TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 10 de septiembre de 2016










SEPTIEMBRE: LA EXALTACIÓN DE LA SANTA CRUZ

      “Y Yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia Mi. Decía esto señalando de qué muerte iba a morir” (Jn 12, 32-33).

 “Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo:

     … en Él está nuestra salvación, vida y resurrección; Él nos ha salvado y liberado” (Gál 6, 14).
      “Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre. Lo mismo que Moisés elevó a la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en Él tenga vida eterna” (Jn 3, 13-14).
     Hasta el final de los tiempos, la Cruz de Cristo en el monte Calvario será una Luz que brille en las tinieblas del pecado y en la oscuridad del mundo; será el misterio en el que el hombre no penetrará nunca en la plenitud de su significado: el Amor de Dios manifestado en la Cruz de Cristo. Amor que alimenta toda nuestra vida de hijos de Dios en Cristo Jesús.
      “Dios nos manifiesta su amor en que, siendo todavía pecadores, Cristo murió por nosotros... Hemos sido reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, cuando nosotros todavía éramos pecadores” (Rom 5, 8-10).
Ya desde pequeños nos han enseñado que:

“Todo fiel cristiano está muy obligado
a tener devoción  de todo corazón
a la Santa Cruz
porque en ella quiso morir para nos redimir”.

     La devoción que queremos vivir a la Cruz, nos manifiesta el amor de Dios y la gravedad de nuestro pecado; y a la vez nos permite vislumbrar el amor de Dios en Cristo Nuestro Señor. Contemplando a Cristo clavado en la Cruz se agranda nuestro corazón y, arrepentidos de nuestros pecados, nuestra alma se llena de vergüenza, de dolor, de pena por haber ofendido al Señor, por haberle amado tan poco y anhela amar de nuevo, y con nuevo corazón, a Quién vivió nuestra muerte por Amor.
     Besando la Cruz los mártires, hombres y mujeres, han entregado su vida a Cristo; adorando la Cruz tantos misioneros han convertido a pueblos enteros en todos los rincones de la tierra, porque han comprendido que Cristo murió en la Cruz para convencernos de que “Tanto amó Dios al mundo que le entregó su Hijo Unigénito”.
     Besando la Cruz tantos padres y madres de familia han encontrado la fortaleza necesaria para vencer, con una sonrisa, los malos momentos que en ninguna familia faltan.
      “Una Cruz. Un cuerpo cosido con clavos al madero. El costado abierto... Con Jesús quedan sólo su Madre, unas mujeres y un adolescente. Los apóstoles ¿dónde están? ¿Y los que fueron curados de sus enfermedades: los cojos, los ciegos, los leprosos?... ¿Y los que le aclamaron?... ¡Nadie responde! Cristo, rodeado de silencio.
     También tú puedes sentir algún día la soledad del Señor en la Cruz. Busca entonces el apoyo del que ha muerto y Resucitado. Procúrate cobijo en las llagas de sus manos, de sus pies, de su costado. Y se renovará tu voluntad de recomenzar, y reemprenderás el camino con mayor decisión y eficacia” (Josemaría Escrivá, Via Crucis).

“Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo…”

     En la Cruz, y con el Amor de Dios, descubrimos su ternura, su misericordia, la cercanía, que Dios quiere vivir con nosotros en su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo.
     Desde la Cruz, el Señor nos entregó a María, su Madre, como Madre nuestra; y nos dio a Ella como hijos, para que nos cuide, nos proteja, y nos enseñe a estar firmes en medio de nuestras tribulaciones, de los obstáculos y de las contradicciones, que tantas veces nos encontramos en nuestro vivir cristiano.
     Cristo desde la Cruz nos abre los ojos del alma para que lleguemos a dar sentido a todos nuestros sufrimientos. Él sufre con nosotros y en nosotros, y nos dice que, unidos a Él, Él está con nosotros redimiendo el mundo. Y nuestros dolores se unen a sus padecimientos, para gloria de Dios Padre y redención del mundo. La Cruz es el gran signo de contradicción, y Cristo seguirá clavado en la Cruz hasta el final de los tiempos.
     Sobre cada Sagrario que custodia a Cristo vivo sacramentalmente en la Eucaristía, hay una cruz, un Crucificado. Él, que murió por nosotros, nos llama desde la Cruz y nos manifiesta todo Su Amor.

