TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

viernes, 23 de octubre de 2015

Presencia real de Cristo en la Eucaristía


La presencia de Cristo en la Eucaristía es real, verdadera y substancial desde el momento en que sea realiza la consagración del pan y del vino. Y para exponer misterio tan grandioso prefiero ceder la palabra a la misma Iglesia, tal como lo confiesa concretamente en el Catecismo:

1373 «“Cristo Jesús que murió, resucitó, que está a la derecha de Dios e intercede por nosotros” (Rm 8,34), está presente de múltiples maneras en su Iglesia (LG 48): en su Palabra, en la oración de su Iglesia, “allí donde dos o tres estén reunidos en mi nombre” (Mt 18,20), en los pobres, los enfermos, los presos (Mt 25,31 46), en los sacramentos de los que él es autor, en el sacrificio de la misa y en la persona del ministro. Pero, “sobre todo, [está presente] bajo las especies eucarísticas” (SC 7).

1374 El modo de presencia de Cristo bajo las especies eucarísticas es singular. Eleva la eucaristía por encima de todos los sacramentos y hace de ella “como la perfección de la vida espiritual y el fin al que tienden todos los sacramentos” (S. Tomás de A., STh III, 73, 3). En el santísimo sacramento de la Eucaristía están “contenidos verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto con el alma y la divinidad de nuestro Señor Jesucristo, y, por consiguiente, Cristo entero” (Trento: Denz 1651). “Esta presencia se denomina `real’, no a título exclusivo, como si las otras presencias no fuesen `reales’, sino por excelencia, porque es substancial, y por ella Cristo, Dios y hombre, se hace totalmente presente” (Pablo VI, enc. Mysterium fidei 39).

1375 Mediante la conversión del pan y del vino en su Cuerpo y Sangre, Cristo se hace presente en este sacramento. Los Padres de la Iglesia afirmaron con fuerza la fe de la Iglesia en la eficacia de la Palabra de Cristo y de la acción del Espíritu Santo para obrar esta conversión maravillosa. Así, S. Juan Crisóstomo declara que: No es el hombre quien hace que las cosas ofrecidas se conviertan en Cuerpo y Sangre de Cristo, sino Cristo mismo que fue crucificado por nosotros. El sacerdote, figura de Cristo, pronuncia estas palabras, pero su eficacia y su gracia provienen de Dios. Esto es mi Cuerpo, dice. Esta palabra transforma las cosas ofrecidas (Prod. Jud. 1,6).

 Y San Ambrosio dice respecto a esta conversión:
     Estemos bien persuadidos de que esto no es lo que la naturaleza ha producido, sino lo que la bendición ha consagrado, y de que la fuerza de la bendición supera a la de la naturaleza, porque por la bendición la naturaleza misma resulta cambiada… La palabra de Cristo, que pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podría cambiar las cosas existentes en lo que no eran todavía? Porque no es menos dar a las cosas su naturaleza primera que cambiársela (myst. 9,50.52).

1376 El Concilio de Trento resume la fe católica cuando afirma: Porque Cristo, nuestro Redentor, dijo que lo que ofrecía bajo la especie de pan era verdaderamente su Cuerpo, se ha mantenido siempre en la Iglesia esta convicción, que declara de nuevo el Santo Concilio: por la consagración del pan y del vino se opera el cambio de toda la substancia del pan en la substancia del Cuerpo de Cristo nuestro Señor y de toda la substancia del vino en la substancia de su sangre; la Iglesia católica ha llamado justa y apropiadamente a este cambio transubstanciación» (Denz 1642).

1377 La presencia eucarística de Cristo comienza en el momento de la consagración y dura todo el tiempo que subsistan las especies eucarísticas. Cristo está todo entero presente en cada una de las especies y todo entero en cada una de sus partes, de modo que la fracción del pan no divide a Cristo (Trento: Denz 1641)».
     Ésta es la fe católica de la Iglesia, la misma que se confiesa en el Credo del Pueblo de Dios (1968, 24-26) o en la encíclica Mysterium fidei de Pablo VI.


