TIEMPO LITÚRGICO
lunes, 10 de julio de 2023
sábado, 8 de julio de 2023
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
JULIO : ADORAR LA SANGRE PRECIOSA DE CRISTO
Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR
LA INTIMIDAD CON DIOS
¡Salvados por la Sangre del Cordero! …
En el marco de la cena pascual, cuando se
recordaba la huida de Egipto, el paso de la Muerte por las casas no marcadas
por la Sangre del Cordero, Jesús instituyó la Eucaristía como el
sacrificio de una nueva alianza, esta vez, sellada con su sangre. En
adelante, el animal sacrificado no iba a ser el cordero, sino Jesús,
el Cordero de Dios que, con su propia sangre, quita los pecados del mundo.
Hemos de recordar que la materia del
Santísimo sacramento lo constituye el pan y el vino. Y en el hecho de que se
consagren separados (cuerpo y sangre) nos recuerda que Cristo
es víctima sacrificada. Cuando la víctima era sacrificada, su
sangre era separada del cuerpo y se derramaba en el ara y sobre el pueblo… En el mundo judío, la sangre
tenía un carácter sagrado, pues se identificaba con la vida y con
Dios, Señor de la vida. Por eso las grandes alianzas se ratificaban con sangre.
Moisés, después de sacrificar a las víctimas, derramó la sangre sobre el altar
y sobre el pueblo, diciendo: “Ésta es la sangre de la alianza
que Yahvé ha establecido con vosotros”.
También en la Eucaristía, la
consagración es primero del cuerpo, “Éste es mi cuerpo que se entrega por
vosotros, y luego la sangre: Este cáliz es la Nueva Alianza en mi sangre. Jesús
ha establecido una nueva Alianza, y la ha ratificado con su sangre ¿no merece eso nuestra adoración?
“Si es infinito el valor de la Sangre del
Hombre Dios e infinita la caridad que le impulsó a
derramarla desde el octavo día de su nacimiento y después, con mayor abundancia
en la agonía del huerto, en la flagelación y coronación de espinas, en la
subida al Calvario y en la Crucifixión y, finalmente, en la extensa herida del
costado, como símbolo de esa misma divina Sangre, que
fluye por todos los Sacramentos de la Iglesia, es no sólo conveniente sino muy
justo que se le tribute homenaje de adoración y de amorosa gratitud por
parte de los que han sido regenerados con sus ondas saludables (Inde a primis, san Juan XXIII)”.
La Sagrada Escritura nos habla en varias
ocasiones de la sangre de Cristo, pero quizá hay una que nos puede ayudar más
que las otras a hacer nuestra vigilia de adoración: Getsemaní. “En seguida
Jesús salió y fue, como de costumbre, al monte de los Olivos, seguido de sus
discípulos. Cuando llegaron, les dijo: «Orad, para no caer en la tentación».” …
Parece
que hoy nos hace a nosotros, adoradores, la misma invitación. Oremos, adoremos,
para que las tentaciones se alejen de nosotros y de los
nuestros. Acompañemos a Jesús nuestra hora, en esta noche …
“Después se alejó de ellos, más o menos a
la distancia de un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba: «Padre, si
quieres, aleja de mí este cáliz. Pero que no se haga mi voluntad, sino la
tuya». Entonces se le apareció un ángel del cielo que lo reconfortaba.” … Que
podamos ser consuelo de Cristo con aquel ángel -“Ángel” significa mensajero-, pidámosle
que envíe a Jesús en Getsemaní nuestra adoración de hoy,
para su consuelo, porque el pecado hace sufrir a Jesús.
“En medio de la angustia, él oraba más
intensamente, y su sudor era como gotas de sangre que corrían hasta el suelo.
Después de orar se levantó, fue hacia donde estaban sus discípulos y los
encontró adormecidos por la tristeza. Jesús les dijo: «¿Por qué están
durmiendo? Levántense y oren para no caer en la tentación».”
¿La sangre de Cristo cayendo al suelo?
¡Qué misterio! El valor de esa sangre es infinito, es la
vida de Cristo, la vida de DIOS, tantos sufrimientos le hacen romper sus vasos
sanguíneos y sudar sangre. Sangre que nos salva. "La sangre que poco antes
había entregado a la Iglesia como bebida de salvación en el Sacramento
eucarístico, comenzó a ser derramada; su efusión se completaría después en el
Gólgota, convirtiéndose en instrumento de nuestra redención". Adoremos
esta sangre derramada por nosotros.
Los santos nos ayudan; santa Teresita
nos
cuenta cómo le impresionó aquella estampa… “Un domingo mirando
una estampa de Nuestro Señor en la cruz, me sentí profundamente impresionada por
la sangre que caía de sus divinas manos. Sentí un gran dolor al
pensar que aquella sangre caía al suelo sin que nadie se apresurase a
recogerla. Tomé la resolución de estar siempre con el espíritu al pie de la
cruz para recibir el rocío divino que goteaba de ella, y comprendí que luego
tendría que derramarlo sobre las almas…”
Otro gran propagador de esta devoción fue san Gaspar de
Búfalo, que fundó los Hermanos de la preciosísima sangre de Cristo y
compuso esta preciosa oración: “Oh, preciosa sangre de mi
Señor, que yo te ame y te alabe para siempre. ¡Oh, amor de mi
Señor convertido en una llaga! Cuán lejos estamos de la conformidad con tu
vida. Oh Sangre de Jesucristo, bálsamo de nuestras almas, fuente de
misericordia, deja que mi lengua, impregnada por tu sangre en la celebración
diaria de la misa, te bendiga ahora y siempre. Oh, Señor, ¿quién
no te amará? ¿Quién no arderá de
agradecido afecto por ti? Tus heridas, tu sangre, tus espinas, la
cruz, la sangre divina en particular, derramada hasta la última gota, ¡con qué
elocuente voz grita a mi pobre corazón! Ya que agonizaste y moriste por mí para
salvarme, yo daré también mi vida, si será necesario, para poder llegar a la bendita
posesión del cielo. Oh Jesús, que te has hecho redención para nosotros, de tu
costado abierto, arca de la salvación, horno de la caridad, salió sangre y
agua, signo de los sacramentos y de la ternura de tu amor, ¡Seas adorado y
bendecido por siempre, oh Cristo, que nos has amado y lavado en
tu preciosísima sangre! Amén”.
¡Salvados por la Sangre del Cordero!
Preguntas para el
diálogo y la meditación.
■ ¿Has leído alguna vez el
Éxodo pensando en la Eucaristía?
■ ¿Qué realidades del Antiguo
Testamento nos pueden ayudar a penetrar mejor en este misterio?
■ ¿Cómo podemos crecer en conciencia de la dimensión sacrificial de la Eucaristía?
DEL BLOG DEL OBISPO
AL INICIO DE LAS VACACIONES DE VERANO
VERANO: APRENDE A DESCANSAR
Ya está aquí el verano y para muchos, afortunadamente, las vacaciones para descansar. Algunos afirman que el verano es para
desconectar. Es cierto que así expresamos la distancia que nos sitúa en un
contexto diferente a los ritmos de trabajo que son frenéticos, extenuantes,
para muchas personas. En el ambiente hiperactivo de nuestra sociedad
acabamos verdaderamente cansados, atrapados por urgencias familiares,
laborales, pastorales, etc. Es evidente que hemos de encontrar el necesario
equilibrio físico, mental y espiritual. Aprovechemos, pues, el tiempo de
vacaciones. Pero
tenemos que aprender a descansar y redescubrir el sentido último del
reposo, no como una simple experiencia de huida, sino como el fruto de un
saber, el arte de vivir.
Creo que un reto no pequeño de nuestro
tiempo es aprender a tomarse el tiempo para vivir de verdad, para estar más
presente en las cosas y en las personas, para amar, para construir […] No
tenemos un manual del descanso, pero sabemos muchas cosas que nos recuperan
interiormente, nos humanizan y hacen reposar el cuerpo y el alma. Sirvan, pues, las vacaciones para
el encuentro,
para renovar lazos con nuestros familiares y amigos, para disfrutar de la
convivencia con las personas a las que amamos, al tener más tiempo libre, para nuevas
experiencias de amistad, de contacto con la naturaleza, de crecimiento. Un
ambiente relajado de vacación es perfecto para impulsar el agradecimiento, que a veces con las prisas podemos
olvidar. Saber dar las gracias a los demás por los detalles, por los planes o
por haberlo pasado bien juntos. Y sobre todo compartir dando gracias a Dios por estar bien y estar
juntos, y echar una mano a los nuestros, sin olvidar vivir la caridad con los necesitados,
solos o enfermos.
De muchas formas Dios sale a nuestro
encuentro en verano. Algunos visitan monasterios, hacen el Camino de Santiago,
buscan algún retiro, o participan –como lo harán muchos jóvenes de nuestra
diócesis unidos a los de todo el mundo— de la Jornada Mundial de la Juventud … De
diversos modos, en definitiva, podemos aprovechar para recuperarnos del
desgaste de cuerpo y alma […]
Os deseo el descanso merecido que reponga
vuestras fuerzas para seguir con fidelidad la ruta de nuestra vida siendo
fieles a la voluntad de Dios y a nuestros compromisos.
+ Rafael, Obispo de Cádiz y Ceuta
sábado, 1 de julio de 2023
CEUTA ACOGIÓ ESTE AÑO LA
VIGILIA DE LAS ESPIGAS
Durante la noche del sábado 24 al domingo 25 de junio se celebró la tradicional Vigilia de las Espigas en la ermita de San Antonio de Padua, en las estribaciones de la cumbre del monte Hacho. Organizada por el Consejo diocesano de la Adoración Nocturna Española, contó con la presencia de las Secciones de Cádiz, San Fernando, San Roque, Barbate, y la anfitriona de Ceuta.
Con la tradicional procesión de Banderas desde
la S.I. Catedral hasta el Santuario de Ntr.ª. Señora de África, dio comienzo
esta Vigilia de Adoración y acción de Gracias, que continuó con el saludo del Presidente
diocesano que recordaba, en palabras del Venerable D. Luis de Trelles (Fundador
de la Obra) allá por el siglo XIX, que -“somos, por así decirlo, fundadores de
esta devoción, por lo que como continuadores de ella debemos ser modelos y
propagadores de esta santa ocupación, toda vez que está escrito que la oración
fervorosa produce la generación de Santos y la conversión del mundo”-;
siguiendo con el rezo solemne de Vísperas y la Santa Misa, que presidió D. Francisco
Jesús, Vicario general de la ciudad Autónoma y consiliario de la Sección de Ceuta, y
concelebrada por D. Rafael Galván, D José Manuel González y los colaboradores
de la Obra D. Valentín Vivar y D. Javier Ancízar venidos desde la península.
En su homilía, D. Francisco Jesús, después
de recordar su vinculación personal con la Adoración Nocturna, animó a los
participantes a perseverar en la Adoración Eucarística, “como ésa lámpara del
Sagrario que debe permanecer siempre encendida, y disfrutar de los beneficios
que se desprenden del poder estar en íntima compañía con Jesús Sacramentado,
porque permanece siempre con nosotros y no nos abandona. No nos cansemos nunca
de acudir al Sagrario”.
Finalizada la Santa Misa, nos trasladamos en
autobús hasta la ermita de san Antonio, donde
con gran devoción dieron comienzo los turnos de vela ante el Santísimo
Sacramento que ocuparon toda la noche, y acompañados por numerosos miembros de la
Cofradía; concluyendo con el rezo del Santo Rosario y la oración comunitaria de
Laudes, que una vez finalizada, se formó en corporación para con S.D.M.
trasladarse en procesión hasta el mirador desde donde se procedió a la
Bendición de los campos y el mar.
Desde este
lugar privilegiado en la cima del monte Hacho, despuntando el alba, el Rvdo. D.
Francisco Jesús, impartió la Bendición Eucarística sobre la Ciudad, los campos
y el mar de nuestra diócesis y sobre toda la actividad humana que, gracias a la
Providencia, hace posible que de los “frutos del mar y de la tierra y del
trabajo del hombre” podamos obtener lo necesario para nuestro sustento.
Culminaba así la Vigilia de las Espigas 2023
dando un sentido broche de oro a esta tradicional Vigilia, que había comenzado
la noche anterior sobre las 21.30 horas y que no se celebraba en esta parte
africana de España desde hacía más de cuatro décadas.
Fue una noche realmente santa, con Jesús
Sacramentado como único centro de su vela; Haciendo nuestros sus anhelos y
sufrimientos, y pidiendo la luz y la fuerza que nos ayuden a “no pasar nunca de
largo ante el sufrimiento humano”.
Con el canto de la Salve y la despedida de
D. Francisco Jesús de todos los asistentes, en la que se agradeció expresamente
a los Hermanos mayores de las Cofradías de San Antonio y de la Virgen de África
las esmeradas atenciones recibidas y, deseándoles un feliz regreso a casa, se
puso rumbo a las poblaciones de destino después de degustar un espléndido
desayuno ofrecido por nuestra Sección hermana.
jueves, 22 de junio de 2023
PARA EL DIÁLOGO Y LA MEDITACIÓN
JUNIO : ADORAR EL CORAZÓN EUCARÍSTICO DE JESÚS
Alabado sea el Santísimo
Sacramento del Altar
Nos amó con corazón de hombre…
“Me amó y se entregó por mí”. Esto podía ser una verdadera divisa eucarística. Pero aún hay más, porque me amó con corazón de hombre. Y es su Corazón el que está en la Eucaristía continuamente entregado por mí. "El Hijo de Dios me amó y se entregó a sí mismo por mí". Jesús, durante su vida, su agonía y su pasión, nos ha conocido y amado a todos y a cada uno de nosotros y se ha entregado por cada uno de nosotros. Estas palabras son más verdad, aun si cabe, en el momento de la institución de la Eucaristía: Jesús que me conoce y se entrega por amor, inventa esta manera de poder estar siempre a mi lado.
Nos ha amado a todos con un
corazón humano. Trabajó con manos de hombre, pensó con
inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre.
El
Sagrado Corazón de Jesús, traspasado por nuestros pecados y para nuestra
salvación, "es considerado como el principal
indicador y símbolo de aquel amor con que el divino
Redentor ama continuamente al eterno Padre y a todos los
hombres". Pero el símbolo remite a una realidad, y la imagen a una
sustancia… Y la presencia de ese corazón está en la Eucaristía. Por
eso, se le puede llamar con toda verdad: Corazón Eucarístico de Jesús.
¿Quién podrá dignamente describir los
latidos del Corazón divino, signo de su infinito amor, en aquellos
momentos en que dio a los hombres sus más preciados dones: a Sí mismo en
el sacramento de la Eucaristía? Ya
antes de celebrar la última cena con sus discípulos, sólo al pensar en la
institución del Sacramento de su Cuerpo y de su Sangre, con cuya efusión había
de sellarse la Nueva Alianza, en su corazón sintió intensa conmoción, que
manifestó a sus apóstoles con estas palabras: «Ardientemente he deseado comer
esta Pascua con vosotros, antes de padecer» ; conmoción que, sin duda, fue aún
más vehemente cuando «tomó el pan, dio gracias, lo partió y lo dio a ellos,
diciendo: "Éste es mi cuerpo, el cual se da por vosotros; haced esto en
memoria mía". Y así hizo también con el cáliz, luego de haber cenado, y
dijo: "Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que se derramará por
vosotros"» Con razón, pues, debe afirmarse que la divina Eucaristía, como
sacramento por el que Él se da a los hombres y como sacrificio en el que Él
mismo continuamente se inmola desde el nacimiento del sol hasta su ocaso y
también el Sacerdocio, son clarísimos dones del Sacratísimo Corazón de Jesús. (Haurietis aquas, Pio XII)
La Escritura nos recuerda de
cómo Cristo había pensado desde mucho antes, con todo el amor de su Corazón, en
el sacramento de la Eucaristía. Este sacramento, como el
don del Espíritu Santo, se puede decir que nace de sus entrañas, de lo más
preciado que Él tiene, con qué solemnidad lo anuncia el último día, el más solemne
de la fiesta, poniéndose de pie exclama: «El que tenga sed, venga a
mí; y beba el que cree en mí». Como dice la Escritura: "De sus
entrañas brotarán manantiales de agua viva". Él se refería al Espíritu,
ciertamente, el que había de recibir los que creyeran en Él, también se refería
a la Eucaristía, que brota del corazón de Cristo y en la que bebemos y comemos
para la vida eterna.
También Él nos dice: ”Yo
soy el pan de Vida. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo
daré es mi carne para la Vida del mundo”. No podemos pasar
sin la Eucaristía; está llena de su amor por nosotros: “Os lo aseguro que si no
coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis Vida en
vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna,
y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la
verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida”. Y como buen amigo, Jesús
nos asegura una comunión (sacramental y espiritual): “El que come mi carne y
bebe mi sangre permanece en mí y yo en él”.
También los Santos nos animan a ver en
la Eucaristía ese divino Corazón, como santa
Margarita María de Alacoque, que tuvo la inmensa suerte
de verlo con dones místicos, para recordárnoslo a toda la Iglesia. “Estando yo delante del
Santísimo Sacramento me encontré toda penetrada por Su divina
presencia. El Señor me hizo reposar por muy largo tiempo sobre su pecho divino,
en el cual me descubrió todas las maravillas de su amor y los
secretos inexplicables de su Corazón Sagrado”.
En otra ocasión, “Una
vez, estando expuesto el Santísimo Sacramento, se presentó Jesucristo resplandeciente
de gloria, con sus cinco llagas que se presentaban como otros tanto
soles, saliendo llamaradas de todas partes de Su Sagrada Humanidad, pero sobre
todo de su adorable pecho que, parecía un horno encendido. Habiéndose abierto, me
descubrió su amabilísimo y amante Corazón, que era el vivo manantial de las
llamas”.
También le pide la comunión reparadora, y
la hora santa… “Comulgarás, además, todos los primeros viernes de mes, y en la
noche del jueves al viernes, te haré participe de la mortal tristeza que quise
sentir en el huerto de los Olivos, cuya tristeza te reducirá, sin que logres
comprenderlo, a una especie de agonía más difícil de soportar que la muerte.
Para acompañarme en la humilde plegaria que elevé entonces a mi Padre, en medio
de todas tus angustias, te levantarás entre las once y las doce de la noche
para postrarte conmigo durante una hora, con la cara en el suelo, tanto para
apaciguar la cólera divina, pidiendo por los pecadores, como para endulzar de
algún modo la amargura que sentía por el abandono de mis apóstoles”.
Y por último, la gran fiesta del Amor también está conexa con la del Corpus: “Estando ante el Santísimo Sacramento un día de su octava, y queriendo tributarle amor por Su tan gran amor, el Señor le descubrió su Corazón y le dijo "He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombres y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, sólo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado. Por eso te pido que el primer viernes después de la octava del Corpus se celebre una fiesta especial para honrar a mi Corazón, y que se comulgue dicho día para pedirle perdón y reparar los ultrajes por él recibidos durante el tiempo que ha permanecido expuesto en los altares."
Nos amó con corazón de hombre
Preguntas para el diálogo y la meditación.
■ ¿Uno mi devoción a la
Eucaristía con la del Corazón de Jesús como nos propone la Iglesia?
■ ¿Qué revistas, libros,
documentos pueden ayudarme a profundizar en estas devociones?
■ ¿Cómo puedo colaborar por el esplendor de la fiesta del Corpus y del Corazón de Jesús?
lunes, 5 de junio de 2023
jueves, 1 de junio de 2023
sábado, 20 de mayo de 2023
LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR A LOS
CIELOS
La liturgia pone ante
nuestros ojos, una vez más, el último de los misterios
de la vida de Jesucristo entre los hombres: Su Ascensión a los
cielos. Desde el Nacimiento en Belén, han ocurrido muchas cosas: lo hemos encontrado en la cuna, adorado por pastores y por reyes; lo hemos contemplado
en los largos años de trabajo silencioso, en Nazaret; lo hemos acompañado a
través de las tierras de Palestina, predicando a los
hombres el Reino de Dios y haciendo el bien a todos. Y más tarde, en los
días de su Pasión, hemos sufrido al presenciar cómo lo acusaban, con qué saña lo maltrataban, con cuánto odio lo crucificaban.
Al dolor, siguió la
alegría luminosa de la Resurrección. ¡Qué fundamento más claro y más firme para
nuestra fe! Ya no deberíamos dudar. Pero quizá, como los Apóstoles, somos todavía
débiles y, en este día de la Ascensión, preguntamos a Cristo:¿Es ahora cuando
vas a restaurar el reino de Israel?; ¿es ahora cuando
desaparecerán, definitivamente, todas nuestras perplejidades, y todas nuestras miserias?
El Señor nos responde subiendo a los cielos. También como los
Apóstoles, permanecemos entre admirados y tristes al ver que nos deja. No es
fácil, en realidad, acostumbrarse a la ausencia física de Jesús. Me conmueve
recordar que, en un alarde de amor, se ha ido y se ha
quedado; se ha ido al Cielo y se nos entrega como alimento en la Hostia Santa. Echamos de menos, sin
embargo, su palabra humana, su forma de actuar, de mirar, de sonreír, de hacer
el bien. Querríamos volver a mirarle de cerca, cuando se sienta al lado del
pozo cansado por el duro camino, cuando llora por Lázaro, cuando ora
largamente, cuando se compadece de la muchedumbre.
Siempre me ha parecido lógico y me ha
llenado de alegría que la Santísima Humanidad de Jesucristo suba a la gloria
del Padre, pero pienso también
que esta tristeza, peculiar del día de la Ascensión, es una muestra del amor que sentimos por
Jesús,
Señor Nuestro. El, siendo perfecto Dios, se hizo hombre, perfecto hombre, carne
de nuestra carne y sangre de nuestra sangre. Y se separa de nosotros, para ir
al Cielo. ¿Cómo no echarlo en falta?
San José María Escrivá-de las obras del fundador del Opus Dei

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