TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

domingo, 17 de junio de 2012



La Adoración Nocturna en el Triduo Eucarístico y la Solemnidad de Corpus Christi



   Como en años anteriores y convocados por el Cabildo Catedralicio, el pasado 7 de junio, celebramos el primer día del Triduo Eucarístico previo a la Solemnidad de Corpus Christi.
   Bajo la sombra de nuestra blanca bandera, que desde el presbiterio de la S.I. Catedral nos recuerda nuestro carisma de adoradores eucarísticos y presididos por nuestro Consiliario Diocesano Rdº. P. D. Guillermo, pudimos reunirnos unos treinta Adoradores de los diferentes Turnos diocesanos.
   El día 10 volvíamos a reunirnos en el Primer Templo para participar en el Solemne Pontifical presidido por nuestro Obispo D. Rafael en éste su primer Corpus en la sede gaditana.
   Mons. Zornoza en su homilía, coincidiendo con el Día de la Caridad, recordó a los más necesitados y a todos los que sufren por la crisis económica. Haciendo un llamamiento a la colaboración de todos con aportaciones a la Cáritas Diocesana, de la que destacó la enorme labor que está realizando en estos difíciles momentos.
   Finalizado el pontifical formamos en corporación dentro del Templo, procesionando, como en años anteriores, con el cortejo que junto a Su Divina Majestad recorrió las diferentes calles del casco antiguo.

  

Concluida la procesión y una vez dentro de la S.I. Catedral se procedió a la bendición de los asistentes y reserva Eucarística siéndole rendido honores a S.D.M. por los Guiones y Banderas de las diferentes asociaciones participantes; quedando comprometidos desde ese momento para el año próximo.



jueves, 14 de junio de 2012

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN


Jesús exclamó: -Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla (Mt 11,25).

De la Carta de San Francisco a sus Custodios:

-Os ruego que supliquéis humildemente a los clérigos que veneren sobre todas las cosas el Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo y sus santos nombres y sus palabras escritas que consagran el Cuerpo. Los cálices, los corporales, los ornamentos del altar y todo lo que concierne al sacrificio, deben tenerlos preciosos (1CtaCus 2-3).

Orar con la Iglesia:

Impulsados por el Espíritu y unidos a Jesucristo, presentemos al Padre nuestra oración confiada.
-Por todos los creyentes, para que lleguemos a la unidad querida por Cristo en su santa y única Iglesia.
-Por todos los países del mundo, para que encuentren caminos de paz y justicia, venciendo toda tentación de egoísmo y violencia.
-Por los ancianos, los enfermos y los indigentes, para que no sean marginados de la sociedad, sino que se sientan acogidos y valorados.
-Por todos los hombres, para que el contemplar las grandezas de Dios nos lleve a respetar y amar toda vida humana.
-Por todos los bautizados, para que vivamos en plenitud la vida divina presente en nuestros corazones.
Oración

Señor y Padre de todos los hombres, concédenos amarnos los unos a los otros como tú nos amas y quieres que nos amemos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
* * *

INSTRUCCIÓN REDEMPTIONIS SACRAMENTUM

LA DISTRIBUCIÓN DE LA SAGRADA COMUNIÓN.



