TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 14 de septiembre de 2013

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 15 DE SEPTIEMBRE, 24º DEL TIEMPO ORDINARIO

Alegría en el cielo


Lucas 15:1-10      En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publícanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ese acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido" Os digo que así también habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse. Y si una mujer tiene diez monedas y se le pierde una, ¿no enciende una lámpara y barre la casa y busca con cuidado, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, reúne a las amigas y a las vecinas para decirles: "¡Felicitadme!, he encontrado la moneda que se me había perdido" Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta».
Otras Lecturas: Éxodo 32:7-11, 13-14; Salmo 50; Timoteo 1:12-17

LECTIO:
     Una vez más, las ‘autoridades’ religiosas se sienten ultrajadas. Lucas nos dice que los dirigentes religiosos criticaban a Jesús por su actitud de amistad hacia los ‘pecadores’. Los recaudadores de impuestos encabezaban la ‘lista de pecadores’. Los judíos los odiaban porque recogían el dinero para los ocupantes paganos, los romanos. De hecho, uno de los propios discípulos de Jesús había sido en otro tiempo recaudador de impuestos: Levi, al que tradicionalmente se ha identificado con Mateo (Marcos 2:13-17).
     En Lucas 15, Jesús les propone a los fariseos tres parábolas: la oveja perdida, la moneda perdida y el hijo pródigo. La parábola de la oveja perdida pone de relieve a qué extremos será capaz de llegar el pastor para recobrar a una oveja que se le ha descarriado del rebaño, y la enorme alegría cuando encuentra a la oveja perdida y esta vuelve a estar bajo sus cuidados y su protección. La parábola de la moneda perdida corrobora esa misma idea. Una vez más, se ha perdido algo de valor. La mujer se pone a buscar por todas partes hasta encontrarla. Poco importa el hecho de que tenga otras nueve monedas: se ha perdido una, y hay que hallarla. Tanto el pastor como la mujer se llenan de gozo cuando recuperan lo que se les había perdido. De manera semejante, todo el cielo se alegra cuando se arrepiente un pecador: se ha restablecido una relación que estaba rota. El hijo perdido (‘pródigo’ según le llama la tradición) es el protagonista de la tercera parábola. Regresa como pordiosero después de haber dilapidado su herencia. Vuelve arrepentido y lo único que espera es que su padre le trate como a uno de sus criados. El padre anhelaba el regreso de su hijo. Sale corriendo a recibirle con los brazos abiertos. Y se prepara una gran celebración. La reacción del hermano mayor nos devuelve directamente a la respuesta de los fariseos. Jesús se acerca a los pecadores y celebra con ellos su arrepentimiento.
      Aconseja a sus oyentes (y a nosotros) que no nos sintamos justos ni actuemos como si fuésemos mejores que los demás. Todos dependemos de la misericordia y del perdón de Dios.

MEDITATIO:
¿Qué aspectos de estas tres parábolas te impresionan más?
Considera las actitudes de los fariseos, del pastor, la mujer y el padre. ¿Qué podemos aprender de ellas?
Medita sobre este versículo: “Esto es muy cierto y todos deben creerlo: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.” (1 Timoteo 1:15).

ORATIO:
     Utiliza las palabras del Salmo 50 como oración personal. Dale gracias a dios por su inmensa misericordia.
     Reza para que las ‘ovejas perdidas’ vuelvan a Jesús. Puede que el Espíritu santo te sugiera a alguien en particular por quien rezar.

CONTEMPLATIO:
     Considera el papel del pastor y las distancias que ha de recorrer en busca de su oveja. Deja que nuestro Buen Pastor te acoja con su amor.
Cinco caminos de penitencia
San Juan Crisóstomo, Homilía 2,6 sobre el diablo tentador



     ¿Queréis que os recuerde los diversos caminos de penitencia? Hay ciertamente muchos, distintos y diferentes, y todos ellos conducen al cielo.

     El primer camino de penitencia consiste en la acusación de los pecados: Confiesa primero tus pecados, y serás justificado. Por eso dice el salmista: Propuse: «Confesaré al Señor mi culpa», y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. Condena, pues, tú mismo, aquello en lo que pecaste, y esta confesión te obtendrá el perdón ante el Señor, pues, quien condena aquello en lo que faltó, con más dificultad volverá a cometerlo; haz que tu conciencia esté siempre despierta y sea como tu acusador doméstico, y así no tendrás quien te acuse ante el tribunal de Dios.

