TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

domingo, 15 de febrero de 2015

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 15 DE FEBRERO, 6º DEL TIEMPO ORDINARIO

«QUIERO: QUEDA LIMPIO»

Mc. 1. 40-45
            En aquel tiempo se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme». Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo: «Quiero: queda limpio». La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio. Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio». Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Otras Lecturas: Levítico 13,1-2.44-46; Salmo 31; Corintios 10,31-11.1

LECTIO:
                Este Evangelio nos habla de la curación por Jesús de un leproso.  En tiempos de Jesús, al leproso no sólo se le consideraba un enfermo, sino además un pecador, castigado con la lepra por su pecado. Tenía que apartarse de su familia y de la sociedad, para vivir entre los leprosos, marginado de todo trato social.
       Las leyes prohibían acercarse al leproso y el que lo hacía quedaba “contaminado” por la lepra y por el pecado.
      San Marcos al narrarnos la curación del leproso, lo presenta como una liberación total del mal y del pecado y además la reintegración a la sociedad civil y religiosa.
      Compadecido…” Lo que mueve a Jesús a acercarse al leproso es la compasión. Es el amor de Dios que se conmueve ante el dolor y la marginación de la persona. El gesto de Jesús nace de su amor liberador que rompe las leyes injustas de la marginación social y la mentalidad religiosa de aquel tiempo, que miraba al leproso como un pecador, castigado por Dios por los pecados que había cometido.
       La curación de la lepra era signo de los tiempos mesiánicos. Había llegado el Mesías, y todos los hombres eran reintegrados a la sociedad y quedaban limpios del pecado.
       El leproso curado, a pesar del mandato de Jesús, no oculta su alegría y pregona entusiasmado su cambio de vida, su nueva regeneración, su dignidad de persona.    
     Jesús sufre las consecuencias de esta “buena noticia” que difunde el leproso curado. No puede estar abiertamente en ninguna ciudad. Tenía que quedarse fuera, en lugares solitarios. Jesús asume las consecuencias de enfrentarse a unas leyes injustas. Es el “Mesías oculto” incomprendido por las autoridades políticas y religiosas.

 MEDITATIO:               
     El leproso se acerca a Jesús y le dice: “Si quieres, puedes limpiarme”.
¿Te acercas a Jesús para pedirle que te limpie y sane? ¿Cuáles son tus “lepras” hoy, las de tu ambiente, las de la sociedad…?
   Jesús viene a romper las barreras de la injusticia y la discriminación entre las personas. Dios no quiere personas que vivan esclavas y con temor. Nos ha creado para que, siendo sus hijos, vivamos en alegría y en libertad.
¿Qué implican para ti hoy las palabras de Jesús: “Quiero: queda limpio”?
     Dios se manifiesta en Jesús como el “compasivo” que sintoniza con nuestro dolor, que sufre con el que sufre, que está al lado del que lo necesita.
¿Percibes con claridad que Jesús tiene  compasión de ti, de tus infidelidades, de tus promesas no cumplidas, de…?                       

ORATIO:
Señor, si quieres… Tú puedes…
Hay tantas cosas que me gustaría dejar en tus manos.

     Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho ver.
Señor, tú quieres y yo quiero…
que te manifieste y te reconozca en mi vida…

     Tú, Señor, siempre estás dispuesto a acercarte, a tocarnos con tu mano, con tu amor, porque tienes entrañas de misericordia, a todo aquel que, con fe, es capaz de decirte: "Si quieres, puedes curarme". Eres el Dios con nosotros, siempre dispuesto a decirnos: "Quiero; queda limpio".

