TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

domingo, 22 de marzo de 2015

El Papa Francisco anuncia que la Iglesia celebrará un gran Año Jubilar dedicado a la Misericordia
   El Papa Francisco ha anunciado este viernes, 13 de marzo de 2015, en la Basílica de San Pedro, la celebración de un Año Santo extraordinario. Este Jubileo de la Misericordia comenzará el presente año con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica Vaticana durante la solemnidad de la Inmaculada Concepción, 8 de diciembre, y concluirá el 20 de noviembre de 2016 con la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo.
     El Santo Padre, al inicio del año, exclamó: “Estamos viviendo el tiempo de la misericordia. Este es el tiempo de la misericordia. Hay tanta necesidad hoy de misericordia, y es importante que los fieles laicos la vivan y la lleven a los diversos ambientes sociales. ¡Adelante!”
     El anuncio se ha realizado coincidiendo con el segundo aniversario de la elección del papa Francisco, durante la homilía de la celebración penitencial con la que el Santo Padre ha dado inicio a la 24 horas para el Señor, iniciativa propuesta por el Pontificio Consejo para la promoción de la Nueva Evangelización para promover en todo el mundo la apertura extraordinaria de las iglesias y favorecer la celebración del sacramento de la Reconciliación. El tema de este año ha sido tomado de la carta de San Pablo a los Efesios: “Dios rico en misericordia” (Ef 2,4).
     La apertura del próximo Jubileo adquiere un significado especial ya que tendrá lugar en el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, ocurrida en 1965. Será por tanto un impulso para que la Iglesia continúe la obra iniciada con el Vaticano II, ha informado la Oficina de Prensa de la Santa Sede en un comunicado.
     Durante el Jubileo las lecturas para los domingos del tiempo ordinario serán tomadas del Evangelio de Lucas, conocido como “el evangelista de la misericordia”. Dante Alighieri lo definía “scriba mansuetudinis Christi”, “narrador de la mansedumbre de Cristo”. Son bien conocidas las parábolas de la misericordia presentes en este Evangelio: la oveja perdida, la moneda extraviada, el padre misericordioso.
     El anuncio oficial y solemne del Año Santo tendrá lugar con la lectura y publicación junto a la Puerta Santa de la Bula, el Domingo de la Divina Misericordia, fiesta instituida por San Juan Pablo II que se celebra el domingo siguiente a la Pascua.
     Antiguamente, para los hebreos el jubileo era un año declarado santo, que recurría cada 50 años, y durante el cual se debía restituir la igualdad a todos los hijos de Israel, ofreciendo nuevas posibilidades a las familias que habían perdido sus propiedades e incluso la libertad personal. A los ricos, en cambio, el año jubilar les recordaba que llegaría el tiempo en el que los esclavos israelitas, llegados a ser nuevamente iguales a ellos, podrían reivindicar sus derechos. “La justicia, según la ley de Israel, consistía sobre todo en la protección de los débiles (S. Juan Pablo II, Tertio Millennio Adveniente 13).
      La Iglesia católica inició la tradición del Año Santo con el Papa Bonifacio VIII, en el año 1300. Este Pontífice previó la realización de un jubileo cada siglo. Desde el año 1475 – para permitir a cada generación vivir al menos un Año Santo – el jubileo ordinario comenzó a espaciarse al ritmo de cada 25 años. Un jubileo extraordinario, en cambio, se proclama con ocasión de un acontecimiento de particular importancia.
    Los Años Santos ordinarios celebrados hasta hoy han sido 26. El último fue el Jubileo del año 2000. La costumbre de proclamar Años Santos extraordinarios se remonta al siglo XVI. Los últimos de ellos, celebrados el siglo pasado, fueron el de 1933, proclamado por Pío XI con motivo del XIX centenario de la Redención, y el de 1983, proclamado por Juan Pablo II por los 1950 años de la Redención.
     La Iglesia católica ha dado al jubileo hebreo un significado más espiritual. Consiste en un perdón general, una indulgencia abierta a todos, y en la posibilidad de renovar la relación con Dios y con el prójimo. De este modo, el Año Santo es siempre una oportunidad para profundizar la fe y vivir con un compromiso renovado el testimonio cristiano.
     Con el Jubileo de la Misericordia, el papa Francisco pone al centro de la atención el Dios misericordioso que invita a todos a volver hacia Él. El encuentro con Él inspira la virtud de la misericordia.

