, la mente y los brazos, sobre todo, a quienes sufren.
«El deseo y la búsqueda de la justicia
están grabados desde siempre en la conciencia del hombre; Dios mismo los
depositó en su corazón. Pero, a pesar de las conquistas y progresos realizados
a lo largo de la historia, ¡qué
lejos
sigue estando el pleno cumplimiento del proyecto de Dios! Las guerras en curso hoy
en día, así como el terrorismo y los conflictos étnicos, son señal de
desigualdades sociales y económicas, de injusticias, de odios. [...] Sin amor,
sin respeto a la persona, sin atender sus necesidades, las relaciones
personales pueden ser correctas, pero también pueden volverse burocráticas,
incapaces de dar respuestas decididas a las exigencias humanas. Sin amor, nunca habrá
justicia verdadera, no se compartirán los bienes entre ricos y pobres,
no se atenderá la singularidad de cada hombre y mujer ni la situación concreta
en que se encuentran»[2].
«Aprended a
hacer el bien, buscad la justicia»
Vivir por un mundo unido es preocuparse de
las heridas de la humanidad a través de pequeños gestos que ayudan a formar la
familia humana.
Un día, J. de Argentina se encuentra por
casualidad con el director del instituto donde había dado clases, el cual lo
había despedido con un pretexto. Cuando el director lo reconoce, trata de
evitarlo, pero J. va a su encuentro. Le pregunta por él y el director le cuenta
las dificultades de los últimos tiempos, le dice que vive en otra ciudad y que
está buscando trabajo. J. se ofrece a ayudarlo, y al día siguiente difunde
entre sus contactos la noticia de que está, buscando trabajo para una persona.
La respuesta no tarda en llegar. Cuando el director recibe la noticia de una
oferta de trabajo, no se lo puede creer. La acepta, profundamente agradecido y
conmovido de que precisamente aquel que él había despedido se interese
concretamente por él.
J. recibe el «céntuplo», porque precisamente en ese momento le ofrecen dos trabajos que siempre había deseado, desde que estudiaba en la universidad. También él está asombrado y conmovido por el amor tan concreto de Dios[3].
Patrizia
Mazzola
[1] En
Mineápolis (Minnesota), resultó muerto en 2020 el ciudadano negro George Floyd
por la acción de un policía: un homicidio que ha generado un movimiento por la
eliminación de toda forma de discriminación racial.
[2]
C. LUBICH, Palabra de vida. noviembre de 2006: Ciudad
Nueva n. 436 (2006/11), pp. 22-23.
[3]
Tomado y adaptado de «Il Vangelo del giorno». Città
Nuova, año VIII, n. 1, enero-febrero 2022.

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