Los fieles, habitualmente, reciban la Comunión sacramental de la Eucaristía en la misma Misa y en el momento prescrito por el mismo rito de la celebración, esto es, inmediatamente después de la Comunión del sacerdote celebrante.
Corresponde al sacerdote celebrante distribuir la Comunión, si es el caso, ayudado por otros sacerdotes o diáconos; y este no debe proseguir la Misa hasta que haya terminado la Comunión de los fieles. Sólo donde la necesidad lo requiera, los ministros extraordinarios pueden ayudar al sacerdote celebrante, según las normas del derecho. Para que también «por los signos, aparezca mejor que la Comunión es participación en el Sacrificio que se está celebrando»,es deseable que los fieles puedan recibirla con hostias consagradas en la misma Misa. «Los fieles comulgan de rodillas o de pie, según lo establezca la Conferencia de Obispos», con la confirmación de la Sede Apostólica. «Cuando comulgan de pie, se recomienda hacer, antes de recibir el Sacramento, la debida reverencia, que deben establecer las mismas normas».
 En la distribución de la sagrada Comunión se debe recordar que «los ministros sagrados no pueden negar los sacramentos a quienes los pidan de modo oportuno, estén bien dispuestos y no les sea prohibido por el derecho recibirlos». Por consiguiente, cualquier bautizado católico, a quien el derecho no se lo prohíba, debe ser admitido a la sagrada Comunión. Así pues, no es lícito negar la sagrada Comunión a un fiel, por ejemplo, sólo por el hecho de querer recibir la Eucaristía arrodillado o de pie.
Aunque todo fiel tiene siempre derecho a elegir si desea recibir la sagrada Comunión en la boca, si el que va a comulgar quiere recibir en la mano el Sacramento, en los lugares donde la Conferencia de Obispos lo haya permitido, con la confirmación de la Sede Apostólica, se le debe administrar la sagrada hostia. Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano. La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento. No está permitido que los fieles tomen la hostia consagrada ni el cáliz sagrado «por sí mismos, ni mucho menos que se lo pasen entre sí de mano en mano».
 En esta materia, además, debe suprimirse el abuso de que los esposos, en la Misa nupcial, se administren de modo recíproco la sagrada Comunión.
El fiel laico «que ya ha recibido la santísima Eucaristía, puede recibirla otra vez el mismo día solamente dentro de la celebración eucarística en la que participe, quedando a salvo lo que prescribe el c. 921 § 2».
Se reprueba la costumbre, que es contraria a las prescripciones de los libros litúrgicos, de que sean distribuidas a manera de Comunión, durante la Misa o antes de ella, ya sean hostias no consagradas ya sean otros comestibles o no comestibles. Puesto que estas costumbres de ningún modo concuerdan con la tradición del Rito romano y llevan consigo el peligro de inducir a confusión a los fieles, respecto a la doctrina eucarística de la Iglesia. Donde en algunos lugares exista, por concesión, la costumbre particular de bendecir y distribuir pan, después de la Misa, téngase gran cuidado de que se dé una adecuada catequesis sobre este acto. No se introduzcan otras costumbres similares, ni sean utilizadas para esto, nunca, hostias no consagradas

domingo, 10 de junio de 2012

Jornada de la caridad en la Solemnidad del Corpus Christi.