     Éste es un primer y óptimo camino de penitencia; hay también otro, no inferior al primero, que consiste en perdonar las ofensas que hemos recibido de nuestros enemigos, de tal forma que, poniendo a raya nuestra ira, olvidemos las faltas de nuestros hermanos; obrando así, obtendremos que Dios perdone aquellas deudas que ante él hemos contraído; he aquí, pues, un segundo modo de expiar nuestras culpas. Porque si perdonáis a los demás sus culpas -dice el Señor-, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros.

     ¿Quieres conocer un tercer camino de penitencia? Lo tienes en la oración ferviente y continuada, que brota de lo íntimo del corazón.

     Si deseas que te hable aún de un cuarto camino, te diré que lo tienes en la limosna: ella posee una grande y extraordinaria virtualidad. También, si eres humilde y obras con modestia, en este proceder encontrarás, no menos que en cuanto hemos dicho hasta aquí, un modo de destruir el pecado. De ello tienes un ejemplo en aquel publicano, que, si bien no pudo recordar ante Dios su buena conducta, en lugar de buenas obras presentó su humildad y se vio descargado del gran peso de sus muchos pecados.

     Te he recordado, pues, cinco caminos de penitencia: primero, la acusación de los pecados; segundo, el perdonar las ofensas de nuestro prójimo; tercero, la oración; cuarto, la limosna; y quinto, la humildad.
     No te quedes, por tanto, ocioso, antes procura caminar cada día por la senda de estos caminos: ello, en efecto, resulta fácil, y no te puedes excusar aduciendo tu pobreza, pues, aunque vivieres en gran penuria, podrías deponer tu ira y mostrarte humilde, podrías orar asiduamente y confesar tus pecados; la pobreza no es obstáculo para dedicarte a estas prácticas. Pero, ¿qué estoy diciendo? La pobreza no impide de ninguna manera el andar por aquel camino de penitencia que consiste en seguir el mandato del Señor, distribuyendo los propios bienes --hablo de la limosna--, pues esto lo realizó incluso aquella viuda pobre que dio sus dos pequeñas monedas.
     Ya que has aprendido con estas palabras a sanar tus heridas, decídete a usar de estas medicinas, y así, recuperada ya tu salud, podrás acercarte confiado a la mesa santa y salir con gran gloria al encuentro del Señor, rey de la gloria, y alcanzar los bienes eternos por la gracia, la misericordia y la benignidad de nuestro Señor Jesucristo.

INVITACIÓN PERSONAL PARA LA ADORACIÓN NOCTURNA


viernes, 6 de septiembre de 2013

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 8 DE SEPTIEMBRE, 23º DEL TIEMPO ORDINARIO

Lo que exige ser discípulo


Lucas 14:25-33    En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío. Así, ¿quién de vosotros, sí quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: «Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar». ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar sí con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz. Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío».
Otras Lecturas: Sabiduría 9:13-18; Salmo 89; Filemón 9-10, 12-17

