TIEMPO LITÚRGICO
martes, 5 de marzo de 2024
5 ARTIMAÑAS DEL DEMONIO PARA ATACAR AL HOMBRE Y
5 ARMAS PARA
RESISTIR Y VENCER SUS EMBESTIDAS.
Si Dios es amor,
Satanás encarna el odio, hacia el propio Dios y a toda la humanidad. Por ello, el diablo trabaja incansablemente para hacer tropezar
y caer al hombre. Para ello, él y sus secuaces utilizan su inteligencia y su
maldad, pues saben perfectamente cómo y dónde tentar para hacer pecar.
El demonio conoce las
debilidades de cada hombre y ataca por estas rendijas, yendo al punto más débil de cada uno. Sin embargo, Dios no se ha
quedado de brazos cruzados mientras atacan a sus hijos sino que ha dado a los
creyentes una serie de armas para defenderse.
Para vencer a Satanás
en la lucha diaria es importante conocer las
argucias del enemigo, pero también las debilidades propias para protegerlas de las embestidas del príncipe de las
tinieblas. Para ello, el padre Ed Broom, oblato de la Virgen María, ofrece en Catholic Exchange cinco
de las herramientas más comunes que tiene en su arsenal el demonio para
atacarnos y también cinco de las armas más eficaces para vencer a Satanás en la
batalla.
Estas son algunas de
estas armas destructivas que utiliza el diablo:
1. El abatimiento
San Ignacio de Loyola
reitera en las Reglas para el Discernimiento, así como en la meditación de Las
Dos Banderas, la importancia de la vigilancia. Es decir, hay que estar constantemente
atentos al estado interior de la vida emocional para detectar cuando se puede
encontrar en un estado de desolación, pues es entonces cuando el enemigo, el
diablo y su ejército, preparan sus arcos y flechas para disparar a matar. Una conciencia atenta que dé la
alerta cuando se cae en el abatimiento ayudará a
resistir el embate del enemigo con mayor coraje e inteligencia para no sucumbir a sus astutos ataques.
El abatimiento es un estado propicio para las
tentaciones del demonio.
2. Kriptonita: nuestro principal punto débil
Los deportistas
estudian a sus oponentes para detectar su punto débil y así poder derrotarlos.
En un debate electoral, descubrir una
laguna o un punto débil en el argumento del oponente puede ser clave para
lograr la victoria. Los
soldados igualmente usan tácticas militares para descubrir la zona más
vulnerable del enemigo.
Con los ataques del
demonio pasa lo mismo. Toda persona tiene su
kriptonita. Superman era
fuerte pero tenía un punto débil, estar expuesto a la kriptonita, lo que le
hacía vulnerable. Es importante que cada creyente conozca estos puntos débiles
y aquí cobra fuerza el “conócete a ti mismo”.
3. A través de nuestro entorno social
La sociedad actual
es más hostil a la fe y más favorable a caer al pecado
que en el pasado. En el mundo laboral, en el entorno social, las propias redes
sociales o en el entretenimiento se abren las
puertas a las tentaciones del demonio. En internet por ejemplo hay una
tentación contaste ante un material nocivo y venenoso, lo mismo ocurre con las redes sociales, muchos contenidos
audiovisuales o incluso con las modas que atentan contra el pudor y la
modestia.
4. El demonio de las impurezas
Hace más de 100
años, la Virgen de Fátima dijo con tristeza que la
mayoría de las almas se pierden para siempre debido a los pecados contra el
sexto y el noveno mandamientos, es decir, los
pecados contra la virtud de la pureza y la castidad. En el medio social actual,
nadie podría dejar de admitir que esta situación se ha disparado y la virtud de
la pureza se encuentra en niveles mínimos.
5. La desesperación
Jesús le reveló a santa Faustina Kowalska que el peor de todos los
pecados y ofensas contra Dios es la falta
de confianza en su misericordia infinita. Una vez
más, detrás aparece la presencia nefasta, insidiosa y maliciosa del diablo y
sus cohortes. El verdadero y peor pecado de Judas Iscariote fue su
desesperación, su incapacidad para pedir perdón y no confiar en la Misericordia
Infinita del Corazón de Jesús.
