TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

viernes, 10 de enero de 2020

(Hch 28, 2)


ENERO 2020

«Nos mostraron una humanidad poco común» (Hch 28, 2)

     Doscientos setenta y seis náufragos llegan a las costas de una isla del Mediterráneo después de dos semanas a la deriva. Están empapados, extenuados, aterrorizados; han sentido su impotencia ante las fuerzas de la naturaleza y han visto la muerte cara a cara. Entre ellos hay un prisionero camino de Roma para someterse al juicio del emperador.
     No es una crónica de las noticias de nuestros días, sino el relato de una experiencia del apóstol Pablo, que es llevado a Roma a coronar su misión de evangelizador mediante el testimonio del martirio.
     A pesar de su condición de preso y ayudado por una fe inquebrantable en la Providencia, Pablo ha conseguido sostener a sus compañeros de desventura hasta que atracan en una playa de Malta.
     Allí los habitantes van a su encuentro, los reciben en torno a un gran fuego para reconfortarse y luego se desviven por ellos. Al cabo de unos tres meses, al final del invierno, les dan lo necesario para reemprender el viaje seguros.
«Nos mostraron una humanidad poco común»
     Pablo y los demás náufragos experimentan la humanidad cálida y concreta de una población que aún no ha sido alcanzada por la luz del Evangelio. No es una acogida apresura e impersonal, sino capaz de ponerse al servicio del huésped sin prejuicios culturales, religiosos ni sociales. Para ello es indispensable la implicación personal y de toda la comunidad.
     La capacidad de acoger al otro forma parte del ADN de cualquier persona como criatura que lleva impresa en sí la imagen del Padre misericordioso, aun cuando la fe cristiana no se haya encendido aún o esté debilitada. Es una ley grabada en el corazón humano y que la Palabra de Dios ilumina y refuerza, desde Abraham [1] hasta la sorprendente revelación de Jesús: «Era forastero y me acogisteis»[2].
     El Señor mismo nos ofrece la fuerza de su gracia para que nuestra frágil voluntad llegue a la plenitud del amor cristiano.
     Con esta experiencia, Pablo nos enseña también a confiar en la intervención providencial de Dios, a reconocer y apreciar el bien recibido a través del amor concreto de quienes se cruzan en nuestro camino.
«Nos mostraron una humanidad poco común»
     Este versículo del libro de los Hechos de los Apóstoles ha sido propuesto por cristianos de distintas Iglesias de la isla de Malta como lema para la Semana de oración por la unidad de los cristianos de 2020[3].
     Estas comunidades apoyan conjuntamente numerosas iniciativas a favor de pobres y migrantes: reparto de comida, ropa y juguetes para los niños y clases de inglés para favorecer la inserción social. Su deseo es reforzar la capacidad de acogida, pero también alimentar la comunión entre cristianos pertenecientes a Iglesias distintas, para testimoniar la misma fe.
     Y nosotros ¿cómo testimoniamos ante los hermanos el amor de Dios?, ¿cómo contribuimos a formar familias unidas, ciudades solidarias, comunidades sociales verdaderamente humanas? Esto es lo que Chiara Lubich nos sugiere:
     «Jesús nos demostró que amar significa acoger al otro tal como es, del modo en que Él nos acogió a cada uno de nosotros. Acoger al otro, con sus gustos, sus ideas, sus defectos, su diversidad. [...] Hacerle sitio dentro de nosotros, desalojando de nuestro corazón toda prevención, juicio e instinto de rechazo. [...] Nunca damos mayor gloria a Dios que cuando nos esforzamos en aceptar a nuestro prójimo, porque entonces sentamos las bases de la comunión fraterna, y no hay nada que dé tanta alegría a Dios como la unidad verdadera entre las personas. La unidad atrae la presencia de Jesús entre nosotros, y su presencia lo transforma todo. Acerquémonos, pues, a cada prójimo con este deseo de acogerlo con todo el corazón y de establecer antes o después el amor recíproco con él»[4].
Leticia Magri



