TIEMPO LITÚRGICO

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miércoles, 4 de marzo de 2026

RIQUEZAS DE LA LITURGIA

Sub tuum praesidium: la primera antífona mariana.

EL TEXTO

   Sub túum praesídium confúgimus, * sáncta Déi Génitrix: nóstras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus : sed a perículis cúnctis líberanos semper, Virgo gloriósa et benedícta.

     Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Antes bien, líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita. 

 

   En el primitivo cristianismo muy pronto, a mediados del siglo II, se invocó a la Virgen como Madre de Dios sin tener que esperar a la declaración dogmática del Concilio de Éfeso (año 431) que la proclamó Theotókos —Madre de Dios— contra las posturas del hereje Nestorio. En Éfeso se defendió la fe de la Iglesia frente a los puros pareceres humanos. Y muy pronto, casi como fruto de ese concilio, se construyó el primer templo de la cristiandad en honor de María, la Basílica de Santa María la Mayor, sobre el monte Esquilino, una de las siete colinas romanas. La fe popular fue, pues, delante de la proclamación dogmática. Había fundamento para ello: en María, Madre de Dios, los cristianos descubrieron siempre, pues Jesucristo les indicó que lo descubrieran, a la protectora y a [a Madre: ¡Ahí tienes a tu hijo! (Jn 19).

   El Sub tuum praesidium (Bajo tu amparo) es antífona propia de la oración de la noche, las completas, pero el pueblo fiel la usa con gusto y devoción en las grandes festividades marianas, especialmente el 1 de enero, solemnidad de Santa María Madre de Dios. La antífona fue descubierta sobre un papiro hallado en Egipto (en la ciudad de Oxirrinco) y adquirido en 1917 por la «John Rylands Library», de Manchester (Inglaterra), probablemente del siglo III o IV, según los estudios publicados en 1938 por C.H. Roberts y E. Lobel. C.H. Roberts, por razones teológicas, lo asigna al siglo IV; E. Lobel, por análisis paleográfico, lo ubica en el siglo III. El papiro posee el incalculable valor de contener la más antigua oración de la Iglesia dirigida a la santísima Virgen de que tengamos noticia.

   La palabra Theotókos aparece en el papiro. Es el modo más bello y digno de nombrar a la Virgen, y es la raíz última de todas las grandezas y glorias de María: su maternidad divina. El ser y la misión de María fueron dar a luz a Cristo, redentor de la humanidad. María, por designio del Hijo revelado desde la cruz, es también Madre de todos los redimidos. El término «amparo», «protección» traduce el texto original: «misericordia». De ahí que sea adecuado incluso psicológicamente para disponer al descanso nocturno. La antífona tuvo pronto un gran alcance en la piedad popular y fue introducida en la liturgia. En el rito romano, su presencia está ya atestiguada en el Liber Responsolis, atribuido a san Gregorio Magno, y es copiado en el siglo IX en la siguiente forma: Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix. En los siglos X y XI, tenemos otras variantes de esta oración, pero permanece intacta la expresión Sancta Dei Genitrix; por ejemplo: Sub tuis visceribus confugimus (o confugio, en singular), Dei Genitrix Semper Virgo Maria. Y en el rito ambrosiano: Sub tuam misericordiam confugimus, Dei Genitrix. Todas ellas traducen el texto griego con fidelidad. En el rito bizantino se utiliza la palabra griega eysplagknían, que refiere las entrañas misericordiosas de la Madre de Dios. Más adelante, en la Salve Regina se llamará a la Virgen Madre de misericordia.

Pablo Cervera Barranco - Director de MAGNIFICAT

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