Algunos profesores católicos de teología niegan hoy la fe de la Iglesia en la transubstanciación eucarística. Y debemos denunciarlos, porque hay una relación intrínseca entre la exposición de la verdad y la refutación de la falsedad. En ese sentido escribe Santo Tomás al comienzo de la Summa contra Gentiles, «mi boca medita en la verdad y mis labios aborrecerán al impío» (Prov 8,7)

José María Iraburu, Consiliario diocesano ANE de la Archidiócesis de Pamplona
IV PEREGRINACIÓN AL SANTUARIO DE NTR.ª SR. DEL ROCÍO

     Convocados por la Delegación de la Zona occidental de la Adoración Nocturna Española y la Hermandad matriz de Almonte nuevamente pudimos reunirnos, en la tarde-noche del 17 al 18 de Octubre en la aldea de El Rocío (Huelva), un centenar de Adoradores Nocturnos de los diferentes Consejos diocesanos de Andalucía en nuestra ya tradicional Vigilia Eucarístico-Mariana.    
      Desde la casa de hermandad de Bollullos del Condado, sobre las 20,00h. partimos en procesión de banderas por las calles de la aldea hasta el Santuario, donde, al amparo de Nuestra Señora de las Marismas dio comienzo nuestra Vigilia con el rezo del Santo Rosario en unión de las diferentes Hermandades que allí se encontraban.


      Con la Santa Misa, presidida en ésta ocasión por el Consiliario Diocesano Rvd. D. Diego Capado Quintana, comenzaron los Turnos de adoración que finalizaron, ya entrada la madrugada, con el rezo de Laudes y posterior Bendición de los campos, esta vez desde el interior del templo y motivado por las inclemencias meteorológicas que nos acompañaron durante toda la jornada.



      Recordando las palabras de D. Diego en su homilía “María… Virgen, Reina y Madre de la Misericordia que parió al que es fuente de la Misericordia y rostro de la Misericordia del Padre…” que nos exhortaba para vivir santamente un nuevo año Jubilar, y aquella sevillana rociera que decía…”cansao pero contento, en los ojos lo he notao…” con el canto de la Salve pusimos rumbo a nuestros destinos.

sábado, 17 de octubre de 2015

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 18 DE OCTUBRE, 29º DEL TIEMPO ORDINARIO - DOMUND - (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

«¿QUÉ QUERÉIS QUE HAGA POR VOSOTROS?»
Mc.10, 35-45
            En aquel tiempo, se acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron: «Maestro, queremos que nos hagas lo que te vamos a pedir».
       Les preguntó: «¿Qué queréis que haga por vosotros?».
       Contestaron: «Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda». Jesús replicó: «No sabéis lo que pedís, ¿podéis beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?». 
       Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y seréis bautizados con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo, sino que es para quienes está reservado».
       Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús, llamándolos, les dijo: «Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos».

Otras Lecturas: Isaías 53,10-11; Salmo 32; Hebreos 4, 14-16

 LECTIO:
                Jesús camina hacia Jerusalén, hacia la pasión y revela a los suyos el final del camino. Sin embargo los discípulos no lo comprenden, no son capaces de despojarse de las expectativas y de las ambiciones de gloria y poder exclusivamente humanas.
       Creen que su Maestro es el Mesías esperado como triunfador y le piden tener un puesto importante en el Reino que va a restablecer.
       Jesús examina a estos aspirantes a «primeros ministros»; rectifica sus perspectivas, les indica con mayor claridad que su gloria pasa antes que nada por un camino de sufrimiento.
       La disponibilidad que declaran Santiago y Juan no basta aún para obtenerles la promesa de un sitio de honor, porque la participación en el Reino de Jesús es un don que sólo Dios puede otorgar gratuitamente.
       Jesús explica a los Doce, a quienes el deseo de ser los primeros pone en conflicto, y a nosotros, que también aspiramos siempre un poco al éxito y al poder que: “No será así entre vosotros: el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”.
       Con esto Jesús nos enseña que la realización hacia la que debemos tender no ha de tener como modelo el comportamiento de los «grandes» de este mundo, sino el de Jesús, siervo humilde glorificado por el Padre, que es, al mismo tiempo, el Hijo del hombre esperado para concluir la historia e inaugurar el Reino de Dios entre los hombres.
       Éste es el modelo de grandeza que propone Jesús a los suyos: el humilde servicio recíproco, la entrega incondicionada de uno mismo por amor para el bien de los hermanos.

