TIEMPO LITÚRGICO

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sábado, 10 de abril de 2021

El Papa de joven fue adorador nocturno



     El Semanario Católico de Información, “Alfa y Omega”, en su número 1.209 – editada por la Fundación San Agustín, que está vinculada al Arzobispado de Madrid, España – dio a conocer la Carta que el Papa Francisco envió al periodista Lucas Schaerer tras recibir una foto de un registro de los años 50 con su nombre y un número. «Me emocionó la fotocopia del libro sobre la adoración nocturna», asegura el Pontífice en su misiva. Es la primera vez que el Papa habla de este detalle de su vida, y lo hace conmovido tras recibir una foto sobre el registro, con su nombre manuscrito junto al de su hermano, que aún se conserva en la Basílica del Santísimo Sacramento que no dejó de visitar durante su tiempo en Buenos Aires.



     «Venite adoremus»

      Esta es la frase que, 65 años después, recuerda con «emoción» el Papa Francisco; se la decía un compañero de la antigua cofradía de los adoradores nocturnos. Desde su casa en el barrio de Flores, en la periferia de Buenos Aires – se lee en la nota – el joven Jorge Mario se iba en autobús hasta el centro porteño para llegar a la basílica del Santísimo Sacramento. El segundo de sus hermanos, Óscar, y un vecino del barrio, fueron con él durante los años 1954 y 1955. En aquella Basílica, los jóvenes Bergoglio pasaban la noche del sábado rezando, concretamente en el santuario situado al lado derecho de los confesionarios. Aunque también descansaban algunas horas. Eso lo hacían en el primer piso del templo, en un gran cuarto – que aún sigue vigente – con unos compartimentos con camas. Fue allí donde el actual Pontífice escuchó la frase que le despertaba y nunca olvidó: «Venite adoremus».

        Su confesor y ejemplo de misericordia.

     En la carta, el Pontífice también explica que, «se comenzaba la adoración alrededor de las nueve de la noche, después de la predicación del padre Aristi». El principal impulsor de la cofradía que integró el joven Jorge Mario con 18 años fue el sacerdote español José Ramón Aristi. En aquel momento Bergoglio ya había vivido la llamada de Dios o, como él la define, «la experiencia de san José de Flores», la iglesia que lo vio crecer. Pero fue este padre Aristi quien marcó la vida del Papa, tanto que fue su confesor y es su principal ejemplo de misericordia. Así lo explicó Francisco en el 2014, durante una reunión con sacerdotes en Roma. «Aristi era un confesor famoso en Buenos Aires. Casi todo el clero se confesaba con él. Fue provincial de su orden [sacramentinos], profesor… pero siempre confesor, y siempre había cola en la iglesia del Santísimo Sacramento».

      El Papa lleva consigo el rosario de Aristi.

    Alfa y Omega también señala el impactó del sacerdote vasco Aristi, impulsor de la adoración nocturna, en la vida del joven Bergoglio, que lleva desde hace 25 años su rosario. Ocurrió que en la Vigilia Pascual de 1996 falleció el confesor y Bergoglio, en ese momento Obispo auxiliar, se acercó a la cripta, en el subsuelo de la basílica del Santísimo Sacramento, donde estaban velando el cuerpo. Mientras colocaba unas flores tomó «la cruz del rosario y la arranqué con un poco de fuerza. En ese momento miré al sacerdote y le dije: “Dame la mitad de tu misericordia”», explicó el Papa a los curas. «Sentí algo fuerte que me dio el valor para hacerlo», continuó el Papa, «Y luego esa cruz me la metí aquí, en el bolsillo» Las camisas del Papa no tienen bolsillos, pero yo siempre llevo una bolsita de tela pequeña, y desde entonces hasta ahora, y mi mano se dirige aquí siempre. ¡Siento la gracia! Hace mucho bien el ejemplo de un sacerdote misericordioso, de un sacerdote que se acerca a las heridas…».

