TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 14 de marzo de 2026

 EL SILENCIO

“Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas”(Romanos 11:36).

   Qué es el silencio? Si consultamos en un diccionario, encontraremos como acepciones principales la abstención de hablar”, la “falta de ruido”, la “omisión de algo por escrito” y la “pausa musical”. Pero, sin lugar a duda, la connotación de la palabra silencio nos presenta un universo de significados mucho más complejo. Por ejemplo, al disfrutar de un hermoso paisaje, en la montaña, en el mar, en el campo, solemos decir que disfrutamos del silencio, cuando en realidad muchos sonidos están llegando a nuestros oídos. Pero, en ese caso, consideramos que estamos en silencio porque, por un lado, los sonidos que escuchamos en esos lugares nos resultan muy gratificantes y, por el otro, debido a que experimentamos la ausencia de aquellos ruidos que cotidianamente nos resultan molestos.

   Todos los creyentes conocemos la importancia que tiene la palabra en el pensamiento de Dios. Por su Palabra fueron creados los cielos y la tierra, y todo lo que en ellos hay. Pero, cuando nos detenemos a considerar a la palabra en el plano de la comunicación, no podemos pensar en ella si no pensamos también en el silencio. Palabra y silencio son las dos caras de una misma moneda. Cuando una persona le habla a otra, el receptor del mensaje necesariamente debe guardar silencio para que la comunicación sea efectiva. Si dos personas se hablan al mismo tiempo, ninguna de las dos comprenderá a la otra. Esto que parece tan simple, en realidad es una de las cosas que más nos cuesta llevar a la práctica.

 Cuando Dios nos habla, siempre nos concede, en su inmensa gracia, un silencio para que nosotros meditemos en su Palabra. Él es el interlocutor perfecto. Habla y otorga el tiempo necesario para meditar, comprender y actuar en consecuencia. ¡A cuántos hombres de Dios vemos en las Escrituras guardando silencio mientras están en sus lechos, en el camino, en la enfermedad, en la pobreza, en tiempos de guerra...! ¡Qué hermoso y necesario silencio Dios nos regala después de hablarnos! ¡Y cuánto nos convendría aprender a guardar silencio en los momentos críticos! El profeta Amós alertaba acerca de los juicios de Dios que se aproximaban a causa de la impiedad del pueblo, y en el capítulo 5:13 de su libro leemos un interesante y necesario consejo: “Por tanto, el prudente en tal tiempo calla, porque el tiempo es malo”.

 Muchas veces Dios puede estar hablándonos para comunicarnos algo importante y nosotros no lo escuchamos porque nuestra lengua no se detiene. Nos convendría recordar que Samuel había aprendido algo muy útil desde su niñez; cuando Dios lo llamó, él supo contestar acertadamente: “Habla, porque tu siervo oye” (1.º Samuel 3:9). ¡Y cuántas veces nos sentimos humillados cuando nosotros, creyentes, comprobamos la veracidad de la siguiente enseñanza bíblica: “Aun el necio cuando calla es contado por sabio” (Proverbios 17:28).

   De manera que, con lo poco expresado hasta ahora, nos damos cuenta de la importancia del silencio. Y cuando nos referimos al silencio no lo hacemos pensando únicamente en la ausencia de sonidos, ruidos, palabras, sino también pensando en otro tipo de silencio, que quizá podríamos llamar silencio espiritual, silencio de actitud, silencio de sujeción y humildad, que tal vez no se demuestre solamente con la falta de palabras, sino mediante la predisposición de nuestros corazones a escuchar a Dios y a aquellos que desean hablarnos para nuestro bien.

   Si somos hijos de Dios tenemos libertad para entrar en Su presencia con total libertad, pues la sangre de Cristo nos abrió la entrada a los cielos, y podemos dirigirnos a Él con total confianza: adoramos, agradecemos, pedimos, intercedemos... Pero, muchas veces, al considerar la grandeza del amor de Dios o al contemplar las bellezas de la persona del Señor Jesús, sentimos que lo que conviene es el silencio. Y particularmente nos suele ocurrir cuando estamos juntos, en comunión, postrados a los pies del Señor Jesús, rindiendo la adoración que Él se merece. Tanta grandeza, maravillas y perfecciones de nuestro Amado muchas veces nos dejan sin palabras audibles, aunque, por supuesto, en esos momentos el perfume sigue subiendo al Padre desde el corazón de la Iglesia.

Ezequiel Marangone 

viernes, 6 de marzo de 2026


MARZO HORNO ENCENDIDO.

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

Eucaristía, Pan recién salido del horno del Amor.

   Todos hemos vivido la sensación de sentir cómo un horno con su calor va convirtiendo una masa de harina y otros ingredientes en un delicioso bizcocho o en unos bollitos que huelen de maravilla… El horno es esencial para convertir lo que no sería más que una masa informe en una repostería apetitosa… El calor hace cosas maravillosas cuando se aplica bien.

   La analogía culinaria puede servirnos. Muchas veces se ha llamado al Corazón de Jesús “horno encendido de caridad”. Y es que hay mucha relación entre el amor y el calor. También el amor, bien aplicado es capaz de sacar de las personas las cosas más hermosas, de convertir su masa en verdaderas maravillas. Lo que está crudo y frío, se hace cuando se sabe amado, sabroso y entregado.

 Cuando nosotros nos dejamos hornear por Jesús poniéndonos a su vera en la Eucaristía, sin que nos demos cuenta, Jesús va infundiendo sobre nosotros el calor de su caridad, de tal manera que nos prepara para entregarnos a los demás con gusto. Él mismo, de alguna manera está ardiendo en el fuego del Espíritu Santo, por eso dice que “he venido a prender fuego a la tierra” y que “ojalá estuviera ya ardiendo”. El fuego puede arrasar y abrasar todo lo malo, y así hace Jesús, pero también puede hacer aparecer, como en el caso de la cocina, virtudes insospechadas en la masa y en los ingredientes.

   Nuestra masa son nuestros deseos de santidad, nuestras pobres mortificaciones, nuestros sentimientos de amor tan chicos, nuestras buenas intenciones y nuestros propósitos mil veces repetidos. En realidad, con todo esto uno piensa que es difícil hacer un buen alimento, alcanzar la santidad. Pero si lo juntamos todo y lo ponemos en el Corazón Eucarístico de Jesús, al calor del Espíritu Santo... Dios que es el mejor cocinero, puede con su amor, convertir nuestra pobre masa en alguna delicia, como ha hecho con tantos santos. Además, en el bendito Corazón de Jesús, se “hornea” cada día el pan más maravilloso del mundo, la Eucaristía. Pan recién salido del horno del Amor. Pan para alimentar a los pobres del mundo de las almas -a nosotros-. Este pan no es prefabricado e insulso, es un pan que sacia, un pan de ángeles. ¿Sabías que Belén significa literalmente Casa-del-pan?

   Hagamos hoy como D. Luis de Trelles, juntemos nuestros ingredientes, nuestras poquitas cosas, y presentémoselos a María, la divina panadera, para que ella nos amase y nos introduzca en el horno encendido del Corazón de Jesús.

   Unamos incluso nuestro grano al trigo de Jesús ofrecido para dar vida, y horneados con él por el amor, convirtámonos en alimento para el mundo. -“Os ofrezco estos mis humildes votos y tibios deseos, reunidos a los que emanan del divino corazón de Jesús en la santa Eucaristía, y os presento los sentimientos y latidos de ese horno incandescente de caridad por mis pecados y por los del mundo; y para sufragio de las benditas almas del purgatorio: esperando que admitáis esta ofrenda, pobre en cuanto mía, y grande por lo que de ella es vuestro, para otorgarme la gracia de no pecar más y luego la dicha de veros eternamente en la gloria, con el Padre Eterno y el Espíritu Santo, por los siglos sin fin”-. (Trelles, LS 3, 1872)

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿En qué se parece el amor y el calor? ¿Qué relaciones tienen?

¿Cómo se puede aplicar a la Eucaristía?

¿Qué cosas hay en nuestra vida que podemos “hornear” en la Eucaristía?

PROGRAMACIÓN PARROQUIAL


 

RIQUEZAS DE LA LITURGIA

Ave Regina coelorum: antífona mariana cuaresmal

EL TEXTO

    Ave, Regina coelorum. Ave, Domina Angelorum: Salve radix, salve porta, ex gua mundo lux est orto. Gaude, Virgo gloriosa, Super omnes spetiosa: Vale, o valde decora, et pro nobis Christum exora.

     Salve, Reina de los cielos, y Señora de los ángeles; salve, raíz; salve, puerta que dio paso a nuestra luz. Alégrate, Virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros.

   La antífona mariana cuaresmal es la menos conocida   por el pueblo de Dios. Se sugiere a menudo que Herman Contractus (+ 1054) fue su autor, ya que escribió varias antífonas marianas en esa época. Esta antífona se canta desde el 2 de febrero, fiesta de la Purificación de la Virgen, hasta el Miércoles Santo. En ella aparece María en todo su esplendor, dignidad y hermosura. Ella recorre el camino con nosotros, incluso en medio del dolor más profundo, al tiempo que comparte el destino glorioso de su Hijo. La antífona invita a orar con María a Jesucristo, redentor y dador de vida.

  Los dos apelativos de María como Reina de los cielos y Señora de los ángeles evocan el primitivo uso de esta antífona en la fiesta de la Asunción (15 de agosto). De ahí su matiz escatológico: María recuerda al pueblo de Dios su condición celeste (2 Cor 5,1ss; Flp 3,20; Heb 13,14) y su supremacía sobre los mismos ángeles («Señora de los ángeles») en virtud de la Sangre de Cristo, pues san Pablo nos enseñó que deberemos juzgarlos (1 Cor 6,1). «Salve, raíz, salve, puerta por la que ha venido al mundo la luz».

   La antífona nos recuerda a la ya comentada con ocasión del Adviento: «Tú, ante la admiración de la naturaleza, engendraste a tu santo Creador». La antífona Ave Reina coelorum, como la de Adviento Alma Redemptoris Mater, fue también empleada en la fiesta de la Asunción, en donde la ubica claramente el término latino vale, cuya traducción, «salve, hermosa doncella», pierde el matiz de despedida del vale: adiós. A la Virgen que asciende le gritamos: «Adiós, toda hermosa, y ruega a Cristo por nosotros»

   María es contemplada desde la perspectiva celestial de la belleza: Reina del cielo, Señora de los ángeles, Virgen gloriosa y la más bella entre todas. La existencia histórica casi no tiene referencia: se llama a María raíz y puerta por la que ha nacido la Luz para el mundo. Su belleza suscita en los creyentes admiración y deseos de alabarla: ¡Ave, Salve, Gaude, Vale! La dimensión suplicante de la antífona la encontramos en el último verso: «Ruega a Cristo por nosotros».

  Pablo Cervera Barranco - Director de MAGNIFICAT

miércoles, 4 de marzo de 2026

RIQUEZAS DE LA LITURGIA

Sub tuum praesidium: la primera antífona mariana.

EL TEXTO

   Sub túum praesídium confúgimus, * sáncta Déi Génitrix: nóstras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus : sed a perículis cúnctis líberanos semper, Virgo gloriósa et benedícta.

     Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Antes bien, líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita. 

 

   En el primitivo cristianismo muy pronto, a mediados del siglo II, se invocó a la Virgen como Madre de Dios sin tener que esperar a la declaración dogmática del Concilio de Éfeso (año 431) que la proclamó Theotókos —Madre de Dios— contra las posturas del hereje Nestorio. En Éfeso se defendió la fe de la Iglesia frente a los puros pareceres humanos. Y muy pronto, casi como fruto de ese concilio, se construyó el primer templo de la cristiandad en honor de María, la Basílica de Santa María la Mayor, sobre el monte Esquilino, una de las siete colinas romanas. La fe popular fue, pues, delante de la proclamación dogmática. Había fundamento para ello: en María, Madre de Dios, los cristianos descubrieron siempre, pues Jesucristo les indicó que lo descubrieran, a la protectora y a [a Madre: ¡Ahí tienes a tu hijo! (Jn 19).

   El Sub tuum praesidium (Bajo tu amparo) es antífona propia de la oración de la noche, las completas, pero el pueblo fiel la usa con gusto y devoción en las grandes festividades marianas, especialmente el 1 de enero, solemnidad de Santa María Madre de Dios. La antífona fue descubierta sobre un papiro hallado en Egipto (en la ciudad de Oxirrinco) y adquirido en 1917 por la «John Rylands Library», de Manchester (Inglaterra), probablemente del siglo III o IV, según los estudios publicados en 1938 por C.H. Roberts y E. Lobel. C.H. Roberts, por razones teológicas, lo asigna al siglo IV; E. Lobel, por análisis paleográfico, lo ubica en el siglo III. El papiro posee el incalculable valor de contener la más antigua oración de la Iglesia dirigida a la santísima Virgen de que tengamos noticia.

   La palabra Theotókos aparece en el papiro. Es el modo más bello y digno de nombrar a la Virgen, y es la raíz última de todas las grandezas y glorias de María: su maternidad divina. El ser y la misión de María fueron dar a luz a Cristo, redentor de la humanidad. María, por designio del Hijo revelado desde la cruz, es también Madre de todos los redimidos. El término «amparo», «protección» traduce el texto original: «misericordia». De ahí que sea adecuado incluso psicológicamente para disponer al descanso nocturno. La antífona tuvo pronto un gran alcance en la piedad popular y fue introducida en la liturgia. En el rito romano, su presencia está ya atestiguada en el Liber Responsolis, atribuido a san Gregorio Magno, y es copiado en el siglo IX en la siguiente forma: Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix. En los siglos X y XI, tenemos otras variantes de esta oración, pero permanece intacta la expresión Sancta Dei Genitrix; por ejemplo: Sub tuis visceribus confugimus (o confugio, en singular), Dei Genitrix Semper Virgo Maria. Y en el rito ambrosiano: Sub tuam misericordiam confugimus, Dei Genitrix. Todas ellas traducen el texto griego con fidelidad. En el rito bizantino se utiliza la palabra griega eysplagknían, que refiere las entrañas misericordiosas de la Madre de Dios. Más adelante, en la Salve Regina se llamará a la Virgen Madre de misericordia.

Pablo Cervera Barranco - Director de MAGNIFICAT

martes, 24 de febrero de 2026

Decálogos de Cuaresma: 

La Cuaresma:

nació como desarrollo pedagógico de un aspecto central del misterio cristiano celebrado en el triduo pascual. Destaca la perspectiva de su referencia a Jesucristo.

ha sido siempre el tiempo litúrgico más caracterizado del cristianismo. Es un conjunto de cuarenta días, cuya razón de ser originaria fue la de imitar el ayuno previo del Señor al comienzo de su ministerio apostólico.

es privilegio aptísimo para vivir en y de la Palabra de Dios. Vivir en y de la Palabra significa leerla, rezarla, meditarla, abrirse a ella, confrontarse con ella, poner a su tamiz y a su luz nuestra propia existencia. Llenarse de ella para sea la música y la letra de la pletina de nuestra alma y de la partitura de nuestro corazón.

Toda la liturgia de la cuaresma, tanto en sus aspectos rituales como en la misma liturgia de la palabra, está transida de hermosísimos símbolos que ayuden y hagan visible el camino cristiano de la conversión. Estos símbolos son el desierto, la luz, la salud, el agua, el perdón, la liberación, la cruz y la resurrección.

Los personajes bíblicos que iluminan el camino cuaresmal son José hijo de Jacob, Ester, la casta Susana, Jeremías, el ciego de nacimiento, el hijo pródigo, el padre del hijo pródigo, la samaritana, la mujer adúltera y arrepentida, Zaqueo, el buen ladrón… y, sobre todo, Jesús de Nazaret.

La cuaresma encuentra en la oración la más apropiada de sus atmósferas y de sus escuelas. La oración cuaresmal debe más frecuente y habitual. Su tonalidad propia es la humildad, la insistencia, la confianza. Es oración de súplica y de petición. La oración cristiana de la cuaresma debe intensificar sus dimensiones bíblica y litúrgica, de gran riqueza, variedad, matices y contenidos durante los cuarenta días de este tiempo. En este sentido, la oración litúrgica ha de ser más pausada, sencilla, cordial, humilde, pobre, seria y profunda.

El ayuno es el segundo camino cuaresmal, según el Papa San León Magno. Se trata del ayuno del hombre viejo, del ayuno del pecado, de la renuncia a los propios caminos para abrazar los caminos de Jesucristo. Se trata de privarnos de algo en favor de alguien necesitado, que podemos nosotros mismos o nuestro prójimo. El ayuno no es, pues, una ejercitación meramente voluntarista o hasta masoquista. Es una opción de purificación y de intercesión.

La vigente normativa eclesiástica de la abstinencia de carne durante todos los viernes de cuaresma y del ayuno y de la abstinencia el miércoles de ceniza y el viernes santo pueden ayudarnos a recorrer esta segunda vía cuaresmal y penitencial, antes citada.

La limosna, la caridad, la solidaridad es el tercero de los caminos tradicionales y permanentes de la cuaresma. ¡Tenemos tantas demandas de justicia para vivir la limosna, la caridad cuaresmal!

   La cuaresma es un tiempo para vivir de ella. Es un tiempo para practicarla, para ejercitarla no como un fin en sí mismo sino como un medio, un camino hacia la pascua. Por ello, para recorrer adecuada y cristianamente la cuaresma debemos buscar y desarrollar nuevos espacios oracionales y devocionales. El rezo, antes tan habitual del Vía Crucis, durante, al menos, los viernes de cuaresma, es una praxis que, lejos de haber perdido su vigencia y sentido, debe ser potenciada y recuperada en nuestra Iglesia en medio de una sociedad donde la realidad y el misterio de la cruz siguen presentes y desafiantes. Otras maneras espléndidas y siempre fecundas para recorrer este camino cuaresmal de la oración será practicar algún día de retiro o de ejercicios espirituales, que nos llenarán de fuerza, de gracia y de vida, siempre necesarias para todos y participar en conferencias, charlas y escuelas cuaresmales.

             Jesús de las Heras Muela                                                   

miércoles, 18 de febrero de 2026

PROGRAMACIÓN PARROQUIAL

 

 ¿Qué significa el Miércoles de Ceniza?

   En 2010, durante la audiencia general del Miércoles de Ceniza, el Papa Benedicto XVI dijo: -Que los cuarenta días de preparación de la Pascua son tiempo favorable y de gracia lo podemos entender precisamente en la llamada que el austero rito de la imposición de la ceniza nos dirige y que se expresa, en la liturgia, con dos fórmulas: “Convertíos y creed en el Evangelio”, “Acuérdate de que polvo eres y en polvo te convertirás”- Más adelante, en la misma audiencia, sostuvo: -Con la imposición de la ceniza renovamos nuestro compromiso de seguir a Jesús, de dejarnos transformar por su misterio pascual, para vencer el mal y hacer el bien, para hacer que muera nuestro “hombre viejo” vinculado al pecado y hacer que nazca el “hombre nuevo” transformado por la gracia de Dios.

  Sobre la celebración que hace la Iglesia de este día, el Papa Benedicto XVI expresó: La liturgia del Miércoles de Ceniza señala la dimensión fundamental de Cuaresma como la conversión del corazón a Dios. Ese es el mensaje que evoca la tradición del rito de las cenizas…   Es un rito con doble significado: el primero tiene que ver con el cambio interior, la conversión y la penitencia, (“Conviértete y cree en el Evangelio”) mientras que el segundo evoca la precariedad de la condición humana, (“Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás”) como se comprende fácilmente a partir de las dos fórmulas alternativas que acompañan el gesto de colocar las cenizas.

¿Qué dice la Biblia a cerca del Miércoles de Ceniza?

   El Miércoles de Ceniza no aparece mencionado en la Biblia. Sin embargo, el uso religioso de las cenizas como un signo tiene fundamento en las Escrituras. Las cenizas se usaban en el judaísmo como signo de duelo (Ester 4,3) y arrepentimiento (Jonás 3,6, Job 42,6). Es un signo natural de la transitoriedad de la vida humana y del regreso desde el pecado hacia

¿De dónde se obtienen las cenizas del Miércoles de Ceniza?

   Las cenizas se obtienen de los ramos de olivo o las palmas bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior y que normalmente los fieles acercan a las parroquias para ese propósito.

¿Cuánto tiempo se supone que uno debe dejarse las cenizas en la frente?

  La decisión es personal pero sin duda ofrecen una oportunidad de dar testimonio público de la fe si se las deja en la frente en público; sin embargo, la intención de este gesto no debe tener un origen en la vanidad.

¿Solo los católicos pueden recibir las cenizas?

   La práctica de recibir las cenizas en la frente el Miércoles de Ceniza de parte del sacerdote o ministro que, mientras las coloca, dice “Recuerda que eres polvo y en polvo te convertirás” o algo similar, no es exclusiva de los católicos. Algunas iglesias no católicas (por ejemplo, anglicana, episcopal) lo celebran. Sin embargo, la práctica no es familiar para la Iglesia Oriental Católica Ortodoxa, que generalmente comienzan la Cuaresma con otras prácticas que recuerdan la necesidad del arrepentimiento y el perdón.

   Como no es un sacramento, la imposición de las cenizas el Miércoles de Ceniza está abierto a quien quiera recibirlas, independientemente de su fe. Debe hacerse respetando la práctica y la intención católicas, por supuesto. Es común ver personas que no son católicas que se acercan a participar de este rito.