     La Eucaristía está siempre en el centro de la vida de la Iglesia, porque no es simplemente una cosa, sino una persona, Cristo vivo y glorioso, que murió por nosotros y resucitó para nuestra salvación. El encuentro con Jesucristo vivo en el sacramento, en el Sagrario, en la celebración de la Santa Misa constituye la fuente permanente de renovación de la Iglesia que vive de la Eucaristía…
     La Eucaristía nos habla de presencia verdadera, real y sustancial de Nuestro Señor Jesucristo, el Amor de los amores, el Hijo de Dios hecho hombre. ¡Dios está aquí, venid adoradores, adoremos a Cristo Redentor! Nuestros ojos no ven y nuestros sentidos quedan colgados sin satisfacerse ante el misterio. Pero la fe se hace fuerte, creyendo la Palabra de Dios que nos dice: Jesús está aquí de manera única. Acudamos a estar con Él. Él se ha quedado con nosotros hasta el fin de los tiempos para que lo encontremos siempre como amigo, dispuesto a ser nuestro confidente y a irradiar su Espíritu Santo sobre nosotros.
     La Eucaristía nos habla de ofrenda de la propia vida. Jesucristo no ha ofrecido víctimas animales para sellar la Nueva Alianza, sino que se ha ofrecido a sí mismo. Ha ofrecido su existencia, su vida, su corazón, su cuerpo. Este es el culto nuevo que Cristo ha inaugurado. Él se ofrece y nos incorpora a nosotros a su ofrenda por la acción del Espíritu Santo, "que Él [el Espíritu Santo] nos transforme en ofrenda permanente". Hacer de la propia vida una ofrenda junto con Cristo sacerdote y víctima es el objetivo principal de la Eucaristía, el culto nuevo del Nuevo Testamento. Se puede participar en la Eucaristía, aunque no se pueda comulgar, uniendo la propia vida a la de Cristo para hacerse con Él ofrenda permanente.
     La Eucaristía nos habla de unión en el amor. La Eucaristía hace a la Iglesia, como comunidad reunida, alimentada de un mismo pan y de un mismo cáliz (el cuerpo y la sangre del Señor), una familia reunida en el amor, donde nadie pasa necesidad, porque lo tienen todo en común (cf Hech. 4,32). Mirad cómo se aman. La Eucaristía es la fuente de la comunión intraeclesial, y nos envía al mundo para ser testigos de ese amor que transforma la sociedad. "Amaos unos a otros como yo os he amado" (Jn 15,12). De la Eucaristía vivida brota la caridad hacia los hermanos, especialmente hacia los necesitados. De la Eucaristía vivida han brotado las grandes energías de los santos, que se han sentido impulsados a la evangelización hasta dar la vida, que se han despojado de todo para compartir con los que no tienen, que se han entregado a todo tipo de obras de misericordia con los demás. La Eucaristía ha sido el gran motor de los cambios sociales a lo largo de la historia. También hoy, la Eucaristía es como una fisión nuclear que inunda el mundo de amor para transformarlo desde dentro.
     Vivamos la fiesta del Corpus Christi con sentido de adoración ante Dios cercano, con sentido de comunión con Cristo y con sus padecimientos, ofreciendo nuestra vida, con sentido de amor fraterno hasta dar la vida por los hermanos.
Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

     Esta fiesta se celebra en la Iglesia Latina el Jueves siguiente al Domingo de la Santísima Trinidad para conmemorar solemnemente la institución de la Sagrada Eucaristía.


      A fines del siglo XIII surgió en Lieja, Bélgica, un Movimiento Eucarístico cuyo centro fue la Abadía de Cornillón fundada en 1124 por el Obispo Albero de Lieja. Este movimiento dio origen a varias costumbres eucarísticas, como por ejemplo la Exposición y Bendición con el Santísimo Sacramento, el uso de las campanillas durante la elevación en la Misa y la fiesta del Corpus Christi.
     Santa Juliana de Mont Cornillón (Retines, Bélgica en 1193 - +5 de abril de 1258, en la casa de las monjas Cistercienses en Fosses y enterrada en Villiers). por aquellos años priora de la Abadía, fue la enviada de Dios para propiciar esta Fiesta. Tuvo una gran veneración al Santísimo Sacramento. Y siempre anhelaba que se tuviera una fiesta especial en su honor. Este deseo fue intensificado por una visión que tuvo de la Iglesia bajo la apariencia de luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.
     Juliana comunicó estas apariciones a Mons. Roberto de Thorete, el entonces obispo de Lieja, también al docto Dominico Hugh, más tarde cardenal legado de los Países Bajos y a Jacques Pantaleón, en ese tiempo archidiácono de Lieja, más tarde Papa Urbano IV.
     El obispo Roberto se impresionó favorablemente y, como en ese tiempo los obispos tenían el derecho de ordenar fiestas para sus diócesis, convocó un sínodo en 1246 y ordenó que la celebración se tuviera el año entrante; al mismo tiempo el Papa ordenó, que un monje de nombre Juan escribiera el oficio para esa ocasión. El decreto está preservado en Binterim (Denkwürdigkeiten, V.I. 276), junto con algunas partes del oficio.
     La fiesta se celebró por primera vez al año siguiente el jueves posterior a la fiesta de la Santísima Trinidad. Más tarde un obispo alemán conoció la costumbre y la extendió por toda la actual Alemania.
     El Papa Urbano IV, por aquél entonces, tenía la corte en Orvieto, un poco al norte de Roma. Muy cerca de esta localidad se encuentra Bolsena, donde en 1263 o 1264 se produjo el Milagro de Bolsena: un sacerdote que celebraba la Santa Misa tuvo dudas de que la Consagración fuera algo real. Al momento de partir la Sagrada Forma, vio salir de ella sangre de la que se fue empapando en seguida el corporal. La venerada reliquia fue llevada en procesión a Orvieto el 19 junio de 1264. Hoy se conservan los corporales -donde se apoya el cáliz y la patena durante la Misa- en Orvieto, y también se puede ver la piedra del altar en Bolsena, manchada de sangre.
     El Santo Padre movido por el prodigio, y a petición de varios obispos, hace que se extienda la fiesta del Corpus Christi a toda la Iglesia por medio de la bula "Transiturus" del 8 septiembre del mismo año, fijándola para el jueves después de la octava de Pentecostés y otorgando muchas indulgencias a todos los fieles que asistieran a la Santa Misa y al oficio.
     En 1317 se promulga una recopilación de leyes -por Juan XXII- y así se extiende la fiesta a toda la Iglesia. Aunque ninguno de los decretos habla de la procesión con el Santísimo como un aspecto de la celebración, sin embargo estas procesiones fueron dotadas de indulgencias por los Papas Martín V y Eugenio IV, y se hicieron bastante comunes a partir del siglo XIV.
     Finalmente, el Concilio de Trento declara que muy piadosa y religiosamente fue introducida en la Iglesia de Dios la costumbre, que todos los años, determinado día festivo, se celebre este excelso y venerable sacramento con singular veneración y solemnidad; y reverente y honoríficamente sea llevado en procesión por las calles y lugares públicos.
 En esto los cristianos atestiguan su gratitud y recuerdo por tan inefable y verdaderamente divino beneficio, por el que se hace nuevamente presente la victoria y triunfo de la muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