       Un adorador nocturno, como nosotros.

     El Semanario Católico de Información, “Alfa y Omega”, también recuerda a otro adorador nocturno, Eduardo Fernández Rojo, quien llevaba a las personas sin hogar a la adoración nocturna. «Venían ataviados con las bolsas en las que metían sus escasas pertenencias», Fernández Rojo. «Además de rezar ante el Santísimo, podían usar el baño y descansar un poco», recuerda. El adorador, en conversación con este semanario, alude a un recuerdo imborrable: «El padre Leopoldo Jiménez Montenegro [que falleció por COVID-19 hace unas semanas] un día me dijo que Bergoglio era un santo». Este sacerdote fallecido contaba cómo el Papa, recién ordenado como Obispo y siendo alguien aún desconocido en la diócesis, «destacaba en los corrillos por su austeridad». Se decía «que ayudaba mucho a los curas jóvenes, que se levantaba a las cuatro de la mañana para rezar, y que había sido desde joven adorador nocturno, como nosotros»




domingo, 4 de abril de 2021

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 4 DEABRIL DEL 2021, DOMINGO DE RESURRECCIÓN (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo de Toledo. Primado de España)

 « NO ESTÁ AQUÍ. ¡ HA RESUCITADO ! »

 

Jn. 20. 1-9

 

            El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto». Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; e, inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró.

    Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no con los lienzos, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que Él había de resucitar de entre los muertos.

 

Otras Lecturas: Hechos 10,34ª.37-43; Salmo 117; Colosenses 3,1-4

  LECTIO:

   El Evangelio del domingo de pascua trae un curioso protagonista: el sepulcro, que hasta 7 veces se reseña, y los personajes se mueven en torno a él: van, vienen, vuelven, miran, se detienen, pasan... Aquel sepulcro no era un tumba cualquiera. Para unos, como los sumos sacerdotes y los letrados, el sepulcro era el final de la pesadilla que para ellos tal vez fue Jesús. Para otros, como Pilato, tal vez el final de un susto que le puso contra las cuerdas haciendo peligrar su poltrona política. Para otros, finalmente, como los discípulos, el sepulcro era su pena, su escándalo, su frustración. Es posible que, recordando tantas palabras de su Maestro, aún mirarían aquel lugar con una débil esperanza... por si acaso [...]

         Lo que celebramos los cristianos es la pascua, el paso, de una muerte a la vida. Lo cual, no termina el domingo de resurrección, sino que precisamente empieza, o mejor dicho, nunca terminó [...]  No hay espacio ya para el temor, porque cualquier dolor y vacío, cualquier luto y tristeza, aunque haya que enjugarlos con lágrimas, no podrán arañar nuestra esperanza, nuestra luz y nuestra vida... Porque Cristo ha resucitado… (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo).

 MEDITATIO:

    Hoy resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”. Esta Buena Noticia se ha encendido como una llama nueva en la noche, en la noche de un mundo que enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la pandemia, que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba. En esta noche resuena la voz de la Iglesia: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». (Papa Francisco)

    El Evangelio, me nace decir tres cosas…: el anuncio: el Señor ha resucitado. Este anuncio que desde los primeros tiempos de los cristianos iba de boca en boca; era el saludo: el Señor ha resucitado. Y las mujeres, que fueron a ungir el cuerpo del Señor, se encontraron frente a una sorpresa. La sorpresa... Los anuncios de Dios son siempre sorpresas, porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas… Dios no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos. Y la sorpresa es lo que te conmueve el corazón [] la prisa. Las mujeres corren. Las sorpresas de Dios nos ponen en camino, inmediatamente, sin esperar. Y así corren para ver. Y Pedro y Juan corren. Los pastores la noche de Navidad corren… la Samaritana corre para decir a su gente. Y la gente sabía las cosas… se transmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia. Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». (Papa Francisco)