Con el diablo en el
fondo, pero verdaderamente presente, muchos en nuestra sociedad moderna han renunciado a toda esperanza
y confianza en el amor y la misericordia de Jesús y el poder maternal de intercesión de María.
Pero ante estas cinco
formas de ataque del demonio hay también otras cinco formas de defensa para
luchar, resistir y vencerle:
1. Oración ferviente
No importa cuán
poderosas, insistentes, insidiosas y astutas sean las tentaciones del diablo,
ya que si se recurre a la oración
frecuente, ferviente, humilde y perseverante, la victoria definitivamente será
nuestra sobre el diablo y su ejército. El mejor
ejemplo es Jesús en el Huerto de Getsemaní, como se presenta en la
película La Pasión de Cristo. Jesús
está orando con tanto fervor que suda enormes gotas de sangre, entonces se
levanta para aplastar al diablo con su pie. ¡La
oración puede conquistarlo todo!
2. Práctica de la penitencia
Jesús fue tentado por
el diablo en el desierto durante cuarenta días y cuarenta noches. Allí, Cristo básicamente dedicó sus esfuerzos a dos actividades: oración ferviente e intensa
penitencia. Ayunó durante cuarenta
días y cuarenta noches. Como resultado, cuando el diablo trató de tentar a
Jesús para que convirtiera las piedras en pan, Él respondió con la Escritura:
"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca
de Dios". Los intentos del diablo fueron frustrados.
En otro pasaje bíblico,
cuando los apóstoles le preguntaron al Señor por qué no podían echar fuera a
los demonios, Jesús respondió: "Aquellos sólo pueden ser expulsados con oración y ayuno". (Mt. 17, 21) Por lo tanto, si podemos impregnar nuestras vidas con al menos pequeños actos de penitencia y mortificación,
¡podemos mantener a raya al diablo y las tentaciones!
3. Transparencia y dirección espiritual periódica
Tanto San Ignacio de Loyola como Santa Teresa
de Ávila insisten en la extrema necesidad de la
dirección espiritual en la búsqueda de la
santidad. Tenemos puntos ciegos que solo se pueden detectar con la ayuda de
un director espiritual capacitado.
Es indispensable abrir
nuestra alma y conciencia atribulada a un director espiritual capacitado cuando nos encontramos en medio de una confusión o en medio de una
tormenta espiritual. Esta es la Regla clásica en el
esquema de las Reglas para el Discernimiento de San Ignacio de Loyola. El diablo quiere que mantengamos nuestras tentaciones ocultas; si hacemos esto, el enemigo puede
transformar fácilmente un grano de arena en una montaña, un pequeño corte en
una infección gangrenosa.
4. «Nunc Coepi»: ¡comienza de nuevo!
Siendo débiles y
expuestos a muchas tentaciones, es posible que nos derrumbemos y capitulemos
ante las insistentes murmuraciones del diablo. Solo Dios es perfecto y todos
somos pecadores. Un ataque del diablo grave pero omnipresente es precisamente
este: después de caer en el pecado, nos
desesperamos y perdemos la esperanza. El verdadero
soldado de Jesús, después de una caída no se desesperará, ni tirará la toalla y sucumbirá a hundirse más profundamente en
el lodazal del pecado. ¡Todo lo contrario! Admitirá humildemente su caída, recurrirá a la confesión
sacramental y empezará de nuevo.
5. María
Jesús es el Rey y María es la Reina. En Guadalajara, México, hay un título digno de mención que se le
da a María: “¡La Generala! En nuestra
constante batalla contra el diablo y su ejército debemos recurrir a María.
