TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 9 de febrero de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 10 DE FEBRERO DEL 2019, 5º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

«NO TEMAS; DESDE AHORA SERÁS PESCADOR DE HOMBRES»

Lc. 5, 1-11


     En aquel tiempo, la gente se agolpaba en torno a Jesús para oír la palabra de Dios. Estando él de pie junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban en la orilla; los pescadores, que habían desembarcado, estaban lavando las redes. Subiendo a una de las barcas, que era la de Simón, le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
     Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad vuestras redes para la pesca». Respondió Simón y dijo: «Maestro, hemos estado bregando toda la noche y no hemos recogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes».
     Y, puestos a la obra, hicieron una redada tan grande de peces que las redes comenzaban a reventarse. Entonces hicieron señas a los compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Vinieron y llenaron las dos barcas, hasta el punto de que casi se hundían.
     Al ver esto, Simón Pedro se echó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un hombre pecador». Y es que el estupor se había apoderado de él y de los que estaban con él, por la redada de peces que habían recogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
     Y Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres».  Entonces sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Otras lecturas: Isaías 6, 1-2a.3-8; Salmo 137; 1Corintios 15, 1-11

LECTIO:
     Simón y sus compañeros son sorprendidos por Jesús en el quehacer de cualquier día de su vida: mientras estaban lavando las redes vacías, tras una noche desafortunada. Ahí, en ese cotidiano transcurrir de una vida, ahí estaba también el Señor. Allí acontece un diálogo entre Jesús y Simón, que es ejemplar. “Rema mar adentro, y echa las redes para pescar”. Y responde Simón: hemos estado toda la noche intentándolo en balde, pero por tu palabra, volveré a echar las redes.
     …Lo que determina el asombro de Simón Pedro es la repuesta de Jesús a la vaciedad de los esfuerzos de éste. … la reacción de Simón es la de un asombro netamente religioso: “apártate, Señor, que soy un pecador”.
     En su último encuentro en el lago Tiberíades (Cfr. Jn 21,1-24), aun sabiéndose pecador, lejos de decir a Jesús que se aparte, será él quien se lanzará al agua para acortar la distancia. Vale la pena leer los dos encuentros. Finalmente, la llamada y la respuesta: serás pescador de hombres... y ellos, dejándolo todo, lo siguieron. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
      Frente a este evento extraordinario, los pescadores se asombraron. Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Señor, apártate de mí, que soy un pecador». Ese signo prodigioso le convenció de que Jesús no es sólo un maestro formidable, cuya palabra es verdadera y poderosa, sino que Él es el Señor, es la manifestación de Dios. Y esta cercana presencia despierta en Pedro un fuerte sentido de la propia mezquindad e indignidad. (Papa Francisco)
     La respuesta de Jesús a Simón Pedro es tranquilizadora y decidida: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Y de nuevo el pescador de Galilea, poniendo su confianza en esta palabra, deja todo y sigue a Aquel que se ha convertido en su Maestro y Señor. Y así hicieron también Santiago y Juan, compañeros de trabajo de Simón. (Papa Francisco)
     La lógica que guía la misión de Jesús y la misión de la Iglesia es ir a buscar, «pescar» a los hombres y las mujeres… para restituir a todos la plena dignidad y libertad, mediante el perdón de los pecados. (Papa Francisco)
       
ORATIO:
     Has querido asociarnos, Señor, a tu espléndida obra de salvación de la humanidad. Has puesto en nuestras manos la red para pescar hombres en el gran mar del mundo y te estamos agradecidos por ello.

Dame coraje y fuerza para dejarlo todo y seguirte.
 Quiero aceptar tu reto, - más siento en la garganta –
un apretado nudo y no sé decir nada.

CONTEMPLATIO:
«Maestro, por tu palabra, echaré las redes».
     Y su fe no se ve decepcionada: de hecho, las redes se llenaron de tal cantidad de peces que casi se rompían. (Papa Francisco)
     El Evangelio de hoy nos interpela: ¿sabemos fiarnos verdaderamente de la palabra del Señor… O nos dejamos desanimar por nuestros fracasos? Estamos llamados a confortar a cuantos se sienten pecadores e indignos frente al Señor y abatidos por los propios errores, diciéndoles las mismas palabras de Jesús: «No temas». (Papa Francisco)
     Esto es lo esencial del cristianismo: difundir el amor regenerante y gratuito de Dios, con actitud de acogida y de misericordia hacia todos, para que cada uno puede encontrar la ternura de Dios y tener plenitud de vida. (Papa Francisco)