     Lo tercero que yo quisiera decir hoy es una pregunta: «¿Y yo qué? ¿Tengo el corazón abierto a las sorpresas de Dios? ¿Soy capaz de ir deprisa, o siempre con esa cantilena, “veré mañana, mañana”? ¿Qué me dice a mí la sorpresa?». (Papa Francisco)

ORATIO:

Creo Señor…Que resucitado, estás junto a nosotros…

     ¡Señor Jesucristo, hoy tu luz resplandece en nosotros, fuente de vida y de gozo! Danos tu Espíritu de amor y de verdad para que, como María Magdalena, Pedro y Juan, sepamos también nosotros descubrir e interpretar a la luz de la Palabra los signos de tu vida divina presente en nuestro mundo y acogerlos con fe para vivir siempre en el gozo de tu presencia junto a nosotros.

Creo Señor…que resucitado eres el Señor, el Hijo de Dios, el Cristo, el esperado, el Señor de todo lo creado.

 

 CONTEMPLATIO:

¡El Señor ha Resucitado!  Esta es la fe de la Iglesia.

Jesús ha resucitado y su triunfo nos abre de par en par el camino de la esperanza, el camino de la verdadera humanidad, el camino que nos conduce al hogar de Dios sin más intemperies aciagas.

     Él ha querido morir nuestra muerte, para darnos como regalo inesperado y más inmerecido lo que era menos nuestro: su propia resurrección. La puerta está abierta y el sendero limpio y despejado. Sólo basta que nuestra libertad se mueva y secunde su primordial iniciativa, la de Dios, la de su Amor. Sí, Jesús ha resucitado, y la luz ha vuelto a entrar en nuestro mundo víctima de todas las tinieblas de todos los viernes santos de la historia. Pero es posible que nosotros todavía no nos hayamos enterado, y nos ocurra como a María Magdalena, que… en lugar de reconocer en los signos de la piedra quitada del sepulcro, el cumplimiento de cuanto el Maestro había dicho, quedó asustada y echó a correr en busca de Pedro y de los otros, para hacer una interpretación tan apresurada como inexactas: “no está el Señor, se lo han llevado del sepulcro y no sabemos dónde lo han puesto” […]

   Vayamos al sepulcro, a ese en el que tantas veces quedan sepultadas nuestras alegrías y esperanzas, nuestra fe y nuestro amor, y veamos como Dios quiere resucitarnos, quitar las losas de nuestras muertes, para susurrarnos una palabra de vida, sin fin y verdadera. Jesús ha resucitado. Vuelve la vida. El himno de esta alegría… nos permite volver a nacer poniendo un aleluya en los labios y en el alma. (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo).



…   En nombre de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu, salimos de la noche y estrenamos la aurora; saludamos el gozo de la luz que nos llega resucitada y resucitadora… Bendita la mañana que trae la gran noticia, de tu presencia joven, en gloria y poderío, la serena certeza con que el día proclama que el sepulcro de Cristo está vacío  (del Himno de Laudes)


sábado, 27 de marzo de 2021

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 28 DE MARZO DEL 2021, DOMINGO DE RAMOS EN LA PASIÓN DEL SEÑOR (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo de Toledo. Primado de España)

« ¡BENDITO EL QUE VIENE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR! »

 

Mc. 11,1-10

 

     Cuando Jesús y los suyos iban de camino a Jerusalén, al llegar a Betfagé y Betania, cerca del monte de los Olivos, les dijo a dos de sus discípulos: “Id al pueblo que ven allí enfrente; al entrar, encontrareis amarrado un burro que nadie ha montado todavía. Desatadlo y traedlo.  Si alguien os pregunta por qué lo hacéis, contestadle: ‘El Señor lo necesita y lo devolverá pronto’ ”. Fueron y encontraron al burro en la calle, atado junto a una puerta, y lo desamarraron.  Algunos de los que allí estaban les preguntaron: “¿Por qué sueltan al burro?”. Ellos contestaron lo que había dicho Jesús y ya nadie los molestó.

     Llevaron el burro, le echaron encima los mantos y Jesús montó en él. Muchos extendían su manto en el camino, y otros lo tapizaban con ramas cortadas en el campo. Los que iban delante de Jesús y los que lo seguían, iban gritando vivas: “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito el reino que llega, el reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en el cielo!”.

 

Otras Lecturas: Mc. 14. 1-15,47; Isaías 50,4-7; Salmo 21; Filipenses 2,6-11

 LECTIO:

   Celebramos la entrada de Jesús en Jerusalén, montado en un borrico. Con este acto de humildad, nos muestra así el camino de abajamiento que le llevará hasta la muerte y una muerte de cruz  Nuestro Señor es aclamado a la entrada de Jerusalén; la gente seguía con la admiración hacia Él, creo que lo aclamaban de corazón, reconociendo su grandeza: «¡Es Jesús, el profeta de Nazaret de Galilea!». Jesucristo entró en Jerusalén entre los gritos de alabanza de unos, la indiferencia e ignorancia de otros, y la confesión de fe de los creyentes

   Me pregunto: ¿Qué ha pasado para que estos que gritan sus alabanzas, a los pocos días pidan que lo crucifiquen?, ¿a qué se debe este cambio de opinión? La respuesta puede encontrarse en algo sencillo, que aquellos cánticos estaban muy influenciados por sus sentimientos de admiración y el juicio les venía de comprobar las obras que hacía Jesús, de la fama que le acompañaba, pero eso es fugaz, ya que cuando vienen los problemas la gente se olvida. Y aquí viene la catequesis que quiere el Señor que aprendan, Jesús les enseñará a hacer la voluntad del Padre, puesto que hacer la voluntad del Padre es su alimento. En la Sagrada Escritura podemos ver su conciencia clara y decidida a hacer la voluntad del Padre, recordad lo que dijo en otro momento de conflicto con los judíos: «Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, entonces conoceréis que “Yo soy”, y no hago nada por mí mismo, sino que, según me enseñó el Padre, hablo. El que me envió está conmigo; no me ha dejado solo, porque yo hago siempre lo que es de su agrado» (Jn 8, 28-29).  (+ José Manuel Lorca Planes - Obispo de Cartagena)

 MEDITATIO:

   Jesús entra en Jerusalén. La liturgia nos invita a hacernos partícipes y tomar parte de la alegría y fiesta del pueblo que es capaz de gritar y alabar a su Señor; alegría que se empaña y deja un sabor amargo y doloroso al terminar de escuchar el relato de la Pasión. Pareciera que en esta celebración se entrecruzan historias de alegría y sufrimiento, de errores y aciertos que forman parte de nuestro vivir cotidiano como discípulos, ya que logra desnudar los sentimientos contradictorios que también hoy, hombres y mujeres de este tiempo, solemos tener. (Papa Francisco)

   Y así se termina silenciando la fiesta del pueblo, derribando la esperanza, matando los sueños, suprimiendo la alegría; así se termina blindando el corazón, enfriando la caridad. Es el grito del «sálvate a ti mismo» que quiere adormecer la solidaridad, apagar los ideales, insensibilizar la mirada… el grito que quiere borrar la compasión, ese «padecer con», la compasión, que es la debilidad de Dios. (Papa Francisco)

   Frente a todos estos titulares, el mejor antídoto es mirar la cruz de Cristo y dejarnos interpelar por su último grito. Cristo murió gritando su amor por cada uno de nosotros […] ¿Qué mira nuestro corazón? ¿Jesucristo sigue siendo motivo de alegría y alabanza en nuestro corazón o nos avergüenzan sus prioridades hacia los pecadores, los últimos, los olvidados? (Papa Francisco)

 ORATIO:

  Enséñanos, Señor, a hacer silencio en estos días, para escuchar tu palabra y meditar en tu Misterio de Amor… a orar para conocer lo que Dios quiere, lo que nos pide… a tomar tu cruz cada día, para morir a nuestros egoísmos y bajezas.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muéveme tus afrentas y tu muerte.

