TIEMPO LITÚRGICO

TIEMPO LITÚRGICO

sábado, 22 de octubre de 2016

DIEZ CONSEJOS PRÁCTICOS PARA REZAR EL ROSARIO CADA DÍA

1. Tener el Rosario en el bolsillo
     Todo católico debe tener siempre un Rosario en su bolsillo. Existe el denario con sólo diez cuentas y que puede transportarse fácilmente.
     Siempre que busques un pañuelo o una llave antes de salir, recuerda también llevar el Rosario de Jesús y María.

2. Aprovechar el tiempo libre también para rezar
     En la vida cotidiana siempre hay un "tiempo libre" que podremos aprovechar para rezar el Rosario: cuando esperamos la consulta médica, un bus, una llamada importante...
     Y si por alguna razón una persona no desea mostrarse en una “sala de espera” como católico practicante, también puede utilizar sus manos: tenemos diez dedos, para contar con ellos los Avemarías.

3. Rezar mientras se realizan quehaceres y deporte
     Muchas actividades no requieren pensar mucho, porque las hacemos mecánicamente. Cuando se pica la cebolla, se tiende la ropa o se lava el auto también se puede rezar el Rosario. Así como cuando las personas que se aman piensan en el otro sin importar la actividad que realicen, el Rosario ayuda a permanecer en sintonía con el corazón de Jesús y María.
     Esto también funciona para muchos deportes: correr, andar en bicicleta o nadar son actividades en las que se puede rezar el Rosario al ritmo de la propia respiración (ya sea de forma interna o en voz alta si estás solo en un campo abierto).

4. Las imágenes y la música también pueden ayudar
     El Rosario es una oración contemplativa. Más importante que las palabras que usemos, es la predisposición de nuestro corazón para contemplar cada uno de los misterios.
     Para este propósito se puede buscar en Internet 5 imágenes que nos ayuden a contemplar cada pasaje de la vida Cristo y María. Por otro lado, la música también puede ser útil si se ejecuta en un segundo plano para encontrar paz.

5. Canalizar nuestras distracciones para rezar
     Es difícil una oración en la que no surjan distracciones. Una y otra vez los pensamientos vienen a nuestra mente: la lista de compras, el cumpleaños de un amigo, una enfermedad o una preocupación. Si luchamos contra ella en la oración, a menudo es peor.
     Es mejor reunir estas "distracciones" y rezar un Avemaría por las personas, por los amigos y familiares, por uno mismo y los problemas. De este modo la oración se hace sincera y personal.

6. Rezar por el otro mientras nos desplazamos
     En el camino al trabajo o a la escuela, ya sea en auto o en bus, en tren o caminando, es posible rezar el Rosario sin bajar la cabeza y cerrar los ojos.
     Rezar mientras nos desplazamos significa dedicar los Avemarías a las personas con las que hemos establecido contacto o visto durante el día; también por las empresas e instituciones que están en mi camino.
     Por ejemplo, si veo a un doctor en mi camino puedo rezar por las personas que atenderán sus enfermedades con él.

7. Orar de rodillas o peregrinando
     El Rosario puede rezarse siempre y en todo lugar. A veces, cuando se reza de rodillas o se peregrina se puede llegar a sentir un "desafío físico". Sin embargo esto no se trata de “torturarse” o aguantar el mayor tiempo posible, sino de tener en cuenta que tenemos un cuerpo y alma para adorar a Dios. Por lo tanto, el rosario es también una oración de peregrinación.

8. Conectar cada misterio con una intención
     No siempre se tiene que rezar el Rosario de corrido. A menudo puede ser útil conectar cada misterio con una preocupación particular: mi madre, un amigo, el Papa, los cristianos perseguidos. Cuanto más específico sea, mejor. La alabanza y dar gracias a Dios no deben tampoco estar ausentes.

