TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 3 de agosto de 2024

PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN


AGOSTO :  ADORAR CON CARIDAD

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


POR EL AMOR DE DIOS


      ¡Oh Madre de Dios! Nos postramos a los pies de vuestra grandeza, para implorar con humildad un destello de vuestra luz de gloria que ilumine con sus resplandores nuestra comunión, encendiendo nuestro corazón en el amor divino para recibir con fruto, real y sustancialmente, al mismo Dios y hombre verdadero que, bajo las especies sacramentales, se acerca a nosotros por su amorosa condescendencia, no obstante nuestra miseria e indignidad. (L.S. Tomo XV (1874) Pág. 288)

     Bella esta oración con la que Luis de Trelles pide a la madre de Dios que encienda nuestro amor en amor divino, es decir, en caridad, para poder acercarnos de una manera más fructuosa a la Eucaristía, a la comunión y a la adoración. La caridad, he ahí el secreto de toda nuestra relación con Dios, lo que marca la calidad de nuestro encuentro con él. Caridad es calidad. Cualquier obra, si está hecha con amor de Dios, cobra un valor enorme, se hace merecedora de gracia. ¡Cuánto más si esa obra es tan digna como la adoración eucarística!

     Adorar con caridad, con intenso y fervoroso amor de Dios en el pecho debería ser nuestro objetivo cada vez que acudimos ante el sagrario. No sin motivo la Eucaristía se llama Sacramentum caritatis. Porque es signo del amor de Jesús, pero también porque el modo de acercarnos a él es amando.

     La Santísima Eucaristía es el don que Jesucristo hace de sí mismo, revelándonos el amor infinito de Dios por cada hombre. En este admirable Sacramento se manifiesta el amor «más grande», aquel que impulsa a «dar la vida por los propios amigos» (cf. Jn 15,13). En efecto, Jesús «los amó hasta el extremo» (Jn 13,1). Con esta expresión, el evangelista presenta el gesto de infinita humildad de Jesús: antes de morir por nosotros en la cruz, ciñéndose una toalla, lava los pies a sus discípulos. Del mismo modo, en el Sacramento eucarístico Jesús sigue amándonos «hasta el extremo», hasta el don de su cuerpo y de su sangre. ¡Qué emoción debió embargar el corazón de los Apóstoles ante los gestos y palabras del Señor durante aquella Cena! ¡Qué admiración ha de suscitar también en nuestro corazón el Misterio eucarístico! (Sacramentum caritatis, 1)

     Entregándonos su presencia sacramental, Jesús nos confirma que su amistad va en serio. A la hora de marcharse, encuentra la manera de, a pesar de todo, quedarse. Porque nada quiere más el amigo sino la presencia del otro amigo. Para Jesús sus delicias es estar con los hijos de los hombres, para nosotros ¿nuestra delicia es estar con el Hijo de Dios?

    Hoy deberíamos tratar de imitar a Juan en la última Cena. Es decir, ponernos en su lugar para con él, amar y adorar a Jesús Eucaristía. Que sintamos fuertemente la pena de ver cómo ante el amor de Cristo entregado hay sin embargo quienes piensan en traicionarlo. (Jn 13, 22-26) En verdad, en verdad os digo que uno de vosotros me entregará.» Los discípulos se miraban unos a otros, sin saber de quién hablaba. Uno de sus discípulos, el que Jesús amaba, estaba a la mesa al lado de Jesús.

    El que Jesús amaba, ese eres tú. Haz como Juan, procura situarte bien en esta noche. Ahí, al lado de Jesús, ante su altar. Piensa cuantas veces tú mismo le has entregado a Jesús. Simón Pedro le hace una seña y le dice: «Pregúntale de quién está hablando.». El, recostándose sobre el pecho de Jesús, le dice: «Señor, ¿quién es?» Le responde Jesús: «Es aquel a quien dé el bocado que voy a mojar.»

