TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

viernes, 20 de enero de 2023

Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos


     La Iglesia celebra la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de enero de 2023 este año con el lema, «Haz el bien; busca la justicia» (cf. Is 1,17).

     El Pontificio Consejo para la promoción de la unidad de los cristianos y la Comisión fe y constitución del Consejo Ecuménico de Iglesias elaboran conjuntamente unos materiales para ayudar a la reflexión y para preparar las celebraciones del Octavario.

     A estos materiales conjuntos se suman los que aporta la Subcomisión Episcopal para las relaciones interconfesionales y diálogo interreligioso: el mensaje que firman los obispos de esta Subcomisión; un guion para las celebraciones eucarísticas de la Semana; o una reflexión para usar en la adoración eucarística.

¿Qué dicen los obispos?

      Los obispos de la Subcomisión recuerdan en su mensaje para esta Semana que el mandato de Jesús de que “seamos uno para que el mundo crea” (cf. Jn 17, 21) nos vuelve a convocar a rezar por la unidad de los cristianos. No podemos conformarnos con la situación de división, pues esta debilita la fuerza del mensaje de vida que proclamamos y resta credibilidad de nuestra palabra.

     El lema de este año, tomado del profeta Isaías: «Haz el bien; busca la justicia» (cf. Is 1,17) lo ha escogido el Consejo de Iglesias de Minnesota (EEUU)… También destacan que «el texto de Isaías nos hace comprender que la vivencia de la fe debe ir siempre acompañada por una praxis coherente con aquello que se profesa. El culto a Dios resulta vacío si no va acompañado por la compasión y la misericordia. Con duras palabras, el profeta denuncia ese culto externo y puramente formal: no quiero ofrendas ni fiestas dice el Señor mientras tengáis las manos manchadas de sangre; «aprended a hacer el bien; buscad la justicia, socorred al oprimido, proteged el derecho del huérfano, defended a la viuda»».

La Semana de Oración une la dimensión espiritual y social

     En consonancia con el texto de Isaías, orar por la unidad de los cristianos debe ir acompañado de un compromiso común para afrontar los desafíos de la injusticia y escuchar los gritos de los que sufren por cualquier causa. El trabajo común que se viene realizando entre las Iglesias es un signo de esperanza para la humanidad.

(Is 1, 17)

 
ENERO 2023

 «Aprended a hacer el bien, buscad la justicia» (Is 1, 17).

     La palabra de vida del mes de enero está tomada del primer capítulo del profeta Isaías. Esta frase ha sido elegida para la «Semana de oración por la unidad de los cristianos», que se celebra en todo el hemisferio norte del 18 al 25 de enero. Los textos han sido preparados por un grupo de cristianos de Minnesota, en Estados Unidos[1]. La justicia es un tema candente. Las desigualdades, la violencia y los prejuicios crecen en una sociedad a la que le cuesta dar testimonio de una cultura de paz y de unidad.

   Y los tiempos de Isaías no eran muy diferentes de los nuestros. Las guerras, las rebeliones, la búsqueda de la riqueza y el poder, la idolatría y la marginación de los pobres habían hecho descarriarse al pueblo de Israel. Con palabras muy duras, el profeta llama a su gente a convertirse, indicando el camino para volver al espíritu originario de la alianza de Dios con Abrahán.

«Aprended a hacer el bien, buscad la justicia»

  ¿Qué significa aprender a hacer el bien? Hemos de ponernos en disposición de aprender, lo cual requiere un esfuerzo por nuestra parte. En nuestro camino diario, siempre tenemos algo que comprender, que mejorar; podemos volver a empezar si nos hemos equivocado.

   ¿Qué significa buscar la justicia? Esta es como un tesoro que hay que buscar y desear: es la meta de nuestro modo de actuar. Practicar la justicia nos enseña a hacer el bien. Es saber captar la voluntad de Dios, que es nuestro bien. Isaías ofrece ejemplos concretos. Las personas que Dios prefiere mayormente, porque son las más indefensas, son los oprimidos, los huérfanos y las viudas. Dios invita a su pueblo a cuidar de los demás de modo concreto, sobre todo de quienes no están en condiciones de hacer valer sus derechos. Las prácticas religiosas, los ritos, los sacrificios y las oraciones no le son gratos si no se corresponden con la búsqueda y la práctica del bien y la justicia.