9. Rezarlo en momentos de sequía espiritual
     Nosotros los cristianos no somos “yoguis” que debemos cumplir con prácticas ascéticas para “vaciar” nuestra mente. Si bien nuestra relación con Dios está por encima de cualquier actividad, hay también momentos de sequía y aflicción en los que no se puede orar.
     En estos momentos difíciles, tenemos que recogernos con el Rosario y simplemente recitar las oraciones. Esto no es una charla pagana, sino que aquella pequeña chispa de buena voluntad que ofrecemos a Dios, puede fomentar que el Espíritu Santo avive la llama de nuestro espíritu.
     En tiempos difíciles, incluso puede ser suficiente sostener el Rosario sin pronunciar una palabra. Este estado desdichado ante Dios y su madre se convierte en una buena oración y ciertamente no permanece sin respuesta.

10. Caer dormido rezando el Rosario
     El Rosario no debe estar solo es nuestro bolsillos, sino en cada mesita de noche. Cuando se intenta conciliar el sueño también se pueden rezar los Avemarías y es mejor que contar ovejas.
     En ocasiones solo las personas mayores y enfermas se “aferran” al Rosario por la noche debido a las promesas de seguridad, fortaleza y consuelo. Sin embargo, también en los buenos tiempos se debe recurrir a esta oración y pedir especialmente por aquellos que sufren.


     Del libro “El Rosario: Teología de rodillas”, del  sacerdote, escritor y funcionario de la Secretaría de Estado del Vaticano, Florian Kolfhaus, publicados originalmente en alemán y traducidos y adaptados por Diego López Marina para Aciprensa. 










OCTUBRE: MES DEL SANTO ROSARIO
     “El mes de octubre está dedicado al Santo Rosario, singular oración contemplativa con la que, guiados por la Madre celestial del Señor, fijamos nuestra mirada en el rostro del Redentor, para ser configurados con su misterio de alegría, de luz, de dolor y de gloria” (Benedicto XVII, 5-X-2007)

“El demonio a la oreja te está diciendo: deja el Rosario y sigue durmiendo…*

     “El Rosario de la Virgen María, difundido gradualmente en el segundo Milenio bajo el soplo del Espíritu de Dios, es una oración apreciada por numerosos Santos y fomentada por el Magisterio. En su sencillez y profundidad, sigue siendo también en este tercer Milenio apenas iniciado una oración de gran significado, destinada a producir frutos de santidad.” “El Rosario, en efecto, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la Cristología. (…) En él resuena la oración de María, su perenne Magníficat por la obra de la Encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor. Mediante el Rosario, el creyente obtiene abundantes gracias, como recibiéndolas de las mismas manos de la Madre del Redentor” (Juan Pablo II. Rosarium Virginis Mariae, n. 1). Estas líneas del comienzo de la Carta Apostólica -Rosario de la Virgen María-, nos pueden servir de guía para nuestra meditación ante el Santísimo Sacramento en este mes de octubre.
     En compañía de la Virgen, y dirigiéndole las mismas palabras con las que le acogió su prima  Santa Isabel, vamos contemplando la vida de su Hijo Jesucristo. Y la contemplamos, pidiéndole a Santa María que nos enseñe a ver a Jesús con la mirada con la que Ella le contempló desde el nacimiento en Belén hasta su muerte en el Gólgota; con los ojos con los que Ella goza ahora ya de la visión eterna del rostro de Dios.
     “El rezo del Santo Rosario, con la consideración de los misterios, la repetición del Padrenuestro y del Avemaría, las alabanzas a la Beatísima Trinidad y la constante invocación a la Madre de Dios, es un continuo acto de fe, de esperanza y amor, de adoración y reparación” (Josemaría Escrivá, Santo Rosario).
   De fe, porque al contemplar los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos, reafirmamos nuestra fe en la humanidad santísima de Cristo que queda muy bien resumida, y muy bien expresada, en los veinte misterios que hoy componen el Santo Rosario: su infancia, el comienzo de su vida pública, su pasión y muerte; su resurrección y gloria en compañía del Espíritu Santo y la exaltación de la Virgen María.
    De esperanza, porque de la mano de la Virgen estamos siempre unidos al amor de Dios, en todas las situaciones de nuestra vida cristiana: “Rosario bendito de María, dulce cadena que nos vuelve a unir con Dios, vínculo de amor que nos unes a los ángeles. Torre de salvación en los asaltos del infierno. Nosotros no te dejaremos jamás. Para ti será el último beso de la vida que se apaga. Y el último acento de nuestros labios será tu nombre suave, oh Reina del Rosario, Madre nuestra querida, Refugio de pecadores. Seas bendita en todas partes, hoy y siempre” (Juan Pablo II, 8-V-1983).
     De caridad, porque con Ella aprendemos a amar como Cristo nos amó, y podremos vivir el “mandamiento nuevo”. Comentando la visitación de María a su prima santa Isabel, señala Benedicto XVI: “¿Qué impulsó a María, una joven, a afrontar aquel viaje? Sobre todo, ¿qué la llevó a olvidarse de sí misma, para pasar los tres primeros meses de su embarazo al servicio de su prima, necesitada de ayuda? La respuesta está escrita en un salmo: “Corro por el camino de tus mandamientos (Señor), pues tú mi corazón dilatas” (Sal 118, 32). El Espíritu Santo, que hizo presente al Hijo de Dios en la carne de María, ensanchó su corazón hasta la dimensión del de Dios y la impulsó por la senda de la caridad” (Benedicto XVI, 31-V-2007).