   Y haz lo que Juan, recuéstate en el corazón de Jesús, recuerda su grandeza y recuerda tu pequeñez, y piensa como el amor ha deshecho la distancia. Ten caridad con Cristo, él la tiene contigo. A Jesús le duele especialmente que es uno de los suyos quien le traiciona. “Si mi enemigo me injuriase lo aguantaría, si mi adversario fuera contra mí, me burlaría de él, pero eres tú mi amigo y confidente, a quien me unía una dulce intimidad” el que moja en mi mismo plato… Pero aquello no apaga el amor de Jesús, lo hace crecer: (Jn 15,9-17) Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado.

    Permanecer ahí, en el amor de Jesús, en su corazón, junto a su Sacramento. Ahí estamos ante el torrente que baja del Cielo, desde el Seno de la Trinidad hasta nosotros, pasando por el corazón humano del Verbo encarnado. Permanecer en su amor y adorar en su amor, acabará por llenarnos de gozo. El gozo colmado es la felicidad. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer

    Jesús nos llama amigos, lo somos realmente, y nos pide que extendamos su amor. La Eucaristía nos debe llevar a amar a los hermanos, con caridad. Caritas es amor divino no simplemente ayuda económica a gente que no conocemos. Se trata de hacerse amigos, en Cristo. Una adoración verdadera sin duda nos debería comprometer más en la labor caritativa de la Iglesia.

   Los santos nos dan ejemplo de ello. Quizá la Madre Teresa es quien mejor lo recuerda para nuestro mundo de hoy. -"Nuestra vida tiene que desarrollarse en tomo a la Sagrada Eucaristía. ... fijen los ojos en Aquél que es la luz; acérquense de corazón a Su Divino Corazón; pídanle que les conceda gracia para conocerlo, amor para amarlo, valentía para servirlo. Búsquenlo con todas sus fuerzas."-

  -"Por intermedio de María, la causa de nuestra alegría, ustedes descubrirán que nadie en la tierra les recibirá con mayor alegría, nadie en la tierra los amará más que Jesús, que vive y que está verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento... Él está ciertamente allí, en Persona, esperándolos.” - “No podemos separar nuestra vida de la Eucaristía, porque si llegamos a hacerlo, en ese mismo momento algo se rompe. La gente pregunta, “¿De dónde sacan las hermanas la alegría y las fuerzas para hacer lo que hacen?” La Eucaristía no implica sólo el hecho de recibir, sino también el hecho de saciar el hambre de Cristo. Él nos dice, “Vengan a mí, porque Él tiene hambre de almas."

 Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Adoro a Cristo con amor?

¿Qué muestras de amor hay en el ritual de nuestras vigilias?

¿Cómo llevo la caridad que recibo ante la Eucaristía a los demás?


sábado, 6 de julio de 2024

 10 gracias que fluyen de la SANTA MISA:

su ignorancia, causa relevante en la sangría de la Iglesia

  La falta de amor a la Eucaristía, provocado por el desconocimiento de sus gracias, es un factor relevante en la secularización actual.


    La Iglesia Católica está sufriendo desde hace años una constante y enorme pérdida de católicos. Muchos han abandonado completamente la fe y otros tantos la práctica religiosa. Son personas que fueron bautizadas, asistieron a catequesis, recibieron el resto de sacramentos de iniciación y hasta tuvieron una boda religiosa. Sin embargo, no viven su fe ni la han transmitido a sus hijos.

   ¿Qué ha pasado para que se haya producido esta sangría tan profunda? Hay varias razones que explican esta rápida secularización. Una de las principales es la falta de comprensión y de fe en la Eucaristía y su sentido más profundo.

   Muchos católicos han olvidado lo qué es la Misa y no creen en la presencia real. Es más, el padre Ed Broom –oblato de María Inmaculada y prolífico autor de temas de espiritualidad- cree que son demasiados los que nunca han creído en esta presencia real debido a una catequesis débil, diluida y errónea, especialmente con todo lo relacionado con la Eucaristía.  

