TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 12 de octubre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 13 DE OCTUBRE DEL 2019, 28º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)


«JESÚS, TEN COMPASIÓN DE NOSOTROS»
Lc. 17. 11-19

     Una vez, yendo camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
     Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
     Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Otras lecturas: 2Reyes 5, 14-17; Salmo 57; 2Timoeo 2, 8-13

     El pecado que se reprueba en este Evangelio, es precisamente el de no tener fe creyendo que se tiene. Aquellos leprosos que no volvieron a dar gracias a quien le había curado, no eran extranjeros sino judíos, consideraban que tenían “derecho” a la curación, que era lo menos que podía hacer por ellos “su” Dios. De manera que aquella curación fue recibida como quien recibe su correspondiente pago por los servicios prestados.
     Sin embargo había otro leproso, que por no tener no tenía ni el pasaporte judío. Este leproso era extranjero, sin derechos oficiales ante Dios. Lo cual significaba que si sucedía lo que de hecho sucedió, no era más que por un puro regalo indebido, por una gracia inmerecida, por un don inesperado.
     No basta con pertenecer oficialmente a una comunidad de salvación, como era la judía, y como es nuestra Iglesia Si Dios nos concede cualquier gracia, es por pura gracia, (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)
 MEDITATIO:
    Recobran la salud mientras van de camino, después de haber obedecido a la palabra de Jesús. Entonces, llenos de alegría, se presentan a los sacerdotes, y luego cada uno se irá por su propio camino, olvidándose del Donador, es decir del Padre, que los ha curado a través de Jesús, su Hijo hecho hombre. (Papa Francisco)
     Es fácil ir al Señor para pedirle algo, pero regresar a darle las gracias… Por eso Jesús remarca con fuerza la negligencia de los nueve leprosos desagradecidos: «¿No han quedado limpios los diez? Los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?». (Papa Francisco)
     Para saber agradecer se necesita también la humildad Preguntémonos ― nos hará bien― si estamos dispuestos a recibir los dones de Dios o si, por el contrario, preferimos encerrarnos en las seguridades materiales, en las seguridades intelectuales, en las seguridades de nuestros proyectos. (Papa Francisco)

ORATIO:
     Señor Jesús, concédenos ojos para descubrir las maravillas que vas haciendo en nosotros para sanarnos de la enfermedad de nuestro pecado.
Que experimente, Señor, tu misericordia
sobre mi miseria, mira mi lepra,
ayúdame a mirar la de mis hermanos.

CONTEMPLATIO:
« los otros nueve, ¿dónde están? »
      En la curación de estos diez leprosos aparece la fuerza de Cristo que es capaz de librarnos de nuestras lepras. Son lepras nuestros vicios y pecados, nuestras adicciones y desesperanzas, nuestra propia historia que cada uno bien conoce
     Uno de los peores males de nuestro tiempo es la pérdida del sentido del pecado, decía ya Pio XII. Y hemos ido a peor en sentido generalizado. Para mucha gente el sentido del pecado sería como un sentimiento insano de culpa, como una represión educacional, que habría que erradicar considerándolo todo como normal, o a lo sumo con un margen de error, y que habría que liberar con técnicas psicológicas del profundo. Ciertamente, el sentido del pecado proviene del sentido de Dios. Cuando Dios no está presente, es muy difícil tener conciencia de haberle ofendido
     Diez fueron sanados, uno sólo vino a dar gracias. Quizá los otros nueve se quedaron sólo en lo exterior. Ese que volvió se dio cuenta de la grandeza de haber sido curado y por eso volvió para dar gracias. No seamos desagradecidos, porque es muchísimo lo que hemos recibido, aunque a veces no nos demos cuenta. La plegaria central del culto cristiano es la acción de gracias (en griego, eucaristía) dirigida a Dios Padre por habernos dado a su Hijo Jesucristo y en él nos lo ha dado todo... (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)



   Dichoso este leproso samaritano que reconoció que «no tenía nada que no lo hubiera recibido» (1Co 4,7)… Os ruego, pues, hermanos, mantengámonos cada vez más humildes bajo la poderosa mano de Dios (1P 5,6)… Mantengámonos con gran devoción en la acción de gracias y nos concederá la única gracia que puede salvar nuestras almas. Seamos agradecidos, no sólo de palabra o con la punta de los labios, sino por las obras y en verdad.(San Bernardo, abad).