Debemos estar consagrados a María, llevar el Escapulario de María, rezar el Rosario y, muy especialmente, en tiempos de tentación, invocar el Santo Nombre de María. Si se hace, la victoria será nuestra gracias a la poderosa intercesión de la Virgen.
miércoles, 14 de febrero de 2024
Qué
significa «entrar en la cuaresma»
Con el ayuno y
el rito de imposición de la ceniza, entramos en la Cuaresma. Pero, ¿qué significa "entrar
en la Cuaresma"? Significa iniciar un tiempo de particular *empeño en el combate espiritual que nos opone al mal presente en el mundo, en cada uno de
nosotros y en torno a nosotros. Quiere decir *mirar
el mal cara a cara y disponerse a luchar contra sus efectos, sobre todo contra sus causas, hasta
la causa última, que es Satanás.
Significa no descargar el problema del mal en los demás, en la sociedad o en
Dios, sino reconocer las propias responsabilidades y afrontarlo
conscientemente.
A este propósito, resuena con mucha urgencia, para nosotros cristianos, la invitación de Jesús a que cada
uno tome su "cruz" y lo siga con humildad y confianza (cf. Mt 16,24). La "cruz", por pesada que sea, no es sinónimo de
desventura, de desgracia que hay que evitar lo más posible, sino de oportunidad
para seguir a Jesús y así adquirir fuerza en la lucha contra el pecado y el
mal. Por tanto, entrar en la Cuaresma significa *renovar la decisión personal y
comunitaria de afrontar el mal junto con Cristo. En efecto, el camino de la cruz es el único que
conduce a la victoria del amor sobre el odio, del compartir con los demás sobre
el egoísmo, de la paz sobre la violencia. Vista así, la Cuaresma es en verdad
una ocasión de fuerte empeño ascético y espiritual, fundado en la gracia de
Cristo… recuerda las
palabras que Jesús pronunció precisamente al inicio de su misión pública, y que volvemos a
escuchar muchas veces durante estos días de Cuaresma: «Convertíos
y creed en el Evangelio», rezad y haced penitencia. Acojamos la invitación de María, que hace eco a la de Cristo, y
pidámosle que nos obtenga "entrar" con fe en la Cuaresma, para vivir
con alegría interior y empeño generoso este tiempo de gracia…
En este primer domingo de Cuaresma, os animo a que os dejéis llevar sin
temor por el Espíritu Santo para seguir más de cerca a Cristo en su camino
hacia la Pascua. Pidamos a la Virgen María que interceda por nosotros, para que
sepamos responder con generosidad a la llamada que Dios nos hace a la
conversión y a la renovación de nuestra fe.
De Benedicto XVI, Pp..
sábado, 3 de febrero de 2024
DEL BLOG DEL OBISPO
“Danos siempre de ese Pan”
Carta Pastoral de Mons. Rafael Zornoza, Obispo de Cádiz y Ceuta
Queridos hermanos, fieles de la diócesis de Cádiz y Ceuta, sacerdotes, consagrados, laicos de todas las edades en la vida parroquial o en movimientos, asociaciones y cofradías:
Os invito encarecidamente a
celebrar el año que comienza, el 2024, dedicándolo
a la Eucaristía. Salgamos al encuentro de Cristo Jesús en el
Pan que transforma la vida, el Pan bajado del cielo, un misterio para creer,
para celebrar y para vivir [1]. Jesús se hace siempre accesible como el mayor
don de Dios para nosotros, que se ha hecho comida (pan) para caminar con
nosotros en la senda de la vida, transformándonos. Es
el verdadero Pan del cielo, “el que baja del cielo y da la vida al mundo” (Jn
6,33),
el don del Padre a la humanidad hambrienta. A Él le pedimos: “Señor, danos
siempre de ese Pan” (Jn 6,34).