   Fortalecer entre los católicos la fe en la Eucaristía es un paso primero y fundamental para frenar este proceso de secularización. A partir de ahí, y con ellos como apóstoles de la importancia de la Misa, es fundamental invitar y mostrar esta belleza a los católicos que se han alejado, para después seguir con aquellos que nunca han conocido a Cristo. “Si realmente comprendiéramos, aunque sea de forma limitada, lo que está sucediendo en la Santa Misa, la colocaríamos en el centro mismo de nuestras vidas, sería el corazón de nuestro día, nuestra razón de ser, es decir, el motivo de nuestra existencia”, afirma el padre Broom.  Para fortalecer esta fe en la Eucaristía y mostrar su verdadera dimensión este sacerdote explica brevemente en Catholic Exchange 10 gracias extraordinarias que se derivan de la celebración de la Santa Misa:

1. Salvación de las almas

   Jesús expresó en términos claros e inequívocos, tal y como recogen los Evangelios, que la salvación depende de la Eucaristía, el Pan de Vida. Las palabras de Jesús son indiscutibles son claras. Yo soy el Pan de Vida”, aparece en Juan 6,34. Mientras que unos versículos más adelante, en el 54 añade: “el que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.

2. Las almas del purgatorio se purifican

   Según explica el padre Broom, el medio más eficaz por el cual las almas del Purgatorio pueden purificarse de los efectos residuales de sus pecados veniales y mortales que no han sido expiados suficientemente es a través del Santo Sacrificio de la Misa.

3. Almas del Purgatorio totalmente liberadas: acceso al cielo

   Como continuación del punto anterior, la Misa y la comunión, ofrecidas específicamente para el alma o las almas en el Purgatorio pueden catapultarlas al cielo para estar con Dios la eternidad. Este sacerdote se lamenta, sin embargo, de que muchos católicos tan sólo recen u ofrezcan oraciones y sacrificios por las almas del purgatorio el mes de noviembre.

4. El Calvario se renueva

   El padre Broom considera qué difícil es comprender la relación entre el Santo Sacrificio de la Misa y el Sacrificio en el Calvario de aquel primer Viernes Santo. “Sin embargo, ¡es una realidad¡En cada Misa, el Señor Jesús crucificado se ofrece a Dios Padre como la Víctima sin mancha por la salvación del mundo!”.

5. Los pecados veniales pueden purificarse en el contexto de la Santa Misa

   Es un grave error muchas veces cometido por muchos, privarse de la recepción de la Sagrada Comunión porque es consciente de haber cometido pecados veniales, y sólo pecados veniales. Muy al contrario, en el Rito Penitencial al comienzo de la Misa, se pide perdón por los pecados veniales y los pecados son perdonados por la recitación orante y contrita del Confiteor (Yo confieso). Al final del acto penitencial el sacerdote imparte la absolución de los pecados veniales.  (Nota: los pecados mortales deben confesarse a un sacerdote antes de recibir la Sagrada Comunión).

6. Un fuego potente

   En el momento de recibir la Sagrada Comunión, la mera recepción de la Sagrada Comunión se puede comparar con el fuego que quema basura, maleza o paja. El amor que arde en el Sacratísimo Corazón de Jesús quema la paja de nuestros pecados veniales. El Catecismo del Concilio de Trento lo expresa con este concepto. La Comunión frecuente es el antídoto para nuestras enfermedades diarias.

7. La Santísima Trinidad es alabada de la manera más sublime

   San Ignacio de Loyola en “Principio y Fundamento” especifica el propósito principal de nuestra existencia, el porqué de nuestro propósito en la vida. El santo usa las siguientes palabras: Fuimos creados para alabar a Dios…” (Ejercicios espirituales n. ° 23) Posiblemente el propósito principal del Santo Sacrificio de la Misa es alabar a Dios Padre, mediante la ofrenda de Dios Hijo, a través del Poder del Espíritu Santo. Esto se expresa más claramente en la Doxología: “Por Cristo, con Él y en Él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria, por los siglos de los siglos”.