LECTIO:
     Jesús está hablando a la gente que le rodea sobre los desafíos que conlleva el hecho de ser discípulo. Muchos le siguen tan sólo porque es un maestro popular. Pero los discípulos sabían que las dificultades le seguían muy de cerca. Ya estaban experimentando cierto nivel de persecución por parte de las autoridades religiosas.
     En toda relación llega un momento en que es necesario plantearse el seguir adelante en serio o dejarla. Y es precisamente de eso de lo que Jesús nos habla este domingo. La vida cristiana no está hecha para quienes buscan popularidad o desean pasar un buen rato sin asumir responsabilidades. A medida que Jesús explica su postura, ésta se vuelve más exigente. Lo que parece bueno puede dañar nuestra relación con el cielo. Jesús nos insta a que volvamos a pensárnoslo. Nada puede entorpecer nuestra relación con él. Así que el padre o la madre, el esposo o la esposa, nuestros hijos y nuestras propias necesidades y deseos deben ocupar un segundo lugar frente a la voluntad de Jesús. Es así como estaba establecida la relación de Jesús con su amado Padre.
     Sorprendentemente, tenemos que estar deseosos de someter nuestras vidas hasta el punto de ser en cierto modo crucificados. Se trata de algo muy doloroso. Nuestra vocación consiste en llevar a cabo la voluntad de Jesús a pesar de la humillación o el sufrimiento que suponga. Nuestros caminos egoístas deben someterse a la voluntad de Dios. Este género de vida abarca todas las áreas de la existencia y la configura al estilo de Jesús. Y está todo en juego. Por esa razón Jesús utiliza unas imágenes tan fuertes y gráficas para hacer que sopesemos los costes antes de emprender el camino de convertirnos en discípulos suyos.
     En Juan 6:43-71, las gentes se horrorizaron ante ciertos aspectos de la enseñanza de Jesús, de tal manera que muchos le abandonaron. Jesús deja muy claro que, humanamente hablando, es imposible seguirle. Sólo es posible mediante el Espíritu de Dios. Y en Juan 6:65, Jesús afirma que nadie puede venir a mí, si el Padre no le trae.

MEDITATIO:
¿Qué es lo que más te impacta al leer estos versículos? ¿Hay algún aspecto concreto de tu vida que no cuadre con la enseñanza de Jesús?

ORATIO:
     Con toda humildad, pásate cierto tiempo con Dios. Pídele que te ayude a someterle todo cuanto hay en tu vida. Pídele al Espíritu Santo que te conceda la fuerza y la gracia necesarias para seguir a Jesús con todas sus consecuencias. Mantén fijos los ojos en Jesús.  1 Tesalonicenses 5:23-24 nos proporciona mucho ánimo: ‘Que Dios mismo, el Dios de paz, os haga perfectamente santos, y os conserve todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sin defecto alguno, para el regreso de nuestro Señor Jesucristo. El que os ha llamado es fiel, y lo cumplirá.’.

CONTEMPLATIO:
     Piensa en el ejemplo que nos ofrece el mismo Jesús: vivir una existencia sometida por completo a Dios. También conocía el amor absoluto de Dios hacia él.
     Considera los sufrimientos que padeció Jesús en la cruz para que podamos vivir una vida libre de pecado y agradable a Dios.

EL SANTO PADRE CONVOCA JORNADA POR LA PAZ EL PRÓXIMO SÁBADO


Domingo, 1 de septiembre de 2013


Queridos hermanos y hermanas: Buenos días.
     Hoy, queridos hermanos y hermanas, quisiera hacerme intérprete del grito que, con creciente angustia, se levanta en todas las partes de la tierra, en todos los pueblos, en cada corazón, en la única gran familia que es la humanidad: ¡el grito de la paz! Es el grito que dice con fuerza: Queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por divisiones y conflictos, estalle la paz; ¡nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra! La paz es un don demasiado precioso, que tiene que ser promovido y tutelado.
     Vivo con particular sufrimiento y preocupación las numerosas situaciones de conflicto que hay en nuestra tierra, pero, en estos días, mi corazón está profundamente herido por lo que está sucediendo en Siria y angustiado por la dramática evolución que se está produciendo. Hago un fuerte llamamiento a la paz, un llamamiento que nace de lo más profundo de mí mismo. ¡Cuánto sufrimiento, cuánta destrucción, cuánto dolor ha ocasionado y ocasiona el uso de las armas en este atormentado país, especialmente entre la población civil inerme! Pensemos: cuántos niños no podrán ver la luz del futuro.
       Condeno con especial firmeza el uso de las armas químicas. Les digo que todavía tengo fijas en la mente y en el corazón las terribles imágenes de los días pasados. Hay un juicio de Dios y también un juicio de la historia sobre nuestras acciones, del que no se puede escapar. El uso de la violencia nunca trae la paz. ¡La guerra llama a la guerra, la violencia llama a la violencia!... 
¿Qué podemos hacer nosotros por la paz en el mundo? Como decía el Papa Juan XXIII, a todos corresponde la tarea de establecer un nuevo sistema de relaciones de convivencia basadas en la justicia y en el amor (cf. Pacem in terris [11 abril 1963]: AAS 55 [1963], 301-302). ¡Que una cadena de compromiso por la paz una a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! Es una fuerte y urgente invitación que dirijo a toda la Iglesia Católica, pero que hago extensiva a todos los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de las diversas religiones y también a aquellos hermanos y hermanas no creyentes: la paz es un bien que supera cualquier barrera, porque es un bien de toda la humanidad.
     Lo repito alto y fuerte: no es la cultura de la confrontación, la cultura del conflicto, la que construye la convivencia en los pueblos y entre los pueblos, sino ésta: la cultura del encuentro, la cultura del diálogo; éste es el único camino para la paz.
     Que el grito de la paz se alce con fuerza para que llegue al corazón de todos y todos depongan las armas y se dejen guiar por el deseo de paz. Por esto, hermanos y hermanas, he decidido convocar en toda la Iglesia, el próximo 7 de septiembre, víspera de la Natividad de María, Reina de la Paz, una jornada de ayuno y de oración por la paz en Siria, en Oriente Medio y en el mundo entero, y también invito a unirse a esta iniciativa, de la manera que consideren más oportuno, a los hermanos cristianos no católicos, a los que pertenecen a otras religiones y a los hombres de buena voluntad…
… Ayúdanos, María, a superar este difícil momento y a comprometernos, todos los días y en todos los ambientes, en la construcción de una auténtica cultura del encuentro y de la paz. María, Reina de la Paz, ruega por nosotros.