 CONTEMPLATIO:

«¡Bendito el reino que llega,… ¡Hosanna en el cielo! »

     Jesús entra en Jerusalén y los cristianos en la Semana Santa, que es la gran semana en la que se concentra el supremo testimonio del drama de Jesús.

     Su vida pública comenzó con la escena del Bautismo en el Jordán. Allí el Padre “presentó” a su Hijo a los hombres como el bienamado predilectamente (Lc 3,22). Al final del camino de esa larga subida de Jesús a Jerusalén, otra vez esos tres protagonistas se reúnen: el Padre bienamante, el Hijo bienamado y la humanidad tan grande y tan mísera, tan favorecida y tan desagradecida a la vez […]

     Y el pueblo es como es, somos como somos. Ahí estamos nosotros. Unas veces gritando “hosannas” al Señor, y otras crucificándole de mil maneras, como hizo la muchedumbre judía hace dos mil años; unas veces cortaremos hasta la oreja del que ose tocar a nuestro Señor, y otras le ignoraremos hasta el perjuro en la fuga más cobarde, como hizo Pedro, el discípulo fogoso; unas veces le traicionaremos con un beso envenenado como hizo Judas, o con un aséptica tolerancia que necesita lavar la imborrable culpabilidad de sus manos cómplices de la tragedia, como hizo Pilato; unas veces seremos fieles rabiosamente, tristemente, haciéndonos solidarios de una causa perdida, como María Magdalena, otras lo seremos con la serenidad de una fe que cree y espera una palabra más allá de la muerte, como María la Madre… (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

 

 

   Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros. (San Andrés de Creta)

 

DEL BLOG DEL OBISPO

Dispongamos el corazón para la pascua




MI MENSAJE A LAS PUERTAS DE LA SEMANA SANTA

     Entramos en esta Semana que llamamos Santa. La Semana Santa está consagrada al recuerdo de la Pasión y Resurrección del Señor, dos hechos inseparables.

     Comenzamos pasando por ese pórtico que es el Domingo de Ramos, recordando el misterio del Hijo de Dios, que sigue siendo el que viene en nombre del Señor, y quiere hacernos entrar con Él en la Jerusalén Celestial, acompañándole en la Pascua de la muerte y de la Resurrección. La Semana Santa es el fin de un recorrido, el momento culminante de nuestra peregrinación anual, por lo que estos días nos mueven a la contemplación, al agradecimiento y a la conversión.

     El jueves Santo se inscribe no en el pasado de aquel año en que Jesús murió, sino en la perenne presencia del misterio de la Última Cena que da sentido a nuestra vida. Jesús nos dejó en ella tres regalos: el primero la Eucaristía, donde el pan y el vino en sus manos se nos dan como cuerpo y sangre suyos, memorial de su pasión y por lo tanto presencia suya, ofrenda sacrificial y banquete de comunión. Cristo no se ha quedado en el pasado, sino que en el presente, es compañía perenne de nuestro camino. El segundo, el sacerdocio Jesús donde constituyó sacerdotes a los apóstoles, los capacitó para hacer presente el misterio mismo de la pascua suya: Haced esto como memorial mío. Y finalmente el mandamiento nuevo del amor, tan original y típicamente suyo que le dio la medida máxima, hasta dar la vida por nosotros. Cada Jueves Santo se estremece la Iglesia ante el misterio del don y la inmensa responsabilidad de responder al sacrificio de Cristo.

     La tarde del Viernes Santo presenta el drama inmenso de la muerte de Cristo en el Calvario. La cruz erguida sobre el mundo sigue en pie como signo de salvación y de esperanza. señalando con sus cuatro brazos las dimensiones del universo, como si todo el cielo y la tierra se concentrara allí donde en Cristo todo se junta y se reconcilia. ¡Fulget crucis mysterium! Brilla el misterio de la cruz [...] Y María estaba allí, junto a la Cruz, la madre de los hijos dispersos que ella reúne junto a la cruz de su Hijo. Maternidad del corazón, que se ensancha con el dolor que la fecunda […]

     En el Sábado Santo nos llena un gran silencio, porque el rey duerme. La Tierra está temerosa y sobrecogida, porque Dios se ha dormido en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios ha muerto en la carne y ha puesto en conmoción al abismo. La Iglesia permanece junto al Sepulcro del Señor, conmovida, en oración.

     La feliz conclusión del drama de la Pasión viene con la alegría inmensa que sigue al dolor: la Resurrección del Señor. Pero dolor y gozo se funden pues se refieren en la historia, al acontecimiento más importante de la humanidad: el rescate por el Hijo de Dios del pecado original. La fiesta de Pascua es, ante todo la celebración del acontecimiento clave de la humanidad, la resurrección de Jesús después de su muerte, consentida por Él para rescatar y rehabilitar al hombre caído […] Dejemos que el Señor, por medio del Espíritu Santo, actualice en nosotros la grandeza de los misterios que celebramos. La obra redentora de Cristo no se acaba con su muerte, sino que se prolonga con la victoria de la resurrección. La Pasión del Señor es el camino que conduce a su triunfo. Pero debemos disponer el corazón haciendo oración, participando en la liturgia, impregnándonos de la misericordia de Dios, reconociéndonos pecadores pero también infinitamente amados por el Señor. Sin duda proclamaremos convencidos y colmados de gozo, al final, el Aleluya de la Resurrección.

 


viernes, 26 de marzo de 2021

ESCRITOS DEL VENERABLE LUIS DE TRELLES

 


     En 1890 don Luis de Trelles dedica el cuaderno 4, correspondiente al mes de abril, de “La Lámpara del Santuario” a San José:

     “Al glorioso Patriarca San José, Padre nutricio del Salvador y Patrón de la Iglesia Universal, con motivo de la reciente decisión de la Santa Sede declarando fiesta obligatoria el día de San José en estos Reinos de España, dedica y ofrece el presente cuaderno “La Lámpara del Santuario” y se encomienda a su alta protección”

(L.S. Tomo XXI, 1890, pág.121)

 

SAN JOSÉ Y LA EUCARISTÍA

 

     A primera vista no hay conexión ninguna entre estos dos asuntos, porque es de tradición incontestada, que el Padre nutricio y putativo de Jesús, falleció antes de la vida pública del Señor, y que Él mismo cerró a aquél los ojos, acompañado de María Santísima, por la cual doble circunstancia es San José abogado de la buena muerte. Pero, investigando las cosas en su fondo, hay para el Patriarca José relaciones causales con el Santísimo Sacramento, que no pueden pasar inadvertidas para el devoto del Esposo de María y del misterio Eucarístico.

     No cabe duda, que José ejerció cerca de su Hijo adoptivo un ministerio de protección y patrocinio que es su más excelente mérito, y que supone una gran dignidad en el elegido y una alta gracia de Dios, secundada por una correspondencia perfecta. Y no es menos cierto que el grano Eucarístico, sembrado en la tierra y de cuya muerte salió tanta vida, fue criado, formado y desarrollado al amparo visible y por el trabajo de San José, quien alcanzó el privilegio de mantener, con el salario o recompensa del sudor de su frente, a Cristo Nuestro Señor; y siendo evidentes las relaciones de causa y efecto, no pueden ser lo menos la participación en el producto, y el honor de la obra, en el que contribuye a la primera materia, que sirve para elaborarlo y crearlo, aunque varíe su forma y modo de existencia.