8. Los pecados personales pueden expiarse

   Aunque un sacerdote-confesor no pueda imponer esto como una penitencia en el sacramento de la confesión, habiendo hecho una buena confesión por los pecados mortales en particular, un penitente que asista a Misa y reciba la Sagrada Comunión en reparación o expiación por sus pecados personales podría tener así la penitencia más eficaz posible. Para reparar los pecados pasados, no hay nada más poderoso, agradable y propicio para Dios que asistir a Misa y recibir la Sagrada Comunión.

9. Pecado familiar / Pecados sociales expiados

   En un plano más amplio, los pecados de toda la humanidad tienen su remedio, reparación y expiación más poderosa a través del Santo Sacrificio de la Misa. La oración de la Coronilla de la Divina Misericordia se puede rezar junto con el Santo Sacrificio de la Misa…: "Padre Eterno, te ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de tu amado Hijo, nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en expiación por nuestros pecados y los del mundo entero".

10. La intervención angélica y los santos

   También participan en el Santo Sacrificio de la Misa los ángeles. En el Sanctus, unimos nuestras oraciones con los coros de los ángeles mientras decimos: “Santo, Santo, Santo…” El Padre de la Iglesia San Juan Crisóstomo afirma que numerosos ángeles rodean el Sagrario en vigilia ante su Señor Eucarístico y Rey. Por cierto, los ángeles pueden ayudar inmensamente a prestar más atención y participar más plenamente en el Santo Sacrificio de la Misa si se les pide su ayuda.

   Los mayores amantes del Santo Sacrificio de la Misa son los santos. Las extraordinarias gracias que recibieron vinieron a través de Jesús en Su Cuerpo Místico, la Iglesia. Sin embargo, fue a través del Santo Sacrificio de la Misa que la infinita reserva de gracias inundó sus almas, sus vidas, sus sufrimientos y sus extraordinarias empresas y éxitos apostólicos.

 Rita Laura - Cathopic

viernes, 5 de julio de 2024

SAN FERNANDO  ACOGIÓ ESTE AÑO LA VIGILIA DE LAS ESPIGAS EN EL 125º ANIVERSARIO FUNDACIÓNAL DE SU SECCIÓN 


   Durante la noche del sábado 29 al domingo 30 de junio celebramos la tradicional Vigilia de las Espigas en la parroquia de Ntr.ª. Señora del Carmen Coronada de la ciudad de San Fernando, para conmemorar los 125 años transcurridos desde la fundación de la Sección Isleña, coincidiendo con este año Jubilar de la Eucaristía.

  Organizada por el Consejo diocesano de la Adoración Nocturna Española para agradecer a Dios, de manera particular, por tantos años de vida adoradora nocturna como ha cumplido esta Sección gaditana. Y en esta ocasión contando con la presencia de las Secciones de Cádiz, San Fernando ANFE, Barbate ANFE, puerto Real, San Roque, Ceuta,  Chiclana de la Frontera, y la de San Fernando ANE que ejerció de anfitriona.

  Comenzaba esta querida Vigilia con la tradicional procesión de Banderas que, seguidas por los Adoradores participantes, partía desde los patios del Colegio de los PP. Carmelitas hasta el Templo, continuando con el saludo del Presidente diocesano que recordaba, en palabras de D. Ricardo Garrido, Presidente-fundador de la nueva  Sección… que -“ es preciso confesar en público y privado que amamos a Cristo que le adoramos y reconocemos como único Dios y Señor… ¡Adoradores nocturnos, enorgulleceos de serlo! No rehuséis el honor tan grande que habéis aceptado, y perseverad en la Obra […]”-

  Con el rezo solemne de Vísperas y la Santa Misa, que presidió nuestro querido Consiliario D. Guillermo Domínguez Leonsegui y concelebrada por los presbíteros colaboradores de la Obra, los Rvds. D. Luis Pedro González y D. Emilio Sánchez OCD, continuaba la celebración.         

