TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 6 de febrero de 2016

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 7 DE FEBRERO, 5º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

«…DESDE AHORA SERÁS PESCADOR DE HOMBRES.»

Lc. 5.1-11
            En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
     Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
     Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.» 
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.

     Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.» Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
     Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.» Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Otras Lecturas: Isaías 6,1-2ª.3-8; Salmo 137; 1Corintios 15,3-8-11

LECTIO:
            Jesús ha subido a la barca para enseñar desde ella a la gente. Cuando ha terminado su enseñanza se fija en el patrón de la embarcación: un hombre curtido por el sol de Galilea. Jesús vería más allá de los rasgos físicos. Vería un hombre bueno, un hombre de fe. Y le anima a que entre en el lago y eche las redes para pescar.
       La respuesta de Pedro no se hace esperar. Con sus compañeros han estado toda la noche faenando y no han pescado nada. Pero la palabra de Jesús le merece gran respeto, por eso contesta con esas palabras que son, a la vez, una confesión de fe: “por tu palabra echaré las redes”. Esto es la fe, fiarse totalmente de Dios, aún cuando todo parece en contra.
       Adentrados en el mar, el resultado de esta pesca va a superar con creces todas las expectativas. Ahora, Pedro se postra ante Jesús y le pide perdón. Quizás obedeció la palabra de Jesús pero no lo hizo totalmente convencido. Ahora ha desaparecido toda sombra de duda.
       Jesús no solo no reprocha a Pedro su fe dubitativa sino que lo elige para su misión, a él y a Santiago y Juan. Jesús busca a hombres y mujeres capaces de fiarse de Dios y de reconocer la propia debilidad.
       Jesús hoy nos invita a no quedarnos parados en la orilla de nuestra vida. Pedro, Santiago y Juan y tantos otros hombres y mujeres decidieron subirse a la barca de Jesús y remar mar adentro y empeñaron en esta tarea su vida. Pero ninguna tormenta hizo naufragar su barca. Al final, llegaron al puerto definitivo. A esa ciudad donde el sol no se pone nunca y donde la vida ya no acaba nunca. ¿Por qué no vamos a intentarlo nosotros?

MEDITATIO:                     
     Ninguno de nosotros ha tenido la experiencia de ser llamado por Dios, como Pedro, Juan, Santiago… desde la cercanía de su presencia. Nosotros lo seguimos desde la fe “sin ver al Señor ni oír su voz” Pero Dios se ha valido de otras “voces” para llamarnos.
Medita los momentos en los que sentiste la llamada, las personas que te acompañaron…
     La invitación que hace el Señor a Simón de echar las redes es la invitación que hoy nos hace. Es la invitación a que miremos como estamos viviendo la vida de fe.
¿Cómo expreso y manifiesto mi fe y confianza en el Señor? ¿En qué circunstancias experimento la misma sensación de cansancio de Pedro? ¿Qué desgasta y debilita mi fe? ¿Cómo busco vivir lo que el Señor quiere y espera de mí? ¿Cómo digo al Señor,… “porque Tú me lo pides…, lo haré”…?

«Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»

      A pesar de nuestra mediocridad y nuestro pecado, Dios no deja de ofrecerse y comunicarse. No se retira de nosotros. Nuestro pecado no destruye su presencia amorosa. Sólo impide que esa presencia nos vaya liberando y construyendo como personas. Dios es amor y misericordia.
                                                                                                                                                                     
ORATIO:
    Toca nuestra boca con el carbón ardiente que purifica, como hizo aquel serafín con Isaías, y entonces sólo saldrán de ella palabras de vida para nuestros hermanos.

Sé que no me engaño si en Ti creo…
Sé, Señor, que tú me esperas y me amas,
que tú me quieres y perdonas…
Sé que no me pierdo si voy por tu camino,
que no yerro si a tu puerta llamo…

     Sostennos constantemente con tu gracia, del mismo modo que sostuviste a Pablo en medio de tantas dificultades. Si lo haces, podremos estar seguros de nuestra fidelidad y de nuestro valor indomable.

CONTEMPLATIO:
“La gente se agolpaba sobre él para oír la Palabra de Dios…”
¿Cómo es mi deseo, mi hambre y mi sed de escuchar a Jesús?... ¿cómo le busco?...
“Rema mar adentro…”
     Jesús siempre invita a expandir la vida, a arriesgar caminos inexplorados, a remar más allá, más adentro, más profundo, hacia lugares donde no has estado antes en ti y fuera de ti… 
“Hemos estado bregando toda la noche…”
     En la noche, la brega resulta inútil… Él lo da a sus amigos mientras duermen… Todos nuestros afanes, sin Él, no sirven… El más mínimo acto de obediencia a su Palabra, con Él, obra milagros y multiplica los frutos inesperados…
“Por tu Palabra, echaré las redes…”
     Pedro no tenía confianza en poder pescar nada. Tenía experiencia de fracaso, de esfuerzos estériles…pero actúa fiándose de Jesús.
“Llenaron tanto las dos barcas…”
     Donde está Jesús, abunda la vida, abundan los frutos, abunda el sentido…, como abundó en la vida de Pablo y de los que se dejaron amar por Jesús.


El encuentro con Dios me hace entrever continuamente nuevos espacios de amor y no me hace pensar lo más mínimo en haber hecho bastante, porque el amor me impulsa y me hace entrar en la ecología de Dios, donde el sufrimiento del mundo se convierte en mi alforja de peregrino. En esta alforja hay un deseo continuo: «Señor, si quieres, envíame. Aquí estoy, dispuesto a liberar al hermano, a calmar su hambre, a socorrerle. Si quieres, envíame». (E. Olivero)

CONVOCATORIA MENSUAL


CELEBREMOS LA SANTA CUARESMA


FEBRERO 2016

«Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo» (Is 66, 13).

     ¿Quién no ha visto llorar a un niño y echarse en los brazos de su madre? Suceda lo que suceda, sea cosa pequeña o grande, la madre le seca las lágrimas, lo cubre de cariño y al poco rato el niño vuelve a sonreír. A él le basta con sentir su presencia y su afecto. Así hace Dios con nosotros, comparándose con una madre.
     Con estas palabras Dios se dirige a su pueblo que ha vuelto del exilio en Babilonia. Después de haber visto demoler sus casas y el Templo, después de haber sido deportado a tierra extranjera, donde ha experimentado decepción y desánimo, el pueblo vuelve a su patria y debe volver a empezar a partir de las ruinas que ha dejado la destrucción sufrida.
     La tragedia vivida por Israel es la misma que se repite para tantos pueblos en guerra, víctimas de actos terroristas o de explotación inhumana. Casas y calles en ruinas, lugares símbolo de su identidad arrasada, saqueo de bienes, lugares de culto destruidos. Cuántas personas secuestradas, millones se ven obligadas a huir, miles encuentran la muerte en el desierto o en el mar. Parece un apocalipsis.

«Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré yo»

     Esta Palabra de vida es una invitación a creer en la acción amorosa de Dios incluso donde no se percibe su presencia. Es un anuncio de esperanza. El está al lado de quienes sufren persecución, injusticias y exilio. Está con nosotros, con nuestra familia, con nuestro pueblo. Conoce nuestro dolor personal y el de la humanidad entera. Se ha hecho uno de nosotros hasta morir en la cruz. Por eso sabe comprendemos y consolamos. Precisamente como una madre, que sienta al niño en sus rodillas y lo consuela.
     Hace falta abrir los ojos y el corazón para «verlo». En la medida en que experimentemos la ternura de su amor, conseguiremos transmitirla a todos los que viven inmersos en el dolor y en la prueba; seremos instrumentos de consuelo. Así lo sugiere el apóstol Pablo a los corintios: «consolar nosotros a los demás en cualquier lucha mediante el consuelo con que nosotros mismos somos consolados por Dios» (2 Co 1, 4).
     Es también la experiencia íntima y concreta de Chiara Lubich: «Señor, dame a todos los que están solos... He sentido en mi corazón la pasión que invade al tuyo por todo el abandono en que está sumido el mundo entero. Amo a todo ser enfermo y solo. ¿Quién consuela su llanto? ¿Quién llora con él su muerte lenta? Y ¿quién estrecha contra su pecho el corazón desesperado? Haz, Dios mío, que sea en el mundo el sacramento tangible de tu amor: que sea tus brazos, que abrazan y transforman en amor toda la soledad del mundo»[1].

Fabio Ciardi


[1] C. Lubich, Meditaciones, Ciudad Nueva, Madrid 1964,200710, p. 22. Ed. en catalán en Escrits espirituals/l, Ciutat Nova / Publicacions de l' Abadia de Montserrat 1982, p. 33.





viernes, 29 de enero de 2016

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 31 DE ENERO, 4º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

«¿NO ES ESTE EL HIJO DE JOSÉ?»

Lc. 4. 21-30
               
            En aquel tiempo, comenzó Jesús a decir en la sinagoga: «Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír». Y todos le expresaban su aprobación y se admiraban de las palabras de gracia que salían de su boca.
       Y decían: «¿No es este el hijo de José?». Pero Jesús les dijo: «Sin duda me diréis aquel refrán: “Médico, cúrate a ti mismo”, haz también aquí, en tu pueblo, lo que hemos oído que has hecho en Cafarnaún». Y añadió: «En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo. Puedo aseguraros que en Israel había muchas viudas en los días de Elías, cuando estuvo cerrado el cielo tres años y seis meses y hubo una gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías sino a una viuda de Sarepta, en el territorio de Sidón.
       Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, sin embargo, ninguno de ellos fue curado sino Naamán, el sirio».
       Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo echaron fuera del pueblo y lo llevaron hasta un precipicio del monte sobre el que estaba edificado su pueblo, con intención de despeñarlo. Pero Jesús se abrió paso entre ellos y seguía su camino.

Otras Lecturas: Jeremías 1,4-5-17-19; Salmo 70; 1Corintios 12,31-13-13

LECTIO:
                Ante la palabra de Isaías sus paisanos no tienen nada que objetar, la habían escuchado y visto rezar muchas veces. Pero no creían que Jesús, encarnara esa profecía. Aquí en Nazaret no le hemos visto hacer grandes curaciones ni milagros…que las haga y le creeremos. Jesús les responde con ese conocido refrán: no nos des lecciones y demuéstranos lo que dices.
       Lo que enfureció a los vecinos de Jesús fue que Jesús citó el ejemplo de dos extranjeros, Naamán y una viuda, que, sí, fueron capaces de acoger la palabra de los profetas. Se fiaron de lo que Dios les decía por boca de los profetas.
       La viuda de Sarepta no desconfió de Elías. La lepra de Naamán era una enfermedad terrible que de no haberse fiado del profeta Eliseo le hubiera llevado, probablemente, a una muerte atroz.
       Con estos ejemplos Jesús dejaba en evidencia a sus paisanos: Muy religiosos por fuera y cumplidores con el culto en sinagoga, pero incapaces de abrir su corazón a Dios. La rabia que les produjo descubrir Jesús su pecado, les llevó a dar ese giro tan radical: eliminar al que te dice la verdad y desenmascara tu miseria, acabar con Jesús.
       Jesús se retiró a tiempo. Era su pueblo. Gente a la que Jesús querría mucho, a pesar de la dureza de su corazón. La lección ya estaba dada. Seguro que algunos,  recapacitando posteriormente, entenderían que ante Dios la mejor arma es un corazón sencillo y humilde. Ahí y solo ahí Jesús obrará maravillas.

MEDITATIO:
     Hoy se cumple, se hace actual, la Buena Noticia de la liberación a los cautivos y oprimidos. La proclamación del año de gracia se realiza, aquí y ahora, para cada uno de nosotros.
¿Lo estás viviendo así en este año del Jubileo de la Misericordia?
     Examina de qué tiene que liberarte hoy Jesús: limitaciones, cobardías, falta de generosidad… Preséntate ante el Padre así, tal y como te encuentras. Siéntete perdonado y liberado por la misericordia del Padre.
¿Tu fe es una fe de actitudes y de vivencias, que te lleva a buscar al Señor sobre todas las cosas, aceptando vivir lo que implica seguirlo aún a precio de rechazos e incomprensiones?
     El encuentro con Jesús nos invita a salir de nosotros mismos para ofrecer y abrir espacios de confianza y de libertad, espacios en los que cualquier persona, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, puedan sentirse acogidos desde la seguridad del amor y de la comprensión. 
   
ORATIO:
     A través de nosotros quieres hacer escuchar tu Palabra de amor a los hombres y a las mujeres, nuestros hermanos. Quieres que nosotros te demos a conocer a ellos, para que puedan saber que tú les amas con un amor sin límites…

Qué grandes son tus obras, Señor.
Qué profundos son tus designios.
Qué grandes son tus proyectos para nosotros.

     Y quieres que demos a conocer también tu gran proyecto de amor en favor de todos y cada uno sin excepción.

CONTEMPLATIO:
     La tentación de desembarazarnos de Dios aparece en nuestras vidas, cuando juzgamos que nos está negando las pruebas de su benevolencia, cuando, si nos comparamos con otros menos creyentes, nos sentimos relegados y desatendidos. Porqué ¿a menudo nos preguntamos para qué sirve mantener fidelidad a un Dios que no nos da prueba, contante y sonante, de su amor? Como los paisanos de Jesús un día, también nosotros estamos intentando vanamente deshacernos de un Dios que no se pliega a nuestros deseos, que no nos da las pruebas del amor que esperamos, que no nos sirve como nosotros pedimos…

«En verdad os digo que ningún profeta es aceptado en su pueblo»


     A Jesús, Profeta de Dios, le dejamos penetrar en nuestra vida, cuando escuchamos sus palabras hasta dentro, nos dejamos trasformar por su verdad y seguimos su estilo de vida. Esta es la decisión más importante: o acojo la verdad de Jesús o la rechazo. Esta decisión es la que decide el sentido de mi vida y el acierto o desacierto de mi paso por el mundo.

Desprecio de la Eucaristía en el siglo XIII

     Por esos tiempos, sin embargo, no todos participan de la devoción eucarística, y también se dan casos horribles de desafección a la Presencia real. Veamos, a modo de ejemplo, la infinita distancia que en esto se produce entre cátaros y franciscanos. Cayetano Esser, franciscano, describe así el mundo de los primeros:
     «En aquellos tiempos, el ataque más fuerte contra el Sacramento del Altar venía de parte de los cátaros [muy numerosos en la zona de Asís]. Empecinados en su dualismo doctrinal, rechazaban precisamente la Eucaristía porque en ella está siempre en íntimo contacto el mundo de lo divino, de lo espiritual, con el mundo de lo material, que, al ser tenido por ellos como materia nefanda, debía ser despreciado. Por oportunismo, conservaban un cierto rito de la fracción del pan, meramente conmemorativo. Para ellos, el sacrificio mismo de Cristo no tenía ningún sentido.
     «Otros herejes declaraban hasta malvado este sacramento católico. Y se había extendido un movimiento de opinión que rehusaba la Eucaristía, juzgando impuro todo lo que es material y proclamando que los “verdaderos cristianos” deben vivir del “alimento celestial”.
     «Teniendo en cuenta este ambiente, se comprenderá por qué, precisamente en este tiempo, la adoración de la sagrada hostia, como reconocimiento de la presencia real, venía a ser la señal distintiva más destacada de los auténticos verdaderos cristianos. El culto de adoración de la Eucaristía, que en adelante irá tomando formas múltiples, tiene aquí una de sus raíces más profundas. Por el mismo motivo, el problema de la presencia real vino a colocarse en el primer plano de las discusiones teológicas, y ejerció también una gran influencia en la elaboración del rito de la Misa.
     «Por otra parte, las decisiones del Concilio de Letrán [IV: 1215] nos descubren los abusos de que tuvo que ocuparse entonces la Iglesia. El llamado Anónimo de Perusa es a este respecto de una claridad espantosa: sacerdotes que no renovaban al tiempo debido las hostias consagradas, de forma que se las comían los gusanos; o que dejaban a propósito caer a tierra el cuerpo y la sangre del Señor, o metían el Sacramento en cualquier cuarto, y hasta lo dejaban colgado en un árbol del jardín; al visitar a los enfermos, se dejaban allí la píxide y se iban a la taberna; daban la comunión a los pecadores públicos y se la negaban a gentes de buena fama; celebraban la santa Misa llevando una vida de escándalo público», etc. (Temi spirituali, Biblioteca Francescana, Milán 1967, 281-282; cf. D. Elcid, Clara de Asís, BAC pop. 31, Madrid 1986, 193-195).

Gran devoción a la Eucaristía en el siglo XIII
     
Frente a tales degradaciones, precisamente, se producen en esta época grandes avances de la devoción eucarística. Entre otros muchos, podemos considerar el testimonio impresionante de san Francisco de Asís (1182-1226). Poco antes de morir, en su Testamento, pide a todos sus hermanos que participen siempre de la inmensa veneración que él profesa hacia la Eucaristía y los sacerdotes:
     «Y lo hago por este motivo: porque en este siglo nada veo corporalmente del mismo altísimo Hijo de Dios, sino su santísimo cuerpo y su santísima sangre, que ellos reciben y sólo ellos administran a los demás. Y quiero que estos santísimos misterios sean honrados y venerados por encima de todo y colocados en lugares preciosos» (10-11; cf. Admoniciones 1: El Cuerpo del Señor).
     Esta devoción eucarística, tan fuerte en el mundo franciscano, marca también una huella muy profunda, que dura hasta nuestros días, en la espiritualidad de las clarisas. En la Vida de santa Clara (+1253), escrita muy pronto por el franciscano Tomás de Celano (hacia 1255), se refiere un precioso milagro eucarístico. La iconografía tradicional representa a Santa Clara de Asís con una custodia en la mano, porque asediada la ciudad de Asís por un ejército invasor de sarracenos, fueron estos ahuyentados del convento de San Damián por la Santa con la custodia:

     «Ésta, impávido el corazón, manda, pese a estar enferma, que la conduzcan a la puerta y la coloquen frente a los enemigos, llevando ante sí la cápsula de plata, encerrada en una caja de marfil, donde se guarda con suma devoción el Cuerpo del Santo de los Santos». De la misma cajita le asegura la voz del Señor: “yo siempre os defenderé”, y los enemigos, llenos de pánico, se dispersan» (Legenda santæ Claræ 21).

José María Iraburu, Consiliario diocesano ANE de la Archidiócesis de Pamplona

CARTA PASTORAL AL INICIO DEL CURSO - 2015-2016 (V)

 BIENAVENTURADOS LOS MISERICORDIOSOS

  LA MISERICORDIA REFORMA PERSONAS Y 

ESTRUCTURAS

     Sintamos la llamada a la conversión pastoral. Decía Francisco a los Obispos italianos: “Hermanos, si nos alejamos de Jesucristo, si el encuentro con Él pierde frescura, terminamos por tocar con la mano la esterilidad de nuestras palabras e iniciativas” (19 de mayo de 2014). La misericordia de Dios nos pone de rodillas ante el y nos conmueve con su amor. En efecto, “sin momentos detenidos de adoración, de encuentro orante con la Palabra, de diálogo sincero con el Señor, las tareas fácilmente se vacían de sentido, nos debilitamos por el cansancio y las dificultades, y el fervor se apaga”, (EvGau, 262). Son los santos los más auténticos y fecundos reformadores.
     La misericordia lleva reforma en las actitudes y suscita virtudes, pues sobre todo es reforma espiritual. A partir de la reforma espiritual, que es prioritaria, se suscitan actitudes y comportamientos virtuosos, marcados por el Evangelio. Y así se llega a la reforma en las estructuras. El papa Francisco ha emprendido con libertad y determinación, pero muy conscientemente, la reforma de las estructuras de la Iglesia. Hay páginas muy tajantes y críticas en la Exhortación Evangelii Gaudium que se refieren a ciertas actitudes farisaicas, que se disfrazan de piedad impecable e implacable, pero que expresan una detestable mundanidad espiritual (EG 93-96). «¡Dios nos libre de una Iglesia mundana bajo ropajes espirituales o pastorales» (n. 97). La Iglesia sólo supera esta tentación de soberbia y autosuficiencia con la trascendencia hacia Dios y con la trascendencia de su misión y servicio a su pueblo. De nuevo nos encontramos con la conversión personal, pastoral y misionera. El mejor camino para la reforma de la Iglesia que el papa Francisco nos propone es, por una parte, el de la adoración – “¡recuperar el espíritu contemplativo!”, volver al amor de Cristo-- y, por otra, el de la salida misionera por desborde de gratitud y alegría. Pero ambas cosas parten del corazón que, en comunión con el amor del Señor, nos adentran en el misterio de comunión que identifica a la Iglesia. Pretender reformar las estructuras de la Iglesia sin cambiar el corazón, sin corrientes vivas y pujantes de reforma espiritual, o incluso intentar hacerlo desde lógicas mundanas, no hace más que atentar contra su ser y misión. La fuerza y credibilidad de Francisco estriba de su coherencia entre palabra y gesto, el gesto que aún precede la palabra. Al Papa le gusta repetir aquello que respondía la Madre Teresa a un periodista que le preguntaba ansioso por donde comenzarían las grandes reformas de la Iglesia: “¡pues por ti y por mí!”.
     Las interpelaciones que nos dirige el papa Francisco con frecuencia son para hacernos ver a los cristianos la tendencia a vivir según una lógica mundana, apegados a los ídolos del poder y la riqueza, aunque se trate de los “pequeños” apegos de andar por casa, pero que constituyen grandes ataduras que nos inmovilizan. En el contexto de la reforma de la Curia romana, el Papa ha tenido varias intervenciones denunciando defectos y actitudes típicas de la vida eclesiástica: la ambición, el carrerismo, los chismes, la corrupción, etc. Son defectos que se sufren también en las Iglesias locales. Hagamos nuestra también esta invitación a la conversión como aceptación de la misericordia.
     La conversión pastoral atañe a todos, a los Pastores, a los Obispos y sus colaboradores en el ministerio pastoral, y también a laicos y religiosos. Estamos llamados a una profunda revisión de vida sobre nuestro testimonio y nuestro modo de ejercitar el ministerio. No podemos seguir haciendo lo mismo de siempre sin tener en cuenta las “sorpresas del Espíritu” que se manifiestan en este tiempo. El papa nos recuerda una y otra vez lo que espera de los pastores. Quiere que seamos los primeros que mostremos en nuestro estilo de vida el perfume de Cristo y el olor a ovejas, la familiaridad con el Señor y la cercanía misericordiosa y llena de ternura a nuestra gente, el caminar delante, en medio y detrás del propio pueblo marcando el rumbo y la meta de ese camino, como testigos de una comunión que confluye en la misión y que acoge a todos en la caridad y se solidariza con los que cargan con pobrezas y sufrimientos.
     El Jubileo de la Misericordia tiene que empapar este impulso espiritual, pastoral y misionero que animará todo lo que sea necesario para reformar las estructuras de la Iglesia, para que no se conviertan en barreras opacas a su testimonio ni terminen corrompiéndose. Lo que el Papa Francisco hace en la Curia Romana sirve para orientar la reforma necesaria de nuestras estructuras eclesiales, -- parroquias, obispado, delegaciones, asociaciones de fieles, etc..-- para que irradien de modo más transparente la presencia de Jesucristo, del que la Iglesia es su Cuerpo en medio de la historia humana, y el servicio desinteresado que ofrecen para que a todos llegue el amor de Dios. Hemos de estar atentos para salir de rutinas que ya no funcionan o han quedado obsoletas pero, sobre todo, para vivir con un estilo nuevo acorde con las necesidades de este momento y con propuestas aptas para evangelizar.
+Mons. Rafael Zornoza Boy-Obispo de Cádiz-Ceuta

Carta de las Monjas Mercedarias Descalzas de Santiago

     Ante las informaciones aparecidas en distintos medios de comunicación relativos a unos hechos acontecidos en nuestro Monasterio, la Comunidad de Madres Mercedarias Descalzas de Santiago quiere manifestar, para público conocimiento y aclaración, lo siguiente:
     El pasado sábado 23 de enero de 2016, hemos sido informadas a través de un requerimiento judicial de que cinco hermanas de nuestra Comunidad debían prestar declaración en los Juzgados de Santiago por una denuncia de detención ilegal, sin que, en ningún momento, previamente, nuestra Orden hubiera recibido información o denuncia alguna acerca de presuntos comportamientos delictivos en sus 300 años de existencia, ni por parte de organismo judicial ni de persona particular. Lógicamente, ello ha producido gran perplejidad, dolor y consternación en el seno de nuestra comunidad.
     Somos una Comunidad de monjas Mercedarias Descalzas, una Comunidad de mujeres consagradas a Dios en el seno de la Iglesia Católica, dedicadas fundamentalmente a la oración, a la escucha y meditación de la Palabra de Dios, a la adoración y glorificación de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.
     Actualmente, tras los últimos acontecimientos, formamos la comunidad siete hermanas de tres nacionalidades: España, India y México, o sea, que es una pequeña comunidad universal, llena de alegría y variedad cultural.
     La vida de una Mercedaria descalza se describe con dos trazos muy sencillos: oración y fraternidad. Las Hermanas compartimos la misma llamada de Dios que en cada una se manifiesta de modo particular. Todo, aquí, gira en torno a la búsqueda de Dios, a quien hemos dado primacía en nuestra vida. Este camino sólo se recorre en la medida en que recorremos ese otro por el cual vamos aprendiendo a ser hermanas, a compartir cuanto somos y tenemos. Y todo esto en el marco de una vida sencilla; trabajamos para vivir y dedicamos tiempo a la lectura y el estudio.
     Desde la vocación contemplativa os aseguramos que el sufrimiento del mundo, de cada hombre, los más cercanos y los más lejanos no nos dejan indiferentes porque nuestra oración se extiende a toda la humanidad. Desde nuestra pequeña comunidad intentamos dar respuesta al sufrimiento del mundo con nuestra oración, acogida, y pequeños gestos solidarios. Y así podríamos seguir dando razones por las que la vida contemplativa tiene plena actualidad.
     Hace más de 15 años quisimos facilitar el desarrollo de la vida contemplativa a distintas jóvenes vocaciones extranjeras, algunas jóvenes de Kerala (India) y de México, algunas de las cuáles ahora son monjas de votos solemnes y otras fueron descubriendo con el paso del tiempo que el Señor las llamaba a otro tipo de vocación en la Iglesia y en el mundo. Damos gracias a Dios, por cada una de estas Hermanas tanto las que han perseverado como las que libre y voluntariamente decidieron dejar la vida religiosa; todas han sido un don de Dios, por su espíritu ferviente y misionero. La formación de estas jóvenes fue una tarea entrañable y con la ayuda de Dios la Comunidad salió adelante. Hoy están muy integradas, llevan el peso de esta comunidad. Incluso una de las que recientemente ha decidido, después de un período de discernimiento, abandonar la vida monástica, fue Vicaria (segundo oficio en importancia en la comunidad por su responsabilidad) durante seis años, incluso Superiora de la Comunidad en funciones durante un tiempo. Y posteriormente estuvo encargada del torno conventual, donde se atienden las comunicaciones con el exterior y se entra en relación con todas las personas que acuden al Monasterio. Todos los cargos y tareas intracomunitarios son elegidos democráticamente para un período de tres años, al término de los cuáles se procede a otra elección de las distintas responsabilidades.
     En estos tiempos en los que nos cuesta aceptar los compromisos a largo plazo y en los que la fidelidad parece cuestionada como valor, la perseverancia en la vocación y la humilde presencia de un monasterio como el nuestro (dedicado a la oración y a la contemplación) suponen sin duda, un testimonio muy hermoso para todos los creyentes.
      Es verdad que puede haber muchas personas que no comprendan el sentido de este género de vida y sus tradiciones y costumbres. Pero esto sería mirar muy superficialmente nuestra vida. No obstante, pedimos, tanto a las instituciones como a las personas y medios de comunicación, respeto hacia esta forma de vida consagrada en la Iglesia y verdad ante unas informaciones que no han reflejado correctamente los hechos acaecidos.

     Queremos manifestar nuestra gratitud a todas las personas que de un modo u otro nos han hecho llegar su apoyo y nos han mostrado su cercanía… Más allá del dolor y la consternación que esta situación nos produce, seguimos confiando en el Dios de la Misericordia, que acoge y perdona; y queremos seguir expresando nuestro deseo de servirle a Él y a los hermanos desde nuestro carisma mercedario en esta ciudad del Apóstol, y hacemos llegar a todos un agradecido y fraternal abrazo desde el corazón de María, nuestra Madre, de vuestras hermanas Mercedarias Descalzas.


viernes, 22 de enero de 2016

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 24 DE ENERO, 3º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

«HOY SE CUMPLE LA ESCRITURA»

Lc 1.1-4; 4.14-21
                       
     …En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.
       Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:
       «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos;  a proclamar el año de gracia del Señor».
       Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él.  Y él comenzó a decirles: «Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír».

Otras Lecturas: Nehemías 8,2-4ª.5-6.8-10; Salmo 18; 1Corintios 12,12-30

LECTIO:
            El evangelio de este domingo está formado por dos textos de Lucas: el primero es el prólogo de su evangelio y el segundo es el discurso programático que Jesús pronuncia en la sinagoga de Nazaret al inicio de su ministerio público.
       En la segunda parte del texto Lucas nos dice que Jesús ya había empezado su predicación, que ya era conocido por la región (“su fama se extendió”) y nos informa de que “todos lo alababan”. Poco después Lucas nos hablará del rechazo que el mensaje y la persona de Jesús suscitará entre su propia gente. Desde el principio de la actividad de Jesús muchos le seguirán, pero otros le rechazarán. Luz y cruz.
       La escena es en la sinagoga de Nazaret. Jesús lee un texto de la profecía de Isaías. En este texto se prometía un mensajero, un enviado de Dios que él mismo sería la Buena Noticia para los más necesitados de la tierra y “proclamar el año de gracia del Señor”. La llegada de este mensajero inauguraría un tiempo de gracia de parte de Dios para todos los hombres. Esta profecía se cumplía en Jesucristo.
       Hoy somos invitados en la medida en que nos corresponde, a ser heraldos de buenas noticias, sanadores de tantas heridas, compañeros de tantos que se sienten solos o excluidos. Pero siempre con los ojos fijos en Jesús.
                                                                                                                   
MEDITATIO:
“Hoy se ha cumplido esta escritura…”
      Con estas palabras Jesús, después de haber leído a Isaías, quiere indicar que en Él, por su venida, presencia y acción, la salvación de Dios está presente para aquellos que quieran conocerla. En medio de las realidades que vive hoy el mundo la sociedad y tú propia realidad,
¿cómo vivo este mensaje de Jesús?
     La Iglesia tiene la misión, como los primeros apóstoles, de anunciar y actualizar en cada lugar y en todo tiempo que la acción salvadora del Mesías es constante. El “hoy” es constante, porque siempre es “ahora” y “hoy” y en cada momento el Señor nos está brindando su salvación, su misericordia y perdón. Esta misión y responsabilidad de transmitir el mensaje de Jesús, también es tuya.
¿La vivo? ¿Me desvivo para que el mensaje de Jesús llegue a todos?
     Lleva a tu oración de hoy, aplícalas a tu vida y haz que otros las conozcan y sientan cercano a Jesús, estas palabras del Papa Francisco: «¡El Señor es mi Dios y salvador!». La misericordia más grande radica en su estar en medio de nosotros, en su presencia y compañía. Camina junto a nosotros, nos muestra el sendero del amor, nos levanta en nuestras caídas, nos sostiene ante nuestras fatigas, nos acompaña en todas las circunstancias de nuestra existencia. Nos abre los ojos para mirar las miserias propias y del mundo, pero a la vez nos llena de esperanza”.

ORATIO:
     Danos también a nosotros tu Espíritu, el Espíritu con el que el Padre te ungió y el que te impulsa a llevar adelante tu misión en este mundo.

Lámpara es tu Palabra, Señor, 
luz en mi sendero,
alegría en el camino.

      Si Él nos impulsa también a nosotros, haremos las obras que Tú has hecho e incluso otras más grandes aún  al servicio de los pobres y de los pequeños de la humanidad.

CONTEMPLATIO:
“El Espíritu del Señor está sobre mí. Él me ha ungido”.
     Jesús se siente «ungido» por el Espíritu de Dios, impregnado por su fuerza. Por eso, sus seguidores le llaman ahora «Cristo», es decir, «Ungido», y, por eso, se llaman ellos mismos «cristianos». Para Lucas, es una contradicción llamarse «cristiano» y vivir sin ese Espíritu de Jesús.
“Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres…”.
     A Dios le preocupa el sufrimiento de las personas. Por eso, su Espíritu empuja a Jesús a dejar su pueblo para dar la Buena Noticia a los pobres. Ésta es su gran tarea: poner esperanza en los que sufren.
     Es la hora, ha llegado el momento también para ti. El Señor, desde el día de tu Bautismo, te ha ungido para que seas sacerdote, profeta y rey. Para que anuncies como Jesús que la Salvación ha llegado, que el tiempo se ha cumplido. Si seguimos con nuestra vida las acciones misericordiosas de Jesús, nos sentiremos llamados a poner en el mundo libertad, luz y gracia de Dios.


  En verdad, hermanos míos, cuando la turbación interior o las angustias nos abatan, encontraremos en las Sagradas Escrituras el consuelo que necesitamos… abro el libro sagrado, leo e imprimo en esta cera mis pensamientos. Y he aquí que tu gracia, Señor, viene de inmediato hacia mí y con su luz disipa mis tinieblas, expulsa el dolor, rompe mi dureza. ¡Cuán dignos de compasión son aquellos que, afligidos por la tristeza, no entran en este campo donde se encuentra la alegría! (Elredo de Rievaulx).