TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

miércoles, 17 de marzo de 2021

PARA EL DIALOGO Y LA MEDITACIÓN

 


MARZO:  SAN JOSÉ

 Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

 

Reflexiones que nos animen y ayuden a encontrarnos con Jesús sacramentado y descansar en su corazón.

 

     Cada mes daremos algunas pinceladas sobre diversas virtudes que nos ayuden a vivir la media hora de adoración que tanto insistía el Venerable Luis de Trelles, o contemplar cómo las vive el Señor desde el Sacramento; utilizando la Palabra de Dios, el Magisterio, textos de santos u otros autores, y recogiendo cada mes una de las promesas del Corazón de Jesús, acabando con una oración.

 

SAN JOSÉ

 

     La Palabra de Dios nos dice de San José: 

     “José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” (Mt. 1,20-21).  “José, levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise” (Mt. 2,13). “Mis delicias están con los hijos de los hombres.” (Proverbios 8,31).

     Que San José nos enseñe a acoger a María y a su Hijo y a adorarlo y llevarlo a donde Él quiera ir, de la mano de José que como primer adorador en la noche de Belén, nos hará crecer en intimidad eucarística.

    Nos enseña el Abad de San José de Clairval en “Id a José”: “Los dos discípulos de Emaús se sintieron abrasados en el amor divino en poco tiempo de conversación con Jesús, ¡qué llamas ardientes de santa caridad debieron iluminar el corazón de José después de conversar durante treinta años con Jesucristo, después de oír las palabras de vida eterna que salían de su boca, y observar los maravillosos ejemplos de humildad, paciencia y obediencia que le daba mostrándose tan diligente en ayudarle en todos sus trabajos y servirle en todas las necesidades del hogar!

     El corazón de José no estaba dividido, porque el amor que tenía a su Esposa le colmaba de amor divino todavía más. Así sin lugar a dudas, José, mientras vivió con Jesucristo, acrecentó sus méritos y su santidad hasta tal punto que podemos ciertamente decir que sobrepasó los méritos de todos los otros santos.

     La familiaridad, el respeto y la dignidad muy elevada con que Cristo colmó a San José durante su vida terrena, como un hijo a su padre, no se los retiró en el cielo; más bien se los completó y llevó al grado más alto.

    “Acordaos de nosotros bienaventurado José, interceded por nosotros mediante la ayuda de vuestra oración junto a Aquel que fue considerado como vuestro hijo; al mismo tiempo, hacednos propicia a la bienaventurada Virgen, vuestra esposa y Reina de los cielos, donde el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo reinan en lo infinito por los siglos de los siglos (San Bernardino de Siena).”

  Las preciosas palabras de San Juan Pablo II en “REDEMPTORIS CUSTOS” - del 15/08/1989, muy actuales para nosotros, adoradores: 

     27.- La comunión de vida entre José y Jesús nos lleva todavía a considerar el misterio de la encarnación precisamente bajo el aspecto de la humanidad de Cristo, instrumento eficaz de la divinidad en orden a la santificación de los hombres: «En virtud de la divinidad, las acciones humanas de Cristo fueron salvíficas para nosotros, produciendo en nosotros la gracia tanto por razón del mérito, como por una cierta eficacia. Aún hoy tenemos muchos motivos para orar con las mismas palabras de León XIII: «Aleja de nosotros, oh Padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios... Asístenos propicio desde el cielo en esta lucha contra el poder de las tinieblas ...; y como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del niño Jesús, así ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda adversidad». Existen suficientes motivos para encomendar a todos los hombres a san José.

     32.- Deseo vivamente que el presente recuerdo de la figura de san José renueve también en nosotros la intensidad de la oración que hace un siglo mi Predecesor recomendó dirigirle. Esta plegaria y la misma figura de José adquieren una renovada actualidad para la Iglesia de nuestro tiempo, en relación con el nuevo Milenio cristiano. Que san José obtenga para la Iglesia y para el mundo, así como para cada uno de nosotros, la bendición del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.