«Aprended a hacer el bien, buscad la justicia»

    Esta Palabra de vida nos empuja a ayudar a los demás a tener una mirada atenta y a socorrer al necesitado con hechos. Nuestro camino de conversión requiere abrir el corazón, la mente y los brazos, sobre todo, a quienes sufren.

     «El deseo y la búsqueda de la justicia están grabados desde siempre en la conciencia del hombre; Dios mismo los depositó en su corazón. Pero, a pesar de las conquistas y progresos realizados a lo largo de la historia, ¡qué lejos sigue estando el pleno cumplimiento del proyecto de Dios! Las guerras en curso hoy en día, así como el terrorismo y los conflictos étnicos, son señal de desigualdades sociales y económicas, de injusticias, de odios. [...] Sin amor, sin respeto a la persona, sin atender sus necesidades, las relaciones personales pueden ser correctas, pero también pueden volverse burocráticas, incapaces de dar respuestas decididas a las exigencias humanas. Sin amor, nunca habrá justicia verdadera, no se compartirán los bienes entre ricos y pobres, no se atenderá la singularidad de cada hombre y mujer ni la situación concreta en que se encuentran»[2].

«Aprended a hacer el bien, buscad la justicia»

     Vivir por un mundo unido es preocuparse de las heridas de la humanidad a través de pequeños gestos que ayudan a formar la familia humana.

     Un día, J. de Argentina se encuentra por casualidad con el director del instituto donde había dado clases, el cual lo había despedido con un pretexto. Cuando el director lo reconoce, trata de evitarlo, pero J. va a su encuentro. Le pregunta por él y el director le cuenta las dificultades de los últimos tiempos, le dice que vive en otra ciudad y que está buscando trabajo. J. se ofrece a ayudarlo, y al día siguiente difunde entre sus contactos la noticia de que está, buscando trabajo para una persona. La respuesta no tarda en llegar. Cuando el director recibe la noticia de una oferta de trabajo, no se lo puede creer. La acepta, profundamente agradecido y conmovido de que precisamente aquel que él había despedido se interese concretamente por él.

   J. recibe el «céntuplo», porque precisamente en ese momento le ofrecen dos trabajos que siempre había deseado, desde que estudiaba en la universidad. También él está asombrado y conmovido por el amor tan concreto de Dios[3].

Patrizia Mazzola



[1] En Mineápolis (Minnesota), resultó muerto en 2020 el ciudadano negro George Floyd por la acción de un policía: un homicidio que ha generado un movimiento por la eliminación de toda forma de discriminación racial.

[2] C. LUBICH, Palabra de vida. noviembre de 2006: Ciudad Nueva n. 436 (2006/11), pp. 22-23.

[3] Tomado y adaptado de «Il Vangelo del giorno». Città Nuova, año VIII, n. 1, enero-febrero 2022. 


domingo, 15 de enero de 2023

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

 

ENEROADORACIÓN EUCARÍSTICA

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

  

No cese nunca nuestra adoración…

     ¡Qué importante recordar siempre nuestra vocación! Volver al Amor Primero. ¿Para qué venimos a la ANE? Para adorar la Eucaristía. Y esto es fundamental. Adorar, como nos recuerda el Catecismo, es la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador. ¿Qué es adorar? ¿En qué consiste esta actitud? Se trata de humillar el espíritu ante el “Rey de la gloria” y callar en silencio respetuoso, en presencia de Dios “siempre mayor”.

     Y esto por dos motivos muy importantes: la adoración exalta la grandeza del Señor que nos ha hecho y la omnipotencia del Salvador que nos libera del mal. Dios es nuestro Creador y Redentor. Por eso el primer deber de la criatura y del salvado, es adorar a este Dios tan bueno.

     Adorar mucho a Dios en la Eucaristía produce dos efectos preciosos en nuestra alma: nos llena de humildad y da seguridad a nuestras súplicas. Nos hace pequeños y confiados, como los niños, dependientes en todo de Dios, pero, a la vez, seguros de que Él nos cuida.

    “La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico. Jesús nos espera en este sacramento del amor. No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración, en la contemplación llena de fe y abierta a reparar las faltas graves y delitos del mundo. No cese nunca nuestra adoración” (Juan Pablo II, Carta Dominicae Cenae, 3).

   Tenemos ejemplos de adoración en las Sagradas Escrituras: los Reyes Magos, por ejemplo, tienen claro a qué vienen a Jerusalén, “¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque vimos su estrella en Oriente y hemos venido a adorarlo”La estrella que habían visto en Oriente los precedía, hasta que se detuvo en el lugar donde estaba el niño” “y al entrar en la casa, encontraron al niño con María, su madre, y postrándose, le adoraron. Luego, abriendo sus cofres, le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.”

     Hoy nos toca imitar a los Reyes Magos. Vengamos de donde vengamos (de dificultad, de pereza, de sueño, de sequedad…), no importa. Lo importante es que venimos a adorarlo. Queremos reconocer, como los Reyes Magos, más allá de sus disfraces, a Dios escondido. Le adoramos, como un niño pequeño en un pesebre, y le adoramos, tras las especies eucarísticas en una custodia. No es tan distinto. Sabemos que su Presencia es verdadera, real y substancial, de su Cuerpo y Sangre, alma y divinidad: Cristo entero. Somos guiados a Él por una estrella. Es como una luz, la luz de la fe que nos trae todos los meses a adorar la presencia Eucarística, como atrajo a los Magos a la adoración. Y una luz que también puede representar a María; ella siempre nos precede, va antes que nosotros, y cuando llegamos a Jesús, ¡allí está ya ella! María nos atrae a Jesús, nos atrae a la Adoración, María es nuestra madre en la fe y, a la vez, la Madre de Jesús. Y por eso ¡qué mayor alegría para ella que ver a sus hijos reunidos! Como a los Magos, Ella nos acompaña en esta noche.

     Ante Jesús, en esta noche, iluminados por su estrella, también nosotros abrimos nuestros cofres. Ofrecemos a Jesús nuestras posesiones, nuestras oraciones, nuestras debilidades… nuestro oro, incienso y mirra. Reconozcamos su Divinidad, su Humanidad y su Realeza en esta noche de Adoración. Notaremos fruto espiritual en nuestras almas. Volveremos por otro camino a nuestro quehacer diario.

    También los Santos nos animan a adorar: el recientemente canonizado Carlos de Foucauld confiesa que se esfuerza “por multiplicar las horas de exposición del Santísimo Sacramento”; se admira contemplando la belleza de las puestas de sol en el desierto y sus claras noches, pero confiesa que “abrevio estas contemplaciones y vuelvo delante del sagrario… hay más belleza en el sagrario que en la creación entera”. Su deseo, tal como dejó escrito, fue fundar “una orden de monjes que adoren este Corazón día y noche en la Santa Hostia expuesta, extendiendo su presencia, multiplicándola y elevando a un gran número de personas en un lugar, donde la santa Eucaristía y el divino Corazón irradian luz del mundo sobre muchas regiones de infieles durante siglos”. Cuando se instala en Tamanrasset, lo primero que hace es construir una pequeña capilla, donde exponer el Santísimo, y escribe en su diario “Sagrado Corazón de Jesús, gracias por este primer tabernáculo en país tuareg. Sagrado Corazón de Jesús, irradiad desde el fondo de este tabernáculo sobre este pueblo que os adora sin conoceros. Iluminad, dirigid, salvad estas almas que amáis.”

     Que nuestra adoración sea hoy con fruto. Como la de los Reyes Magos, como la de Carlos de Foucauld, rindamos homenaje a nuestro Dios y Salvador silencioso en esta presencia eucarística, ofrezcamos nuestros dones a Cristo y pidamos al Sagrado Corazón por el mundo entero, para que lo guíe y salve desde la Eucaristía.

Preguntas para el diálogo y la meditación

 ¿Recuerdas la primera vez que viniste a una Vigilia de la ANE?

¿Tu amor sigue siendo el mismo?

¿Notas que la adoración te hace más humilde, más confiado, que te cambia el corazón?

¿A qué otras maneras de rezar nos lleva la adoración?

 

¡NO CESE NUNCA NUESTRA ADORACIÓN!


lunes, 9 de enero de 2023

CONVOCATORIA MENSUAL

ANUNCIO DE LAS CELEBRACIONES MÓVILES DEL AÑO LITÚRGICO 2023

     El día 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, en la Misa, después de la lectura del evangelio, es recomendable proclamar el anuncio de las celebraciones litúrgicas móviles del año:

 

    Queridos hermanos:

   La gloria del Señor se ha manifestado y se continuará manifestando entre nosotros hasta el día de su retorno glorioso.