    De lo que se infiere que José contribuyó y cooperó activamente a la Eucaristía, toda vez que también tuvo parte activa en mantener, o mejor, sostener al Hombre Dios en su vida secreta, de la que surgió inmediatamente la vida pública, la de pasión y muerte, y todas las evoluciones del niño al hombre que pasaron y se desarrollaron bajo el amparo del Padre nutricio de Jesús.

    Nadie duda, por otra parte, de la acción y concurrencia espiritual, intencional y misteriosa pero real, de María a todos los trances de la vida, pasión y muerte de Jesús, puesto caso que ésta ha sido Madre de Jesús, titulo y oficio que no perdió nunca en todos los trámites de la vida de su Divino Hijo; ni duda nadie que la sustentación y vida maternal y virtudes de la Reina de los Ángeles, corrió al abrigo de los trabajos del artesano humilde de Nazareth, otorgando Dios a Aquella en su providencia especial el auxilio de un Esposo, uniéndola y desposándola en tal concepto con San José.

     De todos estos antecedentes y observaciones se infiere, que José fue cooperador activo e indispensable, dados los decretos de Dios, de la obra maestra del amor Divino, de la Eucaristía, que es, por decirlo así, la quinta esencia y el memorial auténtico y efectivo de todas las misericordiosas maravillas de la vida de Cristo.

     Podríamos a esto añadir, que José dispensó al Redentor, con el título de Hijo, una especie de salvo conducto de honor, encubriendo así a los ojos profanos el origen verdadero de Jesús y bajo el escudo del Patriarca se conservó para los que no debían saberlo, la honra de la Madre y la del Hijo, respecto de todos los que no conocieron en aquellos tiempos el misterio de Dios.




domingo, 21 de marzo de 2021

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 21 DE MARZO DEL 2021, 5º DE CUARESMA (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo de Toledo. Primado de España)

«… QUEREMOS VER A JESÚS»

 

Jn. 12. 20-33

 

     En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; estos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, queremos ver a Jesús». Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre». En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo honrará.

     Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré? ¿Padre, líbrame de esta hora? Pero si por esto he venido, para esta hora: Padre, glorifica tu nombre». Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo». La gente que estaba allí y lo oyó, decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí». Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

 

Otras Lecturas: Jeremías  31,31-34; Salmo 50; Hebreos 5,7-9

 LECTIO:

     Con motivo de la fiesta principal por antonomasia –la Pascua–, se daban cita en Jerusalén muchos judíos que venían de cerca y de lejos. Era frecuente encontrar en esa efemérides a gente que, sin haber profesado la fe hebrea, tenían una actitud abierta. Un grupo de esos simpatizantes gentiles no judíos, se encuentran con Felipe y le hacen una petición que recoge la secreta demanda de toda la humanidad: queremos ver a Jesús”. No sabían bien quién era Él; acaso habían oído cosas y sentían curiosidad. Buscaban el Templo y se encontraron con Jesús. A su manera iban a celebrar la Pascua judía, y se encontraron con otra Pascua: la del Señor. El hecho es que aquellos hombres que sin ser judíos acuden a Jerusalén, están abiertos a la respuesta adecuada a las preguntas de su corazón: ¿y si esa respuesta era ese tal Jesús?: “Felipe, queremos ver a Jesús”.

  Felipe ya había sido “embajador” de su Maestro. Al comienzo de su andadura, después que él se hubo encontrado con Jesús, no pudo por menos que comunicarlo: “se encuentra Jesús con Felipe y le dice: sígueme... Felipe se encuentra con Natanael y le dice: ése del que escribió Moisés en la Ley, y también los profetas, lo hemos encontrado... ven y lo verás[]

   El Evangelio cambia de tono para intercalar un diálogo de Jesús premonitorio de su propia Pascua. Él habla de la Hora … un anticipo del propio destino … (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

 

MEDITATIO:

     La reacción de Jesús es sorprendente … «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre». Estas palabras dan la verdadera respuesta, porque quien quiere conocer a Jesús debe mirar dentro de la cruz, donde se revela su gloria. El Evangelio de hoy nos invita a dirigir nuestra mirada hacia el crucifijo,  que es un símbolo religioso para contemplar y comprender. En la imagen de Jesús crucificado se desvela el misterio de la muerte del hijo como supremo acto de amor, fuente de vida y de salvación para la humanidad de todos los tiempos. En sus llagas fuimos curados. (Papa Francisco)

   Y para explicar el significado de su muerte y resurrección, Jesús se sirve de una imagen y dice «si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto». Quiere hacer entender que su caso extremo, es decir, la cruz, muerte y resurrección es un acto de fecundidad, sus llagas nos han curado, una fecundidad que dará fruto para muchos. Así se compara a sí mismo con el grano de trigo que pudriéndose en la tierra genera nueva vida. Con la Encarnación, Jesús vino a la tierra; pero eso no basta: Él debe también morir, para rescatar a los hombres de la esclavitud del pecado y darles una nueva vida reconciliada en el amor. He dicho «para rescatar a los hombres»: para rescatarme a mí, a ti, a todos nosotros, a cada uno de nosotros, Él pagó ese precio. Este es el misterio de Cristo. Ve hacia sus llagas. Entra, contempla; ve a Jesús, pero desde dentro. (Papa Francisco)

    Y este dinamismo del grano de trigo, cumplido en Jesús, debe realizarse también en nosotros sus discípulos: estamos llamados a hacer nuestra esa ley pascual del perder la vida para recibirla nueva y eterna. ¿Y qué significa perder la vida?, ¿qué significa ser el grano de trigo? Significa pensar menos en sí mismos, en los intereses personales y saber «ver» e ir al encuentro de las necesidades de nuestro prójimo, especialmente de los últimos. (Papa Francisco)

 ORATIO:

  Señor Jesús, ayúdanos para que todos aquellos con quienes nos encontremos perciban siempre en nuestros gestos y en nuestras palabras la bondad pacificadora y consoladora de tu divinos Rostro.

 Danos, Señor, la gracia de actuar como Tú,

de amar y servir como Tú, sabiendo morir

para vivir plenamente en ti, por ti y para ti.

 CONTEMPLATIO:

«Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre»

   En el Evangelio de Juan, la Hora no es una precisión temporal, no tiene que ver con la del reloj. La Hora dice la llegada del momento oportuno... Jesús habla de su Hora recurriendo a la metáfora del grano de trigo, que explica plásticamente la paradoja de la vida cristiana: caer en tierra, morir, y cuando aparentemente todo está perdido y arruinado, surge allí la vida, con una fecundidad y fuerza inesperadas e inmerecidas. Es como un anticipo del propio destino de Jesús: el mucho fruto, el ganar la vida para siempre, tiene un insólito precio como es morir en tierra y dar la vida.

   Estamos en el 5º domingo de cuaresma. Nosotros, después de este camino andado, nos reconocemos en la pregunta de los gentiles: queremos ver a Jesús, atraídos por Él, seducidos por su extremado amor. Estamos en la antesala de todo ese drama de amor que recordaremos en la inminente Semana Santa. Y no sólo nosotros, sino también tantos hombres y mujeres de nuestro mundo, desde sus búsquedas y preguntas quieren ver a Jesús. ¿Seremos como Felipe, que desde la experiencia del encuentro con el Señor podemos decirles: ven, ved, yo os conduzco hasta Él? (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

 


 

   Esta semilla de salvación germinó en beneficio de todos los hombres: partiendo de Él y transfigurados a su imagen, los santos apóstoles fueron enviados —como otras tantas semillas—, a diversas regiones y aventados, para que las gentes, congregadas en el campo de la Iglesia, resplandecieran con frutos diversos en todo el orbe de la tierra. Fueron aventados para producir nuevos frutos y ser más tarde recogidos en los graneros de la Iglesia cual trigo nuevo. (S. Ambrosio de Milán, obispo)