«QUIERO: QUEDA LIMPIO»
Mc. 1.
40-45
En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso,
suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió
la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó
inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se
lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece
por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo
que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera,
en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.
Otras
Lecturas: Levítico 13,1-2.44-46; Salmo 31; Corintios 10,31-11.1
LECTIO:
Este
Evangelio nos habla de la curación por Jesús de un leproso. En tiempos de Jesús, al leproso no sólo se
le consideraba un enfermo, sino además un pecador, castigado con la lepra por
su pecado. Tenía que apartarse de su familia y de la sociedad, para vivir entre
los leprosos, marginado de todo trato social.
Las leyes prohibían acercarse al leproso y el que lo hacía
quedaba “contaminado” por la lepra y por el pecado.
San
Marcos al narrarnos la curación del leproso, lo presenta como una liberación
total del mal y del pecado y además la reintegración a la
sociedad civil y religiosa.
“Compadecido…” Lo que mueve a Jesús a acercarse al leproso es la
compasión. Es el amor de Dios que se conmueve ante el dolor y la marginación de
la persona. El gesto de Jesús nace de su amor liberador que rompe las leyes
injustas de la marginación social y la
mentalidad religiosa de aquel tiempo, que miraba al leproso como un pecador,
castigado por Dios por los pecados que había cometido.
La curación de la lepra era signo de los
tiempos mesiánicos. Había llegado el Mesías, y todos los hombres eran
reintegrados a la sociedad y quedaban limpios del pecado.
El leproso curado, a
pesar del mandato de Jesús, no oculta su alegría y pregona entusiasmado su
cambio de vida, su nueva regeneración, su dignidad de persona.
Jesús sufre las consecuencias de esta
“buena noticia” que difunde el leproso curado. No puede estar abiertamente en
ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares solitarios. Jesús asume las
consecuencias de enfrentarse a unas leyes injustas. Es el “Mesías oculto” incomprendido por las
autoridades políticas y religiosas.
MEDITATIO:
El leproso se acerca a Jesús y le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”.
■ ¿Te acercas a
Jesús para pedirle que te limpie y sane? ¿Cuáles son tus “lepras” hoy, las de tu ambiente,
las de la sociedad…?
Jesús viene a romper las barreras de la
injusticia y la discriminación entre las personas. Dios no quiere personas que
vivan esclavas y con temor. Nos ha creado para que, siendo sus hijos, vivamos
en alegría y en libertad.
■ ¿Qué implican para ti hoy las palabras de Jesús: “Quiero: queda limpio”?
Dios se manifiesta en Jesús como el
“compasivo” que sintoniza con nuestro dolor, que sufre con el que sufre, que
está al lado del que lo necesita.
■ ¿Percibes con claridad que Jesús tiene compasión de ti, de tus infidelidades, de tus promesas no
cumplidas, de…?
ORATIO:
Señor,
si quieres… Tú puedes…
Hay
tantas cosas que me gustaría dejar en tus manos.
Señor Jesús, te damos gracia por tu
Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu
ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu
Palabra nos ha hecho ver.
Señor,
tú quieres y yo quiero…
que
te manifieste y te reconozca en mi vida…
Tú, Señor, siempre estás dispuesto
a acercarte, a tocarnos con tu mano, con tu amor, porque tienes entrañas de
misericordia, a todo aquel que, con fe, es capaz de decirte: "Si quieres,
puedes curarme". Eres el Dios con nosotros, siempre dispuesto a decirnos:
"Quiero; queda limpio".
CONTEMPLATIO:
Contempla como Jesús se acerca al leproso,
extiende su mano, le toca y le dice:
«Quiero: queda limpio».
Jesús hace lo mismo contigo y te
dice: siéntete curado, perdonado, redimido, amado… Jesús va por la vida
haciendo el bien a todos, sobre todo, a aquellos que le suplican con fe y
confianza. Se compadece de los humillados, de los enfermos… y les devuelve la
dignidad como personas y como hijos de Dios. En nuestra sociedad hay otros
“leprosos”: sin trabajo, marginados, incomprendidos… ¿qué
sientes y puedes hacer por ellos?
Con la humildad del leproso
curado interioriza y repite pausadamente, los cuatro verbos que expresan lo que
Jesús hizo con él:
Señor, tú puedes
sanarme…curarme…limpiarme…purificarme…
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