¿Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
(Lope de Vega)

     María permaneció firme al pie de la Cruz y sostuvo en la fe a los apóstoles, a los discípulos, en espera del día glorioso de la Resurrección. A Ella le pedimos el día en la que la Iglesia celebra la fiesta de la Virgen de los Dolores: “Haz que su Cruz me enamore y que en ella viva y more de mi fe y amor indicio; porque me inflame y encienda, y contigo me defienda en el día del juicio” (Stabat Mater).
     Recemos por quienes quieren arrancar la Cruz de Cristo de las torres de las Iglesias, de los cruces de caminos,… en el afán de quitar del horizonte de su mirada cualquier señal del Amor de Dios; y pidamos al Espíritu Santo que nos dé un gran amor a la Cruz y al Crucificado: “Porque en ella quiso morir, para nos redimir”.
Cuestionario

¿Tengo en alguna pared de mi casa un Crucifijo al que pueda elevar mi mirada en cualquier momento?

¿Descubro en la Cruz el Amor misericordioso de Dios, y le manifiesto mi amor, mi fe, para calmar su sed?

¿Me arrepiento de mis pecados, y le pido perdón al Señor, al contemplar la Cruz?

domingo, 4 de septiembre de 2016


LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 4 DE SEPTIEMBRE, 23º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

“SI ALGUNO SE VIENE CONMIGO…”

Lc.14. 25-33

    En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo: «Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío.
     Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla? No sea que, sí echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo: "Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar." ¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey, no se sienta primero a deliberar si con diez mil hombres podrá salir al paso del que le ataca con veinte mil? Y si no, cuando el otro está todavía lejos, envía legados para pedir condiciones de paz.
     Lo mismo vosotros: el que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío.»

 Otras Lecturas: Sabiduría 9:13-18; Salmo 89; Filemón 9b-10, 12-17

LECTIO:
     En este texto Jesús nos plantea que todo el que quiera ser discípulo suyo debe hacer una doble renuncia: a la propia vida vivida para uno mismo y a sus bienes.
     Jesús se encuentra camino de Jerusalén, le sigue una multitud y expone con toda claridad, cuáles son las condiciones que ha de reunir quien quiera ser discípulo suyo.

“Si alguno viene junto a mí…”

     Esto es una invitación, no una obligación. Jesús nos invita a ir junto a Él. Y acto seguido pone sus condiciones que los estudiosos afirman que, desde la mentalidad oriental, se puede traducir acertadamente como: poner en segundo lugar o posponer.
     A continuación Jesús relata dos parábolas, la del hombre que quería edificar una torre y la del rey que quería dar una batalla a otro rey. Con estas parábolas quiere ilustrar otra de las características que ha de asumir el que le quiera seguir: debe renunciar a todos sus bienes. De no hacerlo, la misión del seguimiento de Jesús podría fracasar, como esa torre inacabada o esa guerra no vencida.
     Solo por un amor muy grande a Dios uno puede poner en segundo lugar su propia vida, su propia familia y gente querida. Y renunciar a sus propios bienes. Ahora, pregúntate, ¿qué o quién es para ti lo más importante en esta vida?

MEDITATIO:
     El discípulo de Jesús renuncia a todos los bienes porque ha encontrado en Él el Bien más grande, en el que cualquier bien recibe su pleno valor y significado: los vínculos familiares, las demás relaciones, el trabajo, los bienes culturales y económicos, y así sucesivamente. El cristiano se desprende de todo y reencuentra todo en la lógica del Evangelio, la lógica del amor y del servicio. (Papa Francisco)
     “¿O qué rey, si va a dar la batalla a otro rey,…envía legados para pedir condiciones de paz”. Existe una guerra profunda que todos debemos combatir. Es la decisión fuerte y valiente de renunciar al mal y a sus seducciones y elegir el bien, dispuestos a pagar en persona: he aquí el seguimiento de Cristo, he aquí el cargar la propia cruz. Esta guerra profunda contra el mal. (Papa Francisco)
     ¿De qué sirve declarar la guerra, tantas guerras, si tú no eres capaz de declarar esta guerra profunda contra el mal? No sirve para nada. Esta guerra contra el mal comporta  decir no a la violencia en todas sus formas; decir no a la proliferación de las armas y a su comercio ilegal. Estos son los enemigos que hay que combatir, unidos y con coherencia, no siguiendo otros intereses si no son los de la paz y del bien común. (Papa Francisco)
  
