RIQUEZAS DE LA
LITURGIA
Sub tuum praesidium:
la primera antífona mariana.
■ EL TEXTO ■
Sub túum praesídium confúgimus, * sáncta Déi Génitrix: nóstras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus : sed a perículis cúnctis líberanos semper, Virgo gloriósa et benedícta.
Bajo tu amparo nos
acogemos, santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados.
Antes bien, líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita.
En el primitivo cristianismo muy pronto, a
mediados del siglo II, se invocó a
la Virgen como Madre de Dios sin tener que esperar a la
declaración dogmática del Concilio de Éfeso (año
431)
que la proclamó Theotókos —Madre de Dios—
contra las posturas del hereje Nestorio. En Éfeso se defendió la fe
de la Iglesia frente a los puros pareceres humanos. Y
muy pronto, casi como fruto de ese concilio, se
construyó el primer templo de la cristiandad en honor de María, la Basílica de
Santa María la Mayor, sobre el monte Esquilino, una de las siete
colinas romanas. La fe popular fue, pues, delante de la
proclamación dogmática. Había fundamento para ello: en María,
Madre de Dios, los cristianos descubrieron siempre, pues Jesucristo les indicó
que lo descubrieran, a la protectora y a [a Madre: ¡Ahí tienes a tu hijo! (Jn
19).
El Sub tuum praesidium
(Bajo tu amparo) es antífona propia de la oración de la
noche, las completas, pero el pueblo fiel la usa con gusto y
devoción en las grandes festividades marianas, especialmente el 1 de enero,
solemnidad de Santa María Madre de Dios. La antífona fue
descubierta sobre un papiro hallado en Egipto (en
la ciudad de Oxirrinco) y adquirido en 1917 por la «John Rylands Library», de
Manchester (Inglaterra), probablemente del siglo III o IV, según los estudios
publicados en 1938 por C.H. Roberts y E. Lobel. C.H. Roberts, por razones
teológicas, lo asigna al siglo IV; E. Lobel, por análisis paleográfico, lo
ubica en el siglo III. El papiro posee el incalculable valor
de contener la más antigua oración de la Iglesia dirigida a la santísima Virgen de
que tengamos noticia.
La palabra Theotókos
aparece en el papiro. Es el modo más
bello y digno de nombrar a la Virgen, y es la raíz última de todas las grandezas
y glorias de María:
su maternidad divina. El ser y la misión de María fueron dar a luz a Cristo, redentor de la humanidad.
María, por designio del Hijo revelado desde la
cruz, es también Madre de todos los redimidos. El
término «amparo», «protección» traduce el texto original: «misericordia». De
ahí que sea adecuado incluso psicológicamente para disponer al descanso
nocturno. La antífona tuvo pronto un gran alcance en la piedad popular y fue
introducida en la liturgia. En el rito romano, su presencia está ya atestiguada
en el Liber Responsolis, atribuido a san Gregorio Magno, y es copiado en el
siglo IX en la siguiente forma: Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei
Genitrix. En los siglos X y XI, tenemos otras variantes de esta oración, pero
permanece intacta la expresión Sancta Dei Genitrix; por ejemplo: Sub tuis
visceribus confugimus (o confugio, en singular), Dei Genitrix Semper Virgo
Maria. Y en el rito ambrosiano: Sub tuam misericordiam confugimus, Dei
Genitrix. Todas ellas traducen el texto griego con fidelidad. En el rito
bizantino se utiliza la palabra griega eysplagknían, que refiere las entrañas
misericordiosas de la Madre de Dios. Más adelante, en la Salve Regina se
llamará a la Virgen Madre de misericordia.
Pablo
Cervera Barranco - Director
de MAGNIFICAT
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