  En su homilía, D. Guillermo, tras felicitarnos cordialmente por este ANIVERSARIO, nos  exhortó a -“…que seamos constructores de esperanza, de vida y de alegría a imitación de Él; y que no nos importe la incomprensión del mundo, limitándonos  cumplir su voluntad que sabemos es el único futuro, poniéndolo todo a los pies del Divino Sacramento […]”-


  Tras los turnos de vela al Santísimo Sacramento, que ocuparon toda la noche, se continuó con el rezo del Santo Rosario y la oración de Laudes que, acompañados en esta ocasión del Rvd. D. Mario Luis Almario, finalizamos con la bendición Eucarística.

  Despuntando el alba, y tras la procesión Eucarística desde el Templo parroquial hasta el altar preparado en los patios del Colegio del Sagrado Corazón, el Rvd. D. Guillermo Domínguez, Consiliario diocesano de la Adoración Nocturna, impartía la Bendición Eucarística  sobre el mar y los campos de nuestra diócesis así como sobre toda la actividad humana que, gracias a la Providencia, hace posible que de los “frutos del mar y de  la tierra y del trabajo del hombre” podamos obtener lo necesario para nuestro sustento.



  Culminaba así la Vigilia de las Espigas 2024, donde se puso un sentido broche de oro al 125º aniversario fundacional de la Sección de San Fernando, que había comenzado la noche anterior sobre las 23.30 horas. 
 Con el canto de la Salve y la despedida del Consiliario Diocesano, donde agradeció expresamente a las Secciones Isleñas, tanto masculina como femenina, y a los RR.PP. Carmelitas toda su disponibilidad y las esmeradas atenciones recibidas; se puso rumbo a las poblaciones de destino con un piadoso obsequio que nos hará recordar durante mucho tiempo este sentido ANIVERSARIO.

martes, 25 de junio de 2024




PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN


JUNIO :  ADORAR AL ENMANUEL

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS


MISTERIUM FIDEI

  “Dios ha afirmado y apoyado su palabra con testimonios irrefutables, y al alcance de la razón humana. El hombre sabe que Dios es infinitamente superior a él, que no puede ni quiere engañar a nadie, y que tiene el derecho de pedir al hombre que le honre por un acto de fe en su palabra, por increíble que sea esta palabra a su limitada inteligencia. Entonces se somete y dice ¡Dios mío, creo! Y lo dice con amor, porque sabe que honra a Dios y le agrada con su fe. Ved ahí un gran acto de virtud. Ved ahí una fe digna de la mirada de Dios, y de los ángeles. Ved ahí un corazón sumiso que mueve el corazón de Jesús, y hace descender sobre él grandes gracias” (L.S. Tomo VII 1876 pág. 409-420) La Eucaristía es misterio de fe como ninguno. Tenemos el testimonio irrefutable de Dios “esto es mi cuerpo”, “esta es mi sangre”, Dios tiene derecho a que le creamos, porque no puede ni engañarse ni engañarnos. Nuestra inteligencia tan limitada es elevada con ayuda de Jesús, y asentimos al gran misterio ¡Creo Jesús! En tu presencia Eucarística y en todo lo que tú nos revelas. Tu palabra es infalible. Adoro y creo Jesús, que esta sea nuestra oración en esta noche.

  En un mundo de incredulidad, donde tanta gente ha perdido la fe, donde se burla la autoridad de Dios y de la Iglesia para enseñarnos lo que no sabemos, nosotros queremos creer. Pidamos hoy al Señor, que nuestra fe nos acompañe a lo largo de nuestra historia, y que la fe nos eleve al cielo. “La naturaleza sacramental de la fe alcanza su máxima expresión en la eucaristía, que es el precioso alimento para la fe, el encuentro con Cristo presente realmente con el acto supremo de amor, el don de sí mismo, que genera vida. En la eucaristía confluyen los dos ejes por los que discurre el camino de la fe. Por una parte, el eje de la historia: la eucaristía es un acto de memoria, actualización del misterio, en el cual el pasado, como acontecimiento de muerte y resurrección, muestra su capacidad de abrir al futuro, de anticipar la plenitud final. Por otra parte, confluye en ella también el eje que lleva del mundo visible al invisible. En la eucaristía aprendemos a ver la profundidad de la realidad. El pan y el vino se transforman en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que se hace presente en su camino pascual hacia el Padre: este movimiento nos introduce, en cuerpo y alma, en el movimiento de toda la creación hacia su plenitud en Dios”. (Lumen fidei 44)