“El Rosario a María todos debemos rezarlo cada día para ir al Cielo…*

     Y en este Año Jubilar de la Misericordia, el rezo del Santo Rosario será una luz que ilumine nuestros corazones para pedir perdón al Señor de nuestros pecados, que nos mueva a acudir al sacramento de la Reconciliación y a alimentarnos de la Eucaristía, en gracia de Dios, y recibirlo “con la pureza, humildad y devoción con que los recibió su Santísima Madre”. Hagamos nuestra, en este año, la sugerencia del Papa Francisco para un mes de mayo:
     “Desearía recordar la importancia y la belleza de la oración del santo Rosario. Recitando el Avemaría, se nos conduce a contemplar los misterios de Jesús, a reflexionar sobre los momentos centrales de su vida, para que, como para María y san José, Él sea el centro de nuestros pensamientos, de nuestras atenciones y acciones. Sería hermoso si, sobre todo en este mes de mayo, se recitara el santo rosario o alguna oración a la Virgen María juntos en familia, con los amigos, en la parroquia. La oración que se hace juntos es un momento precioso para hacer aún más sólida la vida familiar, la amistad. Aprendamos a rezar más en familia y como familia(2-V-2013).

Cuestionario

¿Rezo con frecuencia el Santo Rosario, siguiendo el buen ejemplo que nos han dado tantos Papas y tantos santos y santas?

¿Animo a amigos, compañeros, familiares, a rezar alguna vez el Santo Rosario en alguna Ermita dedicada a la Santísima Virgen?

¿Medito en mi interior la escena de la vida de Jesús que contemplamos en cada misterio?


* Del himno al Santo Rosario

sábado, 15 de octubre de 2016

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 16 DE OCTUBRE, 29º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo)

« “OS DIGO QUE LES HARÁ JUSTICIA…”»

 Lc. 18. 1-8
     En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: "Hazme justicia frente a mi adversario." Por algún tiempo se negó, pero después se dijo: "Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara."»
Y el Señor añadió: «Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».

Otras Lecturas: Éxodo 17, 8-13; Salmo 120; 2Timoteo 3, 14-4,2

LECTIO:
     Jesús habla, a través de una parábola, de la oración. Pero lo importante son las dos palabras que acompañan, en el primer versículo, a la palabra orar: hay que hacerlo siempre y sin desanimarse.
     La actitud de la viuda es el mejor ejemplo de lo que Jesús nos pide. Al acabar de leer la parábola podría pasar que lo que nos pareciera más importante es la nefasta actitud del juez que solo busca su propio bien. Sin embargo es mejor que nos fijemos en esta pobre mujer. La actitud hostil y altiva del juez no desanimó a la viuda. Como mujer fuerte, un día y otro siguió reclamando a este juez que le hiciera justicia.
     Este juez es lo totalmente contrario a Dios. Dios siempre escucha las plegarias de sus hijos, no se inhibe ante nuestros problemas. La pregunta de Jesús en el evangelio nos debe hacer reflexionar: “cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?”¿Qué significa realmente esta pregunta? ¿Resistirá el cristiano a las dificultades o se dejará vencer por ellas?
     Nos tenemos que preguntar, necesariamente, cómo es nuestra vida de oración. Si es relevante para nosotros o no, si la aparcamos o no por cualquier motivo. Hay unas palabras de Santa Teresa de Calcuta que nos pueden ayudar a comprender mejor este evangelio: Ama orar. Siente a menudo la necesidad de orar a lo largo del día. Deseamos mucho orar, pero después fracasamos. Entonces nos desanimamos y renunciamos. Si quieres orar mejor, debes orar más. Dios acepta el fracaso, pero no quiere el desánimo. Acordémonos de que el que quiere poder amar debe poder orar”.
           