“¡Éste es el sacramento de
nuestra fe!”, decimos en Misa [2]. En efecto, es misterio
de la fe y compendio de vida cristiana donde Dios se da a sí mismo y hace
renacer constantemente a la iglesia, por lo que “es importante que las
comunidades (…) experimenten la exigencia de un conocimiento más profundo del
misterio y del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Al mismo tiempo, con el
espíritu misionero que queremos fomentar, es necesario que se difunda el
compromiso de anunciar esta fe eucarística para que cada hombre pueda
encontrarse con Jesucristo, que nos ha revelado al Dios “cercano”, amigo de la
humanidad, y testimoniarla con una elocuente vida de caridad”[3]. Recibamos,
pues, este don maravilloso que nos ofrece la vida divina con obediencia fiel,
celebrando y adorando al verdadero cordero pascual que realiza con nosotros la
nueva y eterna alianza, diciendo: «Éste es el Cordero de Dios,
que quita el pecado del mundo. Dichosos los invitados a la cena del Señor».
Como fruto de este año,
deseamos que se acreciente la vida eucarística, como dimensión espiritual
esencial para madurar la fe personal y comunitaria, con
todas sus consecuencias, en la unión con Dios, en la comunión fraterna, en el
apostolado y la evangelización, en la vida caritativa y el compromiso social.
Quiero expresar mi gratitud
a cuantos sostenéis y alentáis la participación en la Eucaristía en
parroquias, conventos, colegios, comunidades, etc., en especial a los
sacerdotes, que, como celebrantes en nombre de Jesucristo, hacéis posible que
este Santo Sacramento llegue a todos; pero también a los adoradores del
Santísimo, a los grupos de liturgia, a los catequistas de iniciación cristiana.
Con vuestra entrega constante y generosidad llega a todos el Pan de Vida que
nos alimenta, fortalece y consuela. Confío especialmente en vosotros,
sacerdotes, personas consagradas y laicos comprometidos, para impulsar en este
año una más decidida vida eucarística personal y comunitaria, acogiendo el
Cuerpo de Cristo que se hace presente en el sacramento y nos hace ver desde su
corazón su otro modo de presencia en los necesitados. Alimentados por él, demos
los frutos de amor que espera de nosotros [...
Nunca agradeceremos bastante
el Señor el regalo de haberse querido quedar en la Eucaristía, en el sagrario o
expuesto en la custodia. Eso nos permite poder adorarlo y
contemplarlo constantemente experimentando su presencia. Ante Jesús Sacramentado
percibimos interiormente el profundo misterio de su presencia divina, de su
entrega total, de su amor constante con que nos acompaña y consuela.
La experiencia del adorador
de Cristo en la Eucaristía proclama que está verdadera, real y sustancialmente
presente en la Hostia Consagrada, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su
Divinidad. El cristiano que adora le reconoce presente y
experimenta con fuerte convicción lo que afirma el famoso canto eucarístico:
“Dios está aquí”. En efecto, esta experiencia profundamente
cristiana configura su vida, la llena de su presencia y cercanía, acoge su fuerza
para hacer la voluntad de Dios y evitar el pecado, recibe un impulso mayor para
corresponder al amor de Dios y amar a los hermanos. Dios mismo hace que renazca
en el corazón del adorador la caridad más generosa, la certeza de la vida
eterna, la satisfacción de las esperanzas más profundas del corazón, la
liberación del peso de lo material en la contemplación del mismo Dios, el deseo
de permanecer siempre en Él.
Ante el Santísimo Sacramento
experimentamos de manera totalmente particular ese “permanecer” de Jesús, que
él mismo, en el Evangelio de Juan, pone como condición necesaria para dar mucho
fruto (Cf. Jn 15, 5) y evitar que nuestra acción apostólica quede reducida a un
estéril activismo, convirtiéndose más bien en testimonio del amor de Dios […]
[1]
Cf. BENEDICTO XVI, Exhortación Apostólica Postsinodal Sacramentum Caritatis.
[2]
Catecismo de la Iglesia Católica, 1356-1372; San Juan Pablo II, Enc. Ecclesia
de Eucharistia, 17-IV-2003, 11-20.
[3]
BENEDICTO XVI, 5 de junio de 2010, discurso en la Basílica de San Juan de
Letrán.