  Como las dos direcciones de una cruz, la fe nos impulsa hacia adelante y nos eleva hacia arriba. Nos hace penetrar en lo alto y lo ancho del Amor de Cristo en la Eucaristía. Vemos con mayor profundidad que a simple vista, es como un telescopio que nos hacen ver más lejos o un microscopio que nos permite ver detalles escondidos. Acercarse a Jesús requiere fe: ¡grande es tu fe!, ¡tu fe te ha salvado! Son muchas las ocasiones en que Jesús alaba en los evangelios la fe de algunos de sus discípulos. Pero otras veces les reprocha ¡hombres de poca fe! ¡oh generación incrédula! Hoy nos sentimos así, tenemos fe en la Eucaristía, pero en realidad, si tuviéramos fe como un granito de mostaza… Pidamos más fe.

  Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?» Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y le deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido.» Acudamos a Jesús, como aquella gente, corriendo a saludarle, sorprendidos de su presencia entre nosotros, presentemos el motivo de nuestra dificultad: los malos espíritus no nos dejan ponernos en postura de adoración. Para ellos nada hay más humillante que inclinarse respetuosamente ante Jesús y prestar atención a su palabra.  Él les responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!» Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos.

  Pero los mismos espíritus caen ante la Presencia Majestuosa de Jesús. Nosotros también nos inclinamos, pero voluntariamente, y reconocemos con pena, que Jesús tiene razón, que nuestra fe es muy poquita, que apenas nos creemos que Jesús pueda librarnos de las malas inclinaciones, de las culpas acumuladas… con timidez le decimos, si puedes…  Entonces él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?» Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros.» Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!» Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!» Y ante aquella muestra de debilidad, Jesús parece airado ¿cómo que si puedes? ¡Puedo, pero tú has de tener fe! En realidad, es una cara de enfado un poco engañosa, Jesús está llevándonos a una súplica más confiada, más auténtica: ¡Creo, pero aumenta mi pobre fe!

  Sea esta hoy nuestra adoración, como la de aquel hombre, humillándonos ante su presencia, reconozcamos nuestra limitación y acudamos a su poder: puedes Jesús, lo creo, y puedes tanto, que puedes incluso fortalecer mi fe.

  Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?» Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración.» Fe y oración, fe y adoración, no hay otra receta para expulsar algunos malos espíritus. Los santos lo han tenido siempre muy claro. San Manuel González, propuesto por Juan Pablo II como modelo de fe eucarística nos decía…

  «¡Está aquí! ¡Santa, deliciosa, arrebatadora palabra, que dice a mi fe más que todas las maravillas de la tierra y todos los milagros del Evangelio, que da a mi esperanza la posesión anticipada de todas las promesas, y que pone estremecimientos de placer divino en el amor de mi alma! ¡Está aquí! Sabedlo, demonios que queréis perderme, enfermedades que ponéis tristeza en mi vida, contrariedades, desengaños, que arrancáis lágrimas a mis ojos, pecados que me atormentáis con vuestros remordimientos, cosas malas que me asediáis, sabedlo, que el Fuerte, el Grande, el Magnífico, el Suave, el Vencedor, el Buenísimo Corazón de Jesús está aquí, ¡aquí, en el Sagrario mío! «Padre eterno, ¡bendita sea la hora en que los labios de vuestro Hijo unigénito se abrieron en la tierra para dejar salir estas palabras: «Sabed que yo estoy todo los días con vosotros hasta la consumación de los siglos»!