   En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación. Centro de todo el Año litúrgico es el Triduo Pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado, que este año culminará en la noche santa de Pascua que, con gozo, celebraremos en el día 9 de abril. Cada domingo, Pascua semanal, la santa Iglesia hará presente este acontecimiento, en el cual Cristo ha vencido el pecado y la muerte.

     De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día 22 de febrero. La Ascensión del Señor, que este año será el 18 de mayo. El domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el día 28 de mayo. El primer domingo de Adviento, que celebraremos el día 3 de diciembre.

     También en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la Conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la Pascua de su Señor. A él, el Cristo glorioso, el que era, el que es y el que viene, al que es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

. Amén.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

CONVOCANDO VIGILIA GENERAL


 

«La familia, cuna de la vocación al amor»

   La institución de la fiesta de la Sagrada Familia es relativamente reciente, pues se remonta a 1893, bajo el pontificado de León XIII. En nuestros tiempos, adquiere una importancia especial ya que los ataques contra la familia, las leyes a favor del divorcio y los atentados contra el matrimonio natural, no dejan de multiplicarse.

¿Por qué celebramos la Fiesta de la Sagrada Familia?

     Este día de fiesta se honra a Jesús, a la Santísima Madre y a San José como la familia más sagrada, y por lo tanto un modelo para todas las familias cristianas. Eran santos porque colocaban a Dios en el centro de su vida familiar, se amaban y sacrificaban el uno por el otro, e irradiaban ese amor a los demás en la misión redentora de la Palabra Encarnada.

     El Papa San Juan Pablo II dijo: "El Redentor del mundo eligió a la familia como lugar para su nacimiento y crecimiento, santificando así esta institución fundamental de toda sociedad" (mensaje de Ángelus, 30 de diciembre de 2001).

¿Dónde encontramos relatos de la Sagrada Familia en las Escrituras?

     La historia de la Sagrada Familia se encuentra en sólo dos relatos, lo que se llama las Narrativas de infancia: los dos primeros capítulos de los Evangelios de Mateo y Lucas.

     Escribiendo a un público judío, San Mateo proporciona el descenso abrahámico y davídico de Jesús, seguido de un relato de Su nacimiento. En el capítulo 2 habla de la visita de los Reyes Magos, la búsqueda del Niño por parte del rey Herodes y la partida hacia Egipto. Concluye su narración con el regreso de Egipto a Nazaret, guardó silencio sobre la vida de Jesús en Nazaret. Jesús aparece a continuación a los 30 años de edad en Su bautismo por San Juan el Bautista (Mt. 3).

   Lucas comienza con la concepción de San Juan y la Anunciación del Señor. Continúa con la visita de María a Isabel y el nacimiento del Bautista. Luego da cuenta de la Natividad, el anuncio de los ángeles a los pastores, la circuncisión y presentación de Jesús en el Templo, y el reconocimiento y profecías de Simeón y Ana. Lucas concluye con el regreso a Nazaret, añadiendo sólo un detalle más, Jesús permaneciendo en el Templo cuando tenía 12 años.

Mensaje de los obispos en la jornada de la sagrada familia

   En esta fiesta de la Sagrada Familia nos acercamos a contemplar de la mano de la Virgen María y de san José el misterio del Dios encarnado por amor a nosotros, pidiéndoles que nos ayuden a descubrir la familia como lugar privilegiado de acogida y discernimiento de la vocación al amor.

    En estos momentos en los que atravesamos un invierno vocacional, no solo en referencia al sacerdocio y a la vida consagrada, sino incluso al matrimonio cristiano, estamos convencidos de que buena parte de esta crisis está producida por la pérdida de la cultura vocacional, ese “humus” en el cual el planteamiento de la vida como vocación resulta algo normal.

     Ante esta situación, no queremos instalarnos en una queja estéril que contempla pasivamente este ocaso de las vocaciones, precisamente porque estamos convencidos de que la felicidad de cada persona pasa por el descubrimiento y vivencia en plenitud de la vocación que Dios ha soñado para ella desde toda la eternidad. Recordemos que «El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente. Por esto precisamente, Cristo redentor […] revela plenamente el hombre al mismo hombre» ( San Juan Pablo II, encíclica Redemptor hominis, n. 10).

     La familia, célula vital de la sociedad y de la Iglesia, es fundamental en la formación de los niños y jóvenes que en un futuro serán llamados a abrazar una vocación concreta, partiendo de la base de la vocación bautismal. Ninguna institución puede suplir la labor de la familia en la educación de sus hijos, especialmente en lo que se refiere a la formación de la conciencia. Cualquier intromisión en este ámbito sagrado debe ser denunciada porque vulnera el derecho que tienen los padres de trasmitir a sus hijos una educación conforme a sus valores y creencias. […].

                                                                                       
                                                                                                  


sábado, 17 de diciembre de 2022

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN

DICIEMBRE :   ADORAR AL NIÑO, INFANCIA ESPIRITUAL

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

       

Adorado sea el Santísimo Sacramento…

     La Eucaristía tiene que hacer crecer en nosotros la verdadera infancia espiritual. Que adorar el Sacramento sea como adorar al Niño… Que esta preparación para la navidad nos vaya haciendo cada vez más pequeños, más confiados, más amables… 

 Humildad-confianza-amor. Son tres virtudes fundamentales para nuestra vida cristiana. La primera porque es como el fundamento: es “andar en verdad” es decir, la verdad de que somos criaturas, de que somos pequeños, de que dependemos en todo del cuidado de nuestro buen Padre Dios.  

     La segunda es confianza, porque los niños también saben, que, aunque dependen en todo de sus padres, tienen la absoluta certeza de que ellos les van a proveer de sus necesidades, de su amor y cariño. Por eso la tercera es el amor, porque amor con amor se paga. Y porque obras son amores y no buenas razones. La caridad de Cristo es en nosotros la fuente de todos nuestros méritos ante Dios. La gracia, uniéndonos a Cristo con un amor activo, asegura el carácter sobrenatural de nuestros actos y, por consiguiente, su mérito tanto ante Dios como ante los hombres. Los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia. 

     Con la infancia espiritual experimentamos que todo viene de Dios, a él vuelve y en él permanece, para la salvación de todos, en un misterio de amor misericordioso. Ése es el mensaje doctrinal que enseñó y vivió esta santa. Como para los santos de la Iglesia de todos los tiempos, también para ella, en su experiencia espiritual, el centro y la plenitud de la revelación es Cristo. Teresa conoció a Jesús, lo amó y lo hizo amar con la pasión de una esposa. Penetró en los misterios de su infancia, en las palabras de su Evangelio, en la pasión del Siervo que sufre, esculpida en su santa Faz, en el esplendor de su existencia gloriosa y en su presencia eucarística. Cantó todas las expresiones de la caridad divina de Cristo, como las presenta el Evangelio (Divina Amoris scientia, Juan Pablo II) 

     La Escritura nos da ejemplo de que sólo haciéndonos como niños podemos alcanzar la patria: Cuando dice de Jesús que “Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos.” 

     ¡Eso tenemos que hacer hoy nosotros! ¡Presentarnos como niños a Dios, dejarnos presentar a él por María, para que Él imponga las manos sobre nosotros y ore sobre nosotros! No se trata hoy de hacer nosotros, sino de dejarnos hacer como niños. Nos puede salir ese medio orgullo, tan “razonable” de los adultos…”Los discípulos los reprendieron”. Pero Jesús les corrige y nos da una gran enseñanza: «Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos». Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí. 

     La relación de los niños con sus padres, nosotros con Dios. ¡Qué caminito tan sencillo de tocar el centro del Evangelio! ¡Qué formula tan magnifica la de ponerse a adorar la Eucaristía!  

  También santa Teresita la descubrió en la Sagrada Escritura: Jesús se complace en mostrarme el único camino que conduce a esa hoguera divina. Ese camino es el abandono del niñito que se duerme sin miedo en brazos de su padre... «El que sea pequeñito, que venga a mí», dijo el Espíritu Santo por boca de Salomón. Y ese mismo Espíritu de amor dijo también que «a los pequeños se les compadece y perdona». Y, en su nombre, el profeta Isaías nos revela que en el último día «el Señor apacentará como un pastor a su rebaño, reunirá a los corderitos y los estrechará contra su pecho». Y como si todas esas promesas no bastaran, el mismo profeta, cuya mirada inspirada se hundía ya en las profundidades de la eternidad, exclama en nombre del Señor: «Como una madre acaricia a su hijo, así os consolaré yo, os llevaré en brazos y sobre las rodillas os acariciaré». 

     Los santos nos animan, muy especialmente santa Teresita del Niño Jesús que  nos enseña a recorrer este camino de la humildad Eucarística, de la infancia espiritual: “¡Qué dulce fue el primer beso de Jesús a mi alma! Fue un beso de amor. Me sentía amada y decía a mi vez: “Te amo, y me entrego a ti para siempre … Ni el precioso vestido que María me había comprado, ni todos los regalos que había recibido me llenaban el corazón. Sólo Jesús podía saciarme.”  Dios no quiere darnos su casa de la tierra; se conforma con enseñárnosla para hacernos amar la pobreza y la vida escondida. La que nos reserva es su propio palacio de la gloria, donde ya no le veremos escondido bajo la apariencia de un niño o de una blanca hostia, ¡¡¡sino tal cual es en el esplendor de su gloria infinita...!!! 

    Yo me dedicaba sobre todo a amar a Dios. Y amándolo, comprendí que mi amor no podía expresarse tan sólo en palabras, porque: «No todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de Dios». Y esta voluntad, Jesús la dio a conocer muchas veces, debería decir que casi en cada página de su Evangelio. Pero en la última cena, cuando sabía que el corazón de sus discípulos ardía con un amor más vivo hacia él, que acababa de entregarse a ellos en el inefable misterio de la Eucaristía, aquel dulce Salvador quiso darles un mandamiento nuevo. Y les dijo, con inefable ternura: os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, que os améis unos a otros igual que yo os he amado. La señal por la que conocerán todos que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros. 

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Adorar me está haciendo más humilde?

¿Conozco los escritos de santa Teresita y su infancia espiritual?

¿Cómo puede ayudarnos a hacer mejor nuestra adoración?

¿El adviento está haciendo crecer en mí la esperanza, la confianza?

¿Qué muestras de Amor estoy preparando al Niño?


martes, 13 de diciembre de 2022

Contenidos y actitudes del adviento

1.- El adviento es, en primer término, tiempo de preparación a la Navidad, donde se recuerda a los hombres la primera venida del Hijo de Dios.

2.- Es asimismo tiempo en el que se dirigen las mentes, mediante este recuerdo y esta espera, a la segunda venida de Cristo, que tendrá lugar al final de los tiempos.

3.- Por ello, el adviento tiene una triple dimensión: histórica, en recuerdo, celebración y actualización del nacimiento de Jesucristo en la historia; presente, en la medida en que Jesús sigue naciendo en medio de nuestro mundo y a través de la liturgia celebramos, de nuevo, su nacimiento; y escatológica, en preparación y en espera de la segunda y definitiva venida del Señor.

4.- El adviento es, ya en su mismo término o vocablo, <presencia> y <espera>. Es tiempo, no tanto de penitencia como la cuaresma, sino de esperanza gozosa y espiritual, de gozo, de espera gozosa. Toda la liturgia de este tiempo persigue la finalidad concreta de despertar en nosotros sentimientos de esperanza, de espera gozosa y anhelante.

5.- El adviento es un tiempo atractivo, cargado de contenido, evocador, válido… Vivir el adviento cristiano es revivir poco a poco aquella gran esperanza de los grandes padres de Israel desde Abraham a Isabel, desde Moisés a Juan el Bautista… Vivir el adviento es ir adiestrando el corazón para las sucesivas sementeras de Dios que preparan la gran venida de la recolección… La vida es siempre adviento o hemos perdido la capacidad de que algo nos sorprenda grata y definitivamente.

6.- Durante este tiempo del adviento se han de intensificar actitudes fundamentales de la vida cristiana como la espera atenta, la vigilancia constante, la fidelidad obsequiosa en el trabajo, la sensibilidad precisa para descubrir y discernir los signos de los tiempos, como manifestaciones del Dios Salvador, que está viniendo con gloria.

7.- A lo largo de las cuatro semanas del adviento debemos esforzarnos por descubrir y desear eficazmente las promesas mesiánicas: la paz, la justicia, la relación fraternal, el compromiso en pro del nacimiento de un nuevo mundo desde la raíz.

8.- El adviento nos dice que la perspectiva de la vida humana está de cara al futuro, con la esperanza puesta en la garantía del Dios de las promesas.

9.- Adviento es el camino hacia la luz. El camino del creyente y del pueblo que caminaban entre tinieblas y encuentran la gran luz en la explosión de la luz del alumbramiento de Jesucristo, luz de los pueblos.

10.- La esperanza es la virtud del adviento. Y la esperanza es el arte de caminar gritando nuestros deseos: ¡Ven, Señor Jesús!