MEDITATIO:
«Cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe en la tierra?»
    
   Esta parábola evangélica  contiene una enseñanza importante: «que es necesario orar siempre sin desanimarse». No se trata de orar algunas veces, cuando tengo ganas. Jesús dice que se necesita «orar siempre sin desanimarse». Y pone el ejemplo de la viuda y el juez. (Papa Francisco)
     De esta parábola Jesús saca una doble conclusión: si la viuda ha logrado convencer al juez deshonesto con sus pedidos insistentes, cuanto más Dios, que es Padre bueno y justo, «hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche»; y además no «les hará esperar por mucho tiempo», sino actuará «rápidamente». (Papa Francisco)
     Jesús exhorta a orar “sin desfallecer”. Todos sentimos momentos de cansancio y de desánimo, sobre todo cuando nuestra oración parece ineficaz. Pero Jesús nos asegura que Dios escucha rápidamente a sus hijos, aunque esto no significa que lo haga en los tiempos y en los modos que nosotros quisiéramos. La oración nos ayuda a conservar la fe en Dios y a confiar en Él incluso cuando no comprendemos su voluntad. (Papa Francisco)
     La parábola termina con una pregunta: «Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?». Y con esta pregunta estamos todos advertidos: no debemos desistir de la oración aunque no sea correspondida. ¡Es la oración la que conserva la fe, sin ella la fe vacila!  (Papa Francisco)

ORATIO:
     Señor Jesús,Enséñanos una oración perseverante, que no ceda a cansancios y desánimos, que no se turbe ante el aparente silencio de Dios,

Escúchanos, Señor.
Nuestra oración es el grito de los pobres desamparados,
de los refugiados sin refugio,
de los que han caído en las trampas de la violencia,
en la espiral de las venganzas,
en las fosas angustiosas de la muerte.

     Haz que obtengamos de tu ofrenda la fuerza para perseverar y mantenernos en la petición; que el mal no sofoque la voz de nuestra oración, sino que la experiencia misma de tu cruz nos proporcione la certeza de que no hay noche sin alba de resurrección.

CONTEMPLATIO:
     La parábola de la viuda y el juez sin escrúpulos es una llamada a orar sin desanimarse, pero es también una invitación a confiar que Dios hará justicia a quienes le gritan día y noche. Lo que pide la mujer no es un capricho. Sólo reclama justicia. Ésta es su protesta repetida con firmeza ante el juez:
«Hazme justicia».
     Su petición es la de todos los oprimidos injustamente. Un grito que está en la línea de lo que decía Jesús a los suyos: "Buscad el reino de Dios y su justicia".
     Es cierto que Dios tiene la última palabra y hará justicia a quienes gritan día y noche. Esta es la esperanza que ha encendido en nosotros, pero, mientras llega esa hora, el clamor de quienes viven gritando sin que nadie escuche su grito, no cesa. ¿En mi vida como me hago eco de este clamor?


    No he dicho de manera suficiente hasta qué punto el alma que ora debe creer en el amor del Dios al que se dirige. Sí, la oración es como un cara a cara. El alma y Dios están en el mismo plano. Ocupan la misma estancia secreta. Es lúcida confidencia en Dios-Amor, en Dios que se entrega, que es irresistible. Pero esta confidencia va muy lejos. Ninguna prueba ni ningún retraso pueden mellarla   Quiere que le insistamos, impone estas llamadas, reclama estas peticiones, para estar seguro de nuestro amor, para saborear la dulzura de tener una prueba de él, aunque sea interesado (Augustin Guillerand,).

viernes, 14 de octubre de 2016

OCTUBRE 2016
«Perdona a tu prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados» (Si 28,2).