Preguntas para el diálogo y la meditación. 

  ¿Qué sería de mí si perdiera la fe en la Eucaristía?

  ¿Mis actitudes en la Iglesia corresponden a mi fe eucarística?

  ¿Me duele cuando tengo noticia de una profanación?


sábado, 8 de junio de 2024

¡REINARÉ...! PROMESA Y ESPERANZA



   De unos años a esta parte, se está produciendo en la Iglesia un fenómeno singular: la proliferación de Años Jubilares. Desde hace varios siglos, los fieles cristianos han vivido la ―gracia que trae consigo un Año Jubilar.

  En la Iglesia existen los Años Santos y los Años Jubilares. El Año Santo es proclamado por el Papa para toda la cristiandad, mientras que el Año Jubilar es la concesión del Santo Padre a una diócesis, cuyo Obispo ha solicitado esta ―gracia por algún motivo concreto.

 Tanto el Año Santo como el Año Jubilar pretenden la reconciliación de los fieles cristianos con Dios Nuestro Señor. La gracia de la indulgencia plenaria vigoriza la fe y la vida cristiana. Actualmente en Paray-le-Monial se está celebrando el Año Jubilar con motivo del 350º aniversario de la primera revelación del Corazón de Jesús a santa Margarita Ma de Alacoque y, en Valladolid, con motivo del primer centenario de la colocación de la imagen del Corazón de Cristo en la torre de la catedral.

  En 1673 estaba muy viva en la Iglesia la herejía jansenista que, al presentar a los fieles un Dios justiciero, los alejaba del trato amoroso con Él. Por eso las revelaciones de Paray quieren mostrar el verdadero rostro de Dios: ―”Mi divino Corazón está tan apasionado de amor a los hombres que no pudiendo contener en Él las llamas de su ardiente caridad, es menester que las derrame para enriquecerlos con los preciosos dones que te estoy descubriendo” (27.XII.1673), Me hizo ver que el ardiente deseo que tenía de ser amado de los hombres y de apartarlos del camino de perdición, le hizo formar el designio de manifestar su Corazón a los hombres...” (1674). ―”He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres, que nada ha perdonado hasta agotarse y consumirse para demostrarles su amor...” (16-VI-1675).

  Veintiún años después de la muerte de santa Margarita, nace Bernardo de Hoyos y encuentra la misma herejía jansenista. El Corazón de Cristo le confía la tarea de extender por España (entonces casi medio mundo) la devoción a su Corazón y, al quejarse de que en nuestra patria apenas si era conocida, le consuela el Señor diciendo: REINARÉ EN ESPAÑA CON MÁS VENERACIÓN QUE EN OTRAS PARTES. Cuando en 1923 se entroniza su imagen en la torre más alta de la ciudad, el ambiente está más secularizado, y actualmente esa secularización de la sociedad se ha intensificado.      

  Por eso, la promesa que Cristo nos ha hecho: ―Reinaré en España” ha de ser para cada uno de nosotros todo un reto, todo un desafío Un verdadero cristiano (y nosotros tenemos la obligación de serlo) es inasequible al desaliento […] El actual Año Jubilar es el gran camino para lograr que la Promesa del Corazón de Jesús se haga realidad en nuestra patria. Un Año jubilar es un momento de gracia y bendición, un momento para la evangelización y revitalización de la vida cristiana. Dado el momento que nos toca vivir, es preciso que este Año Jubilar avive en nosotros el ―compromiso de trasladar a la plaza pública el Reinado Social de Cristo. Nunca olvidemos la frase de san Pablo: “Oportet Christum regnare”: es preciso que Cristo reine.