DESDE SIRIA, EL ARZOBISPO DE HOMS:


          "Estamos abandonados, Necesitamos su ayuda y oraciones"

      En un año, un millón de personas ha huido. Siria se desangra en una cruenta guerra civil ante la indiferencia de la comunidad internacional.
     Los cristianos, en medio de este fuego cruzado, huyen ante tanta violencia y destrucción.
     Es una guerra donde los poderes se enfrentan y, como en todas las guerras, es la población civil la que sufre las peores consecuencias. Homs parece una ciudad fantasma. "Hay tiroteos diarios. Escuchamos constantemente la explosión de bombas y el ruido de las armas de fuego, especialmente por la noche", asegura el Padre Ziad, uno de los dos jesuitas que todavía vive en Homs. "Desde hace seis meses estamos asediados, confinados. En realidad no tenemos qué comer, y así todos los días", afirma.
     Los padres jesuítas en Homs dependen exclusivamente de los medios que reciben del exterior. Ayuda a la Iglesia Necesitadales ha sostenido este duro invierno gracias a las generosas aportaciones de los benefactores.
     Esta situación no impide que lleven a cabo su misión en medio de un país en ruinas. El padre Ziad insiste: "a pesar de la violencia y el odio nuestra labor va a continuar. La Iglesia en Siria no deja de sembrar esperanza en los corazones de los sirios. Su presencia es importante en este ambiente para mostrar que la vida es más fuerte que la muerte. Que el lenguaje del amor es más fuerte que el de las armas".
     Ayuda a la Iglesia Necesitada quiere socorrer a este grito de la Iglesia en Siria, donde la presencia cristiana ha permanecido desde los primeros siglos del cristianismo.
     Los católicos en Homs, en el principal frente de batalla de esta guerra, se aferran a la esperanza, "las iglesias siguen tocando las campanas para los que quieren rezar y todo el mundo viene para asistir a Misa", asegura el padre jesuíta. De igual manera, desde el horror de la guerra siria, el arzobispo de la diócesis de Homs, Mons. Theóphile Georges Kaasd ha manifestado su gratitud a Ayuda a la Iglesia Necesitada por "tanto amor y amistad con las personas que sufren".
     Las iglesias siguen tocando las campanas para los que quieren rezar  "Realmente les necesitamos. Ustedes pueden ser como María, que ayudó al Jesús abandonado, porque ciertamente estamos abandonados. Necesitamos su ayuda y oraciones. Recen por nosotros y por la paz en Siria", afirma Mons. Kaasd. •


Los católicos perseguidos necesitan tu ayuda
Ayuda a la Iglesia Necesitada

domingo, 1 de septiembre de 2013

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 1 DE SEPTIEMBRE, 22º DEL TIEMPO ORDINARIO

Actuad con humildad

     Lucas 14:1, 7-14     Sucedió que un sábado fue Jesús a comer a casa de un jefe fariseo, y otros fariseos le estaban espiando. Al ver Jesús que los invitados escogían los asientos de honor en la mesa, les dio este consejo: –Cuando alguien te invite a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar principal, no sea que llegue otro invitado más importante que tú, y el que os invitó a los dos venga a decirte: ‘Deja tu sitio a este otro.’ Entonces tendrás que ir con vergüenza a ocupar el último asiento. Al contrario, cuando te inviten, siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te invitó te diga: ‘Amigo, pásate a este sitio de más categoría.’ Así quedarás muy bien delante de los que están sentados contigo a la mesa-. Porque el que a sí mismo se engrandece será humillado, y el que se humilla será engrandecido.
     Dijo también al hombre que le había invitado: –Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, a tus hermanos, a tus parientes o a tus vecinos ricos; porque ellos a su vez te invitarán, y quedarás así recompensado. Al contrario, cuando des una fiesta, invita a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos; así serás feliz, porque ellos no te pueden pagar, pero tú recibirás tu recompensa cuando los justos resuciten.-

Otras Lecturas: Eclesiástico 3:17-20, 28-29; Salmo 67; Hebreos 12:18-19, 22-24

LECTIO:
     Hoy acompañamos a Jesús que va a cenar a casa de un gobernante fariseo. Todos los invitados a la cena están pendientes de Jesús por ver de qué manera actúa. Pero no se dan cuenta de que es Jesús quien está observando el orgullo con que ellos se comportan.
     En tiempos de Jesús, los puestos más importantes estaban cerca del anfitrión, y los fariseos deseaban para sí aquellos puestos. Jesús aprovecha la ocasión para enseñar a los invitados a la cena una manera mejor de comportarse. Sus comentarios recuerdan la enseñanza judía recogida en versos tales como los de Proverbios 25:6-7: “No te des importancia delante del rey ni ocupes el lugar de gente importante; vale más que te inviten a subir allí, que ser humillado ante los grandes señores.”
     Evidentemente, lo irónico de la situación es que si el anfitrión se hubiera dado cuenta de quién era Jesús, le habría ofrecido inmediatamente el puesto de honor.
     Jesús pone de relieve la importancia de la hospitalidad y la generosidad hacia quienes no pueden correspondernos: los pobres y los inválidos. Una vez más, también pone en tela de juicio nuestras actitudes: ¿excluimos a otros por nuestro egoísmo o nuestro orgullo?
     La preocupación de Jesús es siempre el espíritu de acogida. Pasaba buena parte de su tiempo con gente a la que nadie consideraría ‘respetable’. El reino de Dios debería estar, y de hecho lo está, abierto a todos, independientemente de su situación social, porque ante Dios todos somos pecadores necesitados de salvación

MEDITATIO:
El apóstol Pedro se tomó muy en serio las palabras de Jesús, y por eso escribió: ‘Todos debéis someteros unos a otros con humildad, porque “Dios se opone a los orgullosos, pero ayuda con su bondad a los humildes.” Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os enaltezca a su debido tiempo’. (1 Pedro 5:5-6).
Jesús recomendaba continuamente a sus oyentes la humildad. ¿Por qué crees que es tan importante mantener una actitud humilde hacia los demás? ¿Por qué es tan peligroso el orgullo?
Piensa en quiénes invitas a tu casa. ¿Influye la enseñanza de Jesús en la elección de tus invitados?

ORATIO:
     Pídele a Dios que, desde las lecturas de hoy, te hable sobre la humildad y la hospitalidad.
     Lee el Salmo 67. Fíjate en el contraste entre la majestad de Dios y su preocupación por los pobres, los que están solos, las viudas, los huérfanos y los presos.
     Reza por quienes se encuentran en tales situaciones. Puede que el Espíritu Santo te traiga a la memoria a algunas personas concretas. Puede que Dios también te muestre cómo poder ayudarles de manera práctica.

CONTEMPLATIO:

     Lee Filipenses 2:3-11 y piensa en el ejemplo de humildad y de servicio que nos ofrece Jesús. Que Dios te muestre los pasos, por pequeños que sean, que puedes dar en esta dirección las semanas venideras.