ORATIO:
     Perdóname, Señor, pero hoy me supone una gran fatiga comprender unas exigencias tan rigurosas…Es difícil seguirte, porque es difícil comprender tu filosofía: nos dices que, para seguirte, hay que llevar una cruz, para ganar es preciso renunciar, para construir es preciso privarse de bienes… 
Haznos, Señor, servidores de la paz,
que acojamos la paz como fruto de nuestro esfuerzo
y como don tuyo…
Haznos, Señor, servidores de la paz.
     Concédeme tu "sabiduría, para que yo pueda comprenderte y dar cada vez un mejor testimonio de ti y... Confirma a mi pobre corazón, para que no vacile ante la cruz…

CONTEMPLATIO:
«Quien no lleve su cruz detrás de mí…»
     Jesús comienza a hablar a aquella muchedumbre de las exigencias concretas que encierra el acompañarlo de manera lúcida y responsable. No quiere que la gente lo siga de cualquier manera. Ser discípulo de Jesús es una decisión que ha de marcar la vida entera de la persona.
     Aquellos  seguidores tienen su propia familia: padres y madres, mujer e hijos, hermanos... Pero, si no dejan a un lado los intereses familiares para colaborar con Él en promover una familia más allá de la humana, construida desde la justicia y la solidaridad fraterna, no podrán ser sus discípulos.
     Si alguien solo piensa en sí mismo y en sus cosas, si vive solo para disfrutar de su bienestar, si se preocupa únicamente de sus intereses, no puede ser discípulo de Jesús. Le falta libertad interior, coherencia y responsabilidad para tomarlo en serio.

La cruz es la puerta de los misterios; por esta puerta entra el Intelecto en el conocimiento de los misterios celestiales…según las palabras del apóstol: «En la misma medida en que abunden en nosotros los sufrimientos de Cristo, así será a su semejanza nuestra consolación en Cristo». Tú, que has salido vencedor, saborea en ti mismo la pasión de Cristo, para ser hecho digno de saborear también su gloria; si padeces efectivamente con él, con él también serás glorificado. Si el cuerpo no padece a causa de Cristo, el intelecto no será glorificado con Jesús. En efecto, en el mismo instante en que pise la gloria, recibirá la gloria, y será glorioso en su cuerpo y, al mismo tiempo, en su alma (Isaac de Nínive).

SEPTIEMBRE 2016

«Todo es vuestro; y vosotros de Cristo y Cristo de Dios»     (1 Co 3, 22-23).

     Estamos en la comunidad de los cristianos de Corinto, muy dinámica, llena de iniciativa, animada desde dentro por grupos vinculados a diferentes líderes carismáticos. De ahí las tensiones entre personas y grupos, divisiones, culto a la personalidad, deseo de sobresalir. Pablo interviene con decisión recordando a todos que, en la riqueza y en la variedad de dones y líderes que la comunidad posee, hay algo mucho más profundo que los vincula en unidad: la pertenencia a Dios.
     Una vez más resuena el gran anuncio cristiano: Dios está con nosotros, y nosotros no estamos sin rumbo, abandonados a nuestra suerte, no somos huérfanos; somos hijos suyos, somos suyos. Como un verdadero padre, Él se preocupa de cada uno sin dejar que nos falte nada de lo necesario para nuestro bien. Incluso es sobreabundante en el amor y en sus dones: «Todo es vuestro -como afirma Pablo-: el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro». Nos ha dado incluso a su Hijo, Jesús.
     ¡Qué inmensa confianza por parte de Dios en poner todo en nuestras manos! Y sin embargo, cuántas veces hemos abusado de sus dones: nos hemos creído dueños de la creación hasta saquearla y arruinarla; dueños de nuestros hermanos y hermanas hasta esclavizarlos y masacrarlos; dueños de nuestras vidas hasta malgastarlas a base de narcisismo y degradación.
     El don inmenso de Dios -«Todo es vuestro»- requiere gratitud. Con frecuencia nos lamentamos por lo que no tenemos o nos dirigimos a Dios solo para pedir. ¿Por qué no mirar a nuestro alrededor y descubrir el bien y la belleza que nos rodean? ¿Por qué no dar las gracias a Dios por todo lo que nos da cada día?

«Todo es vuestro; y vosotros de Cristo y Cristo de Dios»

   «Todo es vuestro» es también una responsabilidad. Reclama nuestros desvelos, ternura y cuidado por todo lo que se nos encomienda: el mundo entero y cada ser humano; el mismo cuidado que Jesús tiene con nosotros («vosotros sois de Cristo»), el mismo que el Padre tiene por Jesús («Cristo es de Dios»).
     Deberíamos saber gozar con quien está en la alegría y llorar con quien está en el llanto, dispuestos a recoger cualquier lamento, división, dolor o violencia como algo que nos pertenece, y compartirlo hasta transformarlo en amor. Todo se nos da para que lo llevemos a Cristo, o sea, a la plenitud de vida, y a Dios, o sea, a su meta final, devolviendo a cada cosa y a cada persona su dignidad y su significado más profundo.
     Un día, en el verano de 1949, Chiara Lubich percibió una unidad tan grande con Cristo que se sintió unida a Él como una esposa a su Esposo. Entonces se le ocurrió pensar en la dote que debería llevar como regalo, y comprendió que debía ser ¡toda la creación! Por su parte, Él le daría en herencia todo el Paraíso. Recordó entonces las palabras del salmo: «Pídeme, y te daré en herencia las naciones, en propiedad los confines de la tierra» (Sal 2,8). «Creímos y pedimos, y nos dio todo para llevárselo a Él, y Él nos dará el Cielo: nosotros la creación, Él lo Increado».
     Hacia el final de su vida, hablando del Movimiento al que había dado vida y en el cual se veía a sí misma, Chiara Lubich escribió: «Y ¿cuál es mi último deseo ahora y para ahora? Quisiera que la Obra de María [el Movimiento de los Focolares], al final de los tiempos, cuando, compacta, esté a la espera de comparecer ante Jesús abandonado-resucitado, pueda repetirle -suscribiendo las palabras que siempre me conmueven del teólogo belga Jacques Leclercq: “…En tu día, Dios mío, yo iré hacia ti... Iré hacia ti, Dios mío [...] y con mi sueño más loco: llevarte el mundo entre los brazos"».
Fabio Ciardi

viernes, 26 de agosto de 2016

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 28 DE AGOSTO, 22º DEL TIEMPO ORDINARIO

ACTUAD CON HUMILDAD

Lucas 14:1, 7-14     

     Un sábado, entró Jesús en casa de uno de los principales fariseos para comer, y ellos le estaban espiando. Notando que los convidados escogían los primeros puestos, les propuso esta parábola: «Cuando te conviden a una boda, no te sientes en el puesto principal, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tú; y vendrá el que os convidó a ti y al otro y te dirá: "Cédele el puesto a éste." Entonces, avergonzado, irás a ocupar el último puesto. Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: "Amigo, sube más arriba." Entonces quedarás muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido
     Y dijo al que lo había invitado: «Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado. Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; dichoso tú, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos.»

Otras Lecturas: Eclesiástico 3:17-20, 28-29; Salmo 67; Hebreos 12:18-19, 22-24a

LECTIO:
     Hoy acompañamos a Jesús que va a cenar a casa de un gobernante fariseo. Todos los invitados a la cena están pendientes de Jesús por ver de qué manera actúa. Pero no se dan cuenta de que es Jesús quien está observando el orgullo con que ellos se comportan.
     En tiempos de Jesús, los puestos más importantes estaban cerca del anfitrión, y los fariseos deseaban para sí aquellos puestos. Jesús aprovecha la ocasión para enseñar a los invitados a la cena una manera mejor de comportarse. Sus comentarios recuerdan la enseñanza judía recogida en versos tales como los de Proverbios 25:6-7: “No te des importancia delante del rey ni ocupes el lugar de gente importante; vale más que te inviten a subir allí, que ser humillado ante los grandes señores.”
     Evidentemente, lo irónico de la situación es que si el anfitrión se hubiera dado cuenta de quién era Jesús, le habría ofrecido inmediatamente el puesto de honor.
     Jesús pone de relieve la importancia de la hospitalidad y la generosidad hacia quienes no pueden correspondernos: los pobres y los inválidos. Una vez más, también pone en tela de juicio nuestras actitudes: ¿excluimos a otros por nuestro egoísmo o nuestro orgullo?
     La preocupación de Jesús es siempre el espíritu de acogida. Pasaba buena parte de su tiempo con gente a la que nadie consideraría ‘respetable’. El reino de Dios debería estar, y de hecho lo está, abierto a todos, independientemente de su situación social, porque ante Dios todos somos pecadores necesitados de salvación

MEDITATIO:
     Es ésta una lección que sólo podemos aprender de Jesús. Fue él quien dijo -y se dirigía a sus discípulos-: «.Aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras vidas» (Mt 11,29). ¿Quién de nosotros puede decir con toda verdad que ha «aprendido sobre Cristo?» (Ef 4,20)
     El apóstol Pedro se tomó muy en serio las palabras de Jesús, y por eso escribió: ‘Todos debéis someteros unos a otros con humildad, porque Dios se opone a los orgullosos, pero ayuda con su bondad a los humildes. Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os enaltezca a su debido tiempo’. (1 Pedro 5:5-6).
 Jesús recomendaba continuamente a sus oyentes la humildad. ¿Por qué crees que es tan importante mantener una actitud humilde hacia los demás? ¿Por qué es tan peligroso el orgullo?

ORATIO:
¡Tú eres, Señor, el Padre de los humildes!
     Hazme comprender, oh Señor, que tu paternidad se manifiesta en plenitud sólo cuando encuentra hijos sencillos y humildes. Hazme comprender, oh Señor, que mi filiación se manifestará en plenitud sólo cuando te reconozca como el Padre de los últimos.
Preparaste, oh Dios, casa para los pobres

CONTEMPLATIO:

     Pídele a Dios que, desde las lecturas de hoy, te hable sobre la humildad y la hospitalidad.
     Lee el Salmo 67. Fíjate en el contraste entre la majestad de Dios y su preocupación por los pobres, los que están solos, las viudas, los huérfanos y los presos.
     Reza por quienes se encuentran en tales situaciones. Puede que el Espíritu Santo traiga a la memoria personas concretas. Puede que Dios también muestre cómo poder ayudarles de manera práctica.

  ¿Basta con estar convencidos de la misericordia de un Dios que perdona y de nuestra condición personal de pecadores para que se lleve a cabo la reconciliación? No. Falta aún una disposición, un valor que es nuestro o, al menos, es nuestro en cuanto debemos aceptar una invitación interior que viene de Dios [...]. Sin conversión no hay reconciliación. La conversión del corazón, entendida como movimiento del hombre que se dirige hacia Dios, que se convierte, es decir, que se mueve hacia Dios con la conciencia de haberse alejado de Dios.
     La conversión es un dar marcha atrás, un cambio de ruta, un cambiar la orientación de nuestra propia vida. (Anastasio A. Ballestrero)
HALLADO UN PAPIRO DEL SIGLO VI SOBRE LA EUCARISTÍA


     Una pieza de papiro que conserva varias citas bíblicas sobre la Eucaristía fue descubierto por la Dra. Roberta Mazza, investigadora del John Rylands Research Institute de la Universidad de Manchester, en Reino Unido. El documento se refiere al Sacramento bajo el nombre de "Maná del Cielo" y al parecer era conservado en un relicario y portado por su autor como una protección espiritual. El origen del texto es una villa de Egipto y el papiro data del siglo VI.
     El papiro fue hallado por la investigadora mientras examinaba miles de fragmentos de documentos históricos no publicados que se guardaron en las bóvedas de la Biblioteca John Rylands, según informó la Universidad de Manchester.
     A través de un análisis con técnicas de imágenes espectrales, se logró determinar que el texto devoto fue escrito al reverso de un documento comercial certificado por el cobrador de impuestos de la villa de Tertembuthis, en la zona rural de la antigua ciudad de Hermoupolis. Según la Dra. Mazza, el autor de la pieza cortó una parte del documento, escribió al respaldo la oración y entonces "habría doblado el papiro para conservarlo en un relicario o pendiente. Esta es la razón por la cual el recibo de impuestos en el exterior se dañó y desvaneció". Para la experta, este uso pudo ser común entre los creyentes, quienes habrían adaptado a la fe cristiana la costumbre de los pueblos egipcios de portar oraciones paganas como protección de diversos peligros.
     Este documento combina de manera creativa varios pasajes del Nuevo y el Antiguo Testamento en relación con el Sacramento de la Eucaristía, al que llama "Maná del Cielo" según el Salmo 23. También hace referencia al relato de la institución de la Eucaristía en el capítulo 26 del Evangelio Según san Mateo y otros textos de la Sagrada Escritura. El manuscrito también es una muestra de la apropiación y valoración de los textos sagrados por parte del común de la población, ya que el autor parece ser un residente de una villa sin aparente relación con el sacerdocio o el estudio académico.
     "Es doblemente fascinante", comentó la investigadora al referirse al autor del texto, "porque claramente conocía la Biblia, pero cometió muchos errores: algunas palabras están mal escritas y otras están en el orden equivocado. Esto sugiere que escribía desde su corazón en lugar de estar copiándolo". Esto ofrece una perspectiva nueva sobre la extensión del cristianismo en la época. "Es bastante emocionante", expresó la Dra. Mazza. "Gracias a este descubrimiento, ahora pensamos que el conocimiento de la Biblia estaba más arraigado en el Egipto del siglo VI que lo que pensábamos previamente".
     Varios académicos de la Universidad de Manchester celebraron el descubrimiento y destacaron la labor de los investigadores y el aporte que las bibliotecas hacen en la preservación del conocimiento alrededor del mundo.

El texto completo del papiro es:

     "Teman todos quienes dominan la tierra. Conozcan sus naciones y pueblos que Cristo es nuestro Dios. Porque Él habló y ellos llegaron a existir, Él dio la orden y fueron creados; Él puso todo bajo nuestros pies y nos salvó de nuestros enemigos. Nuestro Dios preparó una mesa sagrada en el desierto para el pueblo y dio el maná de la nueva alianza para comer, el Cuerpo inmortal del Señor y la Sangre de Cristo derramada por nosotros para el perdón de los pecados".


Información de Gaudium Press  sobre información de la Universidad de Manchester.

sábado, 20 de agosto de 2016

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 21 DE AGOSTO, 21º DEL TIEMPO ORDINARIO

LA PUERTA ANGOSTA

Lucas 13:22-30     
     En aquel tiempo, Jesús, de camino hacia Jerusalén, recorría ciudades y aldeas enseñando. Uno le preguntó: «Señor, ¿serán pocos los que se salven?». Jesús les dijo: «Esforzaos en entrar por la puerta estrecha. Os digo que muchos intentarán entrar y no podrán.
     Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos"; y él os replicará: "No sé quiénes sois". Entonces comenzaréis a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas". Pero él os replicará: "No sé quiénes sois. Alejaos de mí, malvados". Entonces será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abrahán, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el reino de Dios, y vosotros os veáis echados fuera.
     Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios. Mirad: hay últimos que serán primeros, y primeros que serán últimos».

Otras Lecturas: Isaías 66:18-21; Salmo 116; Hebreos 12:5-7, 11-13

LECTIO:
     Es mucho lo que exige del creyente vivir como cristiano. Jesús nos habla este domingo de a quiénes se les permitirá (o no) la entrada en el Reino de Dios. Aconseja a sus oyentes de entonces y a los de ahora que no se limiten a escuchar su enseñanza.
     Triste es decirlo: si no permites de manera eficaz que Jesús influya en tu vida diaria, no estás viviendo en absoluto como un verdadero cristiano. La vida cristiana implica mucho más que asistir a la iglesia: tiene que ver por completo con tu relación personal con Dios por medio de Jesús.
     Para algunas personas, escuchar la enseñanza de Jesús se convirtió en un ejercicio intelectual. Trataban a Jesús como si no fuera más que un rabino, uno de tantos, planteándole cuestiones retóricas como la que aparece en el versículo 23, y dando por sentado que se salvarían. Jesús les advierte que corren un serio peligro de perder la oportunidad de entrar en el Reino de Dios. Lo compara con una casa con una puerta estrecha. Todos se esfuerzan por entrar, pero el dueño ha cerrado la puerta y sólo deja entrar a algunos.
     El significado de las palabras de Jesús es muy claro. Tiene que haber una entrada personal en el ámbito de la fe en Dios, creyendo en Jesús. Y, además, una aplicación práctica de la fe a cada sector de tu vida.
     Jesús nos recuerda que no puede haber una actitud de espectador en cuestiones de fe. Si le perteneces, su enseñanza causará un impacto en tu vida. Puede que cometas errores, pero estarás luchando por vivir tu vida en obediencia a él. Quien no se arrepienta y apueste por esta opción está poniéndolo todo en peligro, ya que vendrá el día en que ‘el dueño de la casa’ no le reconozca y no le permita entrar.

MEDITATIO:
«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha»
     La puerta estrecha se refiere al momento en el que un individuo se arrepiente y acepta un compromiso de fe en Dios por medio de Jesús. No se trata de algo que los demás puedan hacer por ti, sino que exige una opción personal. ¿Puedes recordar el momento en que tomaste la decisión de seguir a Jesús? Para algunas personas, puede tratarse de un proceso gradual que tarde años. Para otros, hubo un día especial en que tomaron la decisión. Si no estás seguro, ¿por qué no hablas de ello con tu párroco u otro ministro?

ORATIO:
     “Ocupaos de vuestra salvación con profunda reverencia, pues Dios es quien hace nacer en vosotros los buenos deseos y quien os ayuda a llevarlos a cabo, según su buena voluntad’’. (Filipenses 2:12-13) En estos versículos el apóstol Pablo exhorta a los creyentes de Filipos a no dormirse en los laureles y proseguir con su vida de fe.
     Haznos comprender, oh Señor, la grandeza de este amor tuyo, capaz de abrazar no sólo a tus fieles, sino a todos los habitantes de la tierra.
     Haznos intuir, oh Señor, la profundidad de este amor tuyo, que esconde misterios abismales y también nos revela verdades consoladoras.
     Haznos ver, oh Señor, los signos de este amor tuyo, con los que quieres iluminar nuestras mentes, revigorizar nuestra voluntad y orientar nuestros pasos.
     Haznos experimentar, oh Señor, la dulzura de este amor tuyo, un amor capaz de disipar las excesivas amarguras de nuestra vida y de hacernos saborear esa alegría que no acabará nunca.

CONTEMPLATIO:
«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha»
     Considera la manera en que Dios actúa en tu propia vida en estos momentos. Tal vez te muestre medios que puedan sorprenderte.
«mirad: hay últimos que serán primeros…».

El que conoce un poco la Biblia se da cuenta de que en cada página vibra la presencia de un «tú» que continuamente nos sorprende, nos impulsa, estimula la vida cotidiana y la abre a la novedad. Y el que cree, cuando lee las palabras bíblicas, siente de una manera eficaz su verdad para su vida; vive, por así decirlo, su confirmación (C. M. Martini).