TIEMPO LITÚRGICO

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miércoles, 6 de mayo de 2026

COMPROMISOS DEL ADORADOR NOCTURNO 

(continuación)

   VIVIR LA ESPIRITUALIDAD ESPECÍFICA DEL ADORADOR

   Nuestra noche mensual de adoración sólo será válida si es expresión, consecuencia, reflejo y ofrenda de toda una actividad vital de adoración:  devolver a Dios la vida recibida a lo largo de nuestros días, de nuestras alegrías o problemas, en cualquier instante o circunstancia.

   El contacto con la Eucaristía nos pide sacrificio, presencia entregada, siempre a disposición de los demás. Compromiso de hacer presente al Señor haciéndonos presente nosotros mismos. Ser en el mundo presencia de Cristo Salvador.

   Contemplando el misterio eucarístico desde la perspectiva de comunión con Cristo, descubrimos que la caridad, el amor, la comunión exigen de nosotros mucho más que actos pasajeros o actitudes que comprometen sólo la superficie de la personalidad: es uno mismo el que tiene que darse como una donación profunda y habitual.

   Como Obra de Iglesia, nos sentimos responsables con ella de ser para el mundo signo de amor salvador.                  

Estatutos

   VIVIR EL TURNO COMO CÉLULA BASE DE IGLESIA

   "La Eucaristía vivida tan intensamente en el silencio de la noche y en comunión íntima con los hermanos adoradores, las Laudes en las primeras horas de la mañana alabando al Señor... Todos ellos nos pueden dejar convenientemente preparados para proyectar nuestra fe en el centro de nuestras ocupaciones profesionales y en nuestra familia hasta el mes siguiente, en que volvamos a vivir, en el más amplio sentido de la palabra, la vigilia de nuestro Turno."

   "Los fieles deben mantener en sus costumbres y en su vida lo que han recibido en la celebración eucarística por la fe y el Sacramento. Procurarán, pues, que su vida discurra con alegría en la fortaleza de ese alimento, participando en la Muerte y en la Resurrección del Señor. Así..., cada uno sea solicito en hacer buenas obras..., trabajando para impregnar al mundo del espíritu cristiano y también constituyéndose en testigo de Cristo, en toda circunstancia y en el corazón mismo de la convivencia humana."

Eucharisticum Mysterium, núm. 13 - Cfr. Gaudium et Spes.

   EXIGENCIA DE RENOVACIÓN CONTINUA   

  El Adorador, como Sn Pablo, no piensa nunca haberlo conseguido todo ni ser perfecto (Fil. 3,12s); se cree siempre obligado a una continua renovación. He aquí unos puntos:

— Que nuestra oración personal no sea solitaria, sino solidaria, inserta en la comunidad.

— Que nuestra oración comunitaria, alimentada con la Palabra y con el Pan compartido, se realice en el testimonio cristiano de nuestras vidas.

— Que la noche de oración invada todo el día y toda la vida.

— Que nuestra oración no sea solamente "rezar", sino "convertirse"; para que nuestra expresión salga del interior.

— Que la Adoración no sea sólo un acto que forma una piedad concreta, sino que esté dentro de todo el misterio eucarístico.

— Que esa lejanía de Dios que nos hace postrarnos ante Él no nos haga olvidar al Dios cercano, que se ha hecho Hombre, que es nuestro Hermano, que ora al Padre junto con nosotros y nosotros con Él.

— Que el desagravio no se entienda como un sentirnos justos frente a los demás pecadores, sino solidarios y responsables con las miserias de toda la humanidad.

— Que la Adoración Nocturna no sea nuestra Obra para nosotros, sino algo abierto a todos aquellos que quieran adorar al Señor, incorporados o no a ella. 

— Que aspiremos a ser como María: eficaces para la salvación, sin espectacularidad.

   LA EUCARISTÍA, COMPROMISO DEL AMOR CRISTIANO

   "De la adoración a la Eucaristía y, en general, de la fe en el gran Misterio por parte de quienes lo adoramos y lo recibimos, tiene que brotar incontenible, cada vez más abundante y más preciso, el compromiso del amor cristiano.

   El compromiso se llama, por supuesto, caridad... Pero se llama también afán de justicia en todo, y colaboración al perfeccionamiento del orden político… Se llama cumplimiento de las obligaciones familiares, atención esmerada a las reclamaciones de la juventud, de las cuales muchas están justificadas, defensa de la moralidad pública y no simple lamentación… Se llama también colaboración y servicio a las grandes necesidades de la Iglesia. El amor fraterno nos exige hoy más que nunca ser catequistas de nuestra fe, consecuentes con lo que el bautismo, que nos hace hijos de Dios, señala a los colaboradores del Reino. Se necesitan legiones de catequistas que, con el testimonio y la palabra bien preparados, ayuden a conocer y vivir la fe en sus hogares, en sus puestos de trabajo... Tenemos que actuar otra vez como los primeros cristianos, siendo nosotros, con nuestro esfuerzo personal, portadores de la luz del Evangelio en medio de las sombras."

Emmo. Sr. Cardenal MARCELO GONZÁLEZ MARTÍN
Conferencia del Centenario

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