   Es preciso vivir el carácter cotidiano del encuentro con él, cambiando nosotros mismos. He visto realizarse muchos sueños inesperados. Pero el acontecimiento más extraordinario, que todavía me sorprende, empezó cuando niños, jóvenes, personas de todas las edades, me eligieron como padre, como consejero y como cabeza de cordada. No me esperaba precisamente esto, y cada vez que un alma, un corazón, se confía a mí para que le aconseje, dentro de mí caigo de rodillas y me repito: «¿Quién soy yo, quién soy yo para ser digno de guiar a personas más buenas que yo? No, no soy digno, pero, Señor, por tu Palabra, también yo "me volveré red" para tu pesca milagrosa» (E. Olivero).

(Sal 34, 15)

FEBRERO 2019

«Busca la paz y anda tras ella» (Sal 34, 15)

     David expresa en este salmo su alegría y su agradecimiento ante la asamblea: ha conocido el peligro y la angustia pero ha invocado con confianza al Dios de Israel y ha recobrado la paz. El protagonista de este himno es Dios con su misericordia, su presencia fuerte y decisiva junto al pobre y al oprimido que lo invoca.
     Para que otros alcancen la misma salvación, David sugiere varias actitudes del corazón: evitar hacer el mal y en su lugar obrar siempre el bien. Y subraya la necesidad de no difamar al prójimo, pues las palabras pueden llevar a la guerra.
«Busca la paz y anda tras ella»
    En el lenguaje bíblico, la paz tiene numerosos significados, como por ejemplo el bienestar físico y espiritual o el acuerdo entre individuos y entre pueblos. Pero en primer lugar es un don de Dios a través del cual descubrimos su rostro de Padre. Por eso es indispensable buscar intensamente y apasionadamente a Dios en nuestra vida, para experimentar la paz verdadera.
     Es una búsqueda comprometida, que nos exige hacer nuestra parte siguiendo la voz de la conciencia, la cual siempre nos incita a escoger el camino del bien y no el del mal. En muchos casos sería suficiente con dejarnos alcanzar por Dios, que desde hace tiempo se dedica a buscarnos a cada uno de nosotros.
     Como cristianos, tenemos ya una relación íntima con Jesús por el bautismo: Él es el Dios cercano que nos prometió la paz; Él es la paz. Y hemos recibido el don del Espíritu Santo, el Consolador, que nos ayuda también a compartir con los demás los frutos de la paz de Dios que hemos experimentado. Él nos indicará el camino para amar a las personas que tenemos alrededor y así superar los conflictos, evitando acusaciones infundadas, juicios superficiales y maledicencias, y abrir el corazón para acoger al otro.
     Quizá no podamos hacer que callen todas las armas que tiñen de sangre tantas regiones de la tierra, pero podemos actuar cada uno personalmente y sanar relaciones heridas en la familia, en nuestra comunidad cristiana, en donde trabajamos o en el tejido social.
     El compromiso de una pequeña o gran comunidad decidida a testimoniar la fuerza del amor puede reconstruir los puentes entre grupos sociales, iglesias o partidos políticos.
«Busca la paz y anda tras ella».
    Además, el buscar la paz con convicción nos dirá cómo comportarnos adecuadamente para proteger la creación, que también es un regalo de Dios a sus hijos, así como una responsabilidad para con las nuevas generaciones.
     Decía Chiara Lubich en 1990 a Nikkio Niwano, fundador del movimiento budista japonés Rissho Kosei-kai: «[...] Si el hombre no está en paz con Dios, la misma tierra no está en paz. Las personas religiosas perciben el "sufrimiento" de la tierra cuando el hombre no la usa siguiendo el plan de Dios, sino solo por egoísmo, por un deseo insaciable de poseer. Este egoísmo y este deseo contaminan el entorno aún más y antes que cualquier otra contaminación, que no es más que su consecuencia. [...] Si descubrimos que toda la creación es regalo de un Padre que nos quiere, será mucho más fácil establecer una relación armoniosa con la naturaleza. Y si además descubrimos que este regalo es para todos los miembros de la familia humana -y no solo para unos cuantos-, pondremos más cuidado y respeto en algo que pertenece a la humanidad entera, presente y futura».

Leticia Magri

sábado, 2 de febrero de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 3 DE FEBRERO DEL 2019, 4º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)


«¿NO ES ESTE EL HIJO DE JOSÉ?»

 Lc. 4, 21-30

          En aquel tiempo, Jesús comenzó a decir en la sinagoga: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca. Y decían: «¿No es este el hijo de José?».
     Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».
     Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Otras lecturas: Jeremías 1, 4-5.17-19; Salmo 70; 1Corintios 12, 31-13.13

LECTIO:
        La escena del evangelio de este domingo nos sitúa a Jesús en la Sinagoga de Nazaret. Jesús, pasó por allí al poco tiempo y en su fugaz regreso descubrió la indiferencia llena del prejuicio de sus paisanos hacia su Persona. Puesto de pie, Jesús dirá aquella frase que se ha hecho célebre: nadie es profeta en su tierra.
   Los nazaretanos conocían a Jesús como se conoce a un paisano, a alguien del barrio… Recordaban de Jesús lo que habían visto en su juventud mientras crecían en el pueblo. Nosotros podemos recordar lo que hemos aprendido de homilías, sermones… Pero sólo conoce a Jesús quien se ha fiado de su palabra y quien ha quedado seducido por su presencia.
     Es hoy un día para desear conocer al Señor por dentro, desde el corazón que ora y que ama, desde el testimonio que narra con obras sencillas y cotidianas, el amor que le embarga y glorifica. Sólo así podemos decir que Jesús no es un extraño profeta en la tierra de nuestra vida, sino un Dios vecino, cuya casa tiene entraña y tiene hogar, una casa habitada, que abre las puertas de par en par. (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm – Arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     En esto consiste el ministerio profético de Jesús: en anunciar que ninguna condición humana puede constituirse en motivo de exclusión del corazón del Padre, y que el único privilegio a los ojos de Dios es el de no tener privilegios, el de no tener padrinos, de abandonarse en sus manos. (Papa Francisco)
    «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». El «hoy», proclamado por Cristo aquel día, vale para cada tiempo; resuena también para nosotros, recordándonos la actualidad y la necesidad de la salvación traída por Jesús a la humanidad. Dios viene al encuentro de los hombres y las mujeres de todos los tiempos y lugares en las situaciones concretas en las cuales estos estén. (Papa Francisco)
     También viene a nuestro encuentro. Es siempre Él quien da el primer paso: viene a visitarnos con su misericordia, a levantarnos del polvo de nuestros pecados; viene a extendernos la mano para hacernos levantar del abismo en el que nos ha hecho caer nuestro orgullo, y nos invita a acoger la consolante verdad del Evangelio y a caminar por los caminos del bien. Siempre viene Él a encontrarnos, a buscarnos. (Papa Francisco)

ORATIO:
   Gracias Señor por tu palabra. Es una palabra que me incomoda, por ir a lo profundo de mi ser. Me deja removido por dentro y cuestiona mi actuar como cristiano.

Hoy es el momento del encuentro con el Señor.
El pasado ya no está, el futuro vendrá,
lo único que tengo en mis manos es el presente, el hoy!

CONTEMPLATIO:
    En la sinagoga de Nazaret todo comienza con parabienes, la gente se quedaba admirada, boquiabierta, por las palabras de gracia que salían de los labios de Jesús, pero a los asistentes les costó aceptar la Verdad, que anunciaba: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír...”. Se sobresaltaron entonces y no quisieron oír más la voz de Dios, ni aceptar la misión salvadora que les presentó el Señor y pretendieron arrojarlo por el barranco de su pueblo. Desde luego que no tuvieron contemplaciones, ya que quisieron arreglar las cosas a su manera, con la violencia.
   El evangelista San Lucas terminó el relato resaltando la personalidad de Jesús, que les dijo mucho en pocas palabras: se ha acabado la espera, hoy es ya tiempo mesiánico, hoy es tiempo de salvación. ¿De dónde les viene el escándalo?, ¿por qué se enfurecen?... Así concluyó San Lucas: “Pero Jesús se abrió paso entre ellos y se alejaba”.
     En la sinagoga de Nazaret encendió Dios la Luz de su existencia, tuvo lugar la presentación del Salvador, el Hijo amado, al que hay que escuchar. Allí se vio la fuerza de Jesús, el ungido por el Espíritu Santo, que es capaz de transformar día a día nuestra existencia haciéndonos partícipes de su gracia(+ José Manuel Lorca Planes - Obispo de Cartagena)


   Había un pan que alimentaba a los ángeles, pero que no nos alimentaba a nosotros, haciéndonos, por tanto, miserables, porque toda criatura dotada de razón se siente hundida en la miseria si no es alimentada por este pan. Nosotros, por nuestra parte, estábamos tan débiles que no podíamos gustar en modo alguno este pan en toda su pureza. Había en nosotros una doble levadura: la mortalidad y la iniquidad. El Verbo, bueno y misericordioso, vio que nosotros no podíamos subir a él y, entonces, vino él a nosotros. Tomó una parte de nuestra levadura, se adaptó a nuestra debilidad… (Elredo de Rievaulx).

viernes, 1 de febrero de 2019

2 DE FEBRERO, JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA

“Padre nuestro. La vida consagrada presencia del amor de Dios ”


  Es el lema de la Jornada Mundial de la Vida Consagrada  que se celebra el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor en el templo. Un día de especial agradecimiento al Padre nuestro. Los obispos españoles desean recordar que “la vida consagrada es presencia del amor de Dios. Cada consagrado, con su vida y testimonio, nos anuncia que Dios Padre, es un Dios que ama con entrañas. Su Hijo Jesús nos enseñó una oración, el padrenuestro, que expresa la relación que Dios tiene con cada uno de nosotros, sus hijos y sus consagrados”.

     [] Los religiosos y religiosas han brotado en el jardín de la Iglesia como flores y frutos abundantes del Espíritu para la edificación del Cuerpo de Cristo y para el servicio de los más pobres en todas las naciones de la tierraQué sería de la Iglesia sin estas personas consagradas. También hoy tenemos necesidad de estos corazones que anteponen el amor de Cristo a cualquier otro interés.
     Oremos por las vocaciones a la vida consagrada, hoy más necesarias, porque escasean en nuestros ambientes. Hombres y mujeres, humildes y desconocidos en la mayoría de los casos, pero necesarios para prolongar el más fino espíritu evangélico en nuestra sociedad. Hombres y mujeres en virginidad y castidad perfecta, para amar sin fronteras a aquellos a los que son destinados. Hombres y mujeres sin alforja, sin túnica de repuesto, en pobreza y humildad, para mostrar al mundo el gran tesoro que es Dios. Hombres y mujeres en actitud de obediencia y humildad, en actitud de misión para ir donde haga falta, para gastar la vida por los demás en el nombre de Cristo. Benditos sean los pies y las manos de todos estos hombres y mujeres que configuran la vida de la Iglesia con su vida consagrada.

     Recibid mi afecto y mi bendición:(+ Demetrio Fernández-Obispo de Córdoba)

sábado, 26 de enero de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 27 DE ENERO DEL 2019, 3º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

«HOY SE HA CUMPLIDO ESTA ESCRITURA QUE ACABÁIS DE OÍR»


Lc 1.1-4; 4.14-21

     Ilustre Teófilo: Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto escribírtelos por su orden, ilustre Teófilo, después de investigarlo todo diligentemente desde el principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.
     Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
     Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
     «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos;  a proclamar el año de gracia del Señor».
     Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.  Y él comenzó a decirles: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Otras lecturas: Nehemías 8, 2-4a.5-6.8-10; Salmo 18; 1Corintios 12, 12-14.27

LECTIO:
     Lucas comienza su evangelio comunicando algo que es el corazón del Cristianismo: ha ocurrido un hecho, que no es una bella fábula, sino un acontecimiento. Hay testigos que lo han visto con sus ojos, lo han proclamado con sus labios.
     Se sitúa la escena en la sinagoga de Nazaret. Jesús, puesto en pie, lee una profecía especialmente querida y esperada por los fieles judíos: “el Espíritu del Señor está sobre mí, me ha ungido, me ha enviado para dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los prisioneros la libertad y a los ciegos la vista...”. El suceso viene a continuación, cuando devuelve el libro y ante la mirada de “toda la sinagoga que tenía los ojos fijos en él”, les dice: “Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír”.
    Sólo podremos entender a Jesús y alegrarnos de su anuncio, si éste nos trae una salvación real para nuestras prisiones, pobrezas y cegueras. Tendremos que reconocer, sin maquillaje ni ignorancias culpables, cuáles son las cosas que nos esclavizan, las que nos empobrecen y ciegan (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm – Arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     El evangelista Lucas antes de presentar el discurso programático de Jesús de Nazaret, resume brevemente la actividad evangelizadora… Jesús es diferente de los maestros de su tiempo.  Sale para predicar y enseñar por todas partes: en las sinagogas, por las calles, en las casas, siempre moviéndose. Jesús también es distinto de Juan el Bautista, quien proclama el juicio inminente de Dios, mientras que Jesús anuncia su perdón de Padre. (Papa Francisco)
     Evangelizar a los pobres: esta es la misión de Jesús, esta es también la misión de la Iglesia y de cada bautizado en la Iglesia. Anunciar el Evangelio con la palabra y, antes aún, con la vida, es la finalidad principal de la comunidad cristiana y de cada uno de sus miembros. Se nota aquí que Jesús dirige la Buena Nueva a todos, sin excluir a nadie, es más, privilegiando a los más lejanos, a quienes sufren, a los enfermos y a los descartados por la sociedad. (Papa Francisco)
   Podemos preguntarnos hoy, en nuestras comunidades parroquiales, en las asociaciones, en los movimientos, ¿somos fieles al programa de Cristo? La evangelización de los pobres, llevarles el feliz anuncio, ¿es la prioridad?... Se trata de ofrecer la fuerza del Evangelio de Dios que convierte los corazones, sana las heridas, transforma las relaciones humanas y sociales, de acuerdo a la lógica del amor. Los pobres, de hecho, están en el centro del Evangelio. (Papa Francisco)

ORATIO:
     Señor, que tenga el coraje de decirte como Isaías: "aquí estoy, envíame", que tu Palabra se actualice en mis labios y se cumpla en mis manos para consolar y curar…

Gracias Señor, por tu Palabra,
porque nos enseñas que lo más importante
es ir siempre a los más necesitados.

CONTEMPLATIO:
«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar…»

  Celebramos en este domingo la Jornada de la Infancia Misionera con el lema “Con Jesús a Belén. ¡Qué buena noticia!”. Es un lema muy alegre por dos motivos: por ir acompañados por el Niño Jesús y por transmitir su buena nueva llena de vida, ilusión y esperanza. La gran noticia misionera es que Dios se ha hecho pequeño, uno de nosotros, por amor a todos. Belén es el escenario donde estalla, como dice el papa Francisco, “la alegría del Evangelio”, que tiene que alcanzar a toda la tierra a través de nuestro anuncio.
      La solidaridad con los que más lo necesitan es una forma preciosa de manifestar el amor de Dios y de mostrar cómo nos queremos dentro de la gran familia que conformamos todos los hijos de Dios.  (+ Juan José Asenjo Pelegrina )
   Contempla: ¿Siento que soy  Buena Noticia? ¿Me he planteado que la vida está llena de demasiados  “silencios” ante los hermanos? Las personas que se relacionan conmigo. ¿Me perciben como transmisor de Buena Noticia para ellos?  


   A Jesús le correspondió leer un sábado estos versículos de Isaías en la sinagoga [] estaban espantados por el anuncio de que los versículos de Isaías pudieran cumplirse verdaderamente en su tiempo. Aunque una persona de fe pueda pedir a Dios que venga su Reino y se haga su voluntad, no por ello estará dispuesta a acoger el primero y la segunda. Aquí está el Mesías que consuela a los humildes y a los abatidos y libera a los prisioneros y a los siervos de sus cepos [] Estos versículos de Isaías, como muchos otros, ponen a prueba a las personas de fe: ¿están dispuestas a resistir la venida, el cumplimiento de los tiempos anunciados? Al final, pocos están dispuestos a creer que los versículos de Isaías son actuales. Pocos se comportarían de una manera diferente a los habitantes de Nazaret. Sin embargo, cada generación pasa rozando al Mesías, y corresponde sólo a los creyentes allanar su llegada (Enrico de Luca).


¿SE PUEDE APRENDER A ORAR?

     La oración no es una técnica y sin embargo es útil seguir determinadas reglas para que salga bien. Si mi mente divaga, si mi corazón está lleno de cosas mundanas, si mis afectos me hacen estar demasiado apegado a cosas que no son Dios, entonces me será difícil dedicarme por completo y con fruto a la oración.
     Hay que decir que la oración mental sí se puede aprender pero en cierto sentido cada día hay que volver a empezar. Por ello es muy importante no desanimarse porque a veces se tendrá la impresión del nadador que parece no moverse en el agua y que tiene la impresión de que nunca llegará a la orilla; y esto puede creer en el corazón desazón y descorazonamiento.
     Es muy conveniente conocerse para saber cuáles son los momentos del día en los que con mayor facilidad podemos entrar en oración. De modo normal en la mañana antes de ir al trabajo es un tiempo sereno y tranquilo o en la noche después del trajín del día. A veces incluso a mitad del día en alguna pausa del trabajo. Lo importante es saber ritmar nuestra vida de momentos de oración, hacerla presente en nuestra vida como el aire que respiramos: aprender a rezar antes y después de las comidas, a persignarse cuando se pasa delante de una iglesia, a dedicar un momento al día para leer la Palabra de Dios, a detenerse al medio día para rezar el Ángelus, a dedicar un momento de recogimiento antes de comenzar un trabajo, una actividad, un estudio.
     Algo que se puede ir aprendiendo, aunque con mucha paciencia es lo que se llama el recogimiento, es decir, esa actitud de la mente que sabe estar en paz consigo misma, que se prepara para dedicarse a pensar en Dios presente en el alma, a entrar dentro de sí mismos, a tener lo que se llama vida interior. El recogimiento va unido a una cierta compostura o actitud física externa que nos ayude a recordar que Dios está ahí: el cuerpo debe corresponder al fervor del espíritu.
     En definitiva, sí, la oración es un don divino, pero el hombre puede colaborar, puede ir aprendiendo el arte de orar, cada quien según su forma personal de ser, según su imaginación, su tipo de mente, su voluntad, su historia. Orar es algo muy personal. Existen consejos generales pero la mejor forma de aprender a orar es orando, decidiéndose a esa aventura de penetrar en el mundo de Dios, nuestro Creador, nuestro Señor y nuestro Padre.

La oración pide lo mejor de nosotros mismos

     Hemos dicho en las anteriores reflexiones que la oración es un don y es cierto. Sin Dios nada podemos hacer en el orden sobrenatural. Pero al mismo tiempo no menos verdadero es que Dios necesita de nuestra colaboración, del compromiso de nuestras facultades para hacer fructificar el tesoro de sus gracias.
     La oración es un acto humano. Pide la atención de nuestra mente, el empeño de nuestra voluntad, la participación de nuestros afectos, emociones y sentimientos. No podemos dejar que Dios haga sólo la obra de la oración. Los dones naturales y sobrenaturales que Él generosamente nos ha dado deben contribuir a forjar nuestro espíritu de oración. Hay que reconocer que hoy día vivimos en una cultura que nos inclina hacia lo superficial y fácil, a seguir la ley del mínimo esfuerzo y por ello la concentración en la oración, la profundidad de la misma, la atención se ven con frecuencias comprometidas.
     En la oración hemos de poner todo nuestro ser para que el Señor pueda hacer su obra en nosotros. Con frecuencia la falta de progreso en nuestra vida no depende tanto de la acción divina en nosotros, sino de una actitud nuestra más bien perezosa o poco dinámica en donde el Espíritu puede quedar sofocado porque ha caído la palabra divina en terreno poco profundo (Mt 13, 21). Por ello la oración exige lo mejor de nosotros mismos, lo mejor de nuestro tiempo, de nuestra inteligencia, de nuestra voluntad, de nuestros afectos y sentimientos. Ello exige de parte del hombre una continua purificación de sí mismo y de modo simultáneo una elevación de su ser hacia lo alto. Por ello se dice que la oración se reconoce en el rostro. La persona que ora, sin darse cuenta, se transfigura y también desde un punto de vista humano porque la oración requiere un trabajo sobre sí mismos que eleva al hombre en sus facultades y lo hace ser mejor persona.
     La colaboración que exige la oración puede llegar a elementos muy sencillos y prácticos. El Papa Francisco ha dicho que el amor es concreto. También la oración para que sea eficaz necesita a veces de cosas pequeñas que la van mejorando: anotar, escribir las luces o los puntos de la meditación, adoptar la postura física más conveniente, los momentos y lugares más apropiados.
     Todo esto es un acto de homenaje por nuestra parte al Dios Creador y Salvador con quien entramos en contacto en la oración. La obediencia de la fe que implica toda respuesta a Dios se manifiesta en la disponibilidad del alma a "presentar por la fe la sumisión plena de nuestra inteligencia y de nuestra voluntad al Dios que revela y entrar así en comunión íntima con El" (Cfr. CCC 154).

P. Pedro Barrajón, L.C.