[13]
BENEDICTO XVI, APERTURA DE LA ASAMBLEA ECLESIAL DE LA DIÓCESIS DE ROMA,
Basílica de San Juan de Letrán, 15 de junio de junio de 2010.
ENLACE PARA LEER LA CARTA PASTORAL
COMPLETA (https://rafaelzornozaboy.com/2024/01/22/danos-siempre-de-ese-pan-jn-6-37/ )
viernes, 19 de enero de 2024
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
ENERO : ADORAR CON LOS PASTORES
Alabado sea el Santísimo Sacramento del
Altar
¡VENITE ADOREMUS!
“Desnudo, pobre, aterido de
frío y llorando, nace el Hijo de Dios vivo, hecho hombre, en el pesebre de
Belén. Desnudo nació, y así se encuentra en el altar y en la
custodia humilde y otras veces desprovisto de paños limpios y dignos. Pobre
se halla en el sagrario, y solo está con sus ángeles la
mayor parte de tiempo, sobre todo en las iglesias de poco culto. Frío
se muestra el hombre con el Dios eucarístico, llorando
místicamente en el sagrario por nuestros pecados y ofensas
infinitas que le produjeron al Dios de bondad. Jesús puede exclamar desde la
Hostia consagrada: ¿Qué utilidad he sacado de mi sangre derramada?” (LS Tomo IV (1873) Pág. 8 y ss.)
“Niño pequeñito, el Dios
eterno” ¡Qué misterio tan hermoso celebramos en la Navidad! ¡Qué
contrastes tan magníficos! ¡Menuda paradoja! Jesús, el Dios Altísimo que no
contienen los cielos... nació en la humildad de un establo. Jesús, el Hijo
Eterno del Padre… nació de una familia pobre… y ¡unos sencillos
pastores son los primeros testigos del acontecimiento! ¡Qué
afortunados seremos si nos contamos entre esos pastores, que
son los primeros en atender a la llamada del Cielo para
acudir al dulce oficio de la Adoración del Verbo hecho carne! ¡Venite Adoremus! Que
amable invitación a ponerse en camino, a andar al encuentro de una presencia
viva… ¡Cómo se lo dirían unos a otros los pastores! Estas palabras resonarían
entre ellos como un precioso eco del mensaje de los ángeles. Venite Adoremus! ¿A quién se lo he
dicho yo? ¿Quién me lo dijo a mí? Invitémonos unos a otros a
la Adoración Eucarística, como los pastores se animaban mutuamente a
ir a Belén. Ojalá vayamos a adorar al Señor, con otros, con los pequeños de
Dios.
«Vayamos, pues, a Belén, y
veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha comunicado» (Lc 2,15),
así dicen los pastores después del anuncio hecho por los ángeles. Es una
enseñanza muy hermosa que se muestra en la sencillez de la descripción. A
diferencia de tanta gente que pretende hacer otras mil cosas, los
pastores se convierten en los primeros testigos de lo esencial, es decir, de la
salvación que se les ofrece. Son los más humildes y los
más pobres quienes saben acoger el acontecimiento de la encarnación. A Dios que
viene a nuestro encuentro en el Niño Jesús, los pastores responden poniéndose
en camino hacia Él, para un encuentro de amor y de agradable asombro. Este
encuentro entre Dios y sus hijos, gracias a Jesús, es el que da vida
precisamente a nuestra religión y constituye su singular
belleza, y resplandece de una manera particular en el pesebre. (Admirabile signum, 5)
Las páginas más entrañables de la
Escritura son quizás las que nos cuentan los primeros misterios de la vida de
Jesús ¿qué habríamos hecho sin el relato de Lucas? Nos cuenta el evangelista… “Había
en la misma comarca unos pastores, que dormían al raso y vigilaban por turno
durante la noche su rebaño.”
Vigilaban en la noche,
velaban por turnos, atentos y ¡por eso pudieron contemplar las maravillas del
cielo! ¡Cómo se parece esto ya a nuestras vigilias de adoración! El
no dormir, el organizar los turnos, el sueño y la vigilia… Pero aún no se había
expuesto el Santísimo, cuando aparece el sacerdote y celebra la Eucaristía
¿acaso no puede compararse al ángel que anuncia la buena nueva? “Se
les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz;
y se llenaron de temor. El ángel les dijo: «No temáis, pues os anuncio una gran
alegría, que lo será para todo el pueblo: os ha nacido hoy, en la ciudad de David,
un salvador, que es el Cristo Señor; y esto os servirá de señal: encontraréis
un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”
Ojalá en nuestra adoración
nos llenemos de santo temor, de reverencia, de respeto, de reconocimiento de la
grandeza de Dios que nos envuelve con su luz. Si así lo hacemos,
Dios cambiará nuestros temores en alegrías, nuestras penas en dichas ¡qué gran
noticia! El Salvador, está aquí, ya entre nosotros, ha llegado a
la tierra, está en el sagrario. Para siempre ¡Qué gran noticia! Y
entonces los ángeles se ponen a cantar sus salmos, sus laudes de alabanza, como
nosotros rezamos la liturgia de la Iglesia, del cielo y de la tierra.
Y de pronto se juntó con el ángel una
multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: «Gloria a
Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres en quienes él se
complace.» Estos cánticos son
como los salmos de nuestras vísperas, o mejor, los salmos de nuestro oficio son
como cantos de ángeles que alaban al Padre, ¡hemos de rezarlos con unción!
¡incluso mejor, ojalá que cantemos en nuestras vigilias!
Y sucedió que cuando los ángeles,
dejándoles, se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros:
«Vayamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y el Señor nos ha
manifestado.» Vayamos, venid, adoremos, Belén -la casa del
pan- encierra el Tesoro del Salvador, también el Sagrario, de
alguna manera es Belén, ¡ea pues! vayamos a Belén adoradores, a ver al Señor
que se nos ha manifestado. Vayamos a prisa, sin perezas, con puntualidad,
vayamos con ganas, con corazón inflamado… Y fueron a toda
prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al
verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos
los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían.
¡Qué maravillas encontraremos! Está
Jesús, sí, pero no está solo, está con María y con José, y con ellos podemos
hablar y conversar y adorar al que se esconde entre las pajas… Una
noche bendita de adoración, va a producir frutos hermosos… el corazón de María
va a contemplar con alegría la escena, nuestros corazones volverán
ensanchados y llenos de gloria: María,
por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón. Los
pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían
oído y visto, conforme a lo que se les había dicho.
Igual que los pastores, los
santos son quienes han acudido a la Adoración y han
vuelto con un corazón rebosante de gloria para Dios, los santos nos
animan a acudir al pesebre y a acudir al sagrario. Si les hacemos caso, no será
sin consecuencias de santidad.
“La Navidad está rodeada también de
sencillez admirable: el Señor viene sin aparato, desconocido de todos. En la
tierra sólo María y José participan en la aventura divina. Y luego aquellos
pastores, a los que avisan los ángeles. Y más tarde aquellos sabios de Oriente.
Así se verifica el hecho trascendental, con el que se unen el cielo y la
tierra, Dios y el hombre. ¿Cómo es posible tanta dureza de corazón, que hace
que nos acostumbremos a estas escenas? Dios se humilla para que podamos
acercarnos a Él, para que podamos corresponder a su amor con nuestro amor, para
que nuestra libertad se rinda no sólo ante el espectáculo de su poder, sino
ante la maravilla de su humildad” (San
Josemaría, Es Cristo que pasa, nº 18).
Preguntas para el diálogo y la meditación.
■ Piensa
en tu círculo ¿hay algún pequeño, algún pobre de espíritu?
■ ¡Invítale
a la adoración!
■ ¿Has
contemplado despacio alguna obra de arte o miniatura de los pastores
adoradores?
■ ¿La
Eucaristía te parece adorable?
¡VENITE ADOREMUS!



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