sábado, 9 de junio de 2012

ADORACIÓN Y EVANGELIZACIÓN


      La singularidad de la adoración eucarística con respecto a todas las otras formas de oración y de devoción, es que por la presencia sacramental de Jesús-Hostia, Dios toma la iniciativa de encontrarse con nosotros. Cristo me precede en la respuesta que el Padre espera.
“La Eucaristía significa: Dios ha respondido. La Eucaristía es Dios como respuesta, como presencia que responde” (J. Ratzinger – Dios está cerca- Palabras y silencio 2003).
     Adoración, la palabra proviene de un vocablo latino cuya etimología está en “ios” (la boca). Comprende una postración que apunta al objeto de veneración y lo besa. Significa inclinarse profundamente en señal de extremo respeto.
     No faltan ejemplos evangélicos al respecto: la hemorroisa que se echa por tierra para tocar el borde del manto de Jesús (Lc 8,44); María Magdalena que se arroja a los pies de Jesús y los abraza. Esta actitud de adoración es bien natural al hombre cuando se encuentra ante algo o alguien que lo sobrepasa.
     La adoración debe expresarse con todo nuestro ser y entonces igualmente comprometer nuestro cuerpo. El hombre ha sido creado para adorar, para inclinarse profundamente ante Aquel que nos hizo y que nos sobrepasa.
     Todas las posibilidades espirituales de nuestro cuerpo forman necesariamente parte de nuestra manera de celebrar la eucaristía y de rezar. La escucha atenta de la Palabra de Dios requiere la posición de sentado o el movimiento de la Resurrección reclama la posición de parados. La grandeza de Dios y de su Nombre se expresan de rodillas. Jesucristo mismo rezaba arrodillado durante las últimas horas de su Pasión en el Huerto de los Olivos (Lc 22,41). Esteban cae de rodillas antes de su martirio, al ver los cielos abiertos y el Cristo de pie (Hch 7,60). Pedro ruega arrodillado pidiendo a Dios la resurrección de Tabita (Hch 9,40). Después de su discurso de despedida ante los ancianos de Éfeso, Pablo reza con ellos de rodillas (Hch 20,36). El himno de Flp 2, 6-11 aplica a Jesús la promesa de Isaías anunciando que toda rodilla se dobla ante el Dios de Israel, ante el nombre de Jesús…
     Nuestro cuerpo manifiesta visiblemente aquello que nuestro corazón cree. La filósofa Simone Veil, de origen judío y no creyente, descubre a Cristo en Asís en 1936 y escribe: “Algo más fuerte que yo me obligó, por primera vez en mi vida, a ponerme de rodillas”.
     El testimonio de los santos es elocuente: Santo Domingo se prosternaba sin cesar, boca abajo y todo a lo largo cuan era, en presencia del Santísimo Sacramento. La actitud exterior traduce la devoción interior. Decía san Pierre-Julien Eymard que el primer movimiento de la adoración consiste justamente en prosternarse a tierra, la frente inclinada. Es una actitud que nos permite proclamar sin palabras la majestad infinita de Dios que se oculta tras el velo de la Eucaristía.
     Para evangelizar el mundo se necesita apóstoles “expertos” en celebración, en adoración y en contemplación de la Eucaristía. JP II (Mensaje para la Jornada mundial de los Misiones 2004).
Mons. Dominique Rey, Obispo de Toulon,
Francia, en “Adoración y Evangelización”.
1ª VIGILIA  EUCARÍSTICA-MARIANA.

     Los pasados días 28/29 de Abril celebramos la 1ª Vigila Mariana en el Santuario de Nuestra Señora del Rocío de la localidad de Almonte (Huelva) convocados por los Consejos de las Zonas oriental y occidental de la Adoración Nocturna Española y preparada, con no poco esfuerzo y dedicación, por las Secciones Diocesanas ANE/ANFE de Huelva y con la inestimable colaboración de la Hermandad Matriz de Almonte.
      Pudimos reunirnos unos 400 Adoradores/as, venidos de las Diócesis de Asidonia/Jerez – Cádiz – Córdoba – Jaén – Sevilla y la anfitriona de Huelva, los que bajo la protección de Ntrª. Srª. de las marismas y a la sombra blanca de las 24 Banderas de Sección fuimos capaces de superar no pocos contratiempos.
     Día pasado por agua pero que la voluntad, el amor a Jesús Sacramentado y a su Excelsa Madre, no empañaron ninguno de los actos que en su honor celebramos.

     Comenzamos con la tradicional procesión de banderas que desde la casa de Hermandad de Bollullos, y una vez hubo dejado de llover, nos llevó hasta el Santuario de Ntrª. Srª. donde dieron comienzo los actos con la bienvenida a las secciones que junto a sus banderas formaron el cortejo, concluido el cual se continuó con el rezo de vísperas.
              Tras un descanso formamos nuevamente con las banderas y el Simpecado de la Hermandad Matriz para el rezo del Santo Rosario, que por las calles de la aldea y en completo silencio, dimos muestra de gran devoción y cariño a Ntrª. Srª. de las Marismas, regresando nuevamente al Templo donde dio comienzo la Santa Misa presidida en esta ocasión por el Excmo. y Rvmo. D. José Vilaplana Blasco Obispo de Huelva y concelebrada por el Capellán del Santuario y siete sacerdotes, entre ellos varios consiliarios de sección.
         Gran realce a la liturgia dio el coro que venido de la capital participó junto a nosotros.
         En la homilía D. José nos recordó como Jesús, Buen Pastor, se hizo alimento espiritual en la Eucaristía, en el Santísimo Sacramento… recordándonos la estrofa del Himno de Laudes de la Solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo: -“Oveja perdida, ven sobre mis hombros, que hoy no sólo tu pastor soy, sino tu pasto también”- se refirió también a la Unidad dentro de la Comunión Eclesial que nos lleva al Amor hacía el hermano con nuestras obras.

         Finalizada la Eucaristía se procedió a la Ostensión de Su Divina Majestad, dando comienzo, en el mas absoluto silencio, los turnos de adoración que fueron dirigidos por los presidentes diocesanos asistentes.

         A pesar del cansancio el rezo de laudes y la procesión eucarística posterior fueron seguidas con una exquisita devoción y aunque no se pudo salir al exterior para la bendición de las marismas, dado el aguacero que en esos momentos caía, no quedó deslucido en modo alguno, realizándose la misma por las naves laterales del Templo y la posterior bendición desde la puerta principal del Santuario.


         Sobre las seis horas concluyeron los actos y “tomando los caminos de vuelta” cada sección retornó a su residencia, quedando en el convencimiento de que nuevamente podremos vivir, si Dios nos da fuerza otra Vigilia en la Aldea junto a Ntrª. Srª. de las Marismas y al Pastorcito Divino.
ABC.-Andalucía
Cientos de adoradores de toda Andalucía se congregaron en el santuario almonteño en una vigilia mariana
JAVIER AZCÁRATE / HUELVA
Día 30/04/2012
«Cristo es el Buen Pastor que también se hizo pasto, alimento espiritual de las almas establecido en la Sagrada Eucaristía, en el Santísimo Sacramento del Altar». Con estas palabras, pronunciadas por el obispo de Huelva, José Vilaplana, en la celebración de la festividad del Buen Pastor en el cuarto domingo de pascua, cobra sentido la realidad de una organización de la Iglesia católica destinada a velar de forma ininterrumpida a Jesús Sacramentado.
La Adoración Nocturna Española, fundada en el siglo XIX y hoy extendida por todos los países y continentes, promueve la veneración continuada de la Eucaristía. Las secciones de este movimiento de cada una de las diócesis de Andalucía se dieron cita este fin de semana en la aldea de El Rocío para celebrar la I Vigilia Eucarística Mariana organizada por la propia organización junto a la Hermandad Matriz de Almonte, en la provincia de Huelva.
Cientos de personas, llegadas de todos los rincones de la geografía andaluza, veneraron sin cesar en la noche del sábado al domingo al Santísimo Sacramento a las plantas de la Patrona de Almonte, la Virgen del Rocío. El programa de actos incluyó el rezo de laúdes y vísperas en el interior de la Ermita, el Santo Rosario por las calles de la aldea y una singular bendición de la marisma rociera en el momento justo del amanecer.
Promesas estériles
La Eucaristía, presidida por el obispo de Huelva al filo de la madrugada y concelebrada por numerosos sacerdotes consiliarios de la Adoración Nocturna, marcó el inicio de una larga noche de vela al Santísimo. En una homilía de hondo calado espiritual, el prelado onubense, José Vilaplana, animó a los fieles a «afinar los oídos para escuchar la voz del Buen Pastor, único que busca a su rebaño y cuida de él en un mundo en el que abundan las promesas estériles de felicidad y en el que la angustia y desolación marcan el caminar de muchas personas».
Ante la contemplación del «Sacramento del Amor que se hace presente en la Eucaristía», Vilaplana invitó a reflexionar sobre la forma en la que los cristianos deben seguir sus pasos. En este sentido, puso a la Virgen como ejemplo de «extrema humildad, que acogió en su frágil cuerpo, convertido en el primer Sagrario, al redentor de la humanidad».
Finalizada la Santa Misa, y tras el Rosario de antorchas que rodeó el Santuario en una  fría y lluviosa noche, los adoradores andaluces comenzaros sus turnos de vela que se prolongaron hasta el amanecer. 
Fue entonces cuando se produjo el especial momento de la bendición de las marismas en un acto de marcada devoción y especial recogimiento.


sábado, 2 de junio de 2012

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 3 DE JUNIO; SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD

Mateo 28.16-20  En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesús les dijo: «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».

