TIEMPO LITÚRGICO

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sábado, 21 de diciembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 22 DE DICIEMBRE DEL 2019, 4º DE ADVIENTO - (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

« JOSÉ HIZO LO QUE LE HABÍA MANDADO EL ÁNGEL »


Mt. 1,18-24


     El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
     José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.
     Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


Otras Lecturas: Isaías 7, 10-15.20; Salmo 23; Romanos 1, 1-7

LECTIO:
     En el cuarto domingo de adviento estamos tocando con las manos el misterio cercano del nacimiento del Señor. La Navidad se echa encima, estamos a las puertas. Este cuarto domingo es el domingo mariano por excelencia. Y junto María, está José en este gran misterio.
     Ya desde antiguo fue anunciado que el Mesías nacería de una virgen y nacería virginalmente. Así lo recuerda la primera lectura de este domingo, tomada del profeta Isaías. Era como un sueño, que se ha hecho realidad en la historia, en María. María es la madre de Jesús, permaneciendo virgen antes del parto, en el parto y después del parto. Madre y virgen. La atención se centra en ella cuando estamos a las puertas de la Navidad, porque en su vientre viene hasta nosotros el Hijo de Dios hecho hombre…
     María y José, cada uno a su manera, son prototipo de esta colaboración en los planes de Dios. Uno y otro acogen la buena noticia con corazón fiel, y ponen su vida entera al servicio del misterio de la encarnación. Y sus vidas no fueron estériles por eso. Al contrario, representan la mayor fecundidad que una persona humana ha podido tener. María es la bendita entre todas las mujeres, a la que todas las generaciones felicitarán. Ella es el personaje más importante en la obra redentora, más que los apóstoles, más que cada uno de nosotros por mucho que hagamos. Y junto a ella, José, sin el que todo este misterio hubiera sido inviable históricamente. También él pone su vida al servicio de este gran misterio, y eso le ha merecido ser protector y cuidador de generaciones y generaciones, patriarca de la Iglesia. (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)


MEDITATIO:
     La liturgia de hoy está caracterizada por el tema de la proximidad, la cercanía de Dios a la humanidad. El pasaje del Evangelio nos muestra a las dos personas que más que cualquier otra están envueltas en este misterio de amor: la Virgen María y su esposo José. Misterio de amor, misterio de cercanía de Dios con la humanidad. (Papa Francisco)
     “La Virgen concebirá y dará a luz un hijo». El Hijo de Dios “viene”  para convertirse en hombre. Así Dios se ha acercado al ser humano tomando la carne de una mujer… El otro protagonista del Evangelio de hoy es San José… en aquel momento de la duda, también del miedo, Dios se le acerca con un mensajero suyo y él es iluminado sobre la naturaleza de aquella maternidad: “porque lo que ha sido engendrado en ella proviene del Espíritu Santo”. Así, frente al evento extraordinario, que ciertamente suscita en su corazón tantas interrogantes, se confía totalmente en Dios que se le acerca y, siguiendo su invitación… la toma consigo y la desposa. (Papa Francisco)
     Estas dos figuras, María y José, que han sido los primeros en acoger a Jesús mediante la fe, nos introducen en el misterio de la Navidad. María nos ayuda a colocarnos en actitud de disponibilidad para acoger al Hijo de Dios en nuestra vida concreta, en nuestra carne. José nos insta a buscar siempre la voluntad de Dios y a seguirla con total confianza. Ambos están dispuestos para acercarse a Dios. (Papa Francisco)

ORATIO:
 No permitas, Señor, que pasen desapercibidos estos signos preciosos de tu presencia… Al contrario, refuerza y guarda en nosotros la fe obediente del justo José.

José, el justo, el hombre de Dios, intercede por nosotros,
para que como Tú tengamos la docilidad que tuviste,
para saber decirle al Señor: SÍ

CONTEMPLATIO:
«José hizo lo que le había mandado el Ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer»
      Estamos ya en las puertas de la Navidad, y a nosotros se nos ha anunciado esta Buena noticia prome­tida antiguamente por los profetas.
     No sólo… para Israel, sino para todos y para siempre, Yahvéh dejará de ser un Dios Altísimo (en cuanto lejano) para ser un Dios-con-nosotros, un Dios que ha querido acam­parse en nuestro suelo, hablar nuestro lenguaje, sufrir nuestros do­lores y gozar nuestras alegrías
     Él es Dios y con-nosotros, es el Emmanuel. Ojala que descubramos que jamás molestamos a un Dios que ha querido amarnos hasta la convivencia, hasta la coexistencia, hasta ser-estar con nosotros.
     Y ojala nos conceda tratarnos entre nosotros como somos tratados por Él: que acogiendo y contemplando al Emmanuel, al Dios-con-nosotros, podamos a nuestra vez ser también nosotros hermanos-entre-herma­nos siendo verdaderamente hijos ante Él. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)




   El nombre de Jesús es nombre divino, anunciado a María de parte de Dios por el arcángel san Gabriel; y por esto dijo san Pablo, que era nombre sobre todo nombre, en el que solamente se halla la salvación. Este nombre es comparado por el Espíritu Santo al aceite, por la razón, dice san Bernardo, de que así como el aceite es luz y comida, y también medicina; así el nombre de Jesús es luz para el entendimiento, alimento para el corazón y medicina para el alma. (San Alfonso María de Ligorio)


miércoles, 18 de diciembre de 2019

ANTÍFONAS DE ADVIENTO O ANTÍFONAS MAYORES


     Las antífonas de Adviento o de la O (así llamadas porque todas empiezan en latín con la exclamación «O», en castellano «Oh».) son siete, y la Iglesia las canta antes y después del Magnificat con el Oficio de Vísperas desde el día 17 hasta el día 23 de diciembre. Son un llamamiento al Mesías recordando las ansias con que era esperado por todos los pueblos antes de su venida, y, también son, una manifestación del sentimiento con que todos los años, de nuevo, le espera la Iglesia en los días que preceden a la gran solemnidad del Nacimiento del Salvador.
     Fueron compuestas hacia los siglos VII-VIII, y se puede decir que son un magnífico compendio de la cristología más antigua de la Iglesia, y a la vez, un resumen expresivo de los deseos de salvación de toda la humanidad, tanto del Israel del Antiguo Testamento como de la Iglesia del Nuevo. Cada antífona empieza por una exclamación, «Oh», seguida de un título mesiánico tomado del Antiguo Testamento, pero entendido con la plenitud del Nuevo. Es una aclamación a Jesús el Mesías, reconociendo todo lo que representa para nosotros. Y termina siempre con una súplica: «ven» y no tardes más.
  Son breves oraciones dirigidas a Cristo Jesús, que condensan el espíritu del Adviento y la Navidad. La admiración de la Iglesia ante el misterio de un Dios hecho hombre: «Oh». La comprensión cada vez más profunda de su misterio. Y la súplica urgente: «ven».
  Leídas en sentido inverso las iniciales latinas de la primera palabra después de la «O», dan el acróstico «ero cras», que significa «seré mañana, vendré mañana», que es como la respuesta del Mesías a la súplica de sus fieles.


1.-¡Oh, Sabiduría!, que brotaste de los labios del Altísimo, abarcando del uno al otro confín, y ordenándolo todo con firmeza y suavidad: ven y muéstranos el camino de la salvación.
     O Sapientia, quae ex ore Altissimi prodisti, attingens a fine usque ad finem, fortiter suaviterque disponens omnia: veni ad docendum nos viam prudentiae.


(Antes de visualizar los vídeos deje pasar el Himno inserto al blog)

Isaías había profetizado:
·         «Reposará sobre él el espíritu de Yahveh: espíritu de sabiduría e inteligencia, espíritu de consejo y fortaleza, espíritu de ciencia y temor de Yahveh. Y le inspirará en el temor de Yahveh.» Is. 11:2-3
·          «[...] trazar un plan maravilloso, llevar a un gran acierto.» Is. 28-29

2.-¡Oh Poderoso Señor!, jefe de la casa de Israel, que te apareciste a Moisés en la zarza encendida, y le diste tu Ley sobre el monte Sinaí! ¡Ven a rescatarnos con el poder de tu brazo.
     O Adonai et dux domus Israel, qui Moysi in igne flammae rubi apparuisti, et ei in Sina legem dedisti: veni ad redimendum nos in brachio extento.


Isaías había profetizado:
·         «Juzgará con justicia a los débiles, y sentenciará con rectitud a los pobres de la tierra. Herirá al hombre cruel con la vara de su boca, con el soplo de sus labios matará al malvado. Justicia será el ceñidor de su cintura, verdad el cinturón de sus flancos.» Is. 11:4-5
·          «Porque Yahveh es nuestro juez, Yahveh nuestro legislador, Yahveh nuestro rey: él nos salvará. Is. 33:22

3.-¡Oh Renuevo del tronco de Jesé!, que te alzas como un signo para los pueblos; ante quien los reyes enmudecen, y cuyo auxilio imploran las naciones: ven a librarnos, no tardes más.
     O Radix Jesse, qui stas in signum populorum, super quem continebunt reges os suum, quem gentes deprecabuntur: veni ad liberandum nos, jam noli tardare.


Isaías había profetizado:
·         «Saldrá un vástago del tronco de Jesé, y un retoño de sus raíces brotará.» Is. 11:1
·         «Aquel día la raíz de Jesé que estará enhiesta para estandarte de pueblos, las gentes la buscarán, y su morada será gloriosa.» Is. 11:10
   Jesé era el padre del rey David, y Miqueas había profetizado que el Mesías provendría de la casa y del linaje de David y que nacería en la ciudad de David, Belén. Miq. 5:1 

 4.-¡Oh Llave de David! y Cetro de la casa de Israel; que abres y nadie puede cerrar; cierras y nadie puede abrir: ven y libra a los cautivos que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
     O Clavis David, et sceptrum domus Israel; qui aperis, et nemo claudit; claudis, et nemo aperit: veni, et educ vinctum de domo carceris, sedentem in tenebris, et umbra mortis.


Isaías había profetizado:
·         «Pondré la llave de la casa de David sobre su hombro; abrirá, y nadie cerrará, cerrará, y nadie abrirá.» Is. 22:22
·         «Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino, para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia, desde ahora y hasta siempre, el celo de Yahveh Sebaot hará eso.»  Is. 9:6

5.-¡Oh Sol! que naces de lo alto, Resplandor de la luz eterna, Sol de justicia, ven ahora a iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte.
   Oh Oriens, splendor lucis aeternae et sol iustitiae: veni et illumina sedentem in tenebris et umbra mortis. 


Isaías había profetizado:
·         «El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Los que vivían en tierra de sombras, una luz brilló sobre ellos.»  Is. 9:1-2

6.-¡Oh Rey de las naciones! y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo: ven y salva al hombre, que formaste del barro de la tierra.
    O Rex gentium, et desideratus earum, lapisque angularis, qui facis utraque unum: veni, et salva hominem, quem de limo formasti.


Isaías había profetizado:
·         «Porque una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estará el señorío sobre su hombro, y se llamará su nombre "Maravilla de Consejero", "Dios Fuerte", "Siempre Padre", "Príncipe de Paz".» Is. 9:5
·          «Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas azadones, y de sus lanzas podaderas. No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.»  Is. 2:4

7.-¡Oh Dios!, rey y legislador nuestro, esperanza de las naciones y salvador de los pueblos: ven a salvarnos, Señor Dios nuestro.
     O Emmanuel, Rex et legifer noster,  exspectatio Gentium, et Salvator earum: veni ad salvandum nos, Domine, Deus noster.

Isaías había profetizado:
·         «Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.»  Is. 7:14

     Unamos a la oración un recogimiento mayor, una vigilancia más continua; descendamos con más frecuencia al fondo de nuestra alma, a fin de purificarla y embellecerla pensando que debe ser la cuna del Niño divino. Sin embargo, la grande preparación  es renunciar al pecado, al pecado mortal especialmente, pues ¿qué puede haber de común entre el Hijo de María y un corazón manchado de iniquidades?
     Escuchemos a san Carlos exhortando a su pueblo a santificar el Adviento, y apropiémonos de las palabras del gran Arzobispo: “Durante el Adviento debemos prepararnos para recibir al Hijo de Dios que abandona el seno de su Padre para hacerse hombre, y platicar nosotros; es preciso destinar un poco del tiempo que consagramos a nuestras ocupaciones a meditar en silencio sobre las preguntas siguientes: ¿Quién es el que viene? ¿De dónde viene? ¿Cómo viene? ¿Cuáles son los hombres para los que viene? ¿Cuáles son los motivos y cuál debe ser el fruto de su venida? Cifremos en él nuestras aspiraciones todas a imitación de los justos y Profetas del Antiguo Testamento que por tanto tiempo le esperaron, y para abrirle el camino de nuestro corazón purifiquémonos por medio de la confesión, el ayuno y de la comunión.


sábado, 14 de diciembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 15 DE DICIEMBRE DEL 2019, 3º DE ADVIENTO - "GAUDETE" - (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

« ¿ERES TÚ EL QUE HA DE VENIR…? »

Mt. 11, 2-11

     En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús les respondió: Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!
     Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».
     Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.

Otras Lecturas: Isaías 35, 1-6ª.10; Salmo 145; Santiago 5, 7-10

LECTIO:
     Este tercer domingo de Adviento, se le llama domingo gaudete (alegraos), porque la alegría forma parte de este tiempo de espera... ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? –le preguntarán a Jesús los discípulos del Bautista –, y Jesús responderá: decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. La alegría profetizada por Isaías tomaba rostro y nombre: Jesús.
     A nosotros, cristianos que recorremos este Adviento con el deseo de no repetir cansinamente el de años anteriores, se nos dirige también una invitación a la alegría.
     Cada uno tendrá que reconocer cuáles son sus desiertos, sus yermos, sus páramos y estepas; cada uno tendrá que poner nombre a la ceguera, la sordera, la cojera o la mudez de las que nos habla este domingo la Palabra de Dios. Pero es ciertamente en toda esa situación donde hemos de esperar a quien viene para rescatarnos de la muerte, de la tristeza, del fatalismo.
     Y somos llamados a testimoniar ante el mundo esa alegría que nos ha acontecido, que se ha hecho también para nosotros el Rostro, la Carne y la Historia de Jesucristo. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)

MEDITATIO:
     Hoy celebramos el tercer domingo de Adviento, caracterizado por la invitación de san Pablo: «Estad siempre alegres en el Señor: os lo repito, estad alegres». No es una alegría superficial o puramente emotiva a la que nos exhorta el apóstol, y ni siquiera una mundana o la alegría del consumismo… se trata de una alegría más auténtica, de la cual estamos llamados a redescubrir su sabor. Es una alegría que toca lo íntimo de nuestro ser, mientras que esperamos a Jesús, que ya ha venido a traer la salvación al mundo, el Mesías prometido, nacido en Belén de la Virgen María. (Papa Francisco)
     El desierto florece, la consolación y la alegría inundan  los corazones. Estos signos anunciados por Isaías como reveladores de la salvación ya presente, se realizan en Jesús. Él mismo lo afirma respondiendo a los mensajeros enviados por Juan Bautista. ¿Qué dice Jesús a estos mensajeros?  «Los ciegos ven y los cojos andan, los leprosos quedan limpios y los sordos oyen, los muertos resucitan».
     La Navidad está cerca, los signos de su aproximarse son evidentes en nuestras calles y en nuestras casas... Estos signos externos nos invitan a acoger al Señor que siempre viene y llama a nuestra puerta, llama a nuestro corazón, para estar cerca de nosotros. Nos invitan a reconocer sus pasos entre los de los hermanos que pasan a nuestro lado, especialmente los más débiles y necesitados. (Papa Francisco)
     Hoy estamos invitados a alegrarnos por la llegada inminente de nuestro Redentor; y estamos llamados a compartir esta alegría con los demás, dando conforto y esperanza a los pobres, a los enfermos, a las personas solas e infelices. Que la Virgen María, la «sierva del Señor», nos ayude a escuchar la voz de Dios en la oración y a servirle con compasión en los hermanos, para llegar preparados a la cita con la Navidad, preparando nuestro corazón para acoger a Jesús. (Papa Francisco)

ORATIO:
     Reaviva en nosotros la memoria de los beneficios recibidos, para que aún hoy podamos apostar por tu evangelio y para que, aunque no reconozcamos tus caminos, continuemos como el Bautista siéndote fieles.
“Alegraos siempre en el Señor;
os lo repito, alegraos.
Que vuestra mesura la conozca todo el mundo.
El Señor está cerca”.

CONTEMPLATIO:
«Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo»
    En el camino del adviento, hoy se nos presenta la figura de Juan el Bautista. Fue por delante del Señor preparando sus caminos. Ya desde el nacimiento se llenó de alegría en la presencia de Jesús, uno y otro desde el seno de sus madres respectivas: Isabel y María. Y en la vida pública, Jesús comienza sus primeros pasos de la mano del Bautista junto al Jordán. Juan lo presentó en público con aquellas preciosas palabras: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, indicando de esta manera la misión del que viene a cargar con nuestros pecados y a redimirnos por su sacrificio redentor. O cuando llegan a confundirlo con el Mesías, Juan repite: Yo no soy el Mesías, soy el amigo del esposo que se alegra de que el esposo esté presente. Jesús dice de él: no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista.
     La figura de Juan Bautista ocupa un lugar fundamental en los comienzos de la vida pública de Jesús, y por eso es un personaje central en el tiempo de adviento. No sólo nos señala con el dedo quién es Jesús y nos lo presenta, sino que nos indica con su vida cuáles son las actitudes para salir al encuentro del Señor que viene. [En primer lugar, la humildad y la pobreza… La otra actitud de Juan el Bautista es la penitencia. Se preparó para la llegada del Señor, viviendo austeramente en el desierto...] (+ Demetrio Fernández - Obispo de Córdoba)




   Y ahora permitidme que termine esta meditación sobre el Adviento con las palabras que sugiere el Profeta Isaías: "Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes, decid a los cobardes de corazón: sed fuertes, no temáis. Mirad a vuestro Dios ... Él os salvará" (Is 35, 3-4). Que nunca falte en vuestra vida esta esperanza que su venida deposita en el corazón de cada hombre y en la que lo confirma saludablemente.  (San Juan Pablo II, pp)

(Mt 24, 42)

DICIEMBRE 2019

«Velad porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»
(Mt 24, 42).
    
     En este pasaje del Evangelio de Mateo, Jesús prepara a sus discípulos para su regreso definitivo e inesperado, que los sorprenderá.
     También en aquella época había muchas dificultades, guerras y sufrimientos de todo tipo. Para el pueblo de Israel la esperanza descansaba en la intervención del Señor, que pondría fin a las lágrimas. Así pues, la espera no era motivo de espanto, sino más bien de consuelo, como tiempo de la salvación.
     Aquí Jesús nos indica un gran secreto: vivir bien el momento presente, porque Él mismo volverá cuando estemos trabajando, ocupados en las cosas normales de la vida diaria, en las que muchas veces nos olvidamos de Dios porque estamos demasiado absorbidos por la preocupación del mañana.

«Velad porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»

     Velar: es una invitación a mantener los ojos abiertos, a reconocer los signos de la presencia de Dios en la historia, en la cotidianidad, y ayudar a otros que viven en la oscuridad a encontrar el camino de la vida.
     La incertidumbre sobre el día preciso en que llegará Jesús pone al cristiano en actitud de continua espera; lo alienta a vivir el momento presente con intensidad, amando hoy, no mañana; perdonando ahora, no después; transformando la realidad en este momento, no cuando encuentre tiempo en una agenda llena de compromisos.
     Meditando sobre esta Palabra, Chiara Lubich escribía: «¿Te has dado cuenta de que en general no vives la vida, sino que tiras de ella a la espera de un "después" en el que debería llegar "algo bueno"? La cuestión es que llegará un "después bueno'; pero no será como te lo esperas. Un instinto divino te lleva a esperar a alguien o algo que pueda satisfacerte. Y te imaginas que será un día de fiesta, o el tiempo libre, o un encuentro especial, y cuando estos terminan no quedas satisfecho, al menos no plenamente. Y reanudas el trantrán de una existencia vivida sin convicción, siempre a la espera. Lo cierto es que entre los elementos que componen tu vida hay uno del que no puedes escapar: el encuentro cara a cara con el Señor que se acerca. Esto es "lo bueno" a lo que tiendes inconscientemente, porque estás hecho para la felicidad. Y la plena felicidad solo Él te la puede dar»[1].

«Velad porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor»

     Ciertamente el Señor Jesús vendrá al final de la vida de cada uno, pero ya podemos reconocerlo, realmente presente, cuando celebramos y compartimos la Eucaristía, cuando escuchamos y vivimos su Palabra, cuando acogemos a cada hermano y hermana, cuando su voz nos habla en la conciencia.
     También hoy la vida nos presenta muchos desafíos, y nos preguntamos: «¿Cuándo terminará todo este sufrimiento?».
     No podemos esperar pasivamente una intervención del Señor: hay que aprovechar cada momento para apresurar el Reino de Dios y su designio de fraternidad. Cada pequeño gesto de amor y de cortesía, cada sonrisa que damos transforma nuestra existencia en una continua y fecunda espera.
     Paco es capellán en un hospital en España; hay muchos pacientes ancianos, y algunos sufren graves enfermedades degenerativas. Cuenta: «Al llamar a la puerta de un paciente anciano que suele gritar contra la fe, tengo un momento de duda, pero quiero testimoniarle el amor de Dios. Entro con la mejor sonrisa que tengo. Le hablo suavemente, le explico la belleza de los sacramentos. Le pregunto si quiere recibirlos, y me responde: ¡Claro! Se confiesa y recibe la Eucaristía y la unción de los enfermos. Me quedo con él un poco más. Cuando me voy, está sereno, y su hija, allí presente, está asombrada».
Leticia Magri





[1] C. Lubich, Palabra de vida, dic. 1978, en Ed., Parale di Vita (ed. F. Ciardi), Cittá Nuova, Roma 2017, p. 123. Próxima publicación en castellano.