     San José vivió en su vida lo que nos dice La Imitación de Cristo” Libro 2, 8: “Cuando Jesús está presente todo es bueno y no parece cosa difícil; más cuando está ausente, todo es duro. Si Jesús estuviere contigo, ningún enemigo podrá dañarte.”

     Promesas del Corazón de Jesús a Santa Margarita M.ª de Alacoque: “Bendeciré los lugares donde la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada. Pondré paz en sus familias”. Promesa que se vivió en el hogar de Nazaret de José, María y Jesús.

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Qué lugar le doy a San José en mi vida cristiana y sobre todo como adorador?

¿Soy consciente de la importancia de su patrocinio en estos tiempos como aconsejan los Papas?

¿Le encomiendo todas las necesidades, familiares, sociales y una buena muerte?

¿Qué lugar ocupa en mi hogar y en mi vida interior?

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Acabamos con esta hermosa oración a san José:

Buenas noches San José
con tu esposa y con tu niño
vengo a hablarte con cariño
y me tienes que escuchar.
Tres cosas vengo a pedirte
y me las tienes que dar
en el cielo dadnos gloria
en la tierra dadnos paz
y a la hora de la muerte
nos vengas a consolar.
José bendito tú sabes nuestras penas
dile a tu Niño que nos saque de ellas.
¡Oh Niño hermoso!
Que nuestras penas
se conviertan en gozo.


DEL BLOG DEL OBISPO

DÍA DEL SEMINARIO 


      El próximo 19 de marzo, solemnidad de San José, se celebra el Día del Seminario. Este año bajo el lema, «Padre y hermano, como san José». El objetivo de esta edición es reflejar la figura de San José, en los sacerdotes, en un año en el que, si cabe, este santo ha tomado un mayor protagonismo tras declarar el Papa el Año de San José.

   La Subcomisión Episcopal de Seminarios destaca en su reflexión teológica, que, bajo el cuidado de San José, los sacerdotes son enviados a cuidar la vida de cada persona, con el corazón de un padre, sabiendo además, que, cada uno de ellos es su hermano.

     En nuestra diócesis la campaña comienza este mismo fin de semana. Así, los seminaristas de San Bartolomé estarán del 12 al 14 de marzo en la Janda y en el Campo de Gibraltar.  El fin de semana del 19 al 21 de marzo será el turno de la Bahía de Cádiz       

  Aprovechando que en muchas parroquias se celebra habitualmente una hora santa a la semana, la intención es que en la semana del 15 al 21 de marzo se rece por nuestros Seminarios, por las vocaciones, por nuestros seminaristas … «Hay que pedir al dueño de la mies que envíe obreros a su mies»  

  


(Antes de oír el audio deje pasar el Himno inserto al blog)


lunes, 15 de marzo de 2021

LOS DÍAS INTENSOS QUE NOS ESPERAN



  Las condiciones en que vivimos mientras dure esta pandemia nos limitan en ciertos aspectos, pero nunca nos pueden impedir que vivamos cristianamente y más aún, redoblando nuestras súplicas a Dios por las necesidades del mundo y dando testimonio de la luz de Cristo. Por ello os animo a seguir siendo adoradores de Cristo-Eucaristía en cada momento y en cada ambiente de vuestra vida. Si confiamos en el Señor y pedimos la unción de su Espíritu, nos mostrará caminos nuevos de santidad y nos dará capacidad para responder a los retos actuales (…“yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro.” Lc XXI, 15).

   Tenemos por delante, por tanto, momentos especiales que nos ayudarán a reflexionar, asumir y mostrar la maravilla de nuestra fe:

   -El tiempo cuaresmal es un tiempo de gracia. Pero no es un apremio infantil para dejar de hacer travesuras ni una época sombría de rigor penitente. En Cuaresma experimentamos la generosa providencia de Dios en la medida que somos conscientes de nuestro pecado y abandonamos el mal camino. No se puede perdonar a quien no se arrepiente de su perversidad. La Sagrada Escritura nos advierte de nuestra cruda realidad (“…pecador me concibió mi madre…” Salmo 50) y nos ofrece el remedio (“"¡Buscad al Señor y su fuerza, id tras su rostro sin descanso, recordadlas maravillas que él ha hecho, sus prodigios y los juicios de su boca!" Salmo 105).

     El hecho de que estemos más encerrados y se nos limite para muchas actividades habituales puede provocar una relajación de costumbres que degenere también en pereza espiritual. Debemos aprovechar la Cuaresma, como siempre, para dar un empujón a nuestra espiritualidad: meditemos con mayor fervor la Palabra de Dios, hagamos actos de penitencia (vivir bajo una epidemia ya es bastante penitencia, pero no nos conformemos con eso), practiquemos la caridad (ayudando económicamente, visitando o llamando para dar ánimos, rezando por los demás…), aumentemos la devoción (Santo Rosario, Viacrucis, los domingos de San José….) y no dejemos que el miedo nos paralice de modo que no recibamos los sacramentos, verdaderos tesoros de la gracia. Son fundamentales la Eucaristía y la Confesión. Y las visitas al Santísimo para adorarlo. Los adoradores estamos comprometidos especialmente con esto.

   -La Solemnidad de San José, patrono de la Iglesia universal. Como un oasis de abundancia, en plena sequedad cuaresmal, la fiesta de San José nos hace poner nuestra mirada en la imponente figura de aquel que cuidó, con varonil firmeza, exquisita prudencia y admirable discreción al mismo Dios hecho hombre. Tengámoslo muy presente durante este año jubilar y aprendamos de él []

   -La Semana Santa es la semana mayor del año. En ella celebramos que Jesús, “…sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.” (Jn XIII, 1). Jesús es una persona de extremos, porque no le gustan las medias tintas. A la hora de dar, lo dio todo []

    Os animo a todos a ofrecer vuestra compañía reparadora a Cristo en la Eucaristía. Estamos necesitados de su consuelo y su fuerza y el mundo entero necesita de nuestra adoración ferviente. Tanto los que podemos acudir al templo, como los que no pueden o no se atreven a salir de casa, debemos ofrecer momentos de intimidad con el Señor, evitando distracciones. Los costaleros no pueden hacer su función sino hay procesiones. Los adoradores sólo pueden dejar de adorar si Cristo no está entre nosotros. Y eso no pasará nunca.

 

Fray Francesc Xavier Català Sellés O.P.

Consiliario diocesano ANE y ANFE – Asidonia/jerez

 

sábado, 13 de marzo de 2021

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 14 DE MARZO DEL 2021, 4º DE CUARESMA - DOMINGO "LAETARE"(Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo de Toledo. Primado de España)

«TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE ENTREGÓ A SU UNIGÉNITO»

 

 Jn. 3. 14-21

 

     En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo: Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Unigénito de Dios.

     Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».

 

Otras Lecturas: 2Crónicas 36,14-16.7-19-23; Salmo 136; Efesios 2,4-10

 LECTIO:

    El cuarto Domingo de Cuaresma, domingo llamado de gozo, de alegría, nos presenta, como no podía ser de otra manera, la alegría de la salvación que nos trae Jesús […]   Como Moisés elevó la serpiente, así será elevado el Hijo del Hombre como nuestro Redentor. Este texto nos recuerda a los israelitas en el desierto, que cuando les mordía la serpiente se curaban mirando al estandarte que Moisés hizo en el desierto. Nosotros, también mordidos y heridos por “la serpiente”, por el pecado, nos curamos mirando a Cristo Crucificado que tiene abierto y herido de Amor el corazón ¡sabemos, señor, que tus heridas nos han curado! […]

   La clave de nuestra vida cristiana, lo sustantivo, lo esencial, es que “tanto amó dios al mundo que le entregó a su hijo único”. la expresión más acertada es: así amó dios al mundo y, por otra parte, sabemos el sentido sacrificial que habla de entrega, que siempre nos recuerdan las palabras de la consagración en la misa: “este es mi cuerpo que se entrega por vosotros”(+ Francisco Cerro Chaves - Arzobispo de Toledo, Primado de España)

 

MEDITATIO:  

    En este cuarto domingo de Cuaresma llamado domingo “laetare” la antífona de entrada de la liturgia eucarística nos invita a la alegría: “Alégrate Jerusalén, alegraos y  regocijaos los que estáis tristes”.  ¿Cuál es el motivo de esta alegría? Es el gran amor de Dios por la humanidad, como nos lo indica el Evangelio de hoy:  “Porque tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único para que todo el que crea en él, no perezca sino que tenga vida eterna”. Estas palabras, pronunciadas por Jesús durante su diálogo con Nicodemo,  sintetizan un tema que es el centro del anuncio cristiano: incluso cuando la situación parece desesperada, Dios interviene, ofreciendo al hombre la salvación y la alegría. Dios en efecto, no se quedará apartado, sino más bien entra en la historia de la humanidad para animarla con su gracia y salvarla. (Papa Francisco)

   No debemos desanimarnos cuando vemos nuestros límites, nuestros pecados, nuestras debilidades: Dios está allí, próximo, cercano, Jesús está en la cruz para curarnos. Es el amor de Dios. Mira el crucifijo y di: “Dios me ama”. Es cierto, que existen estos límites, estas debilidades, estos pecados, pero Él es mayor que los límites, que las debilidades y los pecados. No olvidéis esto: Dios es mayor que nuestras debilidades, que nuestras infidelidades, que nuestros pecados. Y tomemos al Señor de la mano, miremos al Crucifijo y avancemos. (Papa Francisco)

 ORATIO:

   Señor, que has sido levantado en la cruz para salvarnos, ayuda a tu Iglesia para que anuncie a todos, y descubran que viniste a salvar y no para condenar.

 

Reina en mí la oscuridad, pero en ti está la luz;…

no comprendo tus caminos,

pero Tú sabes el camino para mí.

 CONTEMPLATIO:

«La luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla»

    Jesús, en este diálogo (con Nicodemo) retoma un argumento muy querido por el Evangelio de Juan: el Hijo que amó hasta el extremo y la luz despreciada [...]  Jesús… da la clave de todas sus preguntas posibles: vivir en la verdad y no tener miedo a la luz, ese era el camino de la salvación. Evidentemente, esa luz es una persona viva: “yo soy la luz del mundo”. Creer en esta luz es dejarse abrazar por ella y poner nuestros adentros a su sol, aunque descubramos que no todo es trigo limpio en nuestra vida. Porque sólo vemos el polvo y las telarañas en una habitación cuando en ella entra el sol.

    Así fue la propuesta de Jesús a Nicodemo, y así es la que nos hace la Cuaresma: abrid vuestra ventana y que entre la luz de Dios. No para abrumarnos con todo eso que estamos tentados de ocultar, de tapar, de disfrazar, sino para convertirnos, para nacer de nuevo, para volver a empezar [...] Para que al final, donde ha abundado el pecado, pueda sobreabundar la gracia de Dios, y quien tanto nos amó, nos quitará los sayales de luto para vestirnos el traje de fiesta. (Fr. Jesús Sanz Montes ofm. - Arzobispo de Oviedo),

 

 

  ¿Qué representa la serpiente levantada en alto? La muerte del Señor en la cruz. Por la efigie de una serpiente era representada la muerte, precisamente porque de la serpiente provenía la muerte. La mordedura de la serpiente es mortal; la muerte del Señor es vital. ¿No es Cristo la vida? Y, sin embargo, Cristo murió. Pero en la muerte de Cristo encontró la muerte su muerte. Si, muriendo, la Vida mató la muerte, la plenitud de la vida se tragó la muerte; la muerte fue absorbida en el cuerpo de Cristo. Lo mismo diremos nosotros en la resurrección, cuando cantemos ya triunfalmente: ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón? Mientras tanto, hermanos, miremos a Cristo crucificado para sanar de nuestro pecado. (S. Agustín de Hipona, Obispo)

sábado, 6 de marzo de 2021

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 7 DE MARZO DEL 2021, 3º DE CUARESMA (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo de Toledo. Primado de España)

« EL CELO DE TU CASA ME DEVORA »

 

Jn. 2.13-25

 

      Se acercaba la Pascua de los judíos y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora». Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?». Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él hablaba del templo de su cuerpo.

     Y cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y creyeron a la Escritura y a la Palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba a ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

 

Otras Lecturas: Éxodo 20,1-3.7-8.12-17; Salmo 18; 1Corintios 1,22-25

 LECTIO:

     Tal vez nos extrañe el Evangelio de este domingo. No nos tiene acostumbrados Jesús a estos modos y maneras, y por eso nos resulta casi hirientemente insólito ver que Jesús tenga este arrebato violento. Con un látigo rudimentario la emprenderá contra todo un montaje sacrosanto […] La escena transcurre en una dependencia del Templo llamada “el atrio de los gentiles”, lugar de paso de los judíos de la diáspora especialmente, que servía para muchas cosas... Todo ello supondría un notable jaleo, un lío tremendo nada menos que en el corazón de la religiosidad judía: el Templo, la casa de Dios…

     Habéis convertido la casa de mi Padre en un mercado, haciendo de Dios la gran coartada para organizar vuestros tenderetes, para engrosar vuestras cuentas y bolsas, para redondear vuestros negocios... pero vuestra vida, luego, no tiene mucho que ver con Dios: sencillamente os aprovecháis de Él. La crítica de Jesús es durísima; el relativizar el Templo y colocarse Él mismo en su lugar, preparará el diálogo con la Samaritana en el que se declara la gran cuestión que enfrentará a Jesús con el poder religioso de su época y la que le llevará, en definitiva, a la muerte.

     Desde una lectura cristiana, este Evangelio debe ser leído también dirigido a nosotros, porque son muchas las tentaciones –muy sutiles a veces– de sustituir a Dios por sus mediaciones, de quedarnos en los medios, en los reglamentos, en las prácticas  (Fr. Jesús Sanz Montes ofm. - Arzobispo de Oviedo),

 

MEDITATIO:

     Para interpretar el gesto de Jesús de purificar la casa de Dios, sus discípulos usaron un texto bíblico tomado del salmo 69: «El celo por tu casa me devorará»; así dice el salmo: «pues me devora el celo de tu casa». Este salmo es una invocación de ayuda en una situación de extremo peligro a causa del odio de los enemigos: la situación que Jesús vivirá en su pasión. El celo por el Padre y por su casa lo llevará hasta la cruz: su celo es el del amor que lleva al sacrificio de sí, no el falso que presume de servir a Dios mediante la violencia. De hecho, el «signo» que Jesús dará como prueba de su autoridad será precisamente su muerte y resurrección: «Destruid este santuario —dice— y en tres días lo levantaré». Y el evangelista anota: «Él hablaba del Santuario de su cuerpo». Con la Pascua de Jesús inicia el nuevo culto en el nuevo templo, el culto del amor, y el nuevo templo es Él mismo. (Papa Francisco)

     Esta actitud de Jesús nos exhorta a vivir nuestra vida no en la   búsqueda de nuestras ventajas e intereses, sino por la gloria de Dios que es el amor. Somos llamados a tener siempre presentes esas palabras fuertes de Jesús: «No hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado» Estas palabras nos ayudan a rechazar el peligro de hacer también de nuestra alma, que es la casa de Dios, un lugar de mercado que viva en la continua búsqueda de nuestro interés en vez de en el amor generoso y solidario. (Papa Francisco)

 ORATIO:

     ¡Oh Padre!, tú has constituido a tu Hijo Jesús templo nuevo de la nueva y definitiva alianza, construido no por manos de hombre sino del Espíritu Santo. Haz que, acogiendo con fe su Palabra, vivamos en Él y podamos así adorarte en espíritu y verdad.

 Danos entrañas de misericordia

frente a toda miseria humana.

Inspíranos el gesto y la palabra oportuna

frente al hermano solo y desamparado.

 

CONTEMPLATIO:

«No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre»

    El relato evangélico tiene una actualidad muy grande, el evangelista está queriendo llevar a sus oyentes a que descubran el espíritu de la Nueva Alianza, la vida nueva que está brotando. El relato de la expulsión de los mercaderes del templo es un gesto mesiánico y con este gesto Jesús nos exige una vida nueva, lejana a nuestros “jaleos” personales, nuestras mentiras, falsedades y de toda injusticia e impiedad, de nuestros “negocios”, para liberarnos de toda clase de esclavitudes. Jesús nos dice que no podemos tratar a Dios como tratamos a los demás, que nuestras vidas deben ser respuesta de agradecimiento a Dios por liberarnos de la esclavitud, de amor y alabanzas, que dejemos paso a la luz, a las manos limpias de sangre y de robos. El signo de Jesús en el templo está diciéndonos que donde está Dios hay verdad, libertad, paz, humildad, bondad, compasión, misericordia y perdón. Piensa un momento en esto, si queremos que Dios permanezca en medio de nosotros necesita limpieza y transparencia. Esta es la intención de la Iglesia para este tiempo de Cuaresma, que nos convirtamos de verdad, que volvamos el rostro a Dios y que nos dejemos iluminar por su luz para entrar en su descanso[...]

     Pero, para llegar a eso necesitamos abrirnos más y fiarnos de Dios, hacer silencio y decisión para limpiar nuestro interior de ruidos, negocios, intereses y cadenas; quiere el Señor que desaparezcan los deseos vanos e inútiles, que dejemos de perseguir las intenciones imperfectas y mundanas, las distracciones y pensamientos que te impiden poder escuchar la voz de Dios. (+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena)

  

   ¿Acaso los que pretendieron convertir la casa de Dios en una cueva de bandidos, consiguieron destruir el templo? Del mismo modo, los que viven mal en la Iglesia católica, en cuanto de ellos depende, quieren convertir la casa de Dios en una cueva de bandidos; pero no por eso destruyen el templo. Pero llegará el día en que, con el azote trenzado con sus pecados, serán arrojados fuera. (S. Agustín de Hipona, Obispo)



 

viernes, 5 de marzo de 2021

GUÍA DEL ADORADOR…

... ID A  SAN JOSÉ



   En esta Guía del Adorador procuramos señalar aquellos aspectos que son esenciales en nuestra obra y nuestros Turnos, así como la vocación de los adoradores; sin ellos nuestra obra no sería lo que es...

     Lo primero que nos enseña San José es a escuchar en la noche los planes de Dios. He aquí un primer objetivo de nuestros Turnos, en este rato de silencio, que nunca debe faltar, a poder ser de media hora como mínimo; tenemos que abrir nuestro corazón para escuchar la voz de Dios, dejando a un lado nuestras preocupaciones personales; vaciarnos en el Señor para escucharle y ver los planes que tiene preparados para nosotros. He aquí la vocación contemplativa de nuestra obra.

   Una segunda lección del Patriarca: la inmediatez de la respuesta, “y levantándose hizo lo que el ángel le había dicho”. El adorador nocturno es, con San José, un hombre de acción en el sentido propio de la palabra: descubiertos los planes de amor de Dios, los pone en práctica, sin dilaciones, sin excusas, sin tardanza, con una entrega total y confiada a quién tanto nos ama. El adorador saca las fuerzas para su vida personal, familiar, social, su labor apostólica etc. de su encuentro personal con Cristo. Este apostolado se hará de muchas maneras; una de ellas será, evidentemente, en la propagación de nuestra obra. He aquí la vocación apostólica del adorador nocturno.

     Y una tercera e importante lección que nos da San José es la defensa de Cristo hombre verdadero. Todo lo que hace es para defender al hijo de Dios. Nosotros los adoradores tenemos que ser defensores de Cristo en la Eucaristía; tenemos que seguir a San José en la santa audacia de defender la humanidad de Dios realmente presente en la Eucaristía y, desgraciadamente, en nuestro mundo; hay numerosas ocasiones para ello. He aquí la vocación testimonial del adorador nocturno; por eso contemplamos con tanto gozo numerosos hermanos nuestros que han subido a los altares como mártires, y nos encomendamos a ellos para que nos transmitan la fuerza de su amor. No se puede ser adorador sin esta vocación al testimonio de Cristo.

     Pidamos a San José que nos haga ser contemplativos en la oración, fecundos en la acción apostólica que nos haya encomendado el Señor y testimonios vivos del amor de un Dios que se ha quedado con nosotros para siempre.

 


Consejo Diocesano Sigüenza- Guadalajara


MARZO 2021

 

«Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas»

(Sal 25, 4)

 

   Este salmo nos presenta a un hombre que se siente rodeado de peligros y amenazas y necesita encontrar el camino recto que lo ponga por fin a resguardo. ¿A quién pedir ayuda?

     Consciente de su debilidad, al final eleva los ojos y clama al Señor, al Dios de Israel, el cual nunca ha abandonado a su pueblo, sino que lo ha guiado a través del largo viaje por el desierto hasta la Tierra Prometida.

     La experiencia del camino hace que renazca en el viajero la esperanza; es la ocasión privilegiada para una nueva intimidad con Dios, para abandonarse confiadamente al Amor fiel de Él a pesar de su propia infidelidad.

     En el lenguaje de la Biblia, caminar con Dios es también una lección de vida, es aprender a reconocer su designio de salvación.

«Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas»

    A menudo, después de haber recorrido los senderos de nuestra presunta autosuficiencia, nos encontramos desorientados, confundidos, nos volvemos más conscientes de nuestros límites y carencias. Quisiéramos recuperar la brújula de la vida y así conocer el itinerario hasta la meta.

  Este salmo nos ofrece una gran ayuda; nos incita a experimentar de nuevo o por primera vez el encuentro personal con Dios, a confiar en su amistad.

     Nos anima a ser dóciles a sus enseñanzas, que nos invitan constantemente a salir de nosotros mismos para seguirlo por el camino del amor, que Él es el primero en recorrer para ir a nuestro encuentro.

     Puede ser una oración que nos acompaña durante la jornada y transforma cada momento, gozoso o doloroso, en una etapa de nuestro camino.

«Muéstrame tus caminos, Señor, enséñame tus sendas»

     En Suiza, Hedy, casada y madre de cuatro hijos, hace tiempo que procura vivir la Palabra. Ahora está gravemente enferma, y sabe que está llegando a la meta de su camino en la tierra.

   Cuenta su querida amiga Kati: «Cada vez que la visito, y también con el personal que la cuida, Hedy siempre está proyectada en el otro, se interesa por cada uno, aunque ya le cuesta mucho hablar. Da las gracias a todos por estar ahí y ofrece su experiencia. ¡Es solo Amor, un vivo Sí a la voluntad de Dios! Congrega a muchas personas: amigos, familiares, sacerdotes. Todos están profundamente impresionados por la atención que presta a todas las visitas y por su fuerza, fruto de su fe en el amor de Dios».

   Chiara Lubich comparó la vida con un «santo viaje»[1]: «[…] El "santo viaje" es el símbolo de nuestro itinerario hacia Dios. […] ¿Por qué no convertir la única vida que tenemos en un viaje, un viaje santo, como Santo es Aquel que nos espera? [...] También quienes no tienen un credo religioso pueden hacer de su vida una obra maestra y emprender con rectitud un camino de sincero compromiso moral. Ya que la vida es un "santo viaje" siguiendo el trazado de la voluntad de Dios, nuestro camino nos pide avanzar todos los días. [...] Pero ¿y si nos paramos? [...] ¿Debemos abandonar la empresa, desanimados por nuestros fallos? No; en esos momentos el santo y seña es "volver a empezar" [...] poniendo toda la confianza en la gracia de Dios más que en nuestras capacidades. [...] Y sobre todo, caminemos juntos, unidos en el amor, ayudándonos unos a otros. El Santo estará en medio de nosotros, Él se convertirá en nuestro "Camino”: Él nos hará entender más claramente la voluntad de Dios y nos dará el deseo y la capacidad de ponerla en práctica. Unidos, todos será más fácil y tendremos la bienaventuranza prometida a quienes emprenden "el santo viaje"»[2].


Leticia Magri



[1] Cf. Sal 84, 6: «Dichoso el que encuentra en ti su fuerza, y peregrina hacia ti de buena gana».

[2] C. LUBICH, Palabra de vida, diciembre 2006, en EAD., Palabras de vida/2 (1991-2006), Ciudad Nueva, Madrid 2021, pp. xx