   MEDITATIO:                      
     La Palabra nos sale al encuentro para hacernos “cambiar de mentalidad”. Y nos ofrece una nueva orientación a nuestra instintiva sed de grandeza, al deseo más o menos inconsciente de ser importantes.
¿Tu encuentro con Jesús te ayuda a salir de tus esquemas y a perseguir la grandeza verdadera?
     Jesús nos enseña a aspirar a un tipo de grandeza poco ambicionado en el mundo: el del amor incondicional que se hace compañía, se hace escucha, se hace humilde servicio, hasta entregar la propia vida.

“… el que quiera ser grande entre vosotros, que sea vuestro servidor”
¿Se refleja esto en tu vida, son estas tus aspiraciones? Qué implica en tu vida estas palabras de Jesús…

“y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos”

¿Qué te transmite esta enseñanza?, ¿qué propones para vivirla?
                                                                                                                                                                   
ORATIO:
     Enséñanos, Señor, a vivir con actitud y disposición de buscarte a ti y lo demás vendrá por añadidura.
     Apártanos de los caminos fáciles de la popularidad y llévanos por los caminos de los pobres y necesitados. Que sepamos reconocerte en ellos, Señor.

Jesús, enséñame a pedirte no lo que yo deseo,
sino lo que tú quieres para mí.

     Haznos, Señor, dóciles a tu Palabra. Que nunca nos creamos mejor que los demás, superiores a ellos. Que seamos Servidores del Evangelio, pues solo así podremos seguirte sin esperar ningún puesto.

CONTEMPLATIO:
     Todos hemos de ser servidores. Nos hemos de colocar en la comunidad cristiana desde la disponibilidad, el servicio y la ayuda a los demás. Nuestro ejemplo es Jesús…

«El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida en rescate por muchos»

     Según Jesús, si alguien quiere triunfar en la vida, ha de saber amar, salir de su narcisismo, abrir los ojos y ser sensible al sufrimiento de los demás. Nadie es triunfador, a los ojos de Jesús, si no hace felices a los demás. Los que aciertan a vivir desde la generosidad, el servicio y la solidaridad son hombres y mujeres que atraen por su grandeza de vida. Su vida es grande precisamente porque saben darla.

     Considerad todas estas cosas, hermanos míos, y partid de aquí, construíos en la fe [...]Si les hubieras dicho eso, más que animarles les habrías espantado. Ahora bien, donde hay comunión hay consuelo. ¿Qué miedo tienes entonces, siervo? Ese cáliz lo bebe también el Señor.       (S.Agustín).

viernes, 16 de octubre de 2015


Queridos hermanos y hermanas en el Señor:
     La celebración del DOMUND nos recuerda cada año que la Iglesia es misionera por su misma naturaleza. Existe para anunciar el amor de Dios que se ha revelado a los hombres en Cristo. Para la Iglesia, y para cada uno de los bautizados, evangelizar es un don y una tarea inexcusable. El Evangelio es una noticia imposible de callar cuando se lleva en el corazón. Un corazón tocado por el Evangelio lo grita a todos, para que todos puedan experimentar el mismo gozo de creer. "La misión –nos recuerda el Papa en su mensaje para este año- no es proselitismo o mera estrategia; la misión es parte de la "gramática" de la fe, es algo imprescindible para aquellos que escuchan la voz del Espíritu que susurra "ven" y "ve". Quién sigue a Cristo se convierte necesariamente en misionero, y sabe que Jesús «camina con él, habla con él, respira con él. Percibe a Jesús vivo con él en medio de la tarea misionera» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 266).
     Hace cincuenta años, el concilio Vaticano II trató sobre las misiones y nos regaló su doctrina sobre la actividad misionera de la Iglesia en el Decreto "Ad Gentes". Es un documento que no ha perdido nada de su actualidad y sigue marcando la reflexión sobre el ser misionero de la Iglesia. Sería un buen momento para leerlo o releerlo en un clima de meditación y de compromiso
     Este año el DOMUND se celebra también en el contexto del Año dedicado a la Vida Consagrada. Si evangelizar es tarea de todos, hemos de reconocer que los consagrados, a lo largo de la historia, han sido vanguardia en la evangelización, también como portadores del Evangelio a hombres y países donde no se conocía a Jesús. Pero no es justo utilizar verbos en pasado para hablar de la tarea evangelizadora de la Iglesia y, más concretamente, de la de los consagrados. Hoy son miles los consagrados que siguen en países de misión haciendo presente la obra de la gracia de Dios. Los misioneros siguen siendo la avanzadilla de la Iglesia; no hacen ruido, y, desgraciadamente, los recordamos y agradecemos su labor cuando surgen graves problemas humanitarios; entonces nos damos cuenta que ellos estaban en la primera línea.
     El lema de esta campaña, "Misioneros de la misericordia" nos invita también a mirar al próximo Año Santo dedicado a la misericordia que comenzará en Roma el próximo día 8 de diciembre, y en nuestra diócesis el día 13 del mismo mes. Los misioneros son hombres y mujeres, cristianos, que llevan a todos la misericordia de Dios. El Evangelio que anuncian es una invitación a la conversión del corazón, a creer en la fuerza del amor que se expresa con claridad en el perdón. El amor todo lo hace nuevo, por eso el Evangelio es una fuerza que abre los caminos del progreso humano y social. Los misioneros al llevar el Evangelio a los demás están sembrando la semilla de una nueva civilización del amor. Predicar el Evangelio no es incompatible con la atención a las necesidades humanas de los hombres, ni con la denuncia de las desigualdades y de la injusta e injustificable pobreza, todo lo contrario. La acción humanitaria de los misioneros es una exigencia de la fe, un fruto del ser mismo de Dios que es misericordia. La misericordia no es un estilo o una forma de comportamiento es la esencia misma del Evangelio, es el corazón de Dios…
     El afecto a nuestros misioneros, y a las misiones en general, hemos de expresarlo también mediante la ayuda material para sus necesidades, compartiendo nuestros bienes en favor de la obra que realizan. Os invito a ser generosos en nuestra aportación a las misiones con motivo del Domund. En este sentido, quiero agradecer su generosidad a tantas personas, junto a las organizaciones que en nuestra diócesis dedican su tiempo y su ayuda a mantener y apoyar proyectos en el Tercer Mundo. Que Dios os lo pague. Os animo a no desfallecer en esta hermosa tarea.
     Encomendemos toda la acción misionera de la Iglesia a la Virgen Madre y modelo de todo misionero, para que ella con su maternal ternura acompañe el camino de la Iglesia llamada a ser portadora de la misericordia de Dios a todos los hombres.
Con mi afecto y bendición.
+ Ginés García Beltrán-Obispo de Guadix





Las obras de misericordia espirituales y corporales.
(VI)

     En medio de la normalidad de nuestra vida y quizá cuando menos lo esperamos, un amigo, un miembro de nuestra familia, un conocido, cae enfermo, y, para cuidarlo y atenderlo, lo tienen que llevar al hospital. En estas ocasiones nos esmeramos en atenderle con todo el corazón, y darles lo mejor de nosotros mismos, y así, recordarles que Jesucristo está cerca de ellos.

“Visitar y cuidar a los enfermos”

     Con frecuencia tenemos también la oportunidad de acompañar a enfermos conocidos, y darles todos los cuidados que nuestro corazón nos sugiere. Otras veces, vamos con amigos a acompañar a algunos enfermos que están solos en el hospital, que no tienen con quien hablar, que quizá han sido abandonados de sus hijos, de sus padres, y el mundo se les echa encima al verse rodeados de sufrimiento en una sala de un hospital. ¡Qué alegría les damos –aunque a veces no sean capaces de expresarlo- cuando nos acercamos a ellos con cariño, con el anhelo de hacerles un rato compañía, y transmitirles un poco de calor humano y de amor de Dios.
     Acompañar a un amigo que ha sufrido una operación y lo está pasando muy mal en el hospital, es una acción muy agradable a Jesucristo, que dijo: “Estuve enfermo y me visitasteis”. Y le preguntaron, “¿cuándo estuviste enfermo y te visitamos?”. Y Él les dijo: “cuando lo hicisteis con uno de estos pequeños, conmigo lo hicisteis”.
     Ante la enfermedad es cuando la madurez, la entereza de una persona se pone a prueba. Nos gustaría que la enfermedad no existiese, que todos se pudieran curar enseguida, sin tener que pasar horas, días, meses, años de sufrimiento. Pero esto no es posible. Somos limitados, y nuestro organismo está ya preparándose para morir, desde el momento de su nacimiento.
     Mejorarán muchos las medicinas, mejorarán también los tratamientos médicos y la atención en los hospitales: el sufrimiento humano, la enfermedad no desaparecerá jamás de la tierra. Nunca hemos de considerar la enfermedad como un castigo de Dios. La cruz no es un castigo, es el camino de la redención, un camino de amor. El Señor está siempre cerca de todos los enfermos, y quiere que nosotros, cuando les visitemos, les ayudemos a descubrir que esa cruz, llevada con Cristo, acabará como la de Cristo: en la Resurrección. 

“Dar de comer al hambriento”

     No perdamos de vista que las “obras de misericordia”, que estamos considerando son obras de caridad que el amor de Dios, que habita en nuestros corazones, nos empuja a llevar a cabo para que trasmitamos a los demás el amor que Él les tiene.
     En los milagros de la multiplicación de los panes y de los peces, cuando los apóstoles le dicen al Señor que envíe a todos a las aldeas vecinas para que puedan comer algo, el Señor les dice: “Dadles vosotros de comer” (Lc 9, 13). Ellos no tienen ningún alimento que pueda saciar el hambre de aquella multitud. Buscando, encuentran apenas “cinco panes y dos peces”. El Señor les dice que distribuyan esos pocos “panes y peces” entre todos, y a nadie le faltó ni pan ni pescado.
     Con el mismo amor y con la misma fe, con que actuaron los apóstoles, hemos de vivir nosotros cuando nos encontramos con esas necesidades apremiantes. Apenas si las vemos, como ocurrió con nuestros padres hace muchos años, en tiempos de guerras, o como les ha sucedido a no pocas personas en estos tiempos de crisis. Hay gente que pasa hambre. Quizá hemos participado en alguna actividad de Caritas, o hemos ido alguna vez a un comedor social para ayudar a repartir comida a personas muy necesitadas.
     
     El mismo Papa Francisco nos recuerda a veces su preocupación y su pena, por la mala distribución de los alimentos que se da en no pocas partes del mundo. Y con palabras muy sentidas, nos dice que con los alimentos que se tiran en algunos países, en algunas regiones, en algunas casas, se podría saciar el hambre de muchos seres humanos dispersos por el mundo. No es sólo una cuestión de buena organización social y política, aunque todos sabemos que en esos campos se podría mejorar mucho.
     En estas situaciones, el Señor nos invita a agrandar el corazón, nos anima a compartir nuestros bienes con los más necesitados, a ser más generosos con la labor de Caritas, de los “bancos de alimentos”, y de otras organizaciones que se multiplican para atender con caridad estas necesidades.
     Acordémonos del pobre Lázaro que, a la puerta de la casa del rico Epulón, deseaba saciarse de las migajas que caían de la mesa de los invitados, y nadie se las daba. A nosotros nos toca dar, en no pocas ocasiones, esas “migajas” que pueden saciar el hambre de una mujer, de un niño, de un anciano, de un enfermo.
     
     Y no nos olvidemos del hambre de Verdad que palpita en el corazón de todos los hombres, y que a veces ni siquiera se atreven a manifestar. El hambre que sufre el cuerpo, abre nuestra inteligencia para comprender mejor el hambre de Verdad, que siempre palpita en el corazón del hombre.
    Pidamos a Jesucristo que nos dé la gracia de calmar también este hambre en nuestros hermanos, anunciándoles a Él que es “el Camino, la Verdad y la Vida”.

Cuestionario

¿Me preocupo de acompañar al médico a algún conocido que está solo y necesitado?
¿Participo alguna vez de la distribución de la comida entre los pobres que acuden a un comedor de Cáritas?
Cuando sé que un amigo no alcanza a dar de comer a su familia hasta el final del mes, ¿le invito alguna vez a comer en casa, con nosotros?

viernes, 9 de octubre de 2015

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 11 DE OCTUBRE, 28º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

«MAESTRO BUENO, ¿QUÉ HARÉ PARA HEREDAR LA VIDA ETERNA?»

Mc. 10. 17-30
     En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó uno corriendo, se arrodilló y le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?» Jesús le contestó: «¿Por qué me llamas bueno? No hay nadie bueno más que Dios. Ya sabes los mandamientos: no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no estafarás, honra a tu padre y a tu madre.»
     Él replicó: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde pequeño.»
Jesús se le quedó mirando con cariño y le dijo: «Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.» A estas palabras, él
frunció el ceño y se marchó pesaroso, porque era muy rico. Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el reino de Dios!»
     Los discípulos se extrañaron de estas palabras. Jesús añadió: «Hijos, ¡qué difícil les es entrar en el reino de Dios a los que ponen su confianza en el dinero! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el reino de Dios.»
    Ellos se espantaron y comentaban: «Entonces, ¿quién puede salvarse?» Jesús se les quedó mirando y les dijo: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo.»
     Pedro se puso a decirle: «Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.» Jesús dijo: «Os aseguro que quien deje casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, recibirá ahora, en este tiempo, cien veces más casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones, y en la edad futura, vida eterna.»

Otras Lecturas: Sabiduría 7,7-11; Salmo 89; Hebreos 4, 12-13

LECTIO:
    Nos encontramos ante un hombre bueno que salió al encuentro de Jesús, fue corriendo y se arrodilló ante Él. Arrodillarse ante Jesús significa creer en Él, reconocer su condición divina. Este hombre es un judío creyente, que cree en las promesas de Dios y espera en ellas.
    Es un hombre bueno porque desde pequeño cumple los mandamientos y hay otro detalle que lo confirma: “Jesús se quedó mirándolo, lo amó…”
    Jesús reconoce el valor de este hombre. Pero Jesús, que siempre quiere que demos lo mejor que nuestro Padre ha depositado en nuestros corazones, le pide más. Le pide que se abandone totalmente en Dios y abandone aquello que le tiene cogido el corazón: su riqueza, sus bienes materiales.
    Jesús aprovecha esta escena para impartir a los suyos su enseñanza sobre la riqueza. Cuando el hombre pone toda su confianza en el dinero está situándose lejos del Reino de Dios, porque está sustituyendo al Creador por los bienes creados.
    Los discípulos responden asustados y Jesús les recuerda: no es imposible, Dios que lo puede todo, nos ayudará a ser hombres y mujeres más libres, más vacíos de ataduras humanas y más llenos de Él.
    Los discípulos, aún con sus imperfecciones como el joven rico, eran también unos hombres buenos. Pedro dirá a Jesús que lo han dejado todo y le han seguido. El Señor reconoce, sin duda, el desprendimiento de los suyos, pero la lección que hoy les ha dado sobre la riqueza no la deberán olvidar nunca.
    El joven rico fue un hombre bueno, que decidió no seguir a Jesús. A nosotros hoy, la Palabra, nos invita a seguir a Jesús con el corazón entero. A poner solo nuestra confianza en Él.

   MEDITATIO:
     Comentando esta escena, San Juan Pablo II añadía: “¡Deseo que experimentéis una mirada así! ¡Deseo que experimentéis la verdad de que Cristo os mira con amor!
     Jesús, hoy, nos mira con amor y nos invita a seguirle, a dejar todo por seguir sus pasos, a no conformarnos con cumplir los mandamientos, con ser buena persona… para eso no hacía falta que Él viniese a la tierra. Él quiere más de nosotros. Para unos la llamada de Jesús se tomara literalmente: dejarlo todo para seguirle: casa, familia, trabajo…
Pregúntate si Dios te llama a esto. Pregúntaselo a Jesús sinceramente en la oración. Para otros la llamada de Jesús significará seguirle en el matrimonio y trabajar para mantener una familia, donde uno no se sienta propietario de nada, sino administrador de los bienes recibidos.
     Tus bienes, tus talentos, tus capacidades son de Dios y te los ha concedido para que los pongas al servicio de los demás. 

ORATIO:
     Soy yo, Señor, Maestro bueno, ese uno al que miras a los ojos con un amor intenso. Soy yo, lo sé, ese uno al que llamas a un desprendimiento total de sí mismo. Se trata de un desafío. También yo me encuentro cada día ante este drama: el de la posibilidad de rechazar el amor. Si en ocasiones me encuentro cansado y solo, ¿no será tal vez porque no sé darte lo que tú me pides?
 Señor, toma mi vida nueva
antes de que la espera
desgaste años en mí.

CONTEMPLATIO:

“Todo eso lo he cumplido desde pequeño”.

     Jesús, como al joven del Evangeliose te queda mirando con cariño. Quiere atraerte para que colabores con Él en su proyecto de hacer un mundo más humano y te hace una propuesta sorprendente.

“Una cosa te falta: anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres… y luego sígueme”.

     El mensaje de Jesús es claro. No basta pensar en la propia salvación; hay que pensar en las necesidades de los pobres. No basta preocuparse de la vida futura; hay que preocuparse de los que sufren en la vida actual. No basta con no hacer daño a otros; hay que colaborar en el proyecto de un mundo más justo, tal como lo quiere Dios.
     La tentación del miedo se encuentra en la historia del joven rico, que experimenta angustia ante el futuro que el Señor le abre, o sea, ante la posibilidad de que se libere de su propio pasado para ponerse de manera incondicional en manos del extraño que le invita, aunque Jesús le había mirado y amado. (B. Forte)

«Entonces, ¿quién puede salvarse?»
AVISO PARA ADORADORAS/ES DEL TURNO NÚM. 5 DE MARÍA AUXILIADORA Y SAN JOSÉ
IGLESIA DE SAN JOSÉ - Cádiz  Extramuros


    
     Como es tradicional, y dentro ya  de un nuevo Curso Pastoral, los Consejos Diocesanos de Andalucía occidental y su delegación de Zona convocan la IV Vigilia Eucarística-Mariana a celebrar en el Santuario de Nuestra Srª. del Rocío de Almonte (Huelva) durante la noche/madrugada de los días 17/18 de Octubre.
     Dada la premura de tiempo es imposible organizar un desplazamiento colectivo, por lo que las Secciones interesadas lo harán por cuenta propia.
     Pongámonos en las manos de Nuestra Señora, para que los trabajos y desvelos de nuestros hermanos Adoradores de Huelva que con tanto cariño y esmero preparan anualmente esta Vigilia, los vean recompensados con los nuestros, además de con nuestra presencia, y todos en comunión para mayor Gloria a Su Divina Majestad.
¡ JESÚS SACRAMENTADO NOS ESPERA !