(2 Tm 1, 14)



OCTUBRE 2019

«Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros» (2 Tm 1, 14)

     El apóstol Pablo escribe a Timoteo, con quien ha compartido su actividad evangelizadora y a quien ha encomendado la comunidad de Éfeso.
     Timoteo ha recibido el depósito de la fe cristiana tal como lo transmitieron los apóstoles, y tiene la responsabilidad, a su vez, de comunicarlo fielmente a las generaciones sucesivas. Para Pablo esto significa estar incluso dispuesto a dar la vida con tal de difundir la alegre noticia que es el Evangelio.
     Pablo y Timoteo han recibido el Espíritu Santo como luz y garantía para su irremplazable tarea de pastores y evangelizadores. A través de su testimonio y el de sus sucesores ha llegado hasta nosotros el anuncio del Evangelio.
     Del mismo modo, cada cristiano tiene su propia «misión» dentro de la comunidad social y religiosa: construir una familia unida, educar a los jóvenes, comprometerse en política y en el trabajo, cuidar de las personas vulnerables, iluminar la cultura y el arte con la sabiduría que da vivir el Evangelio, dedicar la vida a Dios para servir a los hermanos.
     Es más, «[...] cada hombre y mujer es una misión [...]»[1]. El mes de octubre de 2019 ha sido proclamado por la Iglesia Católica «mes misionero extraordinario». Podemos aprovechar para renovar conscientemente el compromiso de testimoniar nuestra fe con el corazón abierto y dilatado por el amor evangélico, que genera acogida, encuentro y diálogo[2].
«Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros».
     Cada cristiano es «templo» del Espíritu Santo, que permite descubrir y conservar el «buen depósito» que se le ha encomendado para aumentarlo y ponerlo al servicio de todos. El primero de sus «tesoros» es la fe en el Señor Jesús.
     Cuenta un sacerdote: «Se me ha encomendado cuidar de los fieles de una gran iglesia católica en una metrópolis brasileña. En muchos casos las personas con las que me cruzo no tienen una identidad religiosa definida, participan tanto en la misa como en otras ceremonias tradicionales antiguas. Soy responsable de transmitir la fe cristiana con fidelidad al Evangelio, pero también deseo que todos se sientan acogidos en la parroquia. Para valorar las raíces culturales de estas personas, se me ocurrió celebrar una misa más festiva, con instrumentos musicales típicos de sus culturas. Es un reto laborioso, pero que da alegría a todos, pues en lugar de dividir a la comunidad, nos une en lo que compartimos: la fe en el Dios que nos da la alegría».
«Conserva el buen depósito mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros».
     Otro tesoro inestimable que hemos recibido del propio Jesús es su palabra, que es palabra de Dios.
     «[...] Dios nos dio su palabra para que la hiciésemos fructificar. [...] ¿Cómo viviremos la Palabra de vida de este mes? Amando la palabra de Dios, procurando conocerla cada vez mejor y sobre todo poniéndola en práctica con más generosidad cada vez, de modo que se convierta realmente en el alimento básico de nuestra vida espiritual, en nuestro maestro interior, que guía nuestra conciencia, el punto de referencia inquebrantable de todas nuestras decisiones y de todas nuestras acciones. [...] Hay mucha desorientación y confusión en las conciencias, todo tiende a relativizarse y a ofuscarse. Viviendo la palabra de Dios no solo estaremos provistos contra este grave peligro, sino que, según una significativa expresión de Jesús (cf. Mt 5,15-16), seremos lámparas encendidas que, con su luz, ayudarán también a los demás a orientarse y a encontrar de nuevo el camino recto»[3].

Leticia Magri


[1] Cf. FRANCISCO, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial de 2018
[2] Para más información, cf. www.october2019.va
[3] C. LUBICH, «Palabra de vida octubre 1991», Ciudad Nueva n. 270 (10/1991), p. 33


VIGILIA INTERDIOCESANA DE CONSAGRACIÓN DE LA ADORACIÓN NOCTURNA ANDALUZA AL SAGRADO CORAZON DE JESÚS

     Convocados por las vocalías de Zona de la Adoración Nocturna de Andalucía y bajo el auspicio del Consejo diocesano de Córdoba, pudimos reunirnos en la tarde-noche del 5 de Octubre en la ciudad de Córdoba, junto a los Consejos diocesanos de Asidonia-Jerez, Cádiz-Ceuta, Málaga, Sevilla y el anfitrión, unos doscientos Adoradores Nocturnos invitados a conseguir los beneficios espirituales otorgados dentro del Año Jubilar diocesano.

      

     Reunidos en la Iglesia de San francisco y San Eulogio macharnos hacia el Patio de los Naranjos de la S. I. Catedral, donde el Presidente diocesano nos dio la bienvenida, mostrando su gratitud a todos los presentes por el esfuerzo realizado para asistir a esta Solemne Vigilia Jubilar y destacando, con cierto humor, la exclusividad de ésta ya que la próxima no se celebrará hasta pasados cien años.
     Con la procesión de Banderas, desde la Puerta de la Palma y alrededor del Patio de los naranjos, comenzó nuestra Vigilia de Adoración con la Santa Misa, presidida en ésta ocasión por el Obispo de la diócesis D. Demetrio, y concelebrada con fray Francisco ofm.


     En una entrañable homilía, D. Demetrio nos dio la bienvenida a esta S. I. Catedral, que con motivo del año Jubilar en la Diócesis por los noventa años de la erección del gran monumento al Sagrado Corazón en el que Córdoba se consagró al Amor de Cristo (24/10/1929), coincidiendo con el Centenario de la Consagración de España, nos reúne para poder renovar las de nuestras personas, familias y actividades al Corazón de Jesús.
     -“La palabra de Dios proclamada nos invita a pedirle al señor, como los apósteles -“SEÑOR AUMENTANOS LA FE”-, en una petición que debe convertirse en jaculatoria para nosotros y en una petición frecuente... La Fe nos hace ver las cosas como las ve Dios. Nos da una visión de las cosas como son, de la realidad con mayúsculas, ver las cosas de la vida sin Fe es un continuo absurdo. La Fe no se inventa la realidad, no cambia la realidad, sino que la ilumina… Sin la luz de Dios lo vemos todo distorsionado, expuesto a cualquier cataclismo, sin la luz de Dios la vida no tiene sentido, -“SEÑOR AUMENTANOS LA FE”-
     Esta Vigilia nos ha traído algunos de más lejos a otros de más cerca, pero todos en torno a un mismo Misterio, el Misterio de la fe… La Eucaristía es el sacramento que alimenta la Fe y la hace crecer… Por eso un adorador/a alimenta su Fe en su Vigilia nocturna donde no sólo ofrece  al señor el obsequio de la Fe sino el del sacrificio de la comodidad, en esa disciplina que ha fraguado tantas generosidades de jóvenes y adultos, de matrimonios, de consagrados y sacerdotes…
     La Adoración Nocturna tiene este alimento permanente y la adoración a la Custodia nos hace crecer continuamente en la fe.”-
     Finalizada la homilía pronunció D. Demetrio la oración de Consagración de la Adoración Nocturna Española, -“poniéndola a los pies su Divina Majestad para que todas sus intenciones, acciones y operaciones sean siempre ordenadas en servicio y alabanza de Jesús Sacramentado”-, (San Ignacio de Loyola).

       

     Acabada la Eucaristía y expuesto el Santísimo, comenzaron los diferentes Turnos de vela que concluyeron, avanzada ya la madrugada,  con el Santo Rosario y el rezo de Laudes; marchando a continuación en procesión con S. D. Majestad por las columnas de la Mezquita-Catedral y por el Patio de los naranjos, para desde el altar preparado proceder a la Bendición de los Campos y los asistentes.
     

     Con la despedida del Presidente Diocesano se puso rumbo a las poblaciones de destino.
     Es de justicia agradecer al Consejo Diocesano y a la Sección de Córdoba –de manera particular a sus Presidentes- la magnífica acogida recibida, así como a todos los que han colaborado en su realización. El buen hacer de la formidable coral y el oficio de Fray Francisco ofm.


sábado, 5 de octubre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 6 DE OCTUBRE DEL 2019, 27º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

«SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE»

Lc. 17. 5-10
     En aquel tiempo, los apóstoles le dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor dijo: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería. ¿Quién de vosotros, si tiene un criado labrando o pastoreando, le dice cuando vuelve del campo: “Enseguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis más bien: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Acaso tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado?
     Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: “Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».

Otras lecturas: Habacuc 1, 2-3;2,3-4; Salmo 94; 2Timoeo 1,6-8.13-14

     Están Jesús y los discípulos frente a frente, y se plantea un tema tan básico como el de la fe. Ellos ven la desproporción entre lo que el Maestro propone y lo que de hecho sus vidas dan de sí. Por eso aquella petición con un humilde realismo por parte de aquellos hombres: “auméntanos la fe”. Es la experiencia de vértigo ante Alguien grande, ante un maestro diferente en Israel.
     Jesús provoca a sus discípulos de frágil fe, utilizando el recurso de la paradoja: creer hasta lo imposible –trasplante de la morera al mar–. Sin duda quedarían completamente descolocados. Porque creer no es una postura fingida, sino la adhesión de toda la persona.
En segundo lugar, una fe que es un don. La adhesión a Dios que transforma en posibles los imposibles, no es fruto del empeño, ni del noble esfuerzo, sino una gracia que Dios concede a quien la pide y la acoge. De modo que es impropio ponerle un precio a lo que se ha recibido gratis. Es lo que Jesús explica con el ejemplo del criado del campo: “somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     Jesús nos hace comprender que fe y servicio no se pueden separar, es más, están estrechamente unidas, enlazadas entre ellas. La vida cristiana de cada uno viene de lejos, y es un don que hemos recibido en la Iglesia y que proviene del corazón de Dios, nuestro Padre, que desea hacer de cada uno de nosotros una obra maestra de la creación y de la historia. (Papa Francisco)
     En el Evangelio de hoy, Jesús nos pide, incluso con palabras muy fuertes y radicales, una disponibilidad total, una vida completamente entregada, sin cálculos y sin ganancias… Porque él nos ha amado de ese modo, haciéndose nuestro siervo «hasta el extremo», viniendo «para servir y dar su vida». (Papa Francisco)
    Estamos llamados a servir… para imitar a Dios, que se hizo siervo por amor nuestro. Estamos llamados a vivir sirviendo. El servicio es un estilo de vida, más aún, resume en sí todo el estilo de vida cristiana: servir a Dios en la adoración y la oración; estar abiertos y disponibles; amar concretamente al prójimo; trabajar con entusiasmo por el bien común. (Papa Francisco)

ORATIO:
     ¡Señor auméntanos la fe! En cualquier situación, Señor aumenta mi fe. Dame una actitud de servicio y de disponibilidad. Me uno a san Agustín diciéndote: “Dame lo que mandas y manda lo que quieras”.
¡Señor aumenta mi fe!,
que mi vida sea un servicio gratuito
a favor de los hermanos.

CONTEMPLATIO:
«Si tuvierais fe como un granito de mostaza…»
     Hoy también nos provoca Jesús, cuando nos asomamos a tantos imposibles como nuestro mundo tiene planteados: violencias, corrupciones, hambres, inhumanismos, increencia, desencantos… No es un desafío a nuestra habilidad o estrategia, sino a nuestra fe, porque la solución de nuestros contenciosos no pasa simplemente por nuestras estrategias, sino por la realización del proyecto de Dios sobre la historia. El Reino.
     Tener fe es adherirse a Dios y a su proyecto, haciéndolo realidad, sueño cumplido y no pesadilla a olvidar. Apasionarse por ese diseño divino, con todo el corazón y con toda la inteligencia… llegados a este punto de ver cómo es nuestra fe, acabamos diciendo aquello de los discípulos: “Señor, auméntanos la fe”. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)


   Tened fe. Mas, para tener fe, orad con fe. Pero no podéis orar con fe sin tener fe, pues ninguna cosa ora sino la fe. Entonces, ¿diste tú primeramente algo a Dios, y algo que no te había dado Él? Hombre mentiroso, ¿hallaste qué darle? ¿De dónde lo obtuviste? ¿Qué podías darle? ¿Tenías algo? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Por lo tanto, dad a Dios de lo que has recibido de Dios. Lo que recibe de ti Él te lo dio. Pues tu mentalidad, antes de que Él te diera, hubiera quedado vacía en extremo. (San Agustín).


viernes, 4 de octubre de 2019

DE LA CARTA PASTORAL DE D. RAFAEL AL INICIO DEL CURSO

OCTUBRE, MES MISIONERO EXTRAORDINARIO

     La Iglesia ha convocado un Mes Misionero Extraordinario para octubre de 2019 con el lema: “Bautizados y enviados: la Iglesia de Cristo en Misión en el mundo”. hemos de preguntarnos: ¿por qué un mes misionero extraordinario? Pues bien, es el deseo del Santo Padre, el Papa Francisco, realizar una amplia celebración que reavive la conciencia bautismal del Pueblo de Dios en su relación con la misión de la Iglesia, con el fin de despertar la conciencia y retomar la responsabilidad de proclamar el Evangelio a todos los hombres. Es el modo de conmemorar la carta apostólica Maximum illud del Papa Benedicto XV, que pedía a los cristianos de 1919, recién terminada la I Guerra Mundial, que se implicasen en un compromiso misionero renovado, como estaban haciendo las iglesias jóvenes con los misioneros de la época, muy activos. Además, se recordaba a todos que el Evangelio y la fe cristiana son el corazón de la misión, y no los colonialismo o nacionalismo que oscurecían la universalidad de la salvación y la catolicidad de la Iglesia.
     Tomar conciencia de la -Missio ad gentes- y asumir la responsabilidad de proclamar el evangelio con un nuevo impulso unen la visión de aquella carta y el deseo de vitalidad misionera que el Papa Francisco expresa en Evangelii Gaudium: “La actividad misionera representa aún hoy día el mayor desafío para la iglesia” (EG 15). Se trata de poner la misión de Jesús en el corazón de la misma Iglesia, transformándola en criterio para medir la eficacia de las estructuras los resultados de su trabajo, la fecundidad de sus ministros y la alegría que ellos son capaces de suscitar. Porque sin alegría no se atrae a nadie” (Francisco. Encuentro con el Comité directivo del CELAM, Bogotá, 7 sept. 2017). Es doloroso escuchar aún acerca de la Iglesia, como dicen algunos, que “sabemos muy bien lo que denuncia, pero no sabemos lo que anuncia.” El Papa Francisco nos dice claramente que existe una jerarquía de verdades y que el kerygma es lo más importante (EG, 36).
     Todos deberíamos vivir en un estado permanente de misión, y nada de lo que hacemos debería olvidar este aspecto. Esto debemos recordarlo las Delegaciones diocesanas, las parroquias, asociaciones y movimientos, las cofradías, las congregaciones religiosas en sus actividades misioneras, educativas o caritativas. Pero debemos tener presente con realismo que es indispensable el compromiso de conversión personal y comunitaria a Jesucristo vivo en su Iglesia para renovar la pasión misionera y evangelizar con ardor. La alegría de vivir la fe y comunicarla nace del amor que genera nuevas relaciones y acciones, se abre a la comunicación, la colaboración y la comunión. Por esta razón el Papa ha sugerido vivir este tiempo extraordinario de misión cultivando el encuentro personal con Cristo, acercándose al testimonio de los santos y de los mártires, incrementando la formación misionera con la catequesis, el conocimiento de la Palabra de Dios, y poniendo en práctica acciones de caridad misionera…
     Este evento –el mes extraordinario– quiere ser el inicio de una aventura de fe, de oración, de reflexión y de caridad, que ha de dar mucho fruto. Debemos alegrarnos porque impulsa desde lo más hondo el movimiento evangelizador que venimos realizando en la diócesis desde hace años. Es más, coincide con él, pues no podría ser de otro modo. No sólo nos da la oportunidad de fortalecer el trabajo misionero que se realiza en los países llamados de misión, sino que nos estimula y anima a ser nosotros mismos enviados del Señor para transmitir la alegría de creer, con palabras y obras. Es una misión esencial a la Iglesia, una tarea ineludible y permanente, su dicha y su vocación propia. Este empeño y preocupación por la salvación de todos ha de marcar la conciencia misionera hacia afuera y la de nuestra comunidad diocesana para sentirse enviada a evangelizar las familias, las parroquias, los alejados de Dios, las escuelas, el mundo de la pobreza y de la marginación, los emigrantes, la juventud, etc. Ser misionero no es un adorno para un cristiano, sino que está en el corazón mismo de la fe de cada bautizado, si se ha encontrado verdaderamente con el Señor. Por consiguiente, todo ha de contribuir para hacer nuestro el anhelo expresado por el Papa Francisco: “Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autropreservación” (EG 27).
     Quiera Dios que se cumpla mejor en nosotros el objetivo deseado por el Papa Francisco: que vivamos la Iglesia de Cristo en misión en medio del mundo, como bautizados y enviados por el Señor…
     Con mi afecto de siempre os bendigo a todos

+ Rafael - Obispo de Cádiz y Ceuta


VIGILIA EXTRAORDINARIA INTERZONAS DE ANDALUCÍA


sábado, 28 de septiembre de 2019

VIGILIA EXTRAORDINARIA EN HONOR DE NTRª. SRª. DEL ROSARIO PATRONA DE CÁDIZ


LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 29 DE SEPTIEMBRE DEL 2019, 26º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)


«HIJO, RECUERDA QUE RECIBISTE TUS BIENES EN TU VIDA…»

Lc. 16. 19-31
     En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que caía de la mesa del rico. Y hasta los perros venían y le lamían las llagas.
     Sucedió que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abrahán. Murió también el rico y fue enterrado. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantó los ojos y vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritando, dijo: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le dijo: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso ahora él es aquí consolado, mientras que tú eres atormentado. Y, además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que los que quieran cruzar desde aquí hacia vosotros no puedan hacerlo, ni tampoco pasar de ahí hasta nosotros”.
     Él dijo: “Te ruego, entonces, padre, que le mandes a casa de mi padre, pues tengo cinco hermanos: que les dé testimonio de estas cosas, no sea que también ellos vengan a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas: que los escuchen”. Pero él le dijo: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a ellos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no se convencerán ni aunque resucite un muerto”».

Otras lecturas: Amós 6, 1a.4-7; Salmo 145; 1Timoeo 6,11-16

      ¿De qué sirve ser el más rico del cementerio? Jesús propone esta parábola a unos fariseos celosos de la Ley y los profetas, amigos de Moisés y de Abrahán, pero que vivían con una cierta esquizofrenia moral y espiritual.
    Jesús en primer lugar relativiza el valor del dinero apelando a su poderío fugaz y a su gloria caduca Epulón y Lázaro eran iguales ante su origen y ante su destino… Lo segundo que destaca Jesús es la infinita diferencia entre el modo de valorar que tiene Dios y aquellos fariseos burlones. Sólo quien entra en la mirada de Dios puede descubrir su secreto, y sólo quien se adentra en su Corazón comprende su riqueza, como el mismo Pablo descubrió.
   Tenemos la experiencia cotidiana de cómo cuando nos alejamos de la visión que Dios tiene de la vida, ésta se deshumaniza. Por eso no es extraño que quienes aman el dinero, no entiendan nada, se irriten e indignen, y hasta decidan matar al mensajero.
     Nuestro mundo… está necesitado de cristianos vivos que desde la trama diaria de su existir enseñan a ver las cosas desde los Ojos de Dios, y amar la vida desde y como Él, ritmando nuestros latires con los de su Corazón, valorando aquello que tiene valor para Él, lo que enajena y enfrenta, lo que adormece e inhibe, y relativizando lo que corrompe y deshumaniza. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     En la parábola se habla de un hombre rico que no se fija en Lázaro, un pobre que «estaba echado a su puerta». El rico, en verdad, no hace daño a nadie, no se dice que sea malo. Sin embargo, tiene una enfermedad peor que la de Lázaro, que estaba «cubierto de llagas»: este rico sufre una fuerte ceguera, porque no es capaz de ver más allá de su mundo, hecho de banquetes y ricos vestidos. (Papa Francisco)
     El rico no ve más allá de la puerta de su casa, donde yace Lázaro, porque no le importa lo que sucede fuera… Sólo la apariencia y no se fija en los demás, porque se vuelve indiferente a todo. Quien sufre esta grave ceguera adopta con frecuencia un comportamiento «estrábico»: mira con deferencia a las personas famosas, de alto nivel, admiradas por el mundo, y aparta la vista de tantos Lázaros de ahora, de los pobres y los que sufren, que son los predilectos del Señor. (Papa Francisco)
   El Señor nos lo pide hoy: ante los muchos Lázaros que vemos, estamos llamados a inquietarnos, a buscar caminos para encontrar y ayudar, sin delegar siempre en otros o decir: «Te ayudaré mañana, hoy no tengo tiempo, te ayudaré mañana». El tiempo para ayudar es tiempo regalado a Jesús, es amor que permanece: es nuestro tesoro en el cielo, que nos ganamos aquí en la tierra. (Papa Francisco)

ORATIO:
   Señor hazme sensible al dolor ajeno. Que no pase desapercibido de aquel que llega a mí y sufre, del que veo por la calle y gime, del que me está esperando y todavía no sé en dónde.
Cambia, Señor, mi corazón de piedra
en uno de carne y hueso,
para así cumplir mi misión
de ser sal de la tierra y luz del mundo.
«entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso»

     La vida que continúa después de la muerte pone las cosas en su sitio, y a la luz de esa última realidad hemos de vivir la vida presente…
     Varias lecciones nos da Jesús con esta parábola. En primer lugar, que la vida no es para disfrutarla sin medida. Estamos hechos para la felicidad, sí; pero no para esa vida sensual, que nos va disolviendo en vez de construirnos. Pasarlo bien, disfrutar de los placeres de este mundo, darse la “buena vida” no conduce a nada bueno, además de que crea adicciones insaciables. Al contrario, nos va cerrando el corazón y no va haciendo incapaces de amar. Por el contrario, las penas de cada día aceptadas con humildad y ofrecidas con amor, nos ensanchan el corazón y nos hacen capaces de disfrutar ya desde ahora de la felicidad que Dios nos tiene preparada y que nunca acaba.
   Y en segundo lugar, una vida disoluta nos hace desentendernos de los demás. Sólo piensa en sí mismo, no le conmueven las necesidades de los demás, se hace insolidario. Si el rico Epulón hubiera abierto los ojos a los pobres de su entorno, hubiera detenido su mala marcha mucho antes. El contacto con los pobres nos abre a la verdad de nosotros mismos, los pobres nos evangelizan al recordarnos que nosotros también somos necesitados y al ponernos delante de los ojos personas y situaciones que nos conmueven y nos sacan de nuestros esquemas. Compartir las penas de los demás nos hace más humanos, más solidarios, nos hace bien al sacarnos de nuestro egoísmo.  (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)


   Aprended a ser ricos y pobres tanto los que tenéis algo en este mundo, como los que no tenéis nada. Pues también encontráis al mendigo que se ensoberbece y al acaudalado que se humilla. Dios resiste a los soberbios, ya estén vestidos de seda o de andrajos; pero da su gracia a los humildes ya tengan algunos haberes mundanos, ya carezcan de ellos. Dios mira al interior; allí pesa, allí examina. (S. Agustín de Hipona)