CONTEMPLATIO:
     Contempla como Jesús se acerca al leproso, extiende su mano, le toca y le dice:
«Quiero: queda limpio».
     Jesús hace lo mismo contigo y te dice: siéntete curado, perdonado, redimido, amado… Jesús va por la vida haciendo el bien a todos, sobre todo, a aquellos que le suplican con fe y confianza. Se compadece de los humillados, de los enfermos… y les devuelve la dignidad como personas y como hijos de Dios. En nuestra sociedad hay otros “leprosos”: sin trabajo, marginados, incomprendidos… ¿qué sientes y puedes hacer por ellos?
     Con la humildad del leproso curado interioriza y repite pausadamente, los cuatro verbos que expresan lo que Jesús hizo con él:
Señor, tú puedes sanarme…curarme…limpiarme…purificarme… 


LA ADORACIÓN EUCARÍSTICA ES:

Afirmación expresa, ante los hombres, de nuestra fe en la presencia sacramental permanente de Cristo en la Eucaristía, que deriva del sacrificio y se ordena a la comunión.
■ Búsqueda de una vivencia más intensa del misterio eucarístico para llenarnos de él y hacerlo vida en nosotros.
■ Compromiso concreto de ser, con nuestra vida, testimonio de la realidad del amor de Dios presente entre los hombres.

     “San Agustín ha expresado este sentimiento de forma cabal cuando dice que no sólo no pecamos adorando la carne que Cristo nos da a comer, sino que pecamos no adorando."
J. A. SAYÉS,
La Presencia real de Cristo en la Eucaristía
BAC, Madrid, 1976


 SER DORADOR ES:

Disfrutar especialmente del regalo infinito que supone la presencia real de Jesús en el Santísimo Sacramento.
Conversar personalmente con Él en su domicilio terrestre durante el silencio de la noche, como Nicodemo.

     "Jesús no es una idea, ni un sentimiento, ni un recuerdo. Jesús es una persona viva siempre, y presente entre nosotros. "
JUAN PABLO II,
Discurso del 8.11.1978

     “Cristo personalmente presente, junto a la luz vacilante de la lámpara solitaria, sigue exigiendo una respuesta personal, invitando al diálogo a los que le adoran con fe."
PABLO VI,
Radiomensaje al VII Congreso Eucarístico Nacional
Perú -30.8.1965

Como Adoradores agrupados en Turnos, con días de vigilia señalados y cubriendo  distintas horas de vela, debemos sentirnos dentro de la Iglesia cumplidores de la misión que a  Ésta encargó el  Señor cuando pidió que oráramos ininterrumpidamente:

     "Llevamos en la entraña de nuestra propia vida el espíritu comunitario que es la esencia misma de la Iglesia: juntos rezamos, juntos cantamos, juntos damos gracias, juntos lloramos nuestros pecados y nuestras miserias, y juntos nuestros corazones piden a Dios las gracias necesarias para la salvación de los hombres."

Mons. ÁNGEL SUQUÍA,
Arzobispo de Santiago de Compostela
Conferencia del Centenario

    La identidad del Adorador se define por lo que cree, por lo que practica y por los compromisos que acepta en el quehacer eclesial.
     Creemos todo lo que cree y enseña como revelado por Dios el Magisterio infalible de la Iglesia. Explícita y especialmente, hacemos profesión de las verdades de fe relacionados con el Misterio Eucarístico.


sábado, 7 de febrero de 2015

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 8 DE FEBRERO, 5º DEL TIEMPO ORDINARIO - CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS CONTRA EL HAMBRE

«SEÑOR…TODOS TE BUSCAN»
 Mc. 1. 29-39
      En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta.
     Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. 
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»

     Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.


Otras Lecturas: Job 7,1-4.6-7; Salmo 146; Corintios 9,16-19.22-23

LECTIO:
                San Marcos nos presenta a un Jesús que anuncia el Reino de Dios tanto de palabra como con obras. De ahí que insista continuamente en presentar a un Jesús que enseña, pero que también actúa, que se revela por medio de su predicación y a su vez en su actuar.
       En este pasaje encontramos a Jesús que sana a la suegra de Pedro, y dando una visión general, el evangelista nos dice que le llevaron todos los enfermos y endemoniados”, y Él sanó a muchos enfermos y echó a muchos demonios. De esta manera manifiesta la identidad de Jesús, como Alguien que tiene autoridad, tanto sobre la naturaleza, como pueden ser las enfermedades, como también sobre los espíritus inmundos.
       San Marcos nos da a conocer  no sólo a un Jesús que sana, hace milagros, sino que nos muestra también su corazón, su actitud, su relación con el Padre: “…cuando todavía estaba muy oscuro, se marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar”. Esto nos revela su búsqueda, su comunicación e intimidad con el Padre.
       También el texto recoge la misión de Jesús de anunciar y actualizar el Reino con su vida y su predicación: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”.
       Esta es  la íntima relación que Jesús manifiesta entre la oración y la misión, entre su tiempo para Dios y su tiempo para la gente, manifestando así una relación mutua entre ambas realidades, donde una lleva a la otra y cada una se expresa en la otra.
       Jesús viene a salvar a todos, a que cada uno tengamos vida abundante en toda la dimensión de la persona.
                     
MEDITATIO:            
     Jesús era sensible con los que sufrían, era cercano con los que pasaban necesidad…, como discípulo debemos imitar sus actitudes y actuar como Él.
¿Eres capaz de ver la necesidad del que tienes a tu lado?, ¿te acercas a ellos y haces algo por ayudarlos o justificas tu indiferencia? ¿Qué haces para imitar la vida de Jesús?
     El Señor buscaba tiempo para orar, para estar a solas con el Padre.
¿Te esfuerzas por tener cada día un tiempo de oración, dejarte inundar por el amor de Jesús y dejarte transformar por Él?
¿Has logrado realizar en tu vida la síntesis entre oración y acción? ¿La oración te lleva al servicio a los hermanos y la acción te conduce a la intimidad con el Señor?
     La gente quería que Jesús solucionara sus penas y enfermedades, pero Él sabía que tenía que anunciar la Buena Nueva. 
¿Cómo participas en comunicar y anunciar el Evangelio? ¿Cómo colaboras para que el mensaje de Jesús sea conocido y vivido? 

ORATIO:
Sana, Señor… y cicatriza las huellas de mi pecado,
Sana, Señor… mis actitudes y dame tus sentimientos,

     Señor, deseo alabarte, bendecirte y darte gracias con todo el corazón por esta tu Palabra, escrita para mí, hoy, pronunciada por tu Amor por mí, porque Tú me amas verdaderamente.
     Gracias, porque has venido, has bajado, has entrado en mi casa y me has alcanzado precisamente allí donde estaba enfermo, donde me quemaba una fiebre enemiga; has llegado allí donde yo estaba lejano y solo. Y me has abrazado. Me has cogido de la mano y me has levantado, devolviéndome la vida plena y verdadera que viene de Ti, la que se vive junto a Ti. Por ahora soy feliz, Señor mío. 

CONTEMPLATIO:
Él se acercó, la cogió de la mano…”.

     Deja que Jesús se acerque te tome la mano y te cure. Experimenta la fuerza y la gracia de Dios que te impulsan al servicio.
 “…la levantó”
     Le puso en pie, le devolvió la dignidad. Así está siempre Jesús: como una mano tendida que nos levanta, como un amigo cercano que nos infunde vida.  La mujer curada por Jesús se pone a “servir” a todos. Lo ha aprendido de Jesús. Sus seguidores hemos de vivir acogiéndonos y cuidándonos unos a otros.
 “…le llevaron todos los enfermos…”

     ¿Cómo te presentas tú ante Jesús? ¿Cómo necesitado, confiado, amado, atendido en todo momento…? ¿Cómo te presentas en tus actividades y trabajos? ¿Te sientes protagonista o dejas que Jesús actúe por tu medio?


CONVOCANDO VIGILIA MENSUAL

AVISO PARA ADORADORAS/ES DEL TURNO NÚM. 5 DE MARÍA AUXILIADORA Y SAN JOSÉ

IGLESIA DE SAN JOSÉ - Cádiz  Extramuros


     REUNIÓN PREPARATORIA,  LUNES 9 DE FEBRERO, A LAS 18,30 HORAS EN EL SALÓN PARROQUIAL.
        (Continuaremos la catequesis sobre la Carta Encíclica LUMEN FIDEI de S.S. Francisco, pp; finalizando con el rezo de Completas)

     VIGILIA DE ADORACIÓN MARTES 10 DE FEBRERO, EN EL TEMPLO PARROQUIAL, Y A LAS 20,00 HORAS  JUNTO CON LA SANTA MISA.
(Previamente rezo del SANTO ROSARIO dirigido por una adoradora del Turno)


Ven a esta Cruz, donde por ti me muero.
Que si mucho crecieron tus pecados,
                            más florece el perdón con que te espero.   
 (Francisco Contreras)


IMPOSICIÓN DE CENIZA (18-FEBRERO)… inicio de la muy sagrada Cuaresma…  he aquí que vienen días de penitencia para la remisión de los pecados, para la salvación de las almas; he aquí el tiempo favorable en el que se asciende a la montaña santa de la Pascua. 
(del Martirologio Romano)


     Señorque esta cuaresma que empezamos, sea para nosotros un tiempo de salvación; que la austeridad penitencial nos lleve a descubrir que necesitamos de Ti para vencer en el combate cristiano contra el maligno…

Misa y Vigilia aplicadas por nuestros hermanos adoradores Rvdº. P. Mateo Silva en el aniversario de su marcha al Padre y Francisco Pérez Cárdenas.


Febrero 2015
«Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios» (Rm 15, 7).
Queriendo ir a Roma y, desde allí, proseguir hacia España, el apóstol Pablo manda primero una carta suya a las comunidades cristianas presentes en aquella ciudad. En estas, que pronto testimoniarán con innumerables mártires su sincera y profunda adhesión al Evangelio, no faltan, como en otros lugares, tensiones, incomprensiones y hasta rivalidades. En efecto, los cristianos de Roma son de diversa extracción social, cultural y religiosa. Los hay que proceden del judaísmo, del mundo helénico y de la antigua religión romana, tal vez del estoicismo o de otras corrientes filosóficas, cada una con sus propias tradiciones de pensamiento y convicciones éticas. A algunos se los llama débiles porque tienen usanzas alimentarias peculiares -son vegetarianos, por ejemplo- o se atienen a calendarios que señalan días especiales de ayuno; a otros se los llama fuertes porque, libres de estos condicionamientos, no están sujetos a tabúes alimentarios o a rituales especiales. A todos les dirige Pablo una invitación apremiante:
«Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios».
En esa misma carta ya antes había entrado en el tema dirigiéndose primero a los fuertes para invitarlos a acoger a los débiles «sin discutir sus razonamientos»; y luego a los débiles para que acojan a su vez a los fuertes «sin juzgarlos, pues Dios los ha acogido».
Pablo está convencido de que cada cual, aun en la diversidad de criterios y usanzas, actúa por amor al Señor. Por ello no hay motivo para juzgar a quien piensa distinto, y menos aún de escandalizarlo actuando con arrogancia y con sentido de superioridad. Lo que hay que tener más bien en el punto de mira es el bien de todos, la «edificación mutua», o sea, el construir la comunidad, su unidad (cf. 14, 1-23).
También en este caso, se trata de aplicar la gran norma del vivir cristiano que Pablo había recordado poco antes en su carta: «la plenitud de la ley es el amor» (13, 10). Al dejar de comportarse «conforme al amor» (14, 15), se había debilitado en los cristianos de Roma el espíritu de fraternidad que debe mover a los miembros de toda comunidad.
El apóstol propone como modelo de acogida mutua a Jesús cuando, en su muerte, en lugar de «buscar su propio agrado», cargó con nuestras debilidades (cf. 15, 1-3). Desde lo alto de la cruz atrajo a todos a sí y acogió tanto al judío Juan como al centurión romano, tanto a María Magdalena como al malhechor crucificado junto a él.
«Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios».
También en nuestras comunidades cristianas, aunque todos somos «amados de Dios, llamados santos» (1, 7), se dan, igual que en las de Roma, desacuerdos y choques entre diferentes modos de ver y culturas en muchos casos distantes unas de otras. A menudo se contraponen los tradicionalistas y los innovadores -usando un lenguaje quizá un poco simplista pero fácilmente comprensible-, personas más abiertas y otras más cerradas, interesadas en un cristianismo más social o más espiritual; diversidades que son alimentadas por convicciones políticas y extracciones sociales diferentes. El fenómeno migratorio actual añade a nuestras asambleas litúrgicas y a los distintos grupos eclesiales más elementos de diversificación cultural y de procedencia geográfica.
La misma dinámica puede surgir en las relaciones entre cristianos de Iglesias distintas, pero también en la familia, en el ámbito laboral o en el político.
Entonces se insinúa la tentación de juzgar a quien no piensa como nosotros, o de consideramos superiores, en una estéril confrontación y exclusión recíproca.
El modelo que Pablo propone no es la uniformidad que despersonaliza, sino la comunión entre diversos que enriquece. No es casual que dos capítulos antes, en la misma carta, hable de la unidad del cuerpo y de la diversidad de sus miembros, así como de la variedad de carismas que enriquecen y animan la comunidad (cf. 12, 3-13). Usando una imagen del papa Francisco, «el modelo no es la esfera..., donde cada punto es equidistante del centro y no hay diferencias entre unos y otros. El modelo es el poliedro», que tiene superficies distintas entre sí y una composición asimétrica donde «todas las parcialidades conservan su originalidad». «Incluso las personas que puedan ser cuestionadas por sus errores, tienen algo que aportar que no debe perderse. Es la conjunción de los pueblos que, en el orden universal, conservan su propia peculiaridad; es la totalidad de las personas en una sociedad que busca un bien común que verdaderamente incorpora a todos»[1].
«Por eso, acogeos mutuamente, como Cristo os acogió para gloria de Dios».
La palabra de vida es una invitación apremiante a reconocer lo positivo del otro, al menos porque Cristo dio la vida también por esa persona a la que me darían ganas de juzgar. Es una invitación a escuchar desactivando los mecanismos defensivos, a permanecer abiertos al cambio, a acoger la diversidad con respeto y amor, para llegar a formar una comunidad plural y al mismo tiempo unida.
Esta palabra ha sido elegida por la Iglesia Evangélica en Alemania para que sus miembros la vivan y los ilumine durante todo 2015. El compartirla miembros de diferentes Iglesias, al menos este mes, muestra ya un signo de acogida recíproca.
Así podríamos dar gloria a Dios «unánimes, a una voz» (15, 6), porque, como dijo Chiara Lubich en la catedral de la Iglesia Reformada de St. Pierre, en Ginebra, «el tiempo presente [...] requiere de cada uno de nosotros amor, requiere unidad, comunión, solidaridad. Y llama también a las Iglesias a recomponer la unidad rota desde hace siglos. Esta es la reforma de las reformas que el Cielo nos pide. Es el primer paso, y necesario, hacia la fraternidad universal con todos los hombres y las mujeres del mundo. Pues el mundo creerá si estamos unidos»[2].
Fabio Ciardi



 [1] Francisco, exhortación pastoral Evangelii gaudium, 236
[2] C. Lubich, Il dialogo è vita, Roma 2007, pp. 43-44.

lunes, 2 de febrero de 2015

A LOS 40 DIAS DEL NACIMIENTO DE JESÚS JORNADA POR LA VIDA CONSAGRADA

"Y DEJÁNDOLO TODO, LE SIGUIERON"
     En el comienzo del ministerio público por parte de Jesús, él se encuentra con sus primeros discípulos y los llama para hacerlos apóstoles. "Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron" (Mc 1,17-18). Los evangelios de estos domingos nos lo han recordado. Tenemos aquí el núcleo primero del seguimiento de Cristo, para todos los estados de vida, también para la vida consagrada. Jesús llama por su nombre a cada uno y la nueva vida que Jesús inaugura para sus discípulos consiste en estar con él, irse con él, seguir sus pasos, convivir con él, compartir su suerte, hacerse "consortes".
     En el grupo de estos discípulos había varones y mujeres, iba acompañado por "los Doce y por algunas mujeres" (Lc 8,1-2), cuyos nombre se señalan: María, Juana, Susana, etc. He aquí una de las barreras que Jesús ha superado, cuando en su cultura y en su tiempo las mujeres no pintaban nada, ni iban a la escuela ni tenían ningún derecho ciudadano. Jesús, sin embargo, las ha llamado y las ha admitido a su seguimiento, como verdaderas discípulas, que aparecen en diversos pasajes del evangelio. La historia de la Iglesia y de la humanidad está llena de grandes mujeres, una de las cuales sobresale en este año de su V centenario, Teresa de Jesús.
     La vida consagrada consiste fundamentalmente en dejar los esquemas comunes instituidos por Dios en la creación de constituir una familia propia, por el matrimonio y los hijos engendrados, para seguir a Jesús y formar parte de otra familia nueva, más amplia, donde se vive el estilo de vida de Jesús pobre, virgen y obediente. Es propio de la vida consagrada la virginidad o la castidad perfecta por el Reino de los cielos, tal como la ha vivido el mismo Jesús. En la virginidad, Jesús está mostrando una fecundidad más amplia y más profunda, la que brota de Dios y hace hijos de Dios, dándoles la vida eterna.
     El camino del matrimonio es camino inventado por Dios y bendecido por Jesucristo. El matrimonio es camino de santidad, pues el amor humano queda santificado por el sacramento del matrimonio. Pero el camino de la vida consagrada, que tiene en alta estima el camino del matrimonio inventado por Dios, consiste en dejar esa senda y elegir otra, la que Cristo mismo ha vivido. En la vida consagrada se trata de seguir a Cristo pobre, virgen y obediente, entregándole la vida y gastándola en el servicio a los demás.
     Nadie puede ir por el camino de la vida consagrada, si no es llamado por Dios, pues se trata de un camino que supera por los cuatro costados las fuerzas humanas. Y nadie puede elegir un camino que le supera, si no es llamado y capacitado por Dios mismo. Además de ser llamado/a, es necesaria la gracia de Dios para perseverar en este santo propósito, pues la vida consagrada o se vive en un clima de fe, continuamente alimentado por la coherencia de vida, o se desvanece incluso aquella primera llamada con su respuesta generosa del primer momento.
     La Jornada mundial de la vida consagrada, que se celebra en toda la Iglesia el 2 de febrero, en la fiesta de la Candelaria, es ocasión propicia para agradecer a Dios el gran regalo de la vida consagrada en la Iglesia,...
     La Iglesia debe agradecer a todos los consagrados la entrega de sus vidas al Señor, el enorme servicio llevado a cabo, el fuerte testimonio de hombres y mujeres consagrados a Dios para toda la vida. Realmente, si nos faltara ese ejército de amor formado por tantas personas consagradas, a la Iglesia le faltaría un referente necesario para caminar hacia la santidad, a la que todos somos llamados. Los consagrados/as tiran de todo el Pueblo de Dios hacia arriba, a los valores evangélicos que sólo la gracia de Dios puede sostener. Los consagrados son los motores principales de un mundo nuevo, la nueva civilización del amor. Los consagrados nos recuerdan que lo que parece imposible para los hombres, es posible para Dios.
Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba