«JESÚS, TEN COMPASIÓN DE NOSOTROS»
Lc. 17. 11-19
Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a
los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió
alabando a Dios a grandes gritos
y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano. Jesús, tomó la
palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más
que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe
te ha salvado».
Otras
lecturas: 2Reyes 5, 14-17; Salmo 57; 2Timoeo 2, 8-13
El pecado que se reprueba en este Evangelio,
es precisamente el de no tener fe creyendo que se tiene. Aquellos leprosos que no volvieron a dar gracias a quien le había curado, no eran
extranjeros sino judíos, consideraban que
tenían “derecho” a la curación, que era lo menos que podía hacer por ellos “su” Dios.
De manera que aquella curación fue recibida como quien recibe su
correspondiente pago por los servicios prestados.
Sin embargo había otro leproso, que por no
tener no tenía ni el pasaporte judío. Este leproso era extranjero, sin derechos
oficiales ante Dios. Lo cual significaba que si sucedía lo que de hecho
sucedió, no era más que por un puro regalo indebido, por una gracia inmerecida,
por un don inesperado.
No basta con pertenecer oficialmente a una
comunidad de salvación, como era la judía, y como es nuestra Iglesia… Si Dios nos concede cualquier gracia, es por pura
gracia, … (+Fr. Jesús
Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)
Recobran la salud mientras van de camino,
después de haber obedecido a la palabra de Jesús. Entonces, llenos de alegría,
se presentan a los sacerdotes, y luego cada uno se irá por su propio camino,
olvidándose del Donador, es decir del Padre, que los ha curado a través de
Jesús, su Hijo hecho hombre. (Papa Francisco)
Es fácil ir al Señor para pedirle algo,
pero regresar a darle las gracias… Por eso Jesús
remarca con fuerza la negligencia de los nueve leprosos desagradecidos: «¿No
han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto
más que este extranjero para dar gloria a Dios?». (Papa Francisco)
Para saber
agradecer se necesita también la humildad… Preguntémonos ― nos hará
bien― si estamos dispuestos a recibir los dones de Dios o si, por el contrario,
preferimos encerrarnos en las seguridades materiales, en las seguridades
intelectuales, en las seguridades de nuestros proyectos. (Papa Francisco)
ORATIO:
Señor Jesús, concédenos ojos para
descubrir las maravillas que vas haciendo en nosotros para sanarnos de la
enfermedad de nuestro pecado.
Que experimente, Señor, tu misericordia
sobre mi miseria, mira mi lepra,
ayúdame a mirar la de mis hermanos.
sobre mi miseria, mira mi lepra,
ayúdame a mirar la de mis hermanos.
CONTEMPLATIO:
« los otros nueve, ¿dónde están? »
En la curación de estos
diez leprosos aparece la fuerza de Cristo que es capaz de librarnos de nuestras
lepras. Son lepras nuestros vicios y pecados, nuestras adicciones y
desesperanzas, nuestra propia historia que cada uno bien conoce…
Uno de los peores males de nuestro tiempo es la pérdida del
sentido del pecado, decía ya Pio XII.
Y hemos ido a peor en sentido generalizado. Para mucha gente el sentido del
pecado sería como un sentimiento insano de culpa, como una represión
educacional, que habría que erradicar considerándolo todo como normal, o a lo
sumo con un margen de error, y que habría que liberar con técnicas psicológicas
del profundo. Ciertamente, el sentido del pecado proviene del sentido de Dios.
Cuando Dios no está presente, es muy difícil tener conciencia de haberle
ofendido…
Diez fueron
sanados, uno sólo vino a dar gracias. Quizá los otros nueve se quedaron sólo en
lo exterior. Ese que volvió se dio cuenta de la grandeza de haber sido curado y
por eso volvió para dar gracias. No seamos
desagradecidos, porque es muchísimo lo que hemos recibido, aunque a veces no nos demos cuenta. La plegaria central del
culto cristiano es la acción de gracias (en griego, eucaristía) dirigida a Dios
Padre por habernos dado a su Hijo Jesucristo y en él nos lo ha dado todo...
(+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)
■… Dichoso este leproso
samaritano que reconoció que «no tenía nada que no lo hubiera recibido» (1Co
4,7)… Os ruego, pues,
hermanos, mantengámonos cada vez más humildes bajo la poderosa mano de Dios (1P
5,6)… Mantengámonos con gran devoción en la acción de gracias y nos concederá
la única gracia que puede salvar nuestras almas. Seamos agradecidos, no sólo de
palabra o con la punta de los labios, sino por las obras y en verdad.(San Bernardo, abad).