[1] Cf. Gn 18, 1-16.
[2] Mt 25,35.
[3] La Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra cada año: en el hemisferio norte, del 18 al 25 de enero, y en el hemisferio sur, entre la fiesta de la Ascensión y la de Pentecostés.
[4] C. Lubich, Palabra de vida de diciembre de 1986: Ead., Parole di vita (ed. F. Ciardi), Cittá Nuova, Roma 2017, pp. 375-376 (próxima publicación en castellano).

domingo, 5 de enero de 2020

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 5 DE ENERO DEL 2020, 2º DE NAVIDAD - (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo electo de Toledo Administrador Apostólico de Coria-Cáceres)

«Y LA PALABRA SE HIZO CARNE»


Jn 1,1-18


            En principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.
       Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre.
       Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.
       Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
       Juan da testimonio de él y grita diciendo: "Éste es de quien dije: "El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo."" Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia.
       Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

Otras Lecturas: Eclesiástico 24,1-2.8-12; Salmo 147; Efesios 1,3-6.15-18

LECTIO:
                Durante la Navidad hemos contemplado el misterio del amor de Dios, un Dios cercano y comprometido con nuestra vida, un Dios que nos ama tanto que nos envió a su propio Hijo, que comparte con Él la misma gloria y el mismo poder, siendo Él totalmente Dios es por su Encarnación totalmente hombre. Ante esta afirmación el evangelista insiste en que Jesucristo toma nuestra carne, era Dios, estaba con Dios y que todo había sido hecho por Él y en Él.
       Al final de este periodo de la Navidad, el pasaje lo podemos reflexionar desde la perspectiva de Juan el Bautista y la respuesta de los hombres. Hemos visto la actitud de Juan, su testimonio, que anunció y predispuso la llegada del Señor, pero ante el amor total de Dios, la respuesta de muchos fue el rechazo, el preferir las tinieblas a la luz, el dar la espalda a Aquel que nos amó primero, que nos amó totalmente, que se nos dio por entero y que nos hizo sentir su amor incondicional.
       Juan nos  dice: En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Esta es la respuesta del hombre ante el amor de Dios. Pero un pasaje como éste, después de haber celebrado la Navidad, adquiere una perspectiva más profunda porque nos hace tomar conciencia de la necesidad de darle una respuesta al Señor por al amor que Él nos demostró y que hemos celebrado durante este tiempo. El testimonio de Juan el Bautista es el proyecto de vida que nos deja este pasaje. (Robertus Kardi- misionero javeriano)

 MEDITATIO:                       
     Las fiestas de Navidad tienen como colofón la manifestación de Jesús a todas las naciones. El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos contemplado su gloria. El personaje central de estos días santos es Jesucristo, que nació en Belén como hombre, el que es eterno por los siglos…
     Jesucristo es el centro de la historia humana. No se nos ha dado otro nombre en el que podamos ser salvados. Toda experiencia religiosa tiende a él y en él encuentra su plenitud. Porque en ninguna otra experiencia Dios ha podido darnos más, que en dándonos a su Hijo nos lo ha dado todo. La Navidad quiere dejar en nosotros ese buen sabor a Cristo, en el que Dios nos ha bendecido con toda clase de bienes. Quizá hayan sido días de mucho ajetreo. Que estos últimos días dejen en nuestro corazón el sabor de habernos encontrado con él y la misión de darlo a conocer entre nuestros contemporáneos. (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)


ORATIO:
     Señor Jesús, te damos gracia por tu Palabra que nos ha hecho ver mejor la voluntad del Padre. Haz que tu Espíritu ilumine nuestras acciones y nos comunique la fuerza para seguir lo que Tu Palabra nos ha hecho
Señor, que nunca deje de resonar tu palabra en mí.
Sigue llamándome hijo para que aprenda a vivir
y actuar como hijo tuyo.

CONTEMPLATIO:
     Tengamos presente que la encarnación del Hijo de Dios es el signo distintivo de la fe cristiana, que en ella, la historia humana ha sido asumida por Dios para conducirla en clave de salvación a su máxima expresión. Si intentáramos dejarla de lado, resultaría comprometida la imagen de Dios y la dignidad del hombre.

En el principio existía la Palabra...

     Para los creyentes, no hay otra norma de vida que la Palabra que es Jesús. Viéndole a Él, tenemos la respuesta a todas nuestras preguntas. Contemplando su conducta sabremos como tenemos que comportarnos. Su entrega hasta darlo todo por amor, debe ser nuestro estilo de vida
     Contempla al Señor presente en nuestro mundo, en el ambiente en que te desenvuelves, en tu familia, tu trabajo… El nacimiento de Jesús es llamada, anuncio, presencia que conecta con los deseos que laten en el corazón del hombre. Pero su presencia necesita ser acogida, abrazada encarnada en nuestra propia vida.
…y la Palabra se hizo carne”.




   Porque los evangelistas hablan de Jesucristo naciendo en el tiempo, mas San Juan atestigua que en el principio ya era él mismo, diciendo: «En el principio era el Verbo». Los otros dicen que apareció de repente en medio de los hombres; él atestigua que siempre estuvo con Dios cuando dice: «Y el Verbo estaba con Dios». Los primeros dicen que era verdadero hombre; y el último, que era verdadero Dios, diciendo: «Y el Verbo era Dios». Los demás evangelistas le consideran como hombre que vive temporalmente entre los hombres; pero San Juan le considera Dios con Dios, subsistiendo en el principio, diciendo: «Este era en el principio con Dios». Los otros exponen las grandes cosas que hizo después de la Encarnación; pero San Juan enseña que Dios Padre hizo por El toda criatura, diciendo: «Todas las cosas fueron hechas por El y nada de lo que fue hecho se hizo sin El».


viernes, 3 de enero de 2020

PARA EL DIALOGO Y LA MEDITACIÓN


ENERO: DESDE EL CUARTO DE GUARDIA

I - A MODO DE EXPLICACIÓN PREVIA

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar
     La  reunión previa con la que comenzamos la vigilia ordinaria mensual tiene una importancia clave para el desarrollo del resto de los momentos en que se va a desarrollar el encuentro con el Señor expuesto. Sin duda tienen que darse avisos, información general, además de los saludos prescritos  y nos puede parecer que  es un momento adecuado para la formación, y lo es, pero bien sabéis que el alma de la Adoración Nocturna es la oración, orar y adorar a Nuestro Señor, no tanto ideas claras sino corazones encendidos. ¿Qué os parece si este ratito que estamos reunidos nos sirve para arrancar la “vela o velada” encendidos en amar y más amar, que no es el mucho saber, sino el mucho amar lo que espera el Señor esta noche de cada uno de nosotros? Los hombres y las mujeres de la Adoración deben tener una actitud interior dominante: enamorados de Jesucristo como Él se ha enamorado de cada uno de nosotros. Amor con amor se paga.
     Propongo que en cada texto del año aparezcan tres momentos: un marco con una frase eucarística de Cristo. Una oración jaculatoria  al Espíritu Santo, para que nos encienda en amores. Un texto de un santo o de la Iglesia que nos inicie en la oración meditativa.
     ¿Por qué no  aprovechar a lo largo del año los textos patrísticos y eclesiásticos recogidos en índice en nuestro manual en la página 660, aunque muchos os los sepáis de memoria, y luego en el turno de vela lo volvamos a escuchar? A veces una idea, una frase, se detiene en nuestro corazón y va retozando junto al Señor en nuestra alma durante toda la noche, en el silencio de la contemplación o en momentos de alabanza.

II - REFLEXIONES DE UN ADORADOR NOCTURNO PARA ORAR DESDE LA REUNIÓN PREVIA - ¿Y DE LA MUERTE QUÉ?

1º Marco para esta noche de enero.
     “Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.  El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.”( Juan  6: 52 – 54)
     Venimos a estar con nuestro Dios. Dueño y Señor de todas las cosas. Sí, sí, sin duda. Pero en este comienzo de año, en medio del recuerdo del Niño que nos ha nacido, hoy nos preguntamos en el corazón lo que proclamamos en grupo  en el credo: ¿De verdad crees que tras tu morir tienes vida eterna y que resucitarás en el último día? Tú y yo y cada uno  de nosotros. La Fe sin esperanza es una opinión. Esta noche nos lo dice el Señor: “Yo te resucitaré el último día”

2º Una oración jaculatoria  al espíritu santo, para que nos encienda en amores.

     Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciéndelos en el fuego de tu amor.
     “Morir solo es morir, morir se acaba” (José Luis Martín Descalzo) ¿Me quedo en mis temores o me quedo en tus palabras? Gracias, Gracias, “porque tú lo dijiste, Hijo de Dios, y nada hay, nada es más cierto que esta palabra de Verdad.”

3º un texto de un santo o de la iglesia que nos inicie en la oración meditativa.

“El misterio de la muerte, Gaudium et Spes” 18.
     El máximo enigma de la vida humana es la muerte. El hombre sufre con el dolor y con la disolución progresiva del cuerpo. Pero su máximo tormento es el temor por la desaparición perpetua. Juzga con instinto certero cuando se resiste a aceptar la perspectiva de la ruina total y del adiós definitivo. La semilla de eternidad que en sí lleva, por ser irreducible a la sola materia, se levanta contra la muerte. Todos los esfuerzos de la técnica moderna, por muy útiles que sean, no pueden calmar esta ansiedad del hombre: la prórroga de la longevidad que hoy proporciona la biología no puede satisfacer ese deseo del más allá que surge ineluctablemente del corazón humano.
     Mientras toda imaginación fracasa ante la muerte, la Iglesia, aleccionada por la Revelación divina, afirma que el hombre ha sido creado por Dios para un destino feliz situado más allá de las fronteras de la miseria terrestre. La fe cristiana enseña que la muerte corporal, que entró en la historia a consecuencia del pecado, será vencida cuando el omnipotente y misericordioso Salvador restituya al hombre en la salvación perdida por el pecado. Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a Él con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte. Para todo hombre que reflexione, la fe, apoyada en sólidos argumentos, responde satisfactoriamente al interrogante angustioso sobre el destino futuro del hombre y al mismo tiempo ofrece la posibilidad de una comunión con nuestros mismos queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera.”
     La Eucaristía es una garantía de vida eterna. ¿Recordáis aquella jaculatoria que se oía frecuentemente en nuestras horas santas o en nuestras oraciones en familia: ¡admirable sacramento de la vida dulce prenda seáis por siempre bendita en el cielo y en la tierra! El pan en que recibimos a Dios es prenda o mejor  se nos ha dejado en prenda, en muestra o señal de que recibiremos la joya de la vida verdadera. En estas horas junto al Señor  qué consoladoras nos resultan las palabras que leemos en la Constitución: “Dios ha llamado y llama al hombre a adherirse a Él con la total plenitud de su ser en la perpetua comunión de la incorruptible vida divina. Ha sido Cristo resucitado el que ha ganado esta victoria para el hombre, liberándolo de la muerte con su propia muerte”. ¿Le diremos como a San Pablo en el Ágora, de esto otro día te escucharemos?  ¿A dónde iremos si tú tienes palabras de vida eterna?

Preguntas para el diálogo y la meditación.

■   ¿Crees que meditar en la muerte amarga la vida? ¿Saber que somos tiempo, un paréntesis en la fuga de las horas, no nos ayuda a valorar que el tiempo no es oro, sino vida, que la moneda más preciada con que nos pagamos unos a otros y al mismo Dios es la del tiempo, que el tiempo que nos damos tiene valor de eternidad?

■   ¿Crees que dejan serenas las ideas que hoy se ofrecen como respuesta: “ Hombre, no eres más que esto: lodo que regresa al lodo, a la “arcilla apagada”. La tierra como Madre inmensa, no distinta del hombre permite que sigamos, no como espíritu ni menos como cuerpo resucitado unido al alma de nuestro ser personal, sino como “barro tú en el barro”.?

■   ¿Cantas  gozosamente ante nuestro Dios, refulgente y escondido en el Pan de la Custodia al escuchar estas consoladoras promesas: “Para todo hombre que reflexione, la fe, apoyada en sólidos argumentos, responde satisfactoriamente al interrogante angustioso sobre el destino futuro del hombre y al mismo tiempo ofrece la posibilidad de una comunión con nuestros mismos queridos hermanos arrebatados por la muerte, dándonos la esperanza de que poseen ya en Dios la vida verdadera?


*        “Y entonces vio La Luz. La Luz que entraba
por todos los rincones de su vida.
Vio que el dolor precipitó la huida
y entendió que la muerte ya no estaba.
Morir solo es morir, morir se acaba,
morir es una hoguera fugitiva
es abrir una puerta a la deriva
y encontrar lo que tanto se buscaba.
Dejar ya de sufrir y hacer preguntas
ver el amor sin enigmas ni espejos
descansar y vivir en la ternura.
Tener La Luz, La Paz, la casa juntas
y ver, dejando los dolores lejos
la vida plena tras la noche oscura”

( M. Descalzo )



ANUNCIO DE LAS CELEBRACIONES MÓVILES DEL AÑO LITÚRGICO 2020
    
     El día 6 de enero, solemnidad de la Epifanía del Señor, en la Misa, después de la lectura del evangelio, es recomendable proclamar el anuncio de las celebraciones litúrgicas móviles del año:

"Queridísimos hermanos:
     La gloria del Señor se ha manifestado y se continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso. En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación.
     Centro de todo el año litúrgico es el Triduo Pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado, que este año culminará en la Noche Santa de Pascua que, con gozo, celebraremos el día 11 de abril. Cada domingo, Pascua semanal, la santa Iglesia hará presente este mismo acontecimiento, en el cual Cristo ha vencido al pecado y la muerte. De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día 26 de febrero*. La Ascensión del Señor, que este año será el 21 de mayo o 24 de mayo. El Domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el día 31 de mayo. El primer Domingo de Adviento, que celebraremos el día 29 de noviembre.
    También en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la Pascua de su Señor. 
     A él, el Cristo glorioso, el que era, el que es y el que viene, al que es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos de los siglos."
 R/ Amén.

*La fecha que aparece en la Ascensión es aquélla en que se celebra conforme al Calendario General, y entre paréntesis, la fecha a la que puede trasladarse por decisión de cada conferencia episcopal. 


viernes, 27 de diciembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 29 DE DICIEMBRE DEL 2019, FESTIVIDAD DE LA SAGRADA FAMILIA - (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

«LEVÁNTATE, TOMA AL NIÑO Y A SU MADRE Y HUYE A EGIPTO»


Mt. 2.13-15, 19-23

        Cuando se marcharon los magos, el ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: «Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo». José se levantó, tomó al niño y a su madre, de noche, se fue a Egipto y se quedó hasta la muerte de Herodes para que se cumpliese lo que dijo el Señor por medio del profeta: «Llamé a mi hijo, para que saliera de Egipto».
      Cuando murió Herodes, el ángel del Señor se apareció de nuevo en sueños a José en Egipto y le dijo: «Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño». Se levantó, tomó al niño y a su madre y volvió a la tierra de Israel. Pero al enterarse de que Arquelao reinaba en Judea como sucesor de su padre Herodes tuvo miedo de ir allá. Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret. Así se cumplió lo dicho por medio de los profetas, que se llamaría nazareno.

Otras Lecturas: Eclesiástico 3, 2-6.12-14; Salmo 127; Colosenses 3, 12-21

LECTIO:
     Dios es familia. Es Trinidad es comunidad. Es Amor que se hace pasión como familia para la salvación del mundo. En pleno corazón de la Navidad la Sagrada familia nos habla de que Dios quiso nacer en una familia y ser acunado en las noches de invierno con la ternura de María y el cuidado de José…
     La huida a Egipto para cuidar al tesoro de su vida que es Jesús, nos advierte que sus vidas... como las nuestras no será un camino de rosas. Aceptar tener que huir, salir de su propio país para poder subsistir, ser emigrante, tener que vivir ocultos por miedo a los poderosos, nos habla de una historia que se repite. Solo vivir una vida de familia, que es el lugar y el espacio donde se nos quiere no por lo que tenemos, sino por lo que somos. (+ Francisco Cerro Chaves - Obispo de Coria-Cáceres)

MEDITATIO:

     La liturgia hoy nos invita a celebrar la fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret. De hecho, cada pesebre nos muestra a Jesús junto a la Virgen y San José en la gruta de Belén. Dios ha querido nacer en una familia humana, ha querido tener una madre y un padre como nosotros.” (Papa Francisco)
     La huida a Egipto a causa de las amenazas de Herodes nos muestra que Dios está allí donde el hombre se encuentra en peligro, donde el hombre sufre, donde se escapa, donde experimenta el rechazo y el abandono; pero también está donde el hombre sueña, espera regresar a su patria en libertad, proyecta y elige a favor de la vida y la dignidad de sí mismo y de sus familias.” (Papa Francisco)
     Hoy nuestra mirada sobre la familia se deja atraer también por la simplicidad de la vida que ésta lleva en Nazaret. Es un ejemplo para nuestras familias que les ayuda a convertirse cada vez más en comunidades de amor y reconciliación, en las que se experimenta la ternura, la ayuda mutua, el perdón mutuo.” (Papa Francisco)

ORATIO:

     Señor Dios, nuestro mundo y también nuestra Iglesia tienen necesidad de reencontrar la unidad y la armonía en muchas familias a ejemplo de la santa familia de Nazaret, para que la paz de Dios se manifieste en ellas, superando discordias, rupturas, incomprensiones y dificultades de todo tipo.

Señor, que en nuestras familias, en nuestros grupos
y comunidades tengamos tiempo para escucharnos,
y  fortalecer nuestra fe y nuestras relaciones.

CONTEMPLATIO:
«José, levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto»

     Si es sorprendente que Dios se haya hecho hombre, …sorprende aún más que Dios también haya querido tener una familia y que en ella su Hijo haya hecho su proceso de crecimiento y maduración como persona, como lo hacemos cualquiera de nosotros. Esto nos hace ver el valor que tiene la familia, ese ámbito de crecimiento espiritual y en valores, de afianzamiento personal de amor, de cariño y formación.
     En este pasaje vemos el de José y de María que dóciles al mensaje del ángel protegen al niño del peligro para que nada le afecte.  Una actitud así, es todo un proyecto para los padres, para estar atentos a los peligros que pueden tener sus hijos y cuidarlos y ser capaces de hacer hasta lo imposible para que nada les suceda.
     Reflexionemos con alegría este pasaje, para valorar el don que el Señor tuvo de tener una familia. Que esto nos ayude a valorar nosotros el don que tenemos al tener también nosotros una familia que nos quiere, que nos acompaña, que palpita con nuestra vida, que vive pendientes de nosotros, que vive por nosotros.



    La familia de Nazaret, en cuanto realidad humana asumida y renovada por la encarnación del Verbo, se transforma no sólo en un lugar donde se hace presente de modo único y especial el misterio de la Trinidad, sino también en un símbolo, en la representación más perfecta, en un icono, que hace presente, vivos y operantes el amor y la fecundidad de Dios… Jesús, María, José, la santa familia de Nazaret, son el centro del designio salvífico de Dios, el centro de la Nueva Alianza. Pertenecen a la plenitud de los tiempos. En esta familia de Jesús, donde se refleja admirablemente la vida de comunión, de amor de la Trinidad divina, los hombres reanudan el diálogo primitivo con Dios, retoman la armonía conyugal y familiar y de hermandad. (J. M. Blanquet).

jueves, 26 de diciembre de 2019

CONVOCANDO VIGILIA GENERAL EXTRAORDINARIA DE FIN DE AÑO


DECÁLOGO PARA LA FE EN NAVIDAD


-    Vive con ENTUSIASMO estos días de Navidad: ¡Dios ha bajado a la tierra!
   Envía un SMS y pon: “Dios ha nacido: feliz Navidad”. Remite por tu correo electrónico felicitaciones pero con escenas religiosas.

2º-   EXTERIORIZA públicamente lo que crees y sientes: ¡Cristo ha nacido! Cuelga en el exterior de tu casa un símbolo cristiano. Al mirar hacia tu casa, algunos dirán, “ahí se nota que vive un cristiano”.
■   Para recuperar la salud de la Navidad, en este Año de la Fe, hemos de posibilitar también la espiritual de cada uno.

3º-    Tú, como Jesús, también te puedes hacer pequeño en estos días y ser la alegría de alguien.
■   Visita algún enfermo, ejerce la caridad, ayuda en alguna residencia de ancianos.

4º-    DEMUESTRA la alegría cristiana de estos días.
■   No olvides cantar villancicos en la sobremesa de la nochebuena o siempre que tu familia esté reunida.

5º-   ILUMINA, además de tu interior, el exterior de tu domicilio.
■   Dios, que está en ti, también habla a través de lo que tú haces o enmudece cuando no te atreves a hablar en su nombre.

6º-    QUE NO FALTE EL BELÉN, o por lo menos la figura del Niño Jesús, en tu hogar. La imagen del Niño, en Navidad, es tan imprescindible como un balón en un partido de futbol.
■   ¡Cuántos hay que juegan a la Navidad “sin el esférico de Jesús de Nazaret”!

7º-    PARTICIPA en las celebraciones de tu parroquia. Ofrécete para los distintos ministerios.
■   Tú, como los pastores, también puedes entregar algo de tu pan, leche o miel. Recuerda que, una fe sin obras, es una fe muerta.

8º-   ADORA al Señor. Visita diferentes belenes instalados en parroquias, plazas o lugares públicos. Explica a tus pequeños, si los tienes, el sentido de la Navidad.
■   Reza y bendice la mesa. No olvides que, el amor de Dios, también se manifiesta en aquellos bienes que pone a nuestra disposición.

9º-     REZA con emoción contenida, ante la llegada de un Dios tan divino y humano. ¿Sirve algo una mesa en la que no se coma? ¿Sirven de algo unas navidades en las que no se rece?
■   La oración es el fuego que mantiene cálido el Misterio de la Navidad. Sin oración, un pesebre, una belén…quedan huérfanos. Les falta el valor divino.

10º- FELICITA, con lenguaje y símbolos cristianos, el acontecimiento que es la razón y el ser de estos días: ¡DIOS HA NACIDO! ¡ALELUYA!
■   Evita expresiones como “Felices Fiestas” o “Felices días”. Como cristianos, nuestro mensaje, ha de ser el siguiente: “Dios ha nacido; feliz Navidad” “Feliz Navidad y que Dios te bendiga.” ¿O no te atreves?