TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

viernes, 6 de marzo de 2026


MARZO HORNO ENCENDIDO.

Alabado sea el Santísimo Sacramento del Altar

LA ADORACIÓN NOCTURNA MOMENTO PARA CULTIVAR LA INTIMIDAD CON DIOS

Eucaristía, Pan recién salido del horno del Amor.

   Todos hemos vivido la sensación de sentir cómo un horno con su calor va convirtiendo una masa de harina y otros ingredientes en un delicioso bizcocho o en unos bollitos que huelen de maravilla… El horno es esencial para convertir lo que no sería más que una masa informe en una repostería apetitosa… El calor hace cosas maravillosas cuando se aplica bien.

   La analogía culinaria puede servirnos. Muchas veces se ha llamado al Corazón de Jesús “horno encendido de caridad”. Y es que hay mucha relación entre el amor y el calor. También el amor, bien aplicado es capaz de sacar de las personas las cosas más hermosas, de convertir su masa en verdaderas maravillas. Lo que está crudo y frío, se hace cuando se sabe amado, sabroso y entregado.

 Cuando nosotros nos dejamos hornear por Jesús poniéndonos a su vera en la Eucaristía, sin que nos demos cuenta, Jesús va infundiendo sobre nosotros el calor de su caridad, de tal manera que nos prepara para entregarnos a los demás con gusto. Él mismo, de alguna manera está ardiendo en el fuego del Espíritu Santo, por eso dice que “he venido a prender fuego a la tierra” y que “ojalá estuviera ya ardiendo”. El fuego puede arrasar y abrasar todo lo malo, y así hace Jesús, pero también puede hacer aparecer, como en el caso de la cocina, virtudes insospechadas en la masa y en los ingredientes.

   Nuestra masa son nuestros deseos de santidad, nuestras pobres mortificaciones, nuestros sentimientos de amor tan chicos, nuestras buenas intenciones y nuestros propósitos mil veces repetidos. En realidad, con todo esto uno piensa que es difícil hacer un buen alimento, alcanzar la santidad. Pero si lo juntamos todo y lo ponemos en el Corazón Eucarístico de Jesús, al calor del Espíritu Santo... Dios que es el mejor cocinero, puede con su amor, convertir nuestra pobre masa en alguna delicia, como ha hecho con tantos santos. Además, en el bendito Corazón de Jesús, se “hornea” cada día el pan más maravilloso del mundo, la Eucaristía. Pan recién salido del horno del Amor. Pan para alimentar a los pobres del mundo de las almas -a nosotros-. Este pan no es prefabricado e insulso, es un pan que sacia, un pan de ángeles. ¿Sabías que Belén significa literalmente Casa-del-pan?

   Hagamos hoy como D. Luis de Trelles, juntemos nuestros ingredientes, nuestras poquitas cosas, y presentémoselos a María, la divina panadera, para que ella nos amase y nos introduzca en el horno encendido del Corazón de Jesús.

   Unamos incluso nuestro grano al trigo de Jesús ofrecido para dar vida, y horneados con él por el amor, convirtámonos en alimento para el mundo. -“Os ofrezco estos mis humildes votos y tibios deseos, reunidos a los que emanan del divino corazón de Jesús en la santa Eucaristía, y os presento los sentimientos y latidos de ese horno incandescente de caridad por mis pecados y por los del mundo; y para sufragio de las benditas almas del purgatorio: esperando que admitáis esta ofrenda, pobre en cuanto mía, y grande por lo que de ella es vuestro, para otorgarme la gracia de no pecar más y luego la dicha de veros eternamente en la gloria, con el Padre Eterno y el Espíritu Santo, por los siglos sin fin”-. (Trelles, LS 3, 1872)

Preguntas para el diálogo y la meditación.

¿En qué se parece el amor y el calor? ¿Qué relaciones tienen?

¿Cómo se puede aplicar a la Eucaristía?

¿Qué cosas hay en nuestra vida que podemos “hornear” en la Eucaristía?

PROGRAMACIÓN PARROQUIAL


 

RIQUEZAS DE LA LITURGIA

Ave Regina coelorum: antífona mariana cuaresmal

EL TEXTO

    Ave, Regina coelorum. Ave, Domina Angelorum: Salve radix, salve porta, ex gua mundo lux est orto. Gaude, Virgo gloriosa, Super omnes spetiosa: Vale, o valde decora, et pro nobis Christum exora.

     Salve, Reina de los cielos, y Señora de los ángeles; salve, raíz; salve, puerta que dio paso a nuestra luz. Alégrate, Virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, oh hermosa doncella, ruega a Cristo por nosotros.

   La antífona mariana cuaresmal es la menos conocida   por el pueblo de Dios. Se sugiere a menudo que Herman Contractus (+ 1054) fue su autor, ya que escribió varias antífonas marianas en esa época. Esta antífona se canta desde el 2 de febrero, fiesta de la Purificación de la Virgen, hasta el Miércoles Santo. En ella aparece María en todo su esplendor, dignidad y hermosura. Ella recorre el camino con nosotros, incluso en medio del dolor más profundo, al tiempo que comparte el destino glorioso de su Hijo. La antífona invita a orar con María a Jesucristo, redentor y dador de vida.

  Los dos apelativos de María como Reina de los cielos y Señora de los ángeles evocan el primitivo uso de esta antífona en la fiesta de la Asunción (15 de agosto). De ahí su matiz escatológico: María recuerda al pueblo de Dios su condición celeste (2 Cor 5,1ss; Flp 3,20; Heb 13,14) y su supremacía sobre los mismos ángeles («Señora de los ángeles») en virtud de la Sangre de Cristo, pues san Pablo nos enseñó que deberemos juzgarlos (1 Cor 6,1). «Salve, raíz, salve, puerta por la que ha venido al mundo la luz».

   La antífona nos recuerda a la ya comentada con ocasión del Adviento: «Tú, ante la admiración de la naturaleza, engendraste a tu santo Creador». La antífona Ave Reina coelorum, como la de Adviento Alma Redemptoris Mater, fue también empleada en la fiesta de la Asunción, en donde la ubica claramente el término latino vale, cuya traducción, «salve, hermosa doncella», pierde el matiz de despedida del vale: adiós. A la Virgen que asciende le gritamos: «Adiós, toda hermosa, y ruega a Cristo por nosotros»

   María es contemplada desde la perspectiva celestial de la belleza: Reina del cielo, Señora de los ángeles, Virgen gloriosa y la más bella entre todas. La existencia histórica casi no tiene referencia: se llama a María raíz y puerta por la que ha nacido la Luz para el mundo. Su belleza suscita en los creyentes admiración y deseos de alabarla: ¡Ave, Salve, Gaude, Vale! La dimensión suplicante de la antífona la encontramos en el último verso: «Ruega a Cristo por nosotros».

  Pablo Cervera Barranco - Director de MAGNIFICAT

miércoles, 4 de marzo de 2026

RIQUEZAS DE LA LITURGIA

Sub tuum praesidium: la primera antífona mariana.

EL TEXTO

   Sub túum praesídium confúgimus, * sáncta Déi Génitrix: nóstras deprecatiónes ne despícias in necessitátibus : sed a perículis cúnctis líberanos semper, Virgo gloriósa et benedícta.

     Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios. No desoigas la oración de tus hijos necesitados. Antes bien, líbranos de todo peligro, oh siempre Virgen gloriosa y bendita. 

 

   En el primitivo cristianismo muy pronto, a mediados del siglo II, se invocó a la Virgen como Madre de Dios sin tener que esperar a la declaración dogmática del Concilio de Éfeso (año 431) que la proclamó Theotókos —Madre de Dios— contra las posturas del hereje Nestorio. En Éfeso se defendió la fe de la Iglesia frente a los puros pareceres humanos. Y muy pronto, casi como fruto de ese concilio, se construyó el primer templo de la cristiandad en honor de María, la Basílica de Santa María la Mayor, sobre el monte Esquilino, una de las siete colinas romanas. La fe popular fue, pues, delante de la proclamación dogmática. Había fundamento para ello: en María, Madre de Dios, los cristianos descubrieron siempre, pues Jesucristo les indicó que lo descubrieran, a la protectora y a [a Madre: ¡Ahí tienes a tu hijo! (Jn 19).

   El Sub tuum praesidium (Bajo tu amparo) es antífona propia de la oración de la noche, las completas, pero el pueblo fiel la usa con gusto y devoción en las grandes festividades marianas, especialmente el 1 de enero, solemnidad de Santa María Madre de Dios. La antífona fue descubierta sobre un papiro hallado en Egipto (en la ciudad de Oxirrinco) y adquirido en 1917 por la «John Rylands Library», de Manchester (Inglaterra), probablemente del siglo III o IV, según los estudios publicados en 1938 por C.H. Roberts y E. Lobel. C.H. Roberts, por razones teológicas, lo asigna al siglo IV; E. Lobel, por análisis paleográfico, lo ubica en el siglo III. El papiro posee el incalculable valor de contener la más antigua oración de la Iglesia dirigida a la santísima Virgen de que tengamos noticia.

   La palabra Theotókos aparece en el papiro. Es el modo más bello y digno de nombrar a la Virgen, y es la raíz última de todas las grandezas y glorias de María: su maternidad divina. El ser y la misión de María fueron dar a luz a Cristo, redentor de la humanidad. María, por designio del Hijo revelado desde la cruz, es también Madre de todos los redimidos. El término «amparo», «protección» traduce el texto original: «misericordia». De ahí que sea adecuado incluso psicológicamente para disponer al descanso nocturno. La antífona tuvo pronto un gran alcance en la piedad popular y fue introducida en la liturgia. En el rito romano, su presencia está ya atestiguada en el Liber Responsolis, atribuido a san Gregorio Magno, y es copiado en el siglo IX en la siguiente forma: Sub tuum praesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix. En los siglos X y XI, tenemos otras variantes de esta oración, pero permanece intacta la expresión Sancta Dei Genitrix; por ejemplo: Sub tuis visceribus confugimus (o confugio, en singular), Dei Genitrix Semper Virgo Maria. Y en el rito ambrosiano: Sub tuam misericordiam confugimus, Dei Genitrix. Todas ellas traducen el texto griego con fidelidad. En el rito bizantino se utiliza la palabra griega eysplagknían, que refiere las entrañas misericordiosas de la Madre de Dios. Más adelante, en la Salve Regina se llamará a la Virgen Madre de misericordia.

Pablo Cervera Barranco - Director de MAGNIFICAT