TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

jueves, 21 de noviembre de 2019












NOVIEMBRE: LA LITURGIA DE LAS HORAS


     Hemos ido señalando a lo largo de estas reflexiones que la diferencia entre oración vocal y la contemplativa es de medio de expresión pero nunca de esencia.
Toda oración es siempre un diálogo y no un monólogo que hacemos en voz alta o en silencio. Si no tenemos presente a ese Alguien al que le dirigimos las palabras, será cualquier cosa menos oración. La oración es siempre encuentro con quien sabemos nos ama.
     Decía Don Luis de Trelles: “Porque la perfección en la obra es el idioma del amor y, el que ama, quiere ser elocuente y expresivo y su compostura ha de expresar el afecto que le anima, manifestándolo en las menores circunstancias de su obra.
Cada uno de los accidentes (léase: detalles poco importantes) de ella  da ocasión a traducir al exterior la íntima aspiración del alma, pues las manifestaciones del afecto deben ser adecuadas a la excelencia de la persona amada.”
(LS, T XI, 1880, pags. 91-92).
     La oración está asociada a la virtud de la Fe: creemos en las verdades que proclamamos en el credo. La oración está asociada a la virtud de la religión: A tan gran Dios nos sentimos inclinados a dar el culto merecido, a tal Señor, tal honor. A la oración está asociada la virtud de la piedad: “traducir al exterior la íntima aspiración del alma”. “La piedad en su esencia  hace visible lo invisible, perceptible lo inaudito y hasta oíble; tangible, lo intangible, y convierte el olor del incienso en una señal de la grandeza de Dios, y en su alabanza.
     Meditad estas palabras “la perfección en la obra es el idioma del amor”.  El secreto en este caso de la oración  es transformar nuestras palabras en idioma del amor.  Piensa en con quién hablas, la maravilla de un Dios, omnipotente, Señor del cielo y de la tierra. Pero tan cercano que su presencia humilde en un pedazo de pan nos puede hacer olvidar su grandeza. Estamos ante el Señor. Lo lógico sería postrarnos en tierra sin osar ni levantar la cabeza. Y sin embargo lo que quiere es nuestra correspondencia amorosa. Y ¿cómo lo vamos a conseguir? Haciendo bien aquello que en ese momento tenemos que hacer.  ¿Cómo harás la genuflexión si se lo haces al Dios de toda la creación?  Y ¿Cómo recitarás la liturgia de las horas?
     Don Luis, adelantándose a los tiempos, sorprendió a los entendidos de que introdujese en el esquema de cada vigilia de la Adoración Nocturna el rezo de las horas.  Parecía que sólo tenían derecho y obligación a rezarlo los consagrados, pero no los laicos. En la Iglesia primitiva no fue así. Don Luis adivinó que si la Liturgia de las Horas era la oración con que oficialmente La Iglesia alaba a Dios, bien debían ejercitarla junto al rezo del rosario, la lectura contemplativa y el prodigio de la misa, los adoradores nocturnos seglares. La Adoración nocturna es una escuela de amor y una escuela de oración, eminentemente prácticas. El adorador  debe convertir  lo ejercitado en una noche en estilo de vida permanente. Haga lo que haga,  ¡en presencia de Dios!: rece un salmo, haga una comunión espiritual,  asista a misa, prepare la comida, lea, escriba o eche de comer a los pájaros.  No olvidéis:  el adorador (hombre y mujer)  ha de convertirse en lamparilla del santuario. Eso esperaba y deseaba Don Luis.  Lucecitas insignificantes que recuerden a este mundo que Dios está aquí. Lo tremendo y admirable es que el mismo Dios nos lo pide a pesar de nuestras limitaciones y miserias.
     Permitidme acudir de nuevo al Catecismo de la Iglesia Católica, la obra que debíamos tener  siempre a nuestro alcance. En tiempos de tanta confusión es guía segura para todas nuestras inquietudes. Me impresiona que a La Liturgia de las Horas la Iglesia la llame también “Oficio divino”.  Cada número daría pie para una meditación reposada:  Os selecciono  el 1174:
     1174 El Misterio de Cristo, su Encarnación y su Pascua, que celebramos en la Eucaristía, especialmente en la asamblea dominical, penetra y transfigura el tiempo de cada día mediante la celebración de la Liturgia de las Horas, "el Oficio divino" (cf SC IV). Esta celebración, en fidelidad a las recomendaciones apostólicas de "orar sin cesar" (1 Ts 5,17; Ef 6,18), "está estructurada de tal manera que la alabanza de Dios consagra el curso entero del día y de la noche" (SC 84). Es "la oración pública de la Iglesia" (SC 98) en la cual los fieles (clérigos, religiosos y laicos) ejercen el sacerdocio real de los bautizados. Celebrada "según la forma aprobada" por la Iglesia, la Liturgia de las Horas "realmente es la voz de la misma Esposa la que habla al Esposo; más aún, es la oración de Cristo, con su mismo Cuerpo, al Padre" (SC 84).
          ¿Qué os resaltaría?
     El texto está extraído de la constitución Sacrosanctum Concilium.
     la Liturgia de las Horas “está estructurada de tal manera que la alabanza de Dios consagra el curso entero del día y de la noche” (SC 84).
      Es “la oración pública de la Iglesia” (SC 98) en la cual los fieles –clérigos, religiosos y laicos– ejercen el sacerdocio real de los bautizados.
      Celebrada “según la forma aprobada” por la Iglesia, la Liturgia de las Horas “realmente es la voz de la misma Esposa la que habla al Esposo; más aún, es la oración de Cristo, con su mismo Cuerpo, al Padre” (SC 84).
     Por el interés que tiene para nosotros Adoradores os adelanto  el nº 1178   “La Liturgia de las Horas, que es como una prolongación de la celebración eucarística, no excluye sino acoge de manera complementaria las diversas devociones del Pueblo de Dios, particularmente la adoración y el culto del Santísimo Sacramento.”
    Cada momento que la entretejen  tiene un sentido admirable:
     1177 “Los himnos y las letanías de la Oración de las Horas insertan la oración de los salmos en el tiempo de la Iglesia, expresando el simbolismo del momento del día, del tiempo litúrgico o de la fiesta celebrada. Además, la lectura de la Palabra de Dios en cada hora (con los responsorios y los troparios que le siguen), y, a ciertas horas, las lecturas de los Padres y maestros espirituales, revelan más profundamente el sentido del Misterio celebrado, ayudan a la inteligencia de los salmos y preparan para la oración silenciosa. La lectio divina, en la que la Palabra de Dios es leída y meditada para convertirse en oración, se enraíza así en la celebración litúrgica.”
      Está recomendada a todo el Pueblo de Dios y al referirse a los laicos  utiliza una expresión que nos implica a los adoradores: “reunidos entre sí”:
      1175 La Liturgia de las Horas está llamada a ser la oración de todo el Pueblo de Dios. En ella, Cristo mismo "sigue ejerciendo su función sacerdotal a través de su Iglesia" (SC 83); cada uno participa en ella según su lugar propio en la Iglesia y las circunstancias de su vida: los sacerdotes en cuanto entregados al ministerio pastoral, porque son llamados a permanecer asiduos en la oración y el servicio de la Palabra (cf. SC 86 y 96; PO 5); los religiosos y religiosas por el carisma de su vida consagrada (cf SC 98); todos los fieles según sus posibilidades: "Los pastores de almas deben procurar que las Horas principales, sobre todo las Vísperas, los domingos y fiestas solemnes, se celebren en la iglesia comunitariamente. Se recomienda que también los laicos recen el Oficio divino, bien con los sacerdotes o reunidos entre sí, e incluso solos" (SC 100).
          Finalmente nos pide una actitud y una tarea:
     “Armonizar la voz con el corazón”. Es decir: convertir el rezo en oración. ¿No se  lo recitamos a quien sabemos nos ama?
     Formación: en ello estamos: “adquirir una instrucción litúrgica y bíblica más rica especialmente sobre los salmos". n.º 1176

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿Qué diferencia existe entre leer en voz alta “La sirenita de Ándersen y recitar en el turno de vela el salmo 50? ¿Por qué la primera es un ejercicio literario, aunque se lo leas a tus nietos o incluso al mismo Rey? ¿Cuándo el salmo recitado lo convertimos en oración?

En la vigilia tuya, cuando  recitas los salmos, o los himnos o lees una lectura, aunque lo hagáis entre varios ¿oráis por cuenta propia o lo hacéis en nombre de la Iglesia, salmodiando lo que la Iglesia salmodia? La Adoración Nocturna  tiene como sello distintivo orar como ora la Iglesia

Qué significan estas dos frases: armonizar la voz con el corazón”  y “La perfección de la obra es el lenguaje del amor”. ¿En qué sentido dicen lo mismo?

sábado, 16 de noviembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 17 DE NOVIEMBRE DEL 2019, 33º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)

 «LLEGARÁN DÍAS EN QUE NO QUEDARÁ PIEDRA QUE NO SEA DESTRUIDA»


Lc. 21, 5-19

     En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
     Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?». Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque es necesario que eso ocurra primero, pero el fin no será enseguida».   
     Entonces les decía: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países, hambres y pestes. Habrá también fenómenos espantosos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio. Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas.

Otras lecturas: Malaquías 3, 19-20a; Salmo 97; 2Tesalonicenses 3,7-12

     En las lecturas se nos invita a seguir sin desanimarnos, a mantenernos sin desfallecer con la confianza puesta en el Señor, en sus palabras, a no perder la calma, aunque estemos rodeados del fuego devorador de la injusticia y del pecado. Todo se puede hundir bajo nuestros pies, pero el Señor nos dice que no perdamos la fe, que nos acordemos de sus palabras y sus promesas: “Yo vivo y también vosotros viviréis” (Jn 14, 19).
     La intención de los textos no es asustar a nadie, porque dejan muy claro que el Señor ha vencido la muerte y el pecado y nos ha liberado por su resurrección abriendo el acceso a la Vida Nueva. Jesucristo da señales, ofrece seguridades, nos mira y nos anima a permanecer, porque su triunfo es patente, no es su intención asustarnos, ni que creamos que estamos en el reinado del caos Nada de miedos, que si vamos de la mano de Dios no nos pasará nada. Es importante vivir de cara a Dios, escuchando su voluntad y haciendo el bien, no sea que cuando nos presentemos ante Él nos diga: “no te conozco” (cfr. Mt 25,12).
     Esta es la paradoja para el mundo que se hunde en la tristeza y no entiende por qué un cristiano puede estar alegre. Le falta la fe, le falta Dios.
     En este domingo celebramos también el día del pobre, los porteros del cielo, como los ha definido el Papa Francisco. La Iglesia nos invita a tomar conciencia de su existencia y de la necesidad de la caridad.
(+ José Manuel Lorca Planes - Obispo de Cartagena)


     La historia de la Iglesia es rica de ejemplos de personas que han soportado tribulaciones y sufrimientos terribles con serenidad, porque tenían la conciencia de estar seguros en las manos de Dios. Él es un Padre fiel, es un Padre primoroso, que no abandona a sus hijos. ¡Dios no nos abandona nunca! Esta certeza debemos tenerla en el corazón: ¡Dios no nos abandona nunca! (Papa Francisco)
     Permanecer firmes en el Señor, en la certeza de que Él no nos abandona, caminar en la esperanza, trabajar para construir un mundo mejor … es lo que cuenta de verdad; es lo que la comunidad cristiana está llamada a hacer para salir al encuentro del «día del Señor» … tener la mirada fija hacia el cumplimiento del Reino de Dios y a construir el futuro sobre esta tierra, trabajando para evangelizar el presente, y así hacerlo un tiempo de salvación para todos. (Papa Francisco)
     Jesús nos exhorta a tener fija en la mente y en el corazón la certeza de que Dios guía nuestra historia y conoce el fin último de las cosas y de los eventos. Bajo la mirada misericordiosa del Señor se descubre la historia en su fluir incierto y en su entramado de bien y de mal. Pero todo aquello que sucede está conservado en Él; nuestra vida no se puede perder porque está en sus manos. (Papa Francisco)

ORATIO:
     Oh Dios, que concediste a santa Isabel de Hungría la gracia de reconocer y venerar en los pobres a tu Hijo Jesucristo, concédenos, por su intercesión, servir con amor infatigable a los humildes y a los atribulados. su corazón. Que todos sintamos el gozo de anunciar tu Evangelio.
Amor es dar la vida, es jugársela por los demás,
es entender que si Dios está con nosotros,
¿contra nosotros quien…?

CONTEMPLATIO:
«Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre, diciendo: “Yo soy” »
Los cristianos somos llamados a pertenecer a la historia de Aquel que fue anunciado como “signo de contradicción”, y que vino a traer el fuego y la espada, es decir portador de la Luz y portavoz de la Verdad en un mundo que con demasiada frecuencia pacta con la oscuridad y la mentira.
Este Evangelio, aunque duro, no es desesperanzador. Nos dice Jesús: “no les tengáis miedo”. Ha prometido darnos palabras y sabiduría para hacer frente a cualquier adversario. Lo que importa es que esa Presencia y esa Palabra por Él prometidas, resuenen y se reflejen en la vida de la comunidad cristiana y en la de cada cristiano particular.
  El Cristianismo no es una aventura para fugarse del mundo, sino una urgencia para transformarlo según el proyecto de Dios, en el Nombre del Señor. Los cristianos no son los del eterno poderío o los de la eterna oposición, sino los eternos discípulos del único Maestro. Poniendo lo mejor de nosotros mismos para que en cada rincón de la historia pueda seguir escuchándose la Buena Noticia de Jesús y haciéndose realidad el don inmerecido de su Reino que la Iglesia en cada época no deja de anunciar. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)


   «No quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Estas palabras eran verdaderas referidas al Templo construido por Salomón..., porque todo lo que construyen nuestras manos perece por usura o por deterioro, es convertido en ruinas por la violencia o destruido por el fuego... Pero existe en cada uno de nosotros un templo que sólo se destruye si se derrumba la fe, y particularmente si, en nombre de Cristo, se busca erróneamente refugiarse en las certezas interiores. Posiblemente sea esta interpretación la más útil para nosotros. En efecto, ¿de qué me sirve saber cuándo será el día del juicio? ¿De qué me sirve, siendo consciente de tanto pecado, saber que el Señor vendrá un día, si no vuelve a mi alma, si no vuelve a mi espíritu, si Cristo no vive en mí, si Cristo no habla por mí? Es a mí que Cristo debe venir, es en mí que ha de tener lugar su venida. (San  Ambrosio de Milán)

BODAS DE ORO E LA SECCIÓN DE BARBATE - ANFE


viernes, 15 de noviembre de 2019

¿QUÉ HACEMOS CON LAS CENIZAS?


Queridos hermanos y hermanas:

     El 15 de agosto de 2016, el cardenal Gerhard Müller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, con la aprobación expresa del papa Francisco, firmaba una instrucción titulada Ad resurgendum cum Christo sobre la sepultura de los difuntos y la conservación de las cenizas en caso de cremación. Recuerda el documento que ya en julio de 1963 la Santa Sede declaró que aunque «la Iglesia aconseja vivamente la piadosa costumbre de sepultar el cadáver de los difuntos», no considera la cremación «contraria a ninguna verdad natural o sobrenatural».
     De entonces a ahora, la práctica de la cremación se ha difundido notablemente y al mismo tiempo también se han propagado nuevas ideas que no están de acuerdo con la fe de la Iglesia sobre esta materia. Por ello, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha considerado necesario reafirmar las razones doctrinales y pastorales para preferir la sepultura de los cuerpos y de dictar normas concretas sobre la conservación de las cenizas en el caso de la cremación.
     La resurrección de Jesús es la verdad fundante de nuestra fe y el principio y fuente de nuestra futura resurrección
     Con la inhumación, la Iglesia y los cristianos hacemos patente nuestra fe en la resurrección de la carne, y ponemos de relieve la alta dignidad del cuerpo humano como parte integrante de la persona, que además, por el bautismo ha sido templo del Espíritu Santo. No son admisibles, en consecuencia, actitudes y rituales hoy en boga, que consideran la muerte como la anulación definitiva de la persona, o como el momento de la fusión con la madre naturaleza o con el universo, o como una etapa en el proceso de reencarnación. La sepultura de los cuerpos de los fieles difuntos en los cementerios u otros lugares sagrados facilita el recuerdo y la oración por los difuntos por parte de sus familiares y de la comunidad cristiana y es considerada como una obra de misericordia.
     La Iglesia sigue prefiriendo la sepultura de los cuerpos, pero puede haber razones higiénicas o económicas que lleven a optar por la cremación. En estos casos, la Iglesia no se opone a esa práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo. No niega pues la doctrina cristiana sobre la inmortalidad del alma y la resurrección del cuerpo
     La conservación de las cenizas en un lugar sagrado ayuda a no privar a los difuntos de la oración y el recuerdo de los familiares y de la comunidad cristiana.
     Por todo ello, no está permitido conservar las cenizas en el hogar. Sólo en casos excepcionales, dependiendo de las condiciones culturales del lugar, el Obispo, de acuerdo con la Conferencia Episcopal, puede conceder permiso para conservar las cenizas en una casa. Las cenizas, sin embargo, no pueden ser divididas entre los diferentes núcleos familiares y también en estos casos se les debe asegurar respeto y condiciones adecuadas de conservación.
     Declara además el documento de la Santa Sede que para evitar cualquier malentendido panteísta, naturalista o nihilista, no se permite la dispersión de las cenizas en el aire, en la tierra o en el agua o en cualquier otra forma, o la conversión de las cenizas en recuerdos conmemorativos, en piezas de joyería o en otros artículos. En el caso de que el difunto hubiera dispuesto la cremación y la dispersión de sus cenizas en la naturaleza por razones contrarias a la fe cristiana, se le han de negar las exequias, de acuerdo con la norma del derecho.
     Dios quiera que este documento nos ayude a todos a confesar nuestra fe en la resurrección de la carne y la vida eterna, artículo capital de nuestra fe. Ojala sirvan también para que los miembros de la Iglesia peregrina vivamos la comunión con nuestros hermanos del cielo y con aquellos que se purifican de sus faltas en el purgatorio.

     Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.


            + Mons. Juan José Asenjo Pelegrina - arzobispo de Sevilla (de una Carta Pastoral)

sábado, 9 de noviembre de 2019

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 10 DE NOVIEMBRE DEL 2019, 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Obispo de Coria-Cáceres)


«NO ES DIOS DE MUERTOS, SINO DE VIVOS»


Lc. 20. 27-38
     En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”.
      Pues bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos El segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete la tuvieron como mujer».
     Jesús les dijo: «En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio.
     Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección. Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».        

Otras lecturas: 2Macabeos 7, 1-2.9-14; Salmo 16; 2Tesalonicenses 2,16-3.5

LECTIO:
      De la mano de San Lucas el año litúrgico va llegando a su fin, y con él también su relato viajero de la subida de Jesús a Jerusalén, término de su vida terrestre. Por eso el tema que nos acompañará en estos tres últimos domingos de nuestro año cristiano, será el tema del paso a la vida nueva.
     Es posible que algunas predicaciones sobre los “novísimos” (muerte, juicio, eternidad) se hayan hecho inadecuadamente, generando más un pánico temeroso que una esperanza serena. La Iglesia, fiel a la herencia de su Señor, no pretende acorralar entre miedos y amenazas la libertad del hombre. No obstante, no por ello puede callarse sobre la suerte feliz o infeliz que a todos nos espera en la tierra definitiva, en ese hogar del Padre Dios en el que Jesús nos ha preparado morada.
     Pero no es lo mismo creer en la vida eterna que en la vida larga, y hoy se practica un frenético culto a la vida larga con toda una ascética casi religiosa (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)


     El Evangelio presenta a Jesús confrontándose con algunos saduceos… que concebían la relación con Dios sólo en la dimensión de la vida terrenal. Entonces, para ridiculizar la resurrección y poner a Jesús en una situación difícil, le presentan un caso paradójico y absurdo… (Papa Francisco)
     Jesús pretende explicar que en este mundo vivimos de realidades provisionales, que terminan; en cambio, en el más allá, después de la resurrección, ya no tendremos la muerte como horizonte y viviremos todo, también las relaciones humanas, en la dimensión de Dios, de manera transfigurada. También el matrimonio… resplandecerá transformado en luz plena en la comunión gloriosa de los santos en el Paraíso. (Papa Francisco)
     El mensaje de la fe cristiana viene del cielo, es revelado por Dios y va más allá de este mundo. Creer en la resurrección es esencial, para que cada acto de nuestro de amor cristiano no sea efímero y sin más utilidad, sino que se convierta en una semilla destinada a florecer en el jardín de Dios, y producir frutos de vida eterna. (Papa Francisco)

ORATIO:
     Señor Jesús, también a nosotros, como un día a tus discípulos, nos resulta difícil comprender tu anuncio de pasión-muerte-resurrección. También nosotros nos comportamos más como saduceos que como cristianos capaces de perder la vida por tu causa y por el Evangelio.

Gracias, porque quieres que te conozcamos
y conociéndote tengamos la vida
que solo Tú nos das.

CONTEMPLATIO:
«Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés»
     La eternidad ya ha comenzado para nosotros con la vida. Somos inmortales. Vivir teniendo presente este momento significa vivir con la voluntad de no querer improvisarlo como quien se resiste ante un encuentro indeseado pero inevitable. Más bien es vivir en lo cotidiano siendo lo que somos en la mente y en el corazón de Dios, es decir, realizando su diseño, su designio sobre nosotros, su proyecto sobre todos y cada uno.
     Nuestro corazón nos reclama que las cosas más bellas, las más amadas, empezando por la misma vida y el mismo amor, no tengan ocaso. Este es nuestro destino feliz, bienaventurado y dichoso, que ha comenzado ya aunque todavía no haya llegado a su plena manifestación. (+Fr. Jesús Sanz Montes, ofm, arzobispo de Oviedo)


   Así como hay una multitud grande de ángeles que no se aumenta por generación sino por creación, así para los que resuciten no habrá necesidad de ulteriores nupcias. Por esto dice: «Y son hijos de Dios…» (San Cirilo)… Serán iguales a los ángeles y a los hijos de Dios, porque renovados por la gloria de la resurrección, sin miedo alguno a la muerte, sin mancha de corrupción y sin ninguna circunstancia de la vida material, gozarán de la presencia constante de Dios. (San Beda el venerable)


viernes, 1 de noviembre de 2019

LA LITURGIA EN LA CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS


     Es en el momento definitivo del silencio eterno cuando surge una liturgia especial que lo conmemora. La Iglesia, en la misa, en el oficio de difuntos y en el ritual de las exequias, siempre se sirvió del canto gregoriano para acompañar y revestir esa liturgia.
     Asistimos hoy al abandono de estos cantos por la propia institución eclesiástica, razón que nos mueve, si no a reivindicar la recuperación de la liturgia cantada, sí a su contemplación y audición en los lugares donde otrora se escucharon.

LA MISA DE RÉQUIEM
    Formó parte de la liturgia desde los primeros momentos. Existen evidencias de su celebración ya en el siglo II, aunque bien pudiera ser incluso anterior. Los textos y sus diferentes partes podían variar de una diócesis o, incluso, de una iglesia a otra. Fue en el Concilio de Trento (1545-63) cuando se fijaron sus partes y textos: el misal del papa Pío V prescribía así las secciones del ordinario y del propio:

- Introito: Requiem aeternam
- Kyrie: Propio de la misa de difuntos
- Gradual: Requiem aeternam
- Tracto: Absolve Domine
- Secuencia: Dies irae
- Ofertorio: Domine Iesu Christe
- Sanctus: Propio de la misa de difuntos
- Agnus Dei: Propio de la misa de difuntos
- Comunión: Lux aeterna.

     Con anterioridad, por lo menos hasta el siglo IX, se incluyó el Alleluia; en cambio, la secuencia Dies irae no formó parte de la misa hasta el siglo XIV.
     La reforma litúrgica del Concilio Vaticano II elimina la secuencia Dies irae, y la traslada al fin del año litúrgico como himno para la semana que antecede al primer domingo de Adviento...

Lux aeterna luceat eis, Domine:
cum sanctis tuis in aeternum:
quia pius es.
Requiem aeternam dona eis, Domine,
et lux perpetua luceat eis:
Cum sanctis tuis in aeternum:
quia pius es.
Que la luz eterna, Señor, les ilumine
con tus santos para siempre,
porque eres piadoso.
Concédeles, Señor, el descanso eterno
y alúmbreles la luz perpetua.
Con tus santos para siempre,
porque eres piadoso.


OFICIO DE DIFUNTOS
     Conjunto de lecturas y salmos que se recitaban ante los muertos, antes de la sepultura, por los miembros de las comunidades religiosas durante los primeros tiempos del cristianismo.
     A partir del siglo VIII, la oración por los difuntos entró a formar parte del oficio monástico y a lo largo del siglo IX pasó a difundirse por todos los cenobios benedictinos del Occidente Europeo…

ORDO EXSEQUIARUM
     Por otra parte, existía y existe actualmente el denominado Ordo exsequiarum, o rito de exequias, en el que se dispone la liturgia adecuada para la vela por el difunto, el traslado a la iglesia, la despedida, el traslado al cementerio y la sepultura. Participan de esta liturgia el responsorio Liberame, Domine

Libera me, Domine, de morte aeterna, in die illa tremenda:
Quando caeli movendi sunt et terra:
Dum veneris judicare saeculum per ignem.
Tremens factus sum ego, et timeo,
dum discussio venerit, atque ventura ira.
Quando caeli movendi sunt et terra.
Dies illa, dies irae, calamitatis et miseriae,
dies magna et amara valde.
Dum veneris judicare saeculum per ignem.
Requiem aeternam dona eis, Domine:
et lux perpetua luceat eis.
Líbrame, Señor, de la muerte eterna
en aquel día terrible:
Cuando los cielos y la tierra tiemblen.
Cuando vengas a juzgar al mundo con fuego.
Me lleno de temor y de miedo esperando el
juicio y la cólera que llegará.
Cuando los cielos y la tierra tiemblen.
Ese día, día de ira, de calamidad y miseria,
extenso y en extremo amargo.
Cuando vengas a juzgar al mundo con fuego.
Concédeles, Señor, el descanso eterno
y alúmbreles la luz perpetua.