TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

viernes, 14 de agosto de 2020

LA VIRGEN MARÍA FUE ASUNTA AL CIELO, EN CUERPO Y ALMA



Assumpta est Maria in Caelum


   …y se extendió por toda la Tierra, como un perfume, la Devoción a Nuestra Señora, que era una quintaesencia de su presencia en la Tierra…

     El dogma de la Asunción de Nuestra Señora fue ardientemente deseado por las almas católicas del mundo entero, porque es una afirmación más a respecto de la Madre de Dios que la coloca completamente fuera de paralelo con cualquier otra mera criatura y justifica el culto de hiperdulía que la Iglesia le tributa.

   Nuestra Señora tuvo una muerte suavísima, tan suave que es calificada por los autores, con una propiedad de lenguaje muy bonita, la “Dormición de la Bienaventurada Virgen María” (Dormitio Beatae Mariae Virgine), indicando que Ella tuvo una muerte tan suave, tan próxima de la resurrección, que a pesar de constituir verdadera muerte, entretanto es más parecida con un simple sueño. Nuestra Señora después de la muerte resucitó como Nuestro Señor Jesucristo, fue llamada a la vida por Dios y subió a los Cielos en presencia de todos los Apóstoles allí reunidos, y de muchos fieles.

   Esa Asunción representa para la Virgen santísima una verdadera glorificación a los ojos de los hombres y de toda la humanidad hasta el fin del mundo, bien como anticipación de la glorificación que Ella debería recibir en el Cielo.

     La Iglesia Triunfante entera va a recibirla con todos los coros de ángeles; Nuestro Señor Jesucristo la acoge; San José asiste a la escena; después Ella es coronada por la Santísima Trinidad. Es la glorificación de Nuestra Señora a los ojos de toda la Iglesia triunfante y a los ojos de toda la Iglesia militante.

    Con certeza en ese día, la Iglesia purgante también recibió una efusión de gracias extraordinarias. Y no es temerario pensar que casi todas las almas que estaban en el Purgatorio fueron entonces liberadas por Nuestra Señora en ese día, de manera que allí hubo igualmente una alegría enorme. Así podemos imaginar como fue la gloria de nuestra Reina.

    Algo de eso se repetirá – creo – cuando fuere instaurado el Reino de María, cuando viéremos el mundo todo transformado y la gloria de Nuestra Señora brillar sobre la Tierra.

(Profesor Plinio Corrêa de Oliveira el 14 de Agosto de 1965)


LA DEFINICIÓN DOGMATICA

   Asunción significa que María fue llevada en cuerpo y alma al cielo por el poder de Dios, a diferencia de la Ascensión del Señor que lo hizo por su propio poder.

   El Papa Pío XII, en la Bula Munificentissimus Deus, del 1 de noviembre de 1950, proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de María con estas palabras: 

      "Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, cumplido el curso de su vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celeste" (Dz. 2333).


EXPLICACIÓN DEL CONTENIDO DEL DOGMA

      De la definición pontificia conviene destacar dos aspectos importantes:

Que la Asunción de María ocurre inmediatamente después del término de su vida mortal y,

Se hace hincapié en la glorificación de su cuerpo más que en la glorificación de su alma, como se explicará a continuación.

- Cumplido el Curso de su vida terrena:

   La Asunción de María, ocurre inmediatamente después del término de su vida inmortal, así pues, para entender correctamente esta frase hay que considerar las siguientes cuestiones:

 a) el significado de la fórmula:

   La fórmula significa que la Asunción de María no hay que aplazarla hasta el final de los tiempos, como sucederá con todos los hombres, sino como hecho que ya ocurrió; y, además que el cuerpo santísimo de la Virgen no sufrió descomposición alguna, como ocurre con los cadáveres.

 b) la intención del Papa al usar dicha fórmula y no otra:

   El Papa quiso prescindir de la cuestión de la muerte de María en la fórmula definitoria, y por ello la expresión utilizada es igualmente válida, tanto si se entiende que la Virgen murió al final de su vida terrena, cuanto si se piensa en la glorificación del cuerpo mediante la donación de la inmortalidad gloriosa sin pasar por la muerte.

c) las posibles conclusiones:

   En la Bula aparece repetidas veces el tema de la muerte de María, pero ello (estudiado bien el texto), no favorece ni niega la postura contraria. Hay que decir, en resumen, que aún no se ha llegado a una solución definitiva sobre este punto.