     El rito inicial del jubileo es la apertura de la Puerta Santa. Se trata de una puerta que se abre solamente durante el Año Santo, mientas el resto de años permanece sellada. Tienen una Puerta Santa las cuatro basílicas mayores de Roma: San Pedro, San Juan de Letrán, San Pablo Extramuros y Santa María Mayor. El rito de la apertura expresa simbólicamente el concepto que, durante el tiempo jubilar, se ofrece a los fieles una “vía extraordinaria” hacia la salvación.
     Luego de la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro, serán abiertas sucesivamente las puertas de las otras basílicas mayores.

domingo, 15 de marzo de 2015

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 15 DE MARZO, 4º DE CUARESMA (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

«TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO…»
Jn.3.14-21
            En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
       Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.
       El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

Otras Lecturas: 2Crónicas 36,14-16.19-23; Salmo 136; Efesios 2,4-10

 LECTIO:
                El planeamiento que nos hace la Iglesia durante la cuaresma  tiene como base y presupuesto el hecho de que Dios nos ama, y nos ama de tal manera que su amor no tiene limites, nos ama plenamente, y la expresión máxima de su amor la tenemos en que nos envió a su propio Hijo, a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, que se hizo uno de nosotros, para redimirnos desde nuestra propia naturaleza, desde nuestra propia realidad.       
       En este pasaje San Juan nos muestra el amor de Dios, manifestándonos el amor infinito que Dios nos tiene que nos amó hasta tal punto de cambiar su propia naturaleza haciendo que su Hijo asumiera nuestra vida, haciéndose uno de nosotros, para así darnos su vida.  Él ha venido a llevarnos al Padre, a reconciliarnos con Él y en Él tener la plenitud de vida.
       Pero la vida de fe es un estilo de vida, es una manera de vivir, asumiendo la propuesta del Señor, que implica una opción y un compromiso. No es suficiente conocer cosas de Dios, sino que precisa, una decisión, una búsqueda de Dios y una aceptación de su propuesta de amor. Jesús ha venido para que lo conozcamos y lo sigamos y nos ha dejado su Palabra como expresión de su propuesta de vida.
       Nos estamos preparando para la Pascua del Señor. Este tiempo de cuaresma es tiempo de gracia que nos motiva a mirarnos a nosotros mismos para ver cómo estamos viviendo nuestro seguimiento y cómo estamos asumiendo la propuesta que el Señor nos hace. Profundicemos este pasaje que nos ayuda a conocer el corazón de Dios para ver su amor hacia nosotros y adherirnos a Él, buscándolo con todo el corazón.

MEDITATIO:                      
Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

 El amor con que Dios nos ama es un amor de predilección, un amor tangible, un amor que habla… ¿Qué alcance tiene para ti hoy recordar que Dios ama tanto al mundo que envía a su Hijo? ¿Captas el amor incondicional que Dios te tiene? ¿Te sientes anonadado de tanto amor?

Porque Dios no envió a su hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Dios que es vida no puede destruir lo que Él mismo ha creado. Sólo el que ama puede salvar, ¿percibes que ese amor se expresa en su entrega para que tengas vida? ¿Eres testigo entusiasta? ¿Cuál es tu respuesta a esta propuesta de amor por parte de Dios?

El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

 Quien vive la verdad de sí mismo y acoge su fragilidad no tiene temor de la luz, porque no tiene nada que esconder. ¿Recibes al Señor como Luz y Verdad? ¿Buscas acercarte a Jesús como la Luz de tu vida? ¿Sucumbes a la tentación de apartarte de la Luz por temor a que se descubran tus obras malas?
Conecta el mensaje de este evangelio con este párrafo del mensaje del Papa Francisco para la  Cuaresma: “…Si pedimos humildemente la gracia de Dios y aceptamos los límites de nuestras posibilidades, confiaremos en las infinitas posibilidades que nos reserva el amor de Dios. Y podremos resistir a la tentación diabólica que nos hace creer que nosotros solos podemos salvar al mundo y a nosotros mismos”.                                                                                                                                        
 ORATIO:
Dios mío gracias por tanto amor al que no soy capaz de responder con la fuerza que debía…

     Señor, te manifestaste en Jesús, a través de signos y palabras. Este amor del Padre no se ha encerrado en sí mismo, sino que se ha manifestado en la encarnación y en la entrega de su Hijo amado como la gran manifestación de amor: "tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en El, no perezca, sino que tenga vida eterna". Señor, que has sido levantado en la cruz para salvarnos. Al mirar a Jesús en la Cruz, las gentes crean, para que vivan en la luz y en la verdad, y no en tinieblas. Porque "has sido levantado en la Cruz para que todo el que crea tenga vida eterna". Ayuda a tu Iglesia para que anuncie a todos, y descubran que viniste a salvar y no para condenar.

Perdona mi poco esfuerzo, mi superficialidad, mis fracasos…
Conviérteme, Señor, en ti y a ti.

CONTEMPLATIO:
     La Cuaresma es momento para reflexionar sobre el corazón de nuestra vida cristina: la caridad… fijarnos en el Otro y en los otros, entender lo que salva, lo que hace feliz, lo que construye la verdadera vida…

“…así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”.

     Contemplar al “elevado”  debe ser para tu vida:
Contemplar la entrega, el camino transitado por Jesús que construye y salva al mundo.
Dejar el mundo de la injusticia, del egoísmo, el engaño… tener sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento…

Comprometerte a un camino de conversión acercándote a los sacramentos de la Reconciliación y Eucaristía.

sábado, 14 de marzo de 2015

Día del Seminario


     La vocación es cosa de Dios. También la vocación al sacerdocio ministerial. Él es quien llama y quien hace llegar su llamada al corazón humano. Él es quien da oídos para escucharla y fuerza para responder. Él es quien sostiene en la fidelidad a quienes le siguen. Por eso, ante toda vocación que viene de Dios, toda la Iglesia debe orar, pedir, levantar las manos a Dios, pidiéndole que envíe muchos y santos sacerdotes a su Iglesia.
     La respuesta a esa vocación es cosa del hombre, ayudado por la gracia de Dios. Dios deja libre al hombre para que responda o no, para que siga la llamada o dé la espalda a la misma, como hiciera el joven rico. Y nuestra oración va dirigida a Dios, teniendo presentes a todos los llamados para que respondan fielmente a esa llamada y se mantengan fieles en este santo servicio.
     "¿Qué mandáis hacer de mí?" es una frase de Santa Teresa de Jesús, a quien recordamos especialmente en este V centenario de su nacimiento. Es una frase que expresa esa disponibilidad ante la llamada de Dios, y que ella cumplió a la perfección. "Vuestra soy, para vos nací, ¿qué mandáis hacer de mí?". Teresa de Jesús tuvo sus crisis, sus dificultades, sus pecados e infidelidades, pero su sí al Señor cada vez fue más grande, hasta rendirse del todo a Jesús, su amor y su todo. Es un buen ejemplo para todo cristiano, y también para todo sacerdote o para quien es llamado a serlo.
     La campaña vocacional que en torno a la fiesta de san José nos propone la Iglesia cada año tiene como objetivo despertar en el corazón de todos la necesidad de tener sacerdotes para la diócesis de Córdoba y para la Iglesia universal. Jesucristo fundó su Iglesia sobre el cimiento de los Apóstoles y sus colaboradores, y los ordenados por el sacramento del Orden son necesarios para que esta Iglesia subsista por los siglos de los siglos, y permanezca en nuestra diócesis de Córdoba. Se trata de una cuestión vital y de primerísima necesidad. Por eso, estamos seguros que nuestra oración será escuchada, si pedimos insistentemente por las vocaciones al sacerdocio ministerial.
     Es preciso crear un clima vocacional, de manera que un niño, un adolescente, un joven pueda percibir con nitidez la llamada de Dios y pueda responder sin mayores dificultades, porque estamos seguros que Dios sigue llamando a muchos, pero hay interferencias en la comunicación y a veces no llega esa llamada, y hay obstáculos insalvables que dificultan la respuesta adecuada. La llamada al sacerdocio suele encarnarse en un sacerdote concreto, a quien ese joven conoce directamente. "Quiero ser cura como tú", es la experiencia más frecuente en los que son llamados. Por eso, queridos sacerdotes, qué tremenda responsabilidad en este campo de las vocaciones al sacerdocio. Examinemos si nuestra vida es transparencia de Cristo buen pastor, examinemos si vivimos nuestra vida en el gozo del evangelio, examinemos si un niño o un joven puede entusiasmarse con nuestra manera de vivir.
     La llamada suele darse en un contexto cristiano, fervoroso en la fe, estimulante en el seguimiento de Cristo y en el servicio a los demás. Muchas veces es la misma familia, que ha sabido trasmitir la fe a sus hijos y ha expresado tantas veces el aprecio por la vida sacerdotal, en relación con sacerdotes concretos que se hacen presentes en el hogar. Otras veces es la parroquia, el entorno del cura párroco, el grupo de monaguillos, la cercanía a las cosas del altar. Otras, el grupo de jóvenes, que vive una vida cristiana sana, eclesial, de exigencia en el seguimiento de Cristo, de entrega a los demás. En ese grupo surgen todas las vocaciones: al matrimonio, a la vida consagrada, al sacerdocio. Qué importante es que los grupos juveniles tengan una sólida vida cristiana, porque de ahí brotarán todo tipo de vocaciones, también al sacerdocio ministerial. No faltan vocaciones que brotan del encuentro personal con Cristo en situaciones chocantes y contrarias: la muerte de un ser querido, un fracaso aparente, un revés en la vida. Dios se sirve de todo para golpear el corazón de una persona y decirle: "Tú, sígueme".
     En todos los casos, cada vocación es como un milagro de Dios. Y en nuestra diócesis hay vocaciones al sacerdocio, hay muchos milagros de Dios. Damos gracias a Dios por ello, pedimos para que los formadores del Seminario ayuden en el discernimiento y en el seguimiento y, particularmente acompañamos a los que serán ordenados en los próximos meses: 6 nuevos sacerdotes. El Señor está grande con nosotros, y estamos alegres.
Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba




MARZO 2015
«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga» (Mc 8,34).
Durante su viaje al norte de Galilea, por los pueblos en torno a la ciudad de Cesarea de Filipo, Jesús pregunta a sus discípulos qué piensan de él. Pedro confiesa en nombre de todos que él es el Cristo, el Mesías esperado desde hace siglos. Para evitar equívocos, Jesús explica claramente cómo pretende llevar a cabo su misión. Liberará a su pueblo, pero de un modo inesperado, pagando con su persona: deberá sufrir mucho, ser reprobado, ejecutado y, al cabo de tres días, resucitar. Pedro no acepta esta visión del Mesías -como tantos otros de su tiempo, se imaginaba una persona que actuaría con poder y fuerza derrotando a los romanos y poniendo a la nación de Israel en el lugar que le correspondía en el mundo- e increpa a Jesús, quien a su vez lo reprende: «¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!» (cf. 8, 31-33).
Jesús se pone de nuevo en camino, esta vez hacia Jerusalén, donde se cumplirá su destino de muerte y resurrección. Ahora que sus discípulos saben que va para morir, ¿querrán seguir con él? Las condiciones que Jesús pide son claras y exigentes. Convoca a la muchedumbre y a sus discípulos en torno a él y les dice:
«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».
Se habían quedado fascinados por él, el Maestro, cuando había pasado por las orillas del lago mientras echaban las redes para pescar o estaban en el mostrador de los impuestos. Sin dudado habían dejado barcas, redes, mostrador, padre, madre, casa y familia para ir detrás de él. Lo habían visto hacer milagros y habían oído de él palabras de sabiduría. Hasta aquel momento lo habían seguido llenos de alegría y entusiasmo.
Sin embargo, seguir a Jesús resultaba ser una tarea aún más comprometida. Ahora se veía claramente que significaba compartir plenamente su vida y su destino: el fracaso y la hostilidad, incluso la muerte, ¡y vaya muerte! La más dolorosa, la más infamante, la que estaba reservada a los asesinos y a los delincuentes más despiadados. Una muerte que las Sagradas Escrituras tildaban de «maldita» (cf. Dt 21, 23). Ya solo el nombre de la «cruz» infundía terror, era casi impronunciable. Es la primera vez que esta palabra aparece en el Evangelio. Qué impresión habrá dejado en quienes lo escuchaban.
Ahora que Jesús ha afirmado claramente su identidad, puede mostrar con la misma claridad la de sus discípulos. Si el maestro es el que ama a su pueblo hasta morir por él, cargando con la cruz, también sus discípulos, para serlo, deberán dejar de lado su modo de pensar para compartir totalmente el camino de su maestro, comenzando por la cruz:
«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».
Ser cristianos significa ser otros Cristo: tener «los sentimientos propios de Cristo Jesús», el cual «se humilló a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2, 5.8); ser crucificados con Cristo, hasta poder decir con Pablo: «no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí» (Ga 2, 20); no saber «cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Co 2, 2). Jesús sigue viviendo, muriendo y resucitando en nosotros. Es el deseo y la ambición más grande del cristiano, la que ha forjado grandes santos: ser como el Maestro. Pero ¿cómo seguir a Jesús para llegar a ser así?
El primer paso es «negarse uno mismo», distanciarme de mi propio modo de pensar. Era el paso que Jesús le había pedido a Pedro cuando le reprochaba que pensase como los hombres y no como Dios. También nosotros, como Pedro, a veces queremos afirmamos de manera egoísta, o por lo menos siguiendo nuestros criterios. Buscamos el éxito fácil e inmediato, exento de cualquier dificultad, miramos con envidia a los que prosperan, soñamos con tener una familia unida y con construir en torno a nosotros una sociedad fraterna y una comunidad cristiana sin tener que pagar caro por ello.
Negarse uno mismo significa entrar en el modo de pensar de Dios, el que Jesús nos indicó con su modo de actuar: la lógica del grano de trigo, que debe morir para dar fruto, de encontrar más alegría en dar que en recibir, de ofrecer la vida por amor; en una palabra, de cargar cada uno con su cruz.
«El que quiera venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga».
La cruz -la de «cada día», como dice el Evangelio de Lucas (9, 23)- puede tener mil caras: una enfermedad, el quedarse sin trabajo, la incapacidad de gestionar los problemas familiares o profesionales, la sensación de fracaso por no saber crear relaciones auténticas, la sensación de impotencia ante los grandes conflictos mundiales, la indignación por los escándalos recurrentes en nuestra sociedad... La cruz no hay que buscarla; nos sale al encuentro por sí sola, y precisamente cuando menos lo esperamos y de un modo que nunca nos habríamos imaginado.
Jesús nos invita a «cargar» con ella en lugar de sufrirla con resignación como un mal inevitable, de dejar que nos caiga encima y nos aplaste, o incluso de soportarla de modo estoico y desprendido. Más vale acogerla como un modo de compartir su cruz, como posibilidad de ser sus discípulos incluso en esa situación y de vivir en comunión con él también en ese dolor, porque él fue el primero en compartir nuestra cruz. Porque cuando Jesús cargó con la cruz, con ella tomó sobre sus hombros todas nuestras cruces. En cualquier dolor, tenga el rostro que tenga, podemos, pues, encontrar a Jesús, que ya lo ha hecho suyo.
Así ve Igino Giordani la inversión del papel de Simón de Cirene, que lleva la cruz de Jesús: la cruz «pesa menos si Jesús hace de Cireneo con nosotros». Y pesa aún menos, continúa, si la llevamos juntos. «Una cruz llevada por una criatura, al final aplasta; llevada juntos por varias criaturas teniendo en medio a Jesús o tomando como Cireneo a Jesús, se vuelve ligera: yugo suave. Una escalada en cordada, entre muchos, concordes, se convierte en una fiesta, y a la vez procura una ascensión»[1].
Así pues, tomar la cruz para llevada con él, sabiendo que no la llevamos solos porque él la lleva con nosotros, es relación, es pertenencia a Jesús, hasta la plena comunión con él, hasta convertimos en otros él. Así es como seguimos a Jesús y nos convertimos en auténticos discípulos. Entonces la cruz será de verdad para nosotros, como para Cristo, «fuerza de Dios» (1 Co 1, 18), camino de resurrección. Encontraremos la fuerza en cada debilidad, la luz en cada oscuridad, la vida en cada muerte, porque encontraremos a Jesús.
Fabio Ciardi 

[1] I. Giordani, La divvina aventura, Cittá Nuova, Roma 1966, pp. 149ss. 

viernes, 6 de marzo de 2015

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 8 DE MARZO, 3º DE CUARESMA (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

EL CELO DE TU CASA ME DEVORA
Jn. 2.13-25
            Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:
       «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora».
       Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré».
       Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo.
       Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús.
       Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Otras Lecturas: Éxodo 20,1-3.7-8.12-17; Salmo 18; 1Corintios 1,22-25

LECTIO:
                Acompañado de sus discípulos, Jesús sube por primera vez a Jerusalén para celebrar las fiestas de Pascua. Se encuentra con vendedores de bueyes, ovejas y palomas ofreciendo a los peregrinos los animales que necesitan para sacrificarlos a Dios. Cambistas instalados en sus mesas traficando con el cambio de monedas paganas por la única moneda oficial aceptada por los sacerdotes.
       Jesús se llena de indignación. El narrador describe su reacción de manera muy gráfica: con un látigo saca del recinto sagrado a los animales, vuelca las mesas de los cambistas echando por tierra sus monedas, grita: «No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre».
       Jesús se siente como un extraño en aquel lugar. Lo que ven sus ojos nada tiene que ver con el verdadero culto a su Padre. La religión del Templo se ha convertido en un negocio donde los sacerdotes buscan buenos ingresos, y donde los peregrinos tratan de "comprar" a Dios con sus ofrendas. Jesús recuerda seguramente unas palabras del profeta Oseas que repetirá más de una vez a lo largo de su vida: «Así dice Dios: Yo quiero amor y no sacrificios».
       Aquel Templo no es la casa de un Dios Padre en la que todos se acogen mutuamente como hermanos y hermanas. Jesús no puede ver allí esa "familia de Dios" que quiere ir formando con sus seguidores. Aquello no es sino un mercado donde cada uno busca su negocio.
       Jesús no está condenando una religión primitiva, poco evolucionada. Su crítica es más profunda. Dios no puede ser el protector y encubridor de una religión tejida de intereses y egoísmos. Dios es un Padre al que solo se puede dar culto trabajando por una comunidad humana más solidaria y fraterna.
       Casi sin darnos cuenta, todos nos podemos convertir hoy en "vendedores y cambistas" que no saben vivir sino buscando solo su propio interés. Estamos convirtiendo el mundo en un gran mercado donde todo se compra y se vende.
       Hemos de hacer de nuestras comunidades cristianas un espacio donde todos nos podamos sentir en la «casa del Padre». Una casa acogedora y cálida donde a nadie se le cierran las puertas, donde a nadie se excluye ni discrimina. Una casa donde aprendemos a escuchar el sufrimiento de los hijos más desvalidos de Dios y no solo nuestro propio interés. Una casa donde podemos invocar a Dios como Padre porque nos sentimos sus hijos y buscamos vivir como hermanos.

   MEDITATIO:                  
     “Quitad eso de aquí…” Si hoy Jesús viniera nuevamente y entrara en nuestras comunidades, ¿qué actitud tendría?, ¿expulsaría a alguien o alguno?, ¿por qué?
Jesús rechaza una religión sin fe, sin amor, sin espiritualidad…En la iglesia, en tu comunidad, ¿existen algunos aspectos que daría la impresión o la apariencia de ser un mercado?, ¿a qué se debe?, ¿qué hacer en esas circunstancias? ¿Qué necesitamos para dar mayor credibilidad y transparencia a nuestra vida de fe y a nuestra comunidad?
Los templos vivos donde Dios habita son las personas. Hoy estamos empeñados en convertir al hombre en un mercado y lo único que se le quiere ofrecer es todo aquello que se centra en el poder, en el tener. Los valores desaparecen, da la sensación de que todo vale y reducimos al hombre a su mínima expresión. ¿qué sentimientos y que reacción provocan en ti estas afirmaciones?
En este tiempo de cuaresma, ¿a qué te compromete la actitud de Jesús en el templo?, ¿puedes hacer para actuar como Él?                                                                  
ORATIO:
Perdona, Señor, porque hago un mercado de la casa del Padre…
acudiendo a Dios solo cuando tengo necesidad,

     ¡Oh Padre!, tú has constituido a tu Hijo Jesús templo nuevo de la nueva y definitiva alianza, construido no por manos de hombre sino del Espíritu Santo. Haz que, acogiendo con fe su Palabra, vivamos en Él y podamos así adorarte en espíritu y verdad. Abre nuestros ojos a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas que son miembros del cuerpo de Cristo para que sirviendo a ellos te demos el verdadero culto que tú deseas.
pensando solo en mi mismo,
siendo indiferente a los que necesitan ayuda,
no viendo las necesidades del tengo al lado…

CONTEMPLATIO:
     Interioriza este texto del mensaje del Cuaresma del Papa Francisco: “El cristiano es aquel que permite que Dios lo revista de su bondad y misericordia, que lo revista de Cristo, para llegar a ser como Él, siervo de Dios y de los hombres”. ¿Cómo puedes dar respuesta a “Quien es de Cristo pertenece a un solo cuerpo y en Él no se es indiferente hacia los demás. ‘Si un miembro sufre, todos sufren con él; y si un miembro es honrado, todos se alegran con él’”
Ejercicios de Cuaresma:
 limosna, oración, ayuno


Hermanos míos: 
    Nuestro ayuno tiene hambre y tiene sed si no se nutre de bondad, si no se sacia de misericordia. Nuestro ayuno tiene frío, nuestro ayuno falla, si la cabellera de la limosna no lo cubre, si el vestido de la compasión no lo envuelve. Hermanos, lo que la primavera es para la tierra, la misericordia lo es para el ayuno: el viento suave de la primavera hace florecer todos los brotes de las llanuras; la misericordia del ayuno siembra nuestras semillas hasta la floración, éstas dan fruto hasta la recolecta celestial.

     Lo que el aceite es para la lámpara, la bondad lo es para el ayuno. Como la grasa del aceite mantiene encendida la luz de la lámpara y la hace brillar para consuelo de todos en la noche, así también la bondad hace resplandecer el ayuno: desprende rayos hasta que alcanza el esplendor pleno de la continencia. Lo que el sol es para el día, la limosna lo es para el ayuno: el esplendor del sol aumenta la plenitud del día, disipa la oscuridad de la noche; la limosna acompaña al ayuno santificando la santidad y, gracias a la luz de la bondad, purifica nuestros deseos de todo lo que podría ser mortífero. 
    En una palabra: lo que el cuerpo es para el alma, la generosidad lo es para el ayuno: cuando el alma se retira del cuerpo, le ocasiona la muerte; si la generosidad se aleja del ayuno, es su muerte.
SAN PEDRO CRISÓLOGO
Obispo de Rávena; con su vida santa y la elocuencia de su palabra ganó numerosas conversiones (Ca. 380-Ca. 450)

CONVOCANDO VIGILIA MENSUAL

AVISO PARA ADORADORAS/ES DEL TURNO NÚM. 5 DE MARÍA AUXILIADORA Y SAN JOSÉ
IGLESIA DE SAN JOSÉ - Cádiz  Extramuros

REUNIÓN PREPARATORIA,  LUNES 9 DE MARZO, A LAS 19,00 HORAS EN EL TEMPLO PARROQUIAL, JUNTO A TODOS LOS GRUPOS PARROQUIALES CON OCASIÓN DE LAS CHARLAS CUARESMALES PROGRAMADAS.
        (CONTINUANDO LAS MISMAS  LOS DÍAS 10,11 Y 12 A LA MISMA HORA Y LUGAR)

VIGILIA DE ADORACIÓN MARTES 10 DE MARZO, EN EL TEMPLO PARROQUIAL, Y A LAS 20,00 HORAS  JUNTO CON LA SANTA MISA.
(A continuación de la charla Cuaresmal)


¡Cuántas veces, Señor, me habéis llamado,
y cuántas con vergüenza he respondido,
desnudo como Adán, aunque vestido
                         de las hojas del árbol del pecado.           (Lope de Vega)



     Misa y Vigilia aplicadas por todos los adoradores y familiares del Turno así como por las vocaciones sacerdotales dentro del mes en que celebramos el día del Seminario.


domingo, 1 de marzo de 2015

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 1 DE MARZO, 2º DE CUARESMA EN EL DÍA DE HISPANOAMÉRICA

« ÉSTE ES MI HIJO AMADO… ESCUCHADLO»

Mc. 9. 2-10
     En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.
     Entonces Pedro le dijo a Jesús: "Maestro, ¡Qué bien estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra Moisés y otra para Elías". En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.
Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: "Éste es mi Hijo amado, escuchadlo". En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.
     Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de "resucitar de entre los muertos".


Otras Lecturas: Génesis 22,1-2.9-13.15-18; Salmo 115; Romanos 8,31b-34

LECTIO:
                Saber quien es Jesús para nosotros es absolutamente vital. Los evangelios nos introducen de manera gradual en la identidad del Señor, para ayudarnos a conocerlo y reconocerlo, como lo ha hecho Pedro, dándolo a conocer como el Cristo, el Hijo de Dios vivo hecho carne, el que comparte con el Padre y el Espíritu Santo la misma divinidad, la misma gloria y el mismo poder.
       Esta manifestación del Señor Jesús es algo que en los evangelios encontramos de diversas maneras, ya sea por medio de los milagros que Jesús hacía para manifestar su autoridad sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre la muerte… Pero entre todas estas manifestaciones encontramos un testimonio que es en sí mismo elocuente por el significado que tiene como es el relato de la transfiguración, donde Jesús manifiesta a algunos de sus discípulos su gloria, dándose a conocer a sí mismo.
       Este relato adquiere toda su justa relevancia en el testimonio que el Padre da  de Jesús cuando dice: “…este es mi Hijo, el amado…” (9,7). Es la confirmación de su identidad, de Jesús que nos ayuda a tener la certeza de que Aquel a quien seguimos es en verdad el Hijo de Dios vivo y verdadero.      
       El testimonio del Padre nos  muestra que el creer en Jesús implica un estilo de vida. La palabra del Padre está dirigida a cada uno de nosotros, “…escuchadlo…”. Es como  el nuevo mandamiento que nos deja el Padre, pues como cristianos, debemos escuchar a Jesús, seguir su camino, imitarlo y darlo a conocer. El Padre hace de Jesús el nuestro único y verdadero interlocutor para llegar a Él, reduciendo todas las enseñanzas de la antigua Ley en el Señor Jesús, que es la plenitud de la revelación y la manifestación plena del amor de Dios hacia nosotros.

 MEDITATIO:                                        
     A los primeros discípulos no les fue fácil entender que Jesús moriría en la cruz. Por eso los hizo subir al monte de la transfiguración, para que vieran, escucharan y experimentaran lo que les esperaba al final del camino. Hoy el Señor te invita a ti a tener la misma experiencia.
Estamos llamados a transfigurarnos por la acción del Señor. La sociedad, el mundo, y nosotros en él, se transformará cada vez que aceptemos la voz del Padre en su Hijo, cuando escuchamos su Palabra y la llevamos a la vida. ¿Qué puedes hacer para que tu vida cada vez más transparente la de Jesús?
Aceptar las palabras de Jesús, es una invitación a transfigurarnos, a transformarnos y salir al mundo a hacer el bien. ¿Has tenido alguna transfiguración en tu vida? ¿Cómo te ayuda la experiencia de la transfiguración para asumir mejor tu misión? ¿Cómo transfigurar hoy tu vida personal, familiar y comunitaria?
¿Cómo vives en tu vida personal, «Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo»? ¿En verdad escuchas a Jesús en todos los momentos de tu vida? Tal vez escucharlo signifique dejar un estilo de vida, una instalación, ser más generoso, preocuparte por los demás…
La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan. Dios no es indiferente al mundo, sino que lo ama hasta el punto de dar a su Hijo por la salvación de cada hombre.   
                                                                                                                                                                       
ORATIO:
     En el camino de la Cuaresma, Jesús se nos muestra también transfigurado a nosotros. Es una llamada para que aprendamos a descubrir su presencia en el camino del seguimiento y para que vivamos con esperanza estos días de conversión.
Hagamos tres tiendas, Señor, y lléname de Ti.
     Tú, Buen Jesús, eres el hijo predilecto y el más querido, nos haces descubrir en Dios un Padre Bueno y lleno de Amor que nos ha manifestado que nos quiere, dándonos lo mejor que tiene, a su propio Hijo y pidiéndonos que le obedezcamos. Gracias, Padre Bueno, porque así te ha parecido bien, revelarnos en Cristo Jesús el amor que le tienes y en Él revelarnos que nos quieres y que quieres que seamos obedientes.
Hagamos tres tiendas y muéstrame al Padre
Hagamos tres tiendas, Señor, y…

CONTEMPLATIO:
     La Cuaresma es un tiempo de renovación para la Iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un «tiempo de gracia». Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes.
     Jesús es el esplendor del Padre, la luz que ilumina a toda persona, la imagen perfecta del hombre nuevo, de la mujer nueva. ¿Mi fe en Jesús, me ha regalado ya algún momento de transfiguración y de intensa alegría? ¿Cómo me han dado fuerza estos momentos de alegría en los momentos de dificultad?
«Maestro, ¡qué bien se está aquí!»

     Contempla como el Padre te dice, “tú eres mi hijo amado…”, ¿cómo te sientes?, ¿qué espera Él de ti?, ¿qué le dices?
“…escuchadlo” “Escuchar” lo que supone hoy ser su hijo, ser llamado al amor, ser destinado a dar vida. “Escucharlo” es dejar que resuene en ti la voz de Jesús. “Escucharlo” supone la valentía de “guardar silencio” anta Dios, un silencio lleno de sentido y esperanza… esperanza en la Pascua que se ha de realizar en cada uno de nosotros.