En una sociedad violenta como aquella en que vivimos, el perdón es un tema difícil de afrontar. ¿Cómo se puede perdonar a quien ha destruido una familia, a quien ha cometido crímenes inenarrables o, más sencillamente, a quien nos ha herido en cuestiones personales, arruinando nuestra carrera o traicionando nuestra confianza?
El primer impulso instintivo es la venganza, devolver mal por mal, desencadenando una espiral de odio y agresividad que embrutece a la sociedad. O interrumpir toda relación, guardar rencor y ojeriza, en una actitud que amarga la vida y envenena las relaciones.
La Palabra de Dios irrumpe con fuerza en las más variadas situaciones de conflicto y propone sin medias tintas la solución más difícil y valiente: perdonar.
Esta vez la invitación nos llega de un sabio del antiguo pueblo de Israel, Ben Sira, que muestra lo absurdo que es pedir perdón a Dios y no saber perdonar. «¿A quién perdona [Dios] los pecados? -leemos en un antiguo texto de la tradición hebraica-. A quien sabe perdonar a su vez». Es lo que nos enseñó el propio Jesús en la oración que dirigimos al Padre: «Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden» (cf. Mt 6, 12).
También nosotros nos equivocamos, y cuando ocurre ¡nos gustaría que nos perdonasen! Suplicamos y esperamos que se nos dé de nuevo la posibilidad de volver a empezar, que vuelvan a confiar en nosotros. Si a nosotros nos ocurre eso, ¿no les ocurrirá lo mismo a los demás? ¿No debemos amar al prójimo como a nosotros mismos?
«Perdona a tu prójimo el agravio, y, en cuanto lo pidas, te serán perdonados tus pecados»
Chiara Lubich, que sigue inspirando nuestra comprensión de la Palabra, comenta así la invitación a perdonar: «no es olvidar, que en muchos casos significa no querer mirar de frente la realidad; el perdón no es debilidad, es decir, no tener en cuenta un error por miedo a quien lo ha cometido, que es más fuerte. El perdón no consiste en afirmar que lo que es grave no tiene importancia, o que está bien lo que está mal. El perdón no es indiferencia. El perdón es un acto de voluntad y de lucidez -por tanto, de libertad- que consiste en acoger al hermano tal como es a pesar del mal que nos ha hecho, como Dios nos acoge siendo pecadores a pesar de nuestros defectos. El perdón consiste en no responder a la ofensa con la ofensa, sino en hacer lo que dice Pablo: "No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien" (Rm 12, 21). El perdón consiste en abrir a quien te hace daño la posibilidad de una nueva relación contigo, es decir, la posibilidad para él y para ti de volver a empezar la vida, de tener un futuro en que el mal no tenga la última palabra».
La Palabra de vida nos ayudará a resistir a la tentación de responder igual, de devolver el mal inmediatamente. Nos ayudará a ver con ojos nuevos a quien es nuestro «enemigo», reconociendo en él a un hermano, aunque sea malo, que necesita alguien que lo ame y lo ayude a cambiar. Será nuestra «venganza de amor».
«Dirás: "Pero es difícil" -prosigue Chiara en su comentario-. Está claro. Pero ahí está la belleza del cristianismo. No en vano sigues a un Dios que, al apagarse en la cruz, pidió perdón a su Padre por quienes le habían dado muerte. Ánimo. Comienza una vida así. Te aseguro una paz inusitada y una alegría desconocida».
Fabio Ciardi

LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA EN SUS SANTOS

 DON MANUEL GONZÁLEZ, ADORADOR NOCTURNO

     D. Manuel González García nació en Sevilla el 25 de febrero de 1877, en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa. En su infancia formó parte de los famosos «seises» de la Catedral de Sevilla, grupo de niños de coro que bailaban en las solemnidades del Corpus y de la Inmaculada y se costeó sus estudios sacerdotales trabajando como fámulo (trabajador de entidad eclesiástica). Funda escuelas, publica libros, escribe los coloquios espirituales en la Lámpara del Santuario... En Sevilla, Palomares, Huelva, Málaga y Palencia, dejó su huella. Falleció en el Sanatorio del Rosario, en Madrid, el 4 de enero de 1940.
     Está sepultado en la Catedral de Palencia en la Capilla del Santísimo bajo la inscripción que él mismo dictó: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!».

    « "Cada santo participa de la riqueza de Cristo tomada del Padre y comunicada en tiempo oportuno. Es siempre la misma santidad de Jesús, es siempre Él, el "Santo", a quien el Espíritu plasma en las "almas santas", formando amigos de Jesús y testigos de su santidad”, (Benedicto XVI) »

Santos, Beatos y Siervos de Dios
 de la Adoración Nocturna Española -2009

     … la Adoración Nocturna tenía un lugar especial en el corazón del beato Manuel González, a quien se le conocía como el apóstol de la Eucaristía. Era el adorador número 925 en el Libro de Altas de la Adoración Nocturna Española (ANE) malagueña, presente en Málaga desde 1883.

     En sus escritos son muchas las frases alusivas a la adoración eucarística: «¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!». Por eso se le conocía también como el Obispo de los sagrarios abandonados. Ésa es la clave que mueve a los miembros de Adoración Nocturna: “mientras la ciudad duerme, las parroquias acogen a un grupo de personas que dedican su tiempo a hablar con Dios en el silencio”, explica el presidente de ANE en Málaga, Jesús Sojo.
     Durante el episcopado del beato Manuel González en Málaga, se fundaron los grupos de Adoración de Pizarra, Álora, Alhaurín el Grande y Ubrique, entre otros pueblos. Y en Málaga capital, aumentaron los turnos de 6 a 24. Es más, D. Manuel creó la capilla de la Adoración Nocturna en lo que ahora son las clases del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Pablo. Según explica Sojo, “la Adoración estaba presente en esta capilla 31 días al mes, los 12 meses del año, desde las 10 de la noche a las 6 de la mañana, y el Café Central también abría, para los adoradores. El mismo D. Manuel bajaba a celebrar la Eucaristía a esta capilla, antes de comenzar la jornada”.
     “La oración es el alimento del alma, lo que necesitamos para llevar nuestra vida de fe adelante”, asegura Jesús Sojo, “cuando yo era joven, eran muchos los actos de adoración al Santísimo que se hacían en las parroquias: el jubileo de las 40 horas, las cofradías sacramentales, la Adoración Nocturna… la vida ha cambiado mucho, pero los cristianos seguimos necesitando la oración”
Encarni Llamas Fortes-Martes, 11 de Octubre de 2016




viernes, 7 de octubre de 2016

LECTIO DIVINA PARA EL DOMINGO 9 DE OCTUBRE, 28º DEL TIEMPO ORDINARIO (Comentario de Juan José Asenjo-Arzobispo de Sevilla)

«ID A PRESENTAROS A LOS SACERDOTES»
Lc. 17.11-19
Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaría y Galilea. Cuando iba a entrar en una ciudad, vinieron a su encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decían: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros».
Al verlos, les dijo: «Id a presentaros a los sacerdotes». Y sucedió que, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se postró a los pies de Jesús, rostro en tierra, dándole gracias.
Este era un samaritano. Jesús, tomó la palabra y dijo: «¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».

Otras Lecturas: 2Reyes 5, 14-17; Salmo 97; 2Timoteo 2, 8-13

LECTIO:
Los protagonistas del milagro son diez leprosos. Jesús en su respuesta, les envía a los sacerdotes para que certifiquen que están curados.
El acento de la narración se pone en la actitud de los curados. De los diez, nueve desaparecen, sin más. Uno de ellos, un samaritano (“hereje” despreciado por los judíos) no va a los sacerdotes: vuelve a Jesús agradecido. Jesús insiste en que ese “extranjero” obró como debía.
       Se termina con la consabida expresión: “Tu fe te ha salvado”. Creer en la fuerza de Dios que está en Jesús, es poner la primera piedra del reino. Creer en él nos convierte, nos sana, nos limpia, nos hace criaturas nuevas, hace posible el milagro de los milagros, que vivamos para el reino.
       Una vez más se nos invita a creer en Jesús, el hombre lleno del Espíritu. Es la cercanía de Jesús la que nos va cambiando. La presencia del Fuego nos va calentando, la presencia del Agua nos va lavando, nos va fertilizando, la presencia del Espíritu nos va haciendo espíritu, liberándonos de todas esas fuerzas que nos esclavizan.
       No podemos convertirnos por un acto de voluntad, pero sí podemos acercarnos a la Fuente, a la Llama, a la Palabra. Eso sí nos cambia. Tratar con Jesús, orar, celebrar bien la eucaristía, leer, contemplar, obedecer a los impulsos del Espíritu, estar atentos, reconocer cuándo actúa en nosotros el Espíritu de Jesús, dar gracias…    

MEDITATIO:
“Tu fe te ha salvado”.
     Es la fe la que salva al hombre, restableciendo su relación profunda con Dios, consigo mismo y con los demás; y la fe se manifiesta en el agradecimiento. La fe requiere que el hombre se abra a la gracia del Señor; que reconozca que todo es don, todo es gracia. ¡Qué tesoro se esconde en una pequeña palabra: “gracias”! (Benedicto XVI).
     Jesús cura a los diez enfermos de lepra. En verdad, la lepra que realmente desfigura al hombre y a la sociedad es el pecado; son el orgullo y el egoísmo los que engendran en el corazón humano indiferencia, odio y violencia. (Benedicto XVI).
     Esta lepra del espíritu, que desfigura el rostro de la humanidad, nadie puede curarla sino Dios, que es Amor. Abriendo el corazón a Dios, la persona que se convierte es curada interiormente del mal. (Benedicto XVI).
     Solo uno de los leprosos al ver que está curado se vuelve  hacía donde está Jesús para agradecerle la curación. El samaritano demostró su alegría, su gozo, alabo al Señor Jesús, se acercó a Él porque su vida a partir de ese instante era diferente. ¿Cuántos de nosotros, nos volvemos para dar gracias a Dios por su misericordia, por su amor incondicional? Estamos continuamente pidiendo, no nos cansamos, pero agradecer siempre lo olvidamos…

ORATIO:
     Concédenos ojos para descubrir las maravillas que vas haciendo en nosotros para sanarnos de la enfermedad de nuestro pecado.

Gracias, Señor, por el don de la vida…
por darnos la gracia de conocerte…
por mantenernos con tu gracia…
Gracias, Señor, por tu resurrección que nos plenifica…
por invitarnos a tener vida y vida en abundancia…
por ser Tú nuestro Dios y Señor. Gracias…

     Suscita en nosotros una viva y profunda gratitud por tu amor fuerte y bello, manifestado en Cristo Jesús. Que el recuerdo de tu Hijo, enviado a nosotros para que tengamos vida en abundancia, colme nuestro corazón de una indefectible esperanza… 

CONTEMPLATIO:
Tu fe te ha salvado”.
     Jesús ha pedido a los leprosos que se presenten a los sacerdotes para obtener la autorización que los permita integrarse en la sociedad. Pero uno de ellos, de origen samaritano, al ver que está curado, en vez de ir a los sacerdotes, se vuelve para buscar a Jesús. Siente que para él comienza una vida nueva.  Necesita encontrarse con Jesús.
“se echa a sus pies dándole gracias”
     Al concluir el relato, Jesús toma la palabra y hace tres preguntas que recogen el mensaje que Lucas quiere que se escuche en las comunidades cristianas. ¿Por qué hay tantos cristianos que viven sin dar gracias a Dios casi nunca? ¿Por qué no sienten un agradecimiento especial hacia Jesús? ¿No lo conocen? ¿No significa nada nuevo para ellos? “¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?”. ¿Por qué hay personas alejadas de la práctica religiosa que sienten verdadera admiración y agradecimiento hacia Jesús, mientras algunos cristianos no sienten nada especial por él?


Tú que purificas los corazones y amas los corazones puros, toma posesión de mi corazón y habita en él, llénalo con tu presencia, tú que eres superior a lo más grande que hay en mí y que estás más dentro de mí que mi propia intimidad. Tú que eres el modelo perfecto de la belleza y el sello de la santidad, sella mi corazón con la impronta de tu imagen; sella mi corazón, por tu misericordia, tú, Dios por quien se consume mi corazón…  (Balduino de Cantorbery)

CONVOCATORIA MENSUAL


BENDITOS DE LA ADORACIÓN NOCTURNA ESPAÑOLA

     El próximo 8 de Octubre, en la S.I. Catedral de Oviedo, en una ceremonia presidida por el Prefecto de la Congregación para la causa de los Santos, Cardenal Ángelo Amato SDB, tendrá lugar la beatificación de los mártires de Nembra.
     Fecha gloriosa para la Adoración Nocturna que contará con la poderosa intercesión de estos nuevos mártires miembros de la Obra.

EN EL VALLE DEL ALTO ALLER, MÁRTIRES DE NEMBRA

     Por primera vez en Asturias, va a tener lugar una beatificación. Serán mártires cuyos familiares y amigos todavía viven, dado que los sucesos ocurrieron hace ochenta años en la localidad de Nembra en el hermoso valle del alto Aller. Celebramos el testimonio cristiano que dieron los que tuvieron que expresar su fe pagando el alto precio de su propia vida. No estamos ante un tipo de víctimas que sucumben sin más por el odio ante la raza o la cultura, la clase social o la afiliación política. Estamos hablando de personas que entregan la vida pudiéndose quedar con ella, en un gesto de suprema libertad con un santo heroísmo que sólo es posible por el auxilio de la gracia de Dios. 
     La historia cristiana de España relata una historia paradójica también en la carne de sus mártires: la bienaventuranza de la vida que sobrevivió para siempre jamás a la muerte maldita en aquellos mártires cristianos (matados por el odio a la fe) que entre los años 1934 a 1939 fueron víctimas de una terrible confusión, una persecución enloquecida, una represión que en nombre de la libertad se trocó en liberticida. Cuando la Iglesia los beatifica no relata el escarnio de mofa y befa que sufrieron antes de morir, ni se quiere reconstruir aquel terrible escenario, ni siquiera se pronuncia el nombre de los verdugos, sus enseñas y sus siglas.
     Nuestro recuerdo no nace del resentimiento ni pretende reescribir la historia con injusto ajuste de cuentas. No esgrime la provocación sino que busca el reconocimiento de la gratitud y la reconciliación que en estos mártires aprendemos. En el paredón del odio de ellos no salió queja alguna, murieron amando a Dios testimoniando su belleza, y como hizo el Maestro, mirando a quienes no sabían lo que hacían, imploraban a Dios para ellos el perdón y la clemencia. Su ridículo presunto delito en la mente de sus asesinos fue la fe que los mártires abrazaron, su vocación vivida, el testimonio cristiano en todas las vías. No se les encontró en sus hábitos y ropas un carné de partido porque nunca militaron en política, ni armas defensivas quienes eran instrumentos de paz rendida, ni odio en su mirada quienes se asomaban a la vida desde los ojos del Señor, ni siquiera una resistencia legítima que hubiera podido resolver la tragedia con una comprensible huida.
     Así fue en Nembra. Un párroco bueno y entregado a su pueblo. Dos mineros padres de familia. Un estudiante de magisterio. Sencillamente habían encontrado a Dios en sus vidas, escucharon el susurro de su llamada y dijeron un sí grande a lo que en la Iglesia el Señor les proponía. Este es el tono de nuestra memoria hecha recuerdo y hecha oración, conmovidos por tan supremo testimonio de quienes creyeron con fe hasta el extremo, que se torna en testimonio no sólo de fe, sino también de amor al morir perdonando a quienes les arrancaban absurdamente la vida. Se podrán escribir panfletos, rodar películas, vociferar en tertulias y dictar leyes que reabren las heridas, pero todo eso caduca con el implacable paso de los días cuando lo que se dice, se escribe o se filma no hace las cuentas con la verdad.  Y al final sólo quedan los nombres laureados con la corona de la santidad y la palma del martirio de estos hermanos nuestros. Con dulzura, sin acritud, sin revancha, ellos han escrito con su sangre la página impresionante de una humanidad nueva y redimida por aquel primer mártir cristiano que dio su vida en la cruz.
     Nuestra Diócesis saluda y venera en estos mártires de Nembra, el regalo que nos despierta la fe y nos emplaza a testimoniarla en la trama de cada día.

         + Fr. Jesús Sanz Montes, ofm-Arzobispo de Oviedo