- La glorificación celeste del cuerpo de Santa María:

    Este es el elemento esencial del dogma de la Asunción. Enseña que la Virgen, al término de su vida en este mundo, fue llevada al cielo en cuerpo y alma, con todas las cualidades y dotes propias del alma de los bienaventurados e igualmente con todas las cualidades de los cuerpos gloriosos. Se trata, pues, de la glorificación de María, en su alma y en su cuerpo, tanto si la incorruptibilidad y la inmortalidad le hubieren sobrevenido sin una muerte previa como si le hubiesen sobrevenido después de la muerte mediante la resurrección.
   Una vez visto el contenido del dogma, con más fuerza y claridad se aprecia el hincapié que se hace sobre la glorificación corporal de María (más que la de su alma), si tenemos en cuenta lo siguiente:

a) María estuvo exenta de todo pecado: del original y del actual.

b) Tuvo plenitud de gracia y santidad correspondientes a su condición y dignidad de ser la Madre de Dios.

c) El premio o castigo del alma (para todos los hombres) es inmediato a la muerte.

   Por consiguiente, resulta sencillo entender que el premio del alma de María (por su excelsa santidad) estaba ya decidido, esto es, su glorificación; por ello, resultaría superflua la definición si no tratara sobre todo de la glorificación inmediata del cuerpo, que es en lo que consiste el privilegio de la Asunción.


domingo, 9 de agosto de 2020

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 9 DE AGOSTO DEL 2020, 19º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo de Toledo. Primado de España)

 «¡ SOY YO, NO TENGÁIS MIEDO!»

 

Mt. 14. 22-33


     Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo.

     Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. A la cuarta vela de la noche se les acercó Jesús andando sobre el mar. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, diciendo que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!».

     Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre el agua». Él le dijo: «Ven». Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame». Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?». En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios».

 Otras Lecturas: 1Reyes 19,9a.11-13a; Salmo 84; Romanos 14,22-33

 LECTIO:

     La liturgia nos regala hoy un relato que tiene un simbolismo muy grande pero una vigencia aún más grande en cuanto al mensaje que nos quiere transmitir. Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre les sale al encuentro a sus discípulos, caminando sobre las aguas, es decir, pisando el mal.  Pero lo primero que sienten los discípulos es la presencia de un fantasma y se quedan cegados por la bravura del mar y la tempestad. Hacen oídos sordos a lo que les dice Jesús: “Soy Yo, no tengáis miedo”.  A los de la barca les cuesta fiarse de la Palabra de Jesús. Siguen enroscados en sus propias cosas, en sus miedos, en sus preocupaciones, con el ansia de pensar cada uno en sí mismo y perder la noción colectiva de comunidad.

     Pedro sin ver demasiado claro va a Jesús, pero se hunde.  No teme porque se hunde sino todo lo contrario: se hunde porque teme. Porque no se fía de la Palabra de Jesús. Porque no termina de confiar. Porque todavía no ha puesto del todo su confianza en la persona de Aquel que ha venido para que tengamos Vida y Vida en abundancia… 

     El evangelio de hoy es una invitación a renovar la fe y permanecer fieles a Jesús frente a las tentaciones de la vida y las arremetidas de nuestro mundo actual. (S. García sacerdote del Sagrado Corazón de Jesús).

 

MEDITATIO:

     El Evangelio nos presenta el episodio de Jesús que camina sobre las aguas del lago. Este relato es una hermosa imagen de la fe del apóstol Pedro. En la voz de Jesús que le dice: «Ven», él reconoció el eco del primer encuentro en la orilla de ese mismo lago, e inmediatamente, una vez más, dejó la barca y se dirigió hacia el Maestro. (Papa Francisco)

     Y caminó sobre las aguas. La respuesta confiada y disponible ante la llamada del Señor permite realizar siempre cosas extraordinarias. Jesús mismo nos dijo que somos capaces de hacer milagros con nuestra fe, la fe en Él, la fe en su palabra, la fe en su voz. (Papa Francisco)

     En el personaje de Pedro, con sus impulsos y sus debilidades, se describe nuestra fe: siempre frágil y pobre, inquieta y con todo victoriosa, la fe del cristiano camina hacia el encuentro del Señor  resucitado, en medio de las tempestades y peligros del mundo. (Papa Francisco)

     La fe nos da la seguridad de la presencia de Jesús siempre a nuestro lado, con su mano que nos sostiene para apartarnos del peligro. Todos nosotros estamos en esta barca, y aquí nos sentimos seguros a pesar de nuestros límites y nuestras debilidades. Estamos seguros sobre todo cuando sabemos ponernos de rodillas y adorar a Jesús, el único Señor de nuestra vida.  (Papa Francisco)

 ORATIO:

Te reconozco Señor Jesús 

como el Hijo de Dios que todo lo puede.

Gracias Señor por subir a la barca de mi vida

y llevarme a aguas tranquilas.

 CONTEMPLATIO:

     El pasaje evangélico que se nos acaba de leer trata del Señor Jesucristo caminando sobre las aguas del mar, y del apóstol Pedro al que el miedo le hizo vacilar cuando caminaba sobre ellas y a quien la falta de fe le hundió y la confesión sacó de nuevo a flote. Dicho pasaje nos exhorta a ver en el mar el mundo presente y en el apóstol Pedro, una figura de la única Iglesia. Efectivamente, Pedro mismo, el primero en la serie de los apóstoles, inflamadísimo en el amor de Cristo, responde con frecuencia en solitario en nombre de todos

     Pedro, pues, caminó sobre las aguas por mandato del Señor, sabiendo que por sí mismo no lo podía conseguir. Por la fe pudo lo que la debilidad humana no habría sido capaz de hacer. Estos son los fuertes en la Iglesia. Prestad atención, escuchad, entended, actuad. Porque en ningún momento hay que actuar con los fuertes para que se vuelvan débiles, sino con los débiles para que se vuelvan fuertes. Pero a muchos les impide ser fuertes el presumir serlo. Nadie recibirá de Dios la fortaleza, sino quien se siente débil en sí mismo… (San Agustín de Hipona)

 

   Mas ¿por qué no mandó el Señor a los vientos que se calmaran, sino que, tendiendo Él su mano, cogió a Pedro? Porque hacía falta la fe del propio Pedro. Cuando falta nuestra cooperación cesa también la ayuda de Dios [] Así, de no haber flaqueado en la fe, fácilmente hubiera resistido también el empuje del viento. La prueba es que aun después de que el Señor lo hubo tomado de la mano, dejo que siguiera soplando el viento; lo que era dar a entender que, estando la fe bien firme, el viento no puede hacer daño alguno. (Juan Crisóstomo).


jueves, 6 de agosto de 2020


     «Tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su  hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto. Se transfiguró delante de  ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como  la luz» (Mt 17, 1-2).

      Según los sentidos, la luz del sol es la más intensa que se  conoce en la naturaleza, pero, según el espíritu, los discípulos vieron, por un breve  tiempo, un esplendor aún más intenso, el de la gloria divina de Jesús, que ilumina  toda la historia de la salvación. San Máximo el Confesor afirma que «los vestidos  que se habían vuelto blancos llevaban el símbolo de las palabras de la Sagrada Escritura, que se volvían claras, transparentes y luminosas» (Ambiguum 10: pg 91, 1128 b)

   Dice el Evangelio que, junto a Jesús transfigurado, «aparecieron Moisés y Elías  conversando con él» (Mt 17, 3); Moisés y Elías, figura de la Ley y de los Profetas.  Fue entonces cuando Pedro, extasiado, exclamó: «Señor, ¡qué bueno es que  estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra  para Elías» (Mt 17, 4). Pero san Agustín comenta diciendo que nosotros tenemos  sólo una morada: Cristo; él «es la Palabra de Dios, Palabra de Dios en la Ley,  Palabra de Dios en los Profetas» (Sermo De Verbis Ev. 78, 3: pl 38, 491). De   hecho, el Padre mismo proclama: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me  complazco. Escuchadlo» (Mt 17, 5).

     La Transfiguración no es un cambio de Jesús,  sino que es la revelación de su divinidad, «la íntima compenetración de su ser con  Dios, que se convierte en luz pura. En su ser uno con el Padre, Jesús mismo es Luz  de Luz» (Jesús de Nazaret, Madrid 2007, p. 361). Pedro, Santiago y Juan,  contemplando la divinidad del Señor, se preparan para afrontar el escándalo de la  cruz, como se canta en un antiguo himno: «En el monte te transfiguraste y tus  discípulos, en la medida de su capacidad, contemplaron tu gloria, para que,  viéndote crucificado, comprendieran que tu pasión era voluntaria y anunciaran al  mundo que tú eres verdaderamente el esplendor del Padre» (Kontákion eis ten metamórphosin, en: Menaia, t. 6, Roma 1901, 341).

     Queridos amigos, participemos también nosotros de esta visión y de este don sobrenatural, dando espacio a la oración y a la escucha de la Palabra de Dios.

Benedicto XVI, pp emérito


miércoles, 5 de agosto de 2020

ESCRITOS DEL VENERABLE ALBERTO CAPELLÁN


     La paz en el abandono es el don por excelencia de Dios al hombre. Y abandono es el don por excelencia del hombre a Dios. Y estas son tus palabras al comienzo de un nuevo año. Paz en el abandono de Dios. Paz que no debiera alterarse nunca. Ni por el cuidado de los negocios y el ansia excesiva de trabajo. Ni por las excesivas vicisitudes y contrariedades. Ni ante las contrariedades o contradicciones de los hombres. Ni por la muerte o ausencia de seres queridos. Ni ante la preocupación de un porvenir incierto. Ni siquiera ante los pecados.

   Ninguno que haya vivido y muerto bien, según la ley de Dios, puede llamarse pobre. Será el querido, el llorado, el ejemplar, el dichoso; el pobre, nunca. La frase, pobre don fulano, debe ser desterrada del lenguaje creyente. Sólo es pobre quien ha malogrado su primera vida y no ha hecho ahorros de méritos para la segunda. En el mundo procuran los hombres hacer un capitalito para pasar bien la vejez que dura muy poco. En cambio, sólo por excepción, hay quien procura llenar la hucha para pasar bien la Eternidad. El poderoso don mengano, que muere y se condena, es el más pobre de los mortales. A veces, caridad es hablar; a veces, es callar. Cuando se ama de veras, se atina con lo mejor en cada caso. Amar es un arte. Este es nuestro destino en la tierra y en el cielo: amar.

 

(Textos inéditos, que se publican por vez primera) 

   Alberto Capellán Zuazo Nace en Santo Domingo de la Calzada, La Rioja,el 7 de agosto de 1888. Contrae matrimonio con Isabel Arenas Mahave el 30 de junio de 1909. Labrador y padre de ocho hijos. Muere santamente en su ciudad natal el 24 de febrero de 1965. Vive una vida cristiana corriente hasta que se convierte de lleno a Dios, en 1919. A los pocos meses ingresa en la Adoración Nocturna. Su temple de Adorador queda avalado por los 15 años de Presidente, 660 noches ante el Santísimo, y su promoción a Veterano y Veterano Constante. A su extraordinario amor a la Eucaristía y a la Virgen, une inseparablemente su predilección por los pobres. Les construye un refugio en 1928, que él llamará “recogimiento”, donde personalmente les atiende hasta su muerte: “¡Cuántas veces he tenido la gran dicha de llevar a Cristo sobre mis espaldas en la persona del pobre!”. Todo en su vida lo valora a la luz de la fe. Un seglar de nuestro tiempo que cuidó la oración y el amor a sus hermanos los pobres.

 San Juan Pablo II firmó el 6 de abril de 2000 el Decreto de Virtudes Heroicas, por ello ya es Venerable.

sábado, 1 de agosto de 2020

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 2 DE AGOSTO DEL 2020, 18º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de +Francisco Cerro Chaves-Arzobispo de Toledo. Primado de España)

«… DADLES VOSOTROS

DE COMER »

 Mt. 14:13-21

     En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se fue de allí en una barca, a un lugar apartado. Pero la gente, al saberlo, salió de los pueblos para seguirle por tierra. Al bajar Jesús de la barca, viendo a la multitud, sintió compasión de ellos y sanó a los que estaban enfermos. Como se hacía de noche, los discípulos se acercaron a él y le dijeron:

     –Ya es tarde y este es un lugar solitario. Despide a la gente, para que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les contestó: –No es necesario que vayan. Dadles vosotros de comer. Respondieron: –No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.

     Jesús les dijo: –Traédmelos. Mandó entonces a la multitud que se recostara sobre la hierba. Luego tomó en sus manos los cinco panes y los dos peces y, mirando al cielo, dio gracias a Dios, partió los panes, se los dio a los discípulos y ellos los repartieron entre la gente. Todos comieron hasta quedar satisfechos, y todavía llenaron doce canastas con los trozos sobrantes. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.

 Otras Lecturas: Isaías 55,1-3; Salmo 144; Romanos 8,35.37-39

 LECTIO:

     El Evangelio de este domingo nos presenta una escena conocida como la multiplicación de los panes y los peces. Una muchedumbre que se arremolinaba en torno a Jesús para escuchar atenta su enseñanza… El apuro ante semejante responsabilidad de dar de comer a tal muchedumbre debió abrumar a los discípulos, porque Jesús no comenzó con el milagro multiplicador, sino que comenzó con la provocación a aquellos seguidores suyos: dadles vosotros de comer.

   Podemos suponer cómo se quedarían sus rostros ante el espectáculo de más de cinco mil personas. Quizás lo más importante para ser de veras un instrumento de Dios es tener conciencia de la desproporción entre la misión que se nos asigna y nuestra propia capacidad. Cuando hablamos de la paz, del amor, de la esperanza… cuántas veces nos sentimos desbordados, como si fuera imposible semejante empresa de pacificar, enamorar y esperanzar a nuestros hermanos…

     Aquel milagro se hizo a partir de ese poco que un muchacho les prestó. Jesús actuará para dar el mucho desde ese poco que los discípulos y el chaval pudieron aportar… Un pequeño gesto de paz, de fe, de ternura, de misericordia, de amor, de fidelidad… puede ser el diseño pequeño de un mundo pacífico, tierno, creyente, amoroso y fiel. Jesús nos pide nuestro poco, y Él hará el mucho que nuestros contemporáneos puedan necesitar… (+ Fr. Jesús Sanz Montes, ofm. Arzobispo de Oviedo).

 

MEDITATIO:

     En este hecho podemos percibir tres mensajesEl primero es la compasión. Ante la multitud que lo seguía Jesús no reacciona con irritación, sino que reacciona con un sentimiento de compasión, porque sabe que no lo buscan por curiosidad, sino por necesidad. Pero compasión, lo que siente Jesús, no es sencillamente sentir piedad; ¡es algo más! Significa com-patir, es decir, identificarse con el sufrimiento de los demás, hasta el punto de cargarla sobre sí. Así es Jesús: sufre junto con nosotros, sufre con nosotros, sufre por nosotros. (Papa Francisco)

     El segundo mensaje es el compartir. Es útil confrontar la reacción de los discípulos, ante la gente cansada y hambrienta, con la de Jesús. Los discípulos piensan que es mejor despedirla, para que puedan ir a buscar el alimento. Jesús, en cambio, dice: dadles vosotros de comer. Dos reacciones distintas, que reflejan dos lógicas opuestas: los discípulos razonan según el mundo, para el cual cada uno debe pensar en sí mismo; razonan como si dijesen: «Arreglaos vosotros mismos». Jesús razona según la lógica de Dios… (Papa Francisco)

    el tercer mensaje: el prodigio de los panes preanuncia la Eucaristía. Se lo ve en el gesto de Jesús que «lo bendijo» antes de partir los panes y distribuirlos a la gente. Es el mismo gesto que Jesús realizará en la última Cena, cuando instituirá el memorial perpetuo de su Sacrificio redentor. En la Eucaristía Jesús no da un pan, sino el pan de vida eterna, se dona a Sí mismo, entregándose al Padre por amor a nosotros. Y nosotros tenemos que ir a la Eucaristía con estos sentimientos de Jesús, es decir, la compasión y la voluntad de compartir. Quien va a la Eucaristía sin tener compasión hacia los necesitados y sin compartir, no está bien con Jesús. (Papa Francisco)

 ORATIO:

     Jesús misericordioso, imploramos tu compasión, nos abrazamos a tu costado abierto. Corazón misericordioso e inflamado de amor; apriétanos con los lazos de la piedad, el amor y la unión.

Aquí tienes Señor, lo que tengo y lo que soy.

Multiplica mis esperanzas Señor, 

Multiplica mi fe y mi fortaleza…

 CONTEMPLATIO:

   Hoy, como hace dos mil años, Cristo ve venir hacia él muchedumbres numerosas que tienen hambre, por las que siente compasión, a las que llama, a las que pide el corazón. Hoy como entonces … Jesús pide, antes que nada, un acto de confianza, un gesto de abandono en sus manos; les dice: «Sentaos»: les ha pedido, naturalmente, lo que más les costaba. Mientras estaban de pie, no dependían más que de ellos mismos, … podían marcharse.

    Al sentarse, renunciaban a bastarse a sí mismos, a arreglárselas por ellos mismos; dependían de él, estaban entregados. Me parece que muchos dudaron ante aquella invitación. ¿Qué habríamos hecho nosotros en su lugar? ¿Creemos en él? ¿Creemos que Cristo es capaz de saciar nuestra hambre? Nos diría antes de cualquier milagro: «¿Crees en mí? ¿Crees que puedo cambiar tu vida, llenarla, renovarla? ¿Crees que soy bastante poderoso y que te amo bastante para que puedas vivir, gracias a mí, una vida diferente de la que has vivido hasta ahora, de la que has vivido sin mí?». (Louis Evely)

 

DEL BLOG DEL OBISPO

“Empeñémonos en darnos a los demás este verano y encontraremos nuestro descanso”



“Nos hiciste Señor para Ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti” (San Agustín)
   

     Nuestro auténtico descanso es el Señor, estar con Él y evangelizar. La fe, que ha de impregnarlo todo, también se manifiesta en el descanso. Si la fe no me hace vivir un ocio especial sino que en todo me guío por los criterios comunes, algo falta.

     Para los cristianos el verano es un tiempo fabuloso, una ruptura momentánea con la rutina que nos permite tomar la distancia adecuada para poder leer y descifrar con los ojos de Cristo esos escenarios cotidianos en los que se representa nuestra vida. Para poder disfrutar por tanto con el descanso de verdad es imprescindible reservar un tiempo especial a la oración con una buena lectura, a la adoración, a estar con Dios y su Palabra.

    El verano para un cristiano también es tiempo de evangelización. Empeñémonos en darnos a los demás este verano y encontraremos nuestro descanso. Evangelicemos y el Señor sacudirá de nosotros la fatiga de nuestra vida transformándola en ilusión y servicio. Hagamos la prueba. Dios no defrauda. Que nuestros encuentros, relaciones, vivencias, se vean impregnadas por el perfume de Cristo. Habitaremos y transformaremos nuestro ambiente de ocio en vez de que él nos transforme a nosotros vaciándonos y dejándonos más cansados de como empezamos. Con Cristo no hay stress post vacacional porque nuestro descanso se convierte en el tiempo para redescubrir el sentido precioso y lleno de valor de nuestra vida. Disfrutad del verano, que es un regalo de Dios. Que la Virgen sea la Estrella de nuestro apostolado.


                                                                                                    Rafael Zornoza