  Difícilmente podremos expresar mejor lo que lleva consigo el Año Jubilar que intentando vivir algunas de sus frases: “Corazón de Jesús, en ti confiamos. Que venga tu Reino. Corazón santo, cumple la promesa que hiciste al Beato Bernardo, pues sólo un encuentro contigo, de Corazón a corazón, transformará nuestras vidas”. “Te suplicamos, Jesús, restáuranos”. “Señor Jesús, ilumínanos, enséñanos en estos próximos 10 años (desde el Año Jubilar de 2023 al Año Santo de la Redención del 2033) el camino que pasa por el pesebre y la cruz. Envíanos como heraldos de tu Reinado. ¡Cumple, Señor, tu promesa!” […] Una larga ruta de diez años. ¿Cómo hacer de esa “peregrinación” un trayecto sagrado? Viviendo la ―comunión y la misión. La comunión nos conduce a nuestra entraña más cristiana: “en esto conocerán todos que sois mis discípulos: si os amáis unos a otros”[...]    Además para vivir la ―comunión entre nosotros, necesitamos también ―discernir con la luz del Espíritu Santo los diversos caminos que hagan realidad nuestra ―misión. Cristo nos ha dado a todos y cada uno de nosotros la misma misión: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio. Existen mil maneras de dar a conocer la Buena Nueva de Jesús. Una de ellas es, en palabras del Arzobispo de Valladolid, “orar ante el sagrario y promover la Adoración eucarística”.  Esta ruta de la adoración la recorrió el ya venerable Luis de Trelles, fundador en España de la Adoración nocturna.

  Ya desde los primeros momentos de la vida de Jesús está presente la adoración. “(Los Magos) entraron en la casa, vieron al niño con María y, cayendo de rodillas, lo adoraron” (Mt 2,11) […] Adorar a Dios es más que alabarle. Es un encuentro profundo con el Señor. Lleva consigo la entrega total a Dios en una actitud de humildad verdadera. ―Estar en adoración es responder a un Amor que no cesa nunca de amarnos. La actitud de ―reverencia no sólo es el marco de la adoración, sino también la consecuencia de experimentar la presencia de Dios.

  En la adoración es importante descubrir el verdadero rostro de Dios. Es vivenciar aquello de “estás pisando tierra sagrada, descálzate”, y como el lenguaje de la adoración es lenguaje de amor, de ahí que se trate de un estar frente a Él para ―amar y dejarse amar, o como decía aquel campesino al cura de Ars: “yo le miro y Él me mira”. Afortunadamente, hoy en la Iglesia está muy vivo este espíritu de adoración.

  Pasadas las incongruencias que se vivieron en los años inmediatos al postconcilio, pronto los santos papas Pablo VI y Juan Pablo II comenzaron a fortalecer y avivar el espíritu eucarístico, tan común y frecuentado en la Iglesia desde siempre. En el Credo del pueblo de Dios dirá san Pablo VI:―”Estamos obligados por obligación ciertamente suavísima a honrar y adorar a la Hostia Santa que nuestros ojos ven”. Y san Juan Pablo II en su Carta a los obispos sobre el misterio y el culto de la Eucaristía escribirá: “la animación y robustecimiento del culto eucarístico son una prueba de esa auténtica renovación que el Concilio se ha propuesto y de la que es el punto central... La Iglesia y el mundo tienen una gran necesidad del culto eucarístico.

     No escatimemos tiempo para ir a encontrarlo en la adoración. No cese nunca nuestra adoración”.

  En las actuales circunstancias de un mundo semiateo, en el que Dios resulta irrelevante, la adoración será siempre un gesto contracultural y, por ello, una manera fecunda de evangelizar. La adoración es capaz de curar esta sociedad enferma que nos envuelve.

  El Año Jubilar de 2023 abre la ruta de los diez años que nos distancian hoy del Año Santo de la Redención [...] Fomentemos la ruta de la adoración como uno de los mejores caminos para extender el Reino de Jesucristo. Escuchemos las palabras que el ángel dijo al profeta Elías en el desierto: “Levántate y come...! Te queda un largo camino que andar”. Los cristianos sabemos que “con pan y vino se anda el camino”. La adoración eucarística es nuestro mejor alimento.

P. Ernesto Postigo Pérez S.J.

Vicepostulador de la causa de canonización de Bernardo de Hoyos