Otras lecturas: Deuteronomio 4.32-34, 39-40; Salmo 32; Romanos 8.14-17
LECTIO:
   El Evangelio de Mateo concluye con un encuentro cara a cara de Jesús con sus discípulos. Una vez más, los discípulos podían ver a Jesús, pero no todos podían dar crédito a sus ojos. De ahora en adelante, Jesús seguirá estando con ellos pero no podrán verle más. En la lectura de hoy Jesús les encomienda a sus discípulos un encargo muy importante, al que algunos han denominado ‘La Misión Universal’. Han de dirigirse a las gentes de todas las naciones, anunciarles el Evangelio y convertirlos en discípulos y miembros de la comunidad cristiana mediante el bautismo.
   Jesús les da instrucciones específicas. En primer lugar, han de bautizar a las gentes en el nombre del Dios Trino, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Jesús enseña a sus seguidores a ver a Dios como tres personas en una sola realidad y a amarse y servirse mutuamente de la misma manera en que lo hacen los miembros de la Trinidad. En segundo lugar, han de enseñar a los nuevos discípulos a obedecer todos los mandatos que les ha dado.
   Por último, Jesús deja a los discípulos con una promesa trascendental que sigue siendo tan válida para nosotros en la actualidad como lo fue para los primeros discípulos: ‘Yo estaré con vosotros todos los días’ (versículo 20).
   La presencia invisible del Señor resucitado en medio de nosotros constituye el misterio de la comunidad cristiana. Es Jesús, que vive en sus discípulos, quien atrae a nuevos creyentes y los ayuda a crecer. Su norma fundamental sigue siendo el amor de unos a otros (Juan 15.12).
MEDITATIO:
A Jesús le ha sido dado toda autoridad en el cielo y en la tierra (versículo 18). En última instancia es Dios quien tiene todo bajo su control. ¿Cómo podría influir esto en nuestra manera de pensar y en nuestras oraciones?
Considera alguna de las enseñanzas y mandamientos de Jesús. ¿En qué medida los obedeces? Santiago nos advierte que no nos dejemos engañar: ‘no basta con oír el mensaje; hay que ponerlo en práctica’ (Santiago 1.22).
Jesús nos promete que estará siempre con nosotros. ¿Qué significa esto para ti personalmente?
Considera el amor y la entrega que existen entre las personas de la Trinidad. Jesús quiere que sigamos este ejemplo en nuestras relaciones mutuas.
ORATIO:
El Salmo 33 habla de la creación, las promesas eternas de Dios y su protección. Vale la pena recordar las promesas de Dios porque nos ofrecen fortaleza y esperanza.
   Mientras oras, ten la Biblia abierta y escribe la ‘P’ de ‘promesas’ en el margen, al lado de Mateo 28.20 y del Salmo 33.20. Dale gracias a Dios por las promesas que te hace: la Biblia está llena de ellas. Durante el día trata de recordar esos versículos: a medida que te los aprendas y los lleves a la práctica, se irán convirtiendo en una realidad en tu vida. Encontrarás muchas más promesas, así que ten a mano el lápiz.
CONTEMPLATIO:
   Hay un tema constante en las lecturas de hoy: el amor y la protección eterna. En Deuteronomio 4, inmediatamente antes de revelarles los diez mandamientos, Moisés recuerda a los israelitas el amor y la providencia de Dios a lo largo de toda su historia.
   En Romanos 8.14-17, Pablo pone de relieve que aquellos a quienes Dios conduce con su Espíritu son hijos de Dios.
© Sociedades Bíblicas Unidas

A las fuentes del amor

   Hablar de la Trinidad es como introducirse en el ámbito del hogar, en la más acogedora y familiar de las situaciones. No significa entrar en una oscuridad impenetrable o  acercarse a enigmas insolubles, sino conocer con los ojos de la fe la gloria de Dios Uno y Trino, aun desde la penumbra de nuestra historia personal, comunitaria, humana, y alabarlo a la espera de verle un día cara a cara... como Él es. Este augusto misterio nos ha sido revelado por Cristo Jesús, cuya vida, pasión y muerte constituye la plena actualidad de vida, la revelación plena de Dios que nos ofrece amor perfecto donde menos se podía esperar. El amor «despliega» la Trinidad.
   Este es el mensaje que los Apóstoles deben proclamar a los cuatro vientos: «Id, haced discípulos de todos los Pueblos, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo». De la Trinidad brota la fuerza del apostolado como fuerza del amor que es autocomunicación del bien ara todos.

JORNADA POR LA VIDA CONTEMPLATIVA EN LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD



Pro orantibus:   Día de oración por los hombres y mujeres que en la Iglesia viven entregados a la contemplación, de ordinario en monasterios llamados de clausura: cerrados, apartados del mundo y de la actividad apostólica directa. Por la oración y contemplación podemos entrar en el dinamismo interno de la Trinidad: por el Hijo, con la fuerza y ayuda del Espíritu, llegamos al Padre y se establece una corriente de circulación de amor y en el amor.

… Con su vida de silencio, trabajo y plegaria, tanto de adoración y de glorificación de Dios, como de súplica por las necesidades de sus hermanos y hermanas del mundo, son un recuerdo constante de la importancia y de la actualidad de la contemplación.
    Contemplar es mirar atentamente y con admiración. Las personas de hoy, tan apresuradas y agobiadas por muchos problemas, tenemos una urgente necesidad de recuperar esta actitud, incluso como actitud humana. Los poetas son maestros en la actitud de contemplar la realidad y la misma naturaleza y expresar en bellas palabras sus sentimientos. Los padres viven con naturalidad la contemplación del nacer y crecer de sus hijos, admirados de haber sido colaboradores de Dios en tal cometido. Los creyentes se saben llamados a vivir en la inagotable admiración por la belleza y la santidad de Dios.
     Durante nuestra peregrinación terrena, la actitud contemplativa es la capacidad de comprender, admirar y saborear las cosas de Dios y sus huellas en la creación. Desde la teología, la contemplación es la mirada dirigida a Dios, a su Hijo Jesucristo, a la Palabra de Dios consignada en la Biblia. Es una mirada que procede de la fe, la esperanza y el amor –sin la gracia de Dios esta contemplación cristiana no sería posible- y tiende fervientemente al amor. Un paradigma de la contemplación cristiana es la famosa “contemplación para alcanzar amor”, que san Ignacio de Loyola propone en la cuarta semana de sus Ejercicios espirituales.
     Este año la jornada dedicada a los monjes y monjas de nuestros monasterios tiene un lema muy propio y adecuado a lo que es su vida. Es una cita del salmo 34,6: “Levantad los ojos hacia Dios y seréis radiantes”.    Es un llamamiento a mirar todas las cosas desde la visión y la sabiduría de la fe; una invitación a dar a Dios la primacía que merece; a pedir que podamos tener parte de esa sabiduría. Y el lema secundario alude al presente al decir que “la contemplación es la luz dela Nueva Evangelización”. 
     Según Santo Tomás de Aquino, la vida apostólica es esencialmente una vida contemplativa, a la que se añade la comunicación a los otros de lo que se ha contemplado. Por eso todo cristiano está llamado a ser un contemplativo y el Concilio Vaticano II lo recomienda especialmente a los sacerdotes, porque están llamados a transmitir a los demás aquello que han contemplado (Cf. Presbyterorum Ordinis  , 13).
+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa