TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

miércoles, 15 de julio de 2026

BENDITA SEA SU PRECIOSÍSIMA SANGRE


    En las alabanzas al Santísimo Sacramento repetimos esta: “Bendita sea su preciosísima sangre”, porque en la Eucaristía están contenidos el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo. Y cuando comulgamos recibimos a Jesucristo entero, su cuerpo y su sangre, entramos en comunión con él y junto con él con las otras personas divinas. La comunión eucarística es comunión con Dios, por medio del cuerpo y la sangre de Cristo.

  La devoción a la preciosísima Sangre de Cristo viene de lejos; fue instituida por el Papa Pio IX y elevada a fiesta universal. Su fiesta estaba fijada para el 1 de julio y todo el mes siguiente giraba en torno a esta devoción, como el mes de junio ha estado referido al Sagrado Corazón de Jesús.

   Se trata de la sangre preciosa de Cristo, que es el precio de nuestra redención: “Ya sabéis que fuisteis liberados de vuestra conducta inútil, heredada de vuestros padres, pero no con algo corruptible, con oro o plata, sino con una sangre preciosa, como la de un cordero sin defecto y sin mancha, Cristo” (1Pe 1, 18-19). Una sola gota de esta sangre hubiera sido suficiente para redimir el mundo entero, como cantamos en el himno Adoro te devote.

   San Pablo nos recuerda: “Habéis sido comprados a buen precio. Por tanto, glorificad a Dios con vuestro cuerpo” (1Co 6, 20).  San Juan Crisóstomo decía: “... Esta Sangre derramada purifica el mundo... Es el precio del universo, con ella Cristo redime a la Iglesia... Semejante pensamiento tiene que frenar nuestras pasiones. Pues ¿hasta cuándo permaneceremos inertes? ¿Hasta cuándo dejaríamos de pensar en nuestra salvación?

  Consideremos los beneficios que el Señor se ha dignado concedernos, seamos agradecidos, glorifiquémosle no sólo con la fe, sino también con las obras”.

    En el lenguaje bíblico, la sangre es la linfa vital, es como el alma de la persona. De hecho, todo el lenguaje sacrificial del Antiguo Testamento incluye la sangre como elemento esencial en la víctima que se ofrece y como ingrediente esencial para comunicar los dones de Dios. “Según la ley, casi todo se purifica con sangre, y sin efusión de sangre no hay perdón” (Hb 9,22). Jesucristo ha tomado este elemento de su naturaleza humana para expresar todo su amor de entrega sacrificial al Padre y de amor redentor hacia los hombres.  El culto nuevo que Él ha inaugurado, consiste en la ofrenda de la propia vida, incluye el derramamiento de su sangre preciosa en la Cruz.

   Por las heridas de su cuerpo crucificado brota a borbotones la sangre preciosa. En tantas representaciones artísticas la sangre aparece con toda vivacidad como un amor que se desborda. Y, cuando ya estaba muerto, la lanza del soldado traspasó su costado y abrió su corazón, del que brotó sangre y agua.

  Vivamos este mes de julio dedicado a la devoción de la preciosísima Sangre como una invitación a recibir esa sangre preciosa. No desperdiciemos este tesoro, esta abundancia de amor expresada en la sangre para el perdón de nuestros pecados.

De una Carta pastoral de D. Demetrio Fernández, Obispo emérito de Córdoba.

20 ACIERTOS EN LA ORACIÓN

     Ahora ofrezco la contrapartida. A ver con cuántos de los siguientes aciertos te sientes identificado.


Acudo a Dios porque es Dios, porque es mi Creador y Padre, porque es infinitamente bueno y misericordioso. Y a mí, como hijo y criatura suya, me corresponde bendecirlo y alabarlo.

■ Cuando oro, lo que me interesa es estar con Dios. No importa qué tema le trate ni cómo lo haga.

Al estar con Dios busco sobre todo escucharle, conocerle, saber cuál es su voluntad.

Lo busco a Él, no a mí mismo. Por eso, no me importa si siento especialmente o no, me basta creer que está presente.

Mi oración ordinaria consiste en dialogar con Él a partir de Su Palabra, de mi situación personal y los acontecimientos de la vida.

Busco el contacto personal de amor con Dios, el saberme libre buscando a quien libremente me busca.

Para mí, el mejor lugar para el encuentro con Dios es la Eucaristía.

La Sagrada Escritura es mi libro preferido para la meditación.

Me conforta saber que Dios me amó primero, que quiere establecer una relación íntima de amor conmigo y que sale a mi encuentro en todo momento y circunstancia. Este interés de Dios por mí me llena de confianza.

Procuro cultivar el hábito de la presencia de Dios, saber que me mira, que estoy en su presencia, tenerlo siempre a mi lado, haga lo que haga, esté donde esté.

Más que pensar ideas en la meditación, procuro bajar las ideas al corazón profundo, amar mucho.

Me gusta conocer la vida de los santos y leer maestros de vida espiritual: me sirven de inspiración para llegar más alto y más lejos en mi relación de amor con Cristo.

Mi tiempo le pertenece a Dios, trato de estar siempre en su presencia y dedicarle tiempos de calidad para estar a solas con Él, sin hacer otra cosa que estar juntos. Procuro no limitarme a las oraciones que ya tengo incorporadas en mi rutina diaria, sino cultivar la gratuidad en mi relación con Él.

Cada vez que escucho hablar de Dios y la oración, me siento pequeño, limitado, miserable, un aprendiz. Suplico al Espíritu Santo que sea mi maestro y mentor, que Él me levante y me muestre el rostro de Cristo.

Me gusta la misa y otros momentos de oración con mi familia, mis amigos y la comunidad. Recuerdo que Jesús nos dijo que “donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Para orar me busco un espacio silencioso, procuro recoger mis sentidos, centrarme sólo en Él, actuar mi fe, establecer contacto con Él.

Creo que Dios me creó para vivir en comunión de amor con Él, en el tiempo y en la eternidad. Por eso todos los días le suplico me conceda la gracia de realizar Sus planes sobre mí.

El alimento de la oración es la Eucaristía, por eso procuro recibirla con frecuencia. Trato de confesarme con frecuencia, tengo un director espiritual y trato de vivir las virtudes cristianas, siguiendo el ejemplo de Jesucristo.

Rezo siempre, sé que lo necesito, me sienta digno o indigno, con ganas o sin ganas. Sé que Dios escucha siempre mi oración y que, aunque sea tan miserable y lo haga tan pobremente, a Él le complace que me acerque como el más pequeño de sus hijos.

Más allá de obligaciones y compromisos asumidos, quiero rezar porque amo a Dios. Cumplo mis deberes religiosos con amor y por amor, no sólo por cumplir.


  
Orar es cuestión de amor, es un modo de acoger y corresponder al Amor. Elige un renglón en el que quieras mejorar, de uno en uno.

 

                                                          P. Guillermo Serra, L.C. 

viernes, 10 de julio de 2026

 20 ERRORES COMUNES EN LAS ORACIONES.

     Hoy te ofrezco un elenco de errores frecuentes en la vida de oración, tal vez te sientas identificado con algunos de ellos. Posteriormente ofreceré la contrapartida.

 

 Acudo a Dios sólo para pedirle que me resuelva problemas y necesidades que me interesan: salud, trabajo, familia, tranquilidad, etc.

Cuando voy con mis preocupaciones, mi oración termina siendo una reflexión personal acerca de cómo resolverlas. Ya no hablo con Dios sino sólo conmigo.

Hablo, hablo y hablo, sin escuchar a Dios. Más aún, no sé qué significa escuchar a Dios, ni cómo habla Él.

Creo que oro bien si los sentimientos son bonitos. Si no, pienso que algo estoy haciendo mal, que no sé orar.

Mi oración se reduce a fórmulas memorizadas que la mayoría de las veces repito sin atención.

Cuando rezo hago cosas, pero no entro en contacto personal de corazón con Dios. Mi “oración” es una especie de acto intimista en solitario.

■  Trato poco a Cristo Eucaristía.

■  Uso muy poco la Biblia en mis meditaciones.

Concibo la oración sólo como iniciativa humana: soy yo quien tiene la iniciativa de establecer comunicación con Dios y me esfuerzo por alcanzarlo.

Mi relación con Dios va en paralelo de mi vida ordinaria, es un apartado en la rutina diaria o semanal, como una actividad más junto al resto de mis quehaceres.

No medito o mi meditación se limita a pensar, a desarrollar reflexiones teológicas.

Rezo como me enseñaron de niño y allí me quedé.

Mido y cuento el tiempo que le dedico a Dios. Soy tacaño con Dios, mi tiempo con Él no es tiempo de calidad, con frecuencia le dejo las migajas del día.

Creo que ya me las sé todas en materia de oración, que no tengo más que aprender. Cuando otros hablan del tema, pienso que yo sé más…

Evito las oraciones comunitarias.

Voy a rezar tan distraído que al final sé que entré y salí de la iglesia o capilla sin haber entablado un mínimo contacto personal con Dios.

Estoy tan acostumbrado y me he resignado ya a cómo es mi oración, que ya no deseo ni suplico a Dios que me conceda una mayor intimidad con Él, ni creo en el fondo que Él me la desee conceder.

Considero que tengo hilo directo con Dios y descuido sin embargo mi vida sacramental (misa, comunión, confesión) y espiritual (vida interior, virtudes, recurso a medios de perseverancia como la dirección espiritual, etc.)

Rezo sólo cuando me siento digno de rezar. Cuando me siento indigno, porque he pecado, o me he enojado, o no estoy bien conmigo mismo o con los demás, me excuso diciendo que sería hipócrita si rezara, y dejo de hacerlo.

■ Mi objetivo es cumplir con aquello a lo que me comprometí. Muchas veces no sé ni lo que hago, sólo rezo con tal de cumplir (misa dominical, liturgia de las horas, rosario…)

        Si quieren completar la lista, adelante

P. Guillermo Serra, L.C.

jueves, 9 de julio de 2026


JULIO:  LAZO DE AMISTAD.

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

   Cuando estéis dos o más reunidos en mi nombre, estaré en medio de vosotros.

   En este mes de julio, nuestro fundador nos recuerda que quien tiene un amigo tiene un tesoro. ¡Cuánto más si el bien que se comparte es precisamente el amor de Dios! En esta Vigilia, intercedamos especialmente por nuestros amigos, ante el Corazón del Amigo del hombre. -"La amistad es, a mi humilde entender, un cambio recíproco de afectos, de pensamientos y de dones, estrechándose la simpatía por el mutuo auxilio que los amigos se presentan en el sendero de la vida. Trayendo están nociones a la amistad en Dios, parece evidente que es muy fácil y muy hacedero comunicarse ideas, sentimientos y dones espirituales y enviarse recíprocos auxilios en la senda de la vida eterna, y por consecuencia, aspirar de acuerdo a la recíproca perfección y a la mayor gloria de Dios y aumento de la de los dos amigos en la patria celestial. (…) El dechado de la amistad santa creo hallarlo en la frase del Evangelio “cuando estéis dos o más reunidos en mi nombre, estaré en medio de vosotros”. Y bien, si el tercer término en nuestra amistad es la segunda persona de la Trinidad Beatísima, el Verbo Divino, claro está que la amistad se santifica. Y si buscamos en la Eucaristía la forma de exhibición del Verbo que elegimos por punto de reunión de nuestros corazones se infiere que la amistad se hace santísima. El punto de reunión es bueno, puesto que es el Corazón de Jesús divino y humano, foco de vivísima luz y hogar del más puro amor" (Trelles LS 5/1874, pp. 366-369)

 Todos los amigos tienen algún lugar predilecto donde reunirse para conversar y estar juntos. Para los amigos en el Señor no hay mejor manera de hacer esto que ante Jesús Sacramentado. Con la ventaja de que la presencia eucarística es capaz de atravesar grandes distancias, en el tiempo y en el espacio. Cuando dos amigos se citan ante el Sagrario no hay circunstancias en el mundo que puedan separarlos.

   El Corazón humano de Jesús tiene sin duda el más noble de los sentimientos humanos: la amistad. En la medida en que nuestras amistades le incluyen se santifican y purifican. No hay mejor manera de asegurar las amistades que incluir en ellas a Cristo, amigo que nunca falla. -"El Señor está con nosotros, acompañándoos, llamándonos a sí, conllevando en cierto modo nuestros trabajos, implorando por nosotros con su oración omnipotente, defendiéndonos de las justas iras de Dios, recabando tiempo para nuestra conversión y siendo, en fin, el centro amoroso de nuestra vida espiritual el faro de nuestra peregrinación por las tinieblas del mundo, el guía de nuestra navegación por el golfo de la vida terrenal y el trono de gracia donde se sienta para escuchar nuestras súplicas, y darles el valor de su sangre ante el Eterno Padre ¿Por qué no será también el hogar de la amistad santa? ¿Quién duda que allí convergen todos los deseos santos? ¿Qué de allí irradian todos los santos afectos? ¿Qué allí en su Sacratísimo Corazón viven todos los corazones que atrae el Señor a Sí? ¿Y que por lo tanto Él es el lazo de la amistad santa?" (Trelles LS 5/1874, pp. 366-369)

 ¡Qué bonitas expresiones! Centro amoroso, faro, guía, trono, lazo, hogar... Ojalá que sepamos aplicar cada una de ellas a nuestra relación en Cristo.

  Decía Aristóteles que los amigos "comen juntos muchas arrobas de sal". Es decir, que sólo pasando mucho tiempo juntos y conversando de muchas cosas se puede engendrar en el alma la amistad. Eso es precisamente lo que venimos a hacer a las Vigilias, tratar de amistad con quien sabemos nos ama. Estar y hablar. No hace falta nada más para unirse… También dicen que los amigos de mis amigos son mis amigos. No es un trabalenguas, es una verdad muy consoladora cuando pensamos en interceder por aquellos de los nuestros que no conocen ni aman aún a Cristo. Si nosotros nos contamos entre los amigos de Jesús, sabemos que él cuenta a nuestros amigos entre los suyos.

  Que en tu oración en esta noche puedas repasar el nombre de tus amigos, de cada uno de ellos delante de tu mejor Amigo. No puedes hacerles un regalo mejor.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Qué amigos tienes que necesiten a Cristo?

¿Tienes amistades fundadas en el amor a la Eucaristía?

¿Qué